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lunes, 15 de febrero de 2010

Carnavales

Podría escribir una larga y densa parrafada acerca de como los carnavales suponen una sutil metáfora de la condición humana; un velo por el cual la apariencia y el encubrimiento se erigen por encima de todo lo demás. Algunas personas no celebran los carnavales una vez al año, viven en ellos la totalidad del mismo. Podría escribir sobre eso, decía, pero no lo haré. Y no lo haré porque básicamente no estoy muy convencido de ese discurso, aunque me gusta como suena.

Los carnavales, esa celebración heredera de las bacanales griegas, son el pistoletazo de salida para poner en práctica ideas originales y no tan originales. Como ejemplo de idea original, puedo citar la idea que tuvieron en mi cuadrilla: disfraz colectivo de quién es quién con perfomance incluida para que cualquier par de desconocidos puedan reirse un rato mientras uno de ellos trata de adivinar, a lo sumo en tres preguntas, en quién está pensando el otro. Gran idea.

Yo, en cambio, fui menos original. Me disfracé del Joker de Heath Ledger con resultados más que aceptables. En un bar un tipo se me acercó y me pidió sacarme una foto. Yo acepté. Después me dijo que me había quedado cojonudo. En otro bar pasó lo mismo con otros dos tipos. Frikis ambos también. Un disfraz hecho por un friki sobre la base de un tema friki para el deleite y disfrute de otros frikis. Jodido frikismo que al final deja todo en familia. Como debe ser.

Termino estas líneas mañaneras mostrándoos unos retazos de lo que fue el disfraz.






Why so serious?

No tiene nada que ver, pero os dejo este temazo.




lunes, 29 de septiembre de 2008

¡La erradicación de la pobreza en el mundo es posible!

¿Compromiso de los Estados del primer mundo para donar el 0,7% de sus presupuestos generales?

No, es demasiado complicado. Requiere el uso de herramientas matemáticas complejas como la aritmética básica. Además favorece el principal mal de nuestra época: la generosidad. Da escalofríos, ¿verdad?



Dato: Demócratas y republicanos sellan el acuerdo sobre la propuesta de rescate del Gobierno de Bush que destinará 700.000 millones de dólares para comprar deuda de mala calidad.



¿Contratar al malo de La Jungla de Cristal 3 y robar todo el dinero?

Éticamente es correcto. Ontológicamente es correcto. Y, ¡diablos!, en términos macroeconómicos la propuesta es indudablemente correcta. El problema es que no vamos a tener dinero para pagar a nuestro hombre por sus servicios.



¿Contratar al Joker?

Todos sabemos que no sería buena idea. Lo conseguiría y haría algún que otro truco de magia chulo, pero de paso dinamitaría hospitales, elaboraría complejos y macabros experimentos de teoría de la acción y se disfrazaría de mujer. Y todos conocemos que esto último no le sienta bien. Además quemaría el dinero.



Pista: La felicidad de la gente del tercer mundo depende de la infelicidad de los brokers de Wall Street.



Creo que ya lo tengo.











































La solución es: Titularizar la deuda externa de los países del tercer mundo, ofrecerla en atractivos paquetes junto a activos de mejor reputación (como las acciones de Lehman Brothers o Morgan Stanley) y lanzarlos a Wall Street. El dinero de los contribuyentes americanos hará el resto.



Un momento, ¿eso significa que la crisis de las Subprime será el catalizador de un nuevo orden mundial?

No, sabes que eso ya se dijo después del 11-S.



¿Entonces qué demonios significa?

Significa que la deuda generada por la crisis NINJA puede juntarse con la deuda de los más pobres. Lo que no significa otra cosa sino juntar la deuda de los más pobres de entre los más ricos y la de los más pobres entre los más pobres.



¿Algo así como la primera parte contratante de la primera parte contratante?

Exacto.



Ahhhm. Pues preferiría lo del Joker.

Yo también.

jueves, 14 de agosto de 2008

El Turco, y también otros autómatas ajedrecísticos

Hoy en día es difícilmente imaginable pensar el ajedrez sin los programas informáticos destinados a hacernos la vida imposible mientras jugamos contra ellos. Es curioso contemplar como la máquina ha superado al ser humano; la creación al creador. La victoria de Deep Blue frente a Kasparov, en este sentido, supuso un hito: la demostración empírica de que la capacidad de cálculo humana puede ser rebasada. Y vaya que si se rebasó... En cualquier caso, la creación de Deep Blue no supuso, ni mucho menos, un punto final en el desarrollo de IA con vistas a jugar una partida de ajedrez. Hoy en día, el principal motor que guía estas investigaciones es esencialmente pedagógico; enseñar al jugador a mejorar su juego. Es por ello que la relación máquina/hombre no tiene porque llegar a ser especialmente traumática. Ha llegado el momento de que el mentor aprenda del discípulo.

Sin embargo, hoy no os voy a hablar del estado de la cuestión, de cual es el estado de cosas existente a este respecto. Hoy os voy a hablar del oscuro y pedregoso camino; del trayecto, no de la meta. Os voy a contar cuáles fueron los inicios de la implantación de la máquina en ese mundo del jaque mate. Exacto, os voy a hablar de los primeros autómatas.

En este campo creativo tan apasionante, la tradición nos habla de un ensayo de un autómata ya en el siglo XIII, conocido como el portero perteneciente a San Alberto Magno. Desgraciadamente, no existe demasiada información al respecto. Fue en los siglos XVIII y XIX, al compás de los progresos de la relojería y del desarrollo de la revolución industrial, cuando tuvieron lugar realmente las primeras experiencias interesantes con autómatas. Así fueron creados el flautista de Vaucanon (1738), el escribiente de Knaus (1760), y el Psycho de Maskeline (1975) que resolvía operaciones aritméticas sencillas y podía jugar a las cartas. Con este ambiente no es de extrañar los intentos para construir un autómata que pudiera competir dignamente con el hombre en el juego del ajedrez.

Corría el año 1769 cuando la primera máquina, llamada el Turco por el vestido y el turbante que llevaba su figura, efectuaba su primer movimiento ante un asombrado público en el que figuraba la emperatriz María Teresa de Austria y la mayor parte de sus cortesanos. El autor de tan espectacular ingenio era el barón Wolfang von Kempelen, un ingeniero húngaro. Su fama se extendió por toda Europa en cuyas capitales hizo demostraciones con interés cada vez más creciente. Más tarde, el Turco fue comprado por Maelzel, un músico de Baviera que lo exhibió en las ciudades más importantes de América.

El Turco, y, en el interior, presumiblemente Kant...

El Turco aparecía sentado ante una caja de considerables dimensiones, en cuya parte superior estaba colocado el tablero de ajedrez. Antes de cada partida se abría la caja y se mostraba a los curiosos e incrédulos los engranajes, hilos, ruedas y manivelas que cuidaban su funcionamiento. Iniciado el juego, el Turco tomaba las piezas con su mano izquierda y las colocaba en la casilla adecuada, y si el contrario realizaba un movimiento irregular, el "autómata" se quedaba inmóvil negándose a continuar la partida. Mientras jugaba era claramente perceptible el ruido que producía su complicado mecanismo.

Se hicieron numerosas tentativas para descifrar su enigma; incluso fue sometido a investigación por distintos comités científicos, pero todo fue inútil. Algunos suponían que debía valerse, para efectuar las jugadas, de fuerzas magnéticas y estaría ayudado por algún espectador que se comunicaría con él por este medio. Sea como fuere, la mayoría terminaba por admirar el genio de su constructor.

El "autómata" ni siquiera respetó a las cabezas coronadas como el emperador José II o a la zarina Catalina II de Rusia. Ni Napoleón Bonaparte, con toda su astucia, pudo derrotar al famoso Turco. Se cuenta que durante la estancia del Emperador francés en Viena en 1809 la máquina se atrevió a ganarle tres veces. Entonces Napoleón perdió el dominio de sí mismo y con un gesto de rabia tras su tercer fracaso barrió todas las piezas del tablero que utilizaba el autómata, arrojándolas al suelo.

Edgar Allan Poe, el genial novelista norteamericano, interesado por el funcionamiento del autómata fue uno de los primeros en lanzar la idea de que el ingenio era una solemne superchería (por cierto, Poe se jactaba de afirmar, como buen ludópata, que la probabilidad de que saliera un seis tras cinco intentos saliendo seises con los dados, era menor que la primera vez. Y a la inversa) y hasta le dedicó una de sus narraciones: El jugador de ajedrez de Maelzel. Y no se equivocaba...

Durante una exhibición efectuada en Filadelfia, un periodista norteamericano observó ciertos rumores y agitaciones en el interior del armario, cuando un gracioso entre el público se le ocurrió gritar ¡fuego!, y vio claramente como un individuo salía del interior del autómata y trataba de escapar a toda prisa del supuesto peligro. El periodista fue más ligero y lo detuvo, confirmándose lo que se sospechaba: era un ajedrecista camuflado.

Descubierto el secreto, el Turco, al que no se le puede negar el ingenio de su constructor, pues desde el punto de vista de la ciencia moderna, fue un precursor de la acústica ya que llegaba a articular algunas palabras imitando la voz humana, fue adquirido como curiosidad histórica por el Chinese Museum de Filadelfia. Desgraciadamente, resultó destruido por un incendio el 5 de julio de 1854.

Al parecer, Napoleón había sido derrotado por el austriaco Johhann Allgaier, uno de los más célebres campeones del momento... camuflado entonces dentro del turco.

Ajeeb, otro supuesto autómata, fue construido en 1868 por el inglés Charles Arthur Hooper, que lo vistió a la usanza egipcia y fue exhibido también con gran éxito en Europa y América hasta que en 1929 también fue destruido por un incendio.

El tercero de la serie de pseudo-autómatas, Mefisto, fue creado en 1878 por Charles Godfried Gumpel, fabricante de miembros ortopédicos. Realizó exhibiciones públicas ante Bird, Blackburne y otros prestigiosos jugadores y estuvo manejado probablemente por el gran maestro Isidor Gunsberg.

La gloria de la fabricación de una máquina de ajedrez que funcionó en la realidad se la llevaría el genial ingeniero español Leonardo Torres Quevedo hacia el año 1890. Sin truco alguno de intervención humana, este autómata electromecánico da mate al rey negro adversario, con su rey y torres propios, en 63 jugadas. Según las vigentes reglas de la FIDE, el resultado de la partida quedaría en tablas. No obstante y teniendo en cuenta la época en la que vivió Torres Quevedo, no podemos regatearle nuestra admiración por su genialidad.

Máquina de Torres Quevedo

Esta máquina maravillosa todavía existe y funciona. Se halla en el departamento de construcción de máquinas de la Universidad Politécnica de Madrid. El "robot de sobremesa" anuncia jaque y mate por medio de un altavoz, basándose en un principio no muy diferente del primitivo gramófono.

Desde entonces, la creación de autómatas capaz de jugar al ajedrez ha perdido interés científico. Crear máquinas con apariencia humana dejó de revestir importancia a partir de mediados del siglo pasado, en favor de la creación y perfeccionamiento de la revolución tecnológica y científica del siglo XX: la cibernética y el mundo de la computación. Los primeros que desarrollaron protoprogramas informáticos capaces de poder jugar al ajedrez fueron el húngaro Nemes en 1949 y Shannon en 1950. Posteriormente les seguirían los estudios de Turing y Kister en 1951... pero todo esto ya es otra historia.

miércoles, 18 de junio de 2008

Para Pipi, el Hegeliano

En respuesta a ¿qué decía Hegel? en relación a las implicaciones de un planteamiento necesariamente Hegeliano

A ver si lo explico meridianamente bien...

La lógica aristotélica distingue entre sujeto y predicado de una proposición o juicio. Además, todos los predicados, según ella son propiedades de los sujetos (qué tipo de propiedad ya es una cuestión metafísica: las hay primarias, secundarias; esenciales, accidentales, etc en función del autor.) No hay predicados diádicos, triádicos, etc.

La lógica moderna se pasa por el forro la distición sujeto predicado. Distingue objetos (variables o constantes) y conceptos (predicados o términos funcionales). Hay predicados diádicos, triádicos, etc. Ahora un ejemplo:

"Juan es el primo de Roberto". Aquí lo que tendríamos según la lógica aristotélica es un sujeto y un predicado y "ser primo de Roberto" sería una propiedad de Juan. Este mismo ejemplo según la lógica moderna se podría simbolizar como jPr, donde P estaría por la función relacional (o predicado diádico) "ser primo de" y Juan y Roberto serían los objetos que ponen en relación dicha función.

Y ahora Hegel (perdón, H-E-G-E-L).

El gran Él

Bajo el planteamiento de la lógica aristotélica hemos dicho que un predicado es una propiedad de un sujeto. Hegel, con su clarividencia habitual, vio que, en el ejemplo, si "es primo de Roberto" es una propiedad de Juan es correcto (y hablamos de la lógica aristotélica, lo que en la época era la Torá para un ultraortodoxo judío ahora y siempre), entonces "es primo de Juan" es una propiedad de Roberto. De lo que se deduce que Juan y Roberto se pertenecen (qué tipo de pertenencia es una cuestión que aún discuten las asociaciones en defensa de los derechos de los homosexuales. También a los ecologistas les interesa el asunto), que son una unidad o algo así. Bajo esta absurda premisa (igual ahora comprendes mejor una frase del guión de The Man From Earth) vio clara la naturaleza de El Absoluto, una especie de unión de todas las cosas de la realidad (si objetos como Juan y Roberto se pertenecen, en pocos pasos cada una de las cosas del universo se pertenecen las unas a las otras). También se entiende mejor su frase de "Todo lo real es racional, todo lo racional es real". Aunque tampoco creas que mucho. Todo fruto de que no se distinguen entre predicados monádicos y los demás. Todos son monádicos o propiedades.

Bien, pues tú eres eso, un Hegeliano.

PS: La lógica aristotélica aún se estudia como LA lógica en muchas facultades de teología del mundo. Sobra decir que no existe LA lógica.

PPS: Ya no recuerdo muy bien los términos de la discusión, pero creo que hablábamos de cosas distintas. Tú te manejabas en el sentido ordinario de la palabra objeto. Yo en el sentido lógico.

PPPS: He escrito una entrada en mi blog porque creo que te metes más al mío que al tuyo. Lo de eres Hegeliano te lo dije hace tres días.

lunes, 18 de febrero de 2008

Superman Howard

Señoras y señores, de todos los concursos de mates que he visto en un All Star de la NBA, que tampoco han sido muchos (no nos vamos a tirar el trapo a estas alturas), nunca he estado tan de acuerdo con la decisión del jurado acerca de que saltimbanqui hacía mejor su trabajo como en este de 2008 en Nueva Orleans.

Dwight Howard, el joven ala-pívot de los Orlando Magic, está sencillamente impecable en los cuatro mates que realiza, con excepción del último, en el que en la primera intentona el balón se salió de dentro. De todas formas, en estos concursos no hay mates definitivos: las puntuaciones son acumulativas.

A continuación, os dejo un vídeo que recopila los tres primeros mates. Cuando veáis el segundo, entenderéis el título de este post. (Lo siento, la música viene de serie.)



Y aquí, si os apetece, os dejo el enlace a su cuarto mate, fallido en su primer intento, pero ingenioso y estético al final.

lunes, 14 de enero de 2008

Por Cierto:

Hoy el blog cumple un año.


Y creciendo.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Matrices Mágicas

El siguiente truco viene en el volumen llamado ¡Ajá! Paradojas que hacen pensar de Martin Gardner, en la sección de números.


Copie esta matriz de 4 por 4 en una hoja, y numere de 1 a 16 sus casillas. Voy a hacerle una exhibición de fuerza psíquica que le dejará atónito. ¡Voy
a dirigir y controlar una selección de cuatro números realizada por usted en la matriz!


Rodee con un círculo un número cualquiera, a su capricho. En el dibujo se ha marcado el 12; lo mismo puede tomarse otro cualquiera. Tache con una barra vertical la columna que lo contiene, y otro tanto con la fila.

Ahora rodee otro número cualquiera de los no tachados todavía. Vuelva a tachar la fila y columna de éste. Elija a su capricho un tercer número no tachado, y suprima también su fila y su columna. Finalmente rodee el único número restante.


Si usted ha seguido mis indicaciones, el casillero presentará más o menos este aspecto. Sume ahora los cuatro números seleccionados. ¿Preparado? Voy a decirle cuánto vale la suma que usted ha calculado. Es..., es..., ¡34! ¿Es correcta? Claro que es correcta. ¿Cómo he podido yo saberlo? ¿Será que he influido sobre usted en el momento de elegir?

***

¿Por qué nos obliga esta matriz a que la suma de los números elegidos sea siempre 34? Su secreto es tan sencillo como ingenioso. En el encabezamiento de una matriz de 4 por 4 escribimos los números 1, 2, 3, 4; a la izquierda de cada hilera ponemos los números 0, 4, 8, 12:


Estos ocho números se llaman generadores de la matriz mágica. En cada casilla se escribe ahora el número suma de sus dos generadores, a saber, la suma del situado a la cabeza de la columna con el escrito al costado de su fila. Una vez rellenado de este modo el casillero, encontraremos una matriz que contiene los números de 1 a 16 en orden correlativo.


Veamos ahora qué sucede al ir señalando cuatro números según el procedimiento indicado. Tal procedimiento garantiza que no serán elegidos dos números de una misma fila o columna. Cada número de la matriz es suma de un único par de generadores; por consiguiente, la suma de los cuatro números señalados será igual a la suma de los ocho generadores. Y como los generadores suman en total 34, también los cuatro números elegidos habrán de sumar 34.

Una vez comprendido el funcionamiento de la matriz, se pueden construir matrices mayores de tamaño arbitrario. Fijémonos, por ejemplo, en la matriz de orden 6 siguiente, con sus 12 generadores. Observemos que en este caso los generadores han sido elegidos de manera que los números del casillero parezcan dados al azar. Queda así oculta la estructura subyacente de la matriz, haciendo que parezca aún más misteriosa:


Los generadores suman 30. Elegidos seis números por el procedimiento explicado, sumarán 30. El número mágico (la suma) podrá ser, desde luego, cualquier número que se desee.

Es posible construir una matriz de 10 por 10 que implique suma 100 o cualquier otro número curioso, como el año en curso o el año de nacimiento de una persona. ¿Podrán construirse matrices mágicas que contengan en algunas casillas números negativos? ¡Claro que sí! En realidad, los generadores pueden ser números cualesquiera, positivos o negativos, racionales o irracionales.

¿Podrán construirse matrices donde el cálculo del número mágico se haga multiplicando los elegidos, en vez de sumarlos? Sí; y ello sugiere otro camino a explorar. La construcción fundamental sigue siendo exactamente la misma. El número impuesto, en este caso, resulta ser producto del conjunto de generadores.

Curioso, ¿no?

viernes, 14 de diciembre de 2007

La habitación y las gemelas

El siguiente vídeo está extraido del documental Brain Story: Why do we think and feel as we do? narrado por Susan Greenfield. No contiene ningún tipo de montaje adicional. No tiene photoshop ni argucias similiares. No hay trampa ni cartón.



Bueno, algo de trampa y algo de cartón sí que tiene, pero no reside en el tratamiento de post-producción de las imágenes. En la secuencia las niñas parecen cambiar de tamaño según el lado de la habitación en el que se encuentren. Así, si están a la izquierda se ven más pequeñas, y si están a la derecha más grandes. Pero las gemelas son siempre las mismas. ¿Qué sucede? Que hay una ilusión óptica.

El truco consiste en la forma de la habitación, que la perspectiva que percibimos no es la que parece. En realidad, la forma de la habitación está profundamente deformada, siendo la parte de la izquierda mucho más grande que la de la derecha. Los muebles que contiene son más grandes en esa zona que en la de la derecha e, incluso, contiene una pequeña rampa. Todo parece recto, pero en realidad no lo es. Ahí también entra en juego la pericia del operador de cámara.

Lo que nos viene a contar la narradora es que la percepción de nuestros sentidos muchas veces nos engaña. Que muchas veces vemos algo, y como parece que encaja con nuestros esquemas previos acerca de lo qué es o debería ser, pues lo asimilamos como si nada. Y la moraleja consiste en que es tan importante lo que vemos como lo que nuestro cerebro quiere ver.

Esta construcción se llama habitación de Ames (clicando aquí puedes ver el plano). Fue creada por el oftalmólogo Adelbert Ames en 1946 a partir de un concepto del físico Hermann von Helmhotz.

Una aplicación de esta perspectiva fue usada en El señor de los Anillos y en Charlie y la Fábrica de Chocolate (la de 1971). La primera, sobre todo, es un buen ejemplo de cómo los efectos especiales sólo deberían ser el último paso a efectuar a la hora de conseguir plasmar la representación de una idea.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Otra forma de ver el cine

A veces se dice que la crítica artística, en su aspecto más general, sirve para que el receptor de la obra la contemple con nuevos ojos. Se suele decir que el papel del crítico es ajustar y delimitar o expandir y desdoblar el sentido de una obra. Paralelamente, el crítico debe emitir un juicio acerca de la más o menos buena implementación de ese sentido (y la ausencia de sentido también conforma un tipo de sentido y, por tanto, un tipo de implementación distinta).

Así las cosas parecen muy bonitas. El crítico sería el portavoz del arte. La autoridad en cuestiones artísticas, vaya. Y no sólo eso, sino que su juicio supondría la ubicación desde la cual debe contemplarse una obra. Uno ha de mirar a lo que escribe el crítico y, como si de un espejo se tratara, ver en él el reflejo de la obra.

Pensemos el caso del cine. ¿Qué sucede? Que no sólo es arte, también es negocio. Que la idealización de la figura del crítico se pone en tela de juicio so pena de una posible corrupción en su planteamiento de cómo ha de contemplarse una película. Que puede no ser honesto.

Bien, la desconfianza está justificada. ¿Siempre? No. Hay críticas bien fundamentadas. Como éstas:



martes, 4 de diciembre de 2007

Introducción a Feyerabend

Éste es un vídeo que acabo de encontrar en Youtube acerca de la vida y la filosofía de ese filósofo que algunos llaman Fenerbahce y otros confunden con Randall McMurphy. En efecto, hablo de Paul Feyerabend.

Se trata de un breve bosquejo panorámico de los puntos cardinales de su pensamiento, nada especialmente revelador. De hecho hay frases copiadas íntegramente de la Wikipedia. Y el hecho de que la locutora del texto parezca sufrir un grave problema cognitivo no ayuda precisamente a tomarse en serio lo que dice. Tampoco el filósofo austriaco es muy tomado en serio en el mundo de la Academia. Así las cosas, ésta es una entrada que, por tanto, no cabe tomársela muy en serio.

Por otra parte... ¡es un vídeo de Feyerabend, el autor para el que la ciencia y la magia son cosas no necesariamente contrapuestas! Que Dios le bendiga.



viernes, 30 de noviembre de 2007

La muerte hacía un Sudoku

Normalmente cuando te planteas la posibilidad de completar un pasatiempo es porque te aburres. Si no no lo terminas; de hecho, si no no lo empiezas. Para qué puñetas vas a buscar terminar un supuesto entretenimiento con el que pasar el rato, si el rato ya se pasa él sólo. Porque no hay nada más fácil que ver como el tiempo se esfuma delante de tus narices y que tú no puedas evitarlo. Es como cuando yo escribo estas líneas. No es sólo que por cada letra que vaya escribiendo un fragmento de tiempo se haya evaporado. Es también que por cada letra que lees pierdes un fragmento de tu valioso tiempo. Y ambas cosas suceden en instantes temporalmente distintos. Por ello, el mundo de los blogs no es sólo mágico, sino que también es una ingente y desproporcionada pérdida de tiempo cuyos efectos se multiplican exponencialmente a mayor cantidad de entradas ( o salidas) y de lecturas ajenas.

Bienvenidos a la blogoesfera, donde el tiempo es tirado a la basura sin remordimiento alguno.

Pero bueno, ya basta de hablar del tiempo. Yo he venido aquí a hablar de Pasatiempos. Sí, de pasatiempos con mayúsculas. Y si de Pasatiempos trata el tema, habrá que hablar del Pasatiempo por excelencia. O lo que es lo mismo: habrá que hablar de los Sudokus.

No os voy a contar la pena de Murcia acerca de este genial entretenimiento. Eso si queréis lo podéis encontrar en otros sitios. Si me permitís la pedantería, os voy a hablar de un aspecto del sudoku algo profundo. Bueno, qué cojones, muy profundo. De hecho, ese aspecto está enterrado bajo tierra.

Si tenéis cierta culturilla cinematográfica, os habréis dado cuenta de que el título de esta entrada guarda cierto parecido con cierta película de Sergio Leone. En aquella película dos cazarrecompensas se disputaban el botín que se ofrecía por la captura o el asesinato de un peligroso bandido. Bien, esta entrada no guarda ninguna relación con esa película, pero me apetecía hablar de ella.

De lo que quiero hablar, ahora sí, es de las reflexiones que me suscitan los conceptos de sudoku y pasatiempo en relación al más allá. Sí amigos, lo que voy a hacer es una metafísica ultramundana del juego de las celdas y las cifras. Y no estoy hablando en broma (¿a qué peli os recuerda esta frase imaginándola con acento italiano? Pista: es española).

Pensad sólo por un momento en la predisposición anímica que adoptáis a la hora de encarar uno de estos pasatiempos. Podría resumirse en un: sé cuando lo empiezo, pero en absoluto cuando lo acabaré. Al menos piensas eso cuando ya has hecho unos cuantos difíciles y tienes experiencia. Siempre está el clásico ingenuo que afirma cosas como: "qué dices tío, si los sudokus están tirados, son cosa de aplicar la lógica y ya está". La lógica y ya está y los cojones y aún no está, porque muchas veces se trata de resolver estos puzzles por lo legal o por lo criminal. Aunque te lleven horas, días, semanas o incluso la muerte. O a la muerte.

La muerte es la conclusión de la existencia. Es su punto final. Y esto, en realidad, es hablar impropiamente. La muerte no es un acontecimiento de la existencia. Lo que aquí sucede es que la muerte concluye la existencia, la pone punto final, pero desde fuera, por así decirlo, como la mecha que hace detonar el explosivo. No obstante, si bien la muerte no es un acontecimiento de la vida, tampoco la vida es un acontecimiento de la muerte. Ambas dos, son realidades contrapuestas que, si bien no llegan a tocarse, forman un continuo.

Diréis: ¿Cómo que forman un continuo y no se tocan? Deja de decir disparates.

Y con esto llego al rasgo esencial de todo sudoku con un cierto nivel de dificultad: la capacidad para abstraerte de las coordenadas espacio temporales. En efecto, cuando te empleas en la resolución de uno de estos puzzles sucede algo mágico: la suspensión del tiempo. Esto enlaza en un sentido con lo de intentar terminar los sudokus por cojones. Y en otro sentido enlaza con el título de esta entrada. La muerte, amigos, es el signo distintivo de este pequeño gran puzzle, es el nexo de unión, a la vez material e inmaterial que hace que la vida y la muerte supongan un continuo. No, no me he vuelto loco. Bueno, o sí. Todo es un continuo. ¿O no? Sí, sí...

Ala, aquí os dejo un sudoku o, más bien, una matriz productora de innumerables sudokus. Lo he puesto en el nivel más dificil. De lo que se trata es de corroborar las líneas anteriores. Aunque bueno, no sé si me ha hecho mucho caso. Aún sigo vivo...

lunes, 1 de octubre de 2007

Todos los vitorianos somos excepcionales



Ésta no es una entrada que quepa interpretársela como una soez muestra de chovinismo regional. Nada de eso. Por el contrario, esta guíada por el más recio y estricto ejercicio intelectual llevado hasta sus últimas consecuencias. Esta entrada no pretende sino evidenciar aquella conjetura que los filósofos, científicos e intelectuales en general de toda región han sospechado desde tiempos inmemoriales, a saber: la excelencia en el campo de la excepcionalidad del vitoriano prototípico. Este post, a fin de cuentas, pretende demostrar, bajo el ejercicio de la más exacta y rigurosa lógica, que el título de esta entrada es verdad y, por ello, irrefutable. Y la demostración es la siguiente:

Cojamos el conjunto de todos los vitorianos y establezcamos dos conjuntos, que serán conjuntamente exhaustivos, esto es, que su intersección de lugar al conjunto vacío. Al primero irán a parar todos aquellos individuos que destaquen por alguna cualidad que les diferencie del resto: ser futbolista, ser alcalde, ligar mucho, tener un nivel de lectura muy rápido, ser muy feo, ser muy alcohólico, etc. Al segundo conjunto irán a formar parte todos aquellos individuos que no destaquen por ninguna cualidad en especial; será el conjunto formado por todas aquellas personas que podríamos llamar normales. Si nos fijamos en el segundo conjunto, debe existir el vitoriano más normal y anodino de la colección de individuos; esa persona precisamente será por ello mismo excepcional y deberá entrar a formar parte del primer conjunto. Pero una vez hecha la operación, un nuevo vitoriano será la persona más normal de entre los normales, y por ello mismo será también trasvasado al primer conjunto. Al cabo de poco tiempo, y por inducción matemática, no habrá ningún vitoriano en el conjunto de las personas normales, con lo que se habrá demostrado que todos los vitorianos son excepcionales.

Sí. Este razonamiento está al abrigo de cualquier duda, pues su estructura formal lo hace irrefutable. Ahora bien, ¿qué significa ser excepcional?

domingo, 19 de agosto de 2007

Dios no juega a los dados

Así contestó Einstein a los defensores de la mecánica cuántica. El físico alemán estaba absolutamente convencido de que el universo que habitamos debía estar regido por leyes absolutamente deterministas, y éstas, debían ser conocidas por el ser humano. La mecánica cuántica, sin negar la primera afirmación, ponía en tela de juicio la segunda debido a las limitaciones inherentes a la labor de observar y teorizar los fenómenos en la escala microscópica. Es el conocido principio de incertidumbre de Heisemberg.

Y ahora, algo completamente diferente:



viernes, 1 de junio de 2007

Números de tres cifras

Haz el siguiente truco de "magia" y dejarás a todos perplejos. Aunque te recomiendo que los dejes perplejos una sola vez.

Piensa en un número de tres cifras que no empiece (obviamente) ni termine por 0, y que no sea palíndromo (capicúa). Sigue las instrucciones:

1- Halla su inverso (invierte el orden de sus cifras). Ejemplo: abc --> cba

2- De los dos números de tres cifras que tienes, el que pensaste primeramente y su inverso, resta el que sea menor al que sea mayor.

3- Halla el inverso del resultado del paso 2.

4- Suma los resultados del paso 2 y 3.

Pregunta: ¿Es un número de 4 cifras?

Respuestas:
  1. Sí: es el 1089
  2. No: es el 198

viernes, 25 de mayo de 2007

Salinas, ¿dónde está el pañuelo?

Úrsula Martínez es una artista británica que mezcla la magia con el streaptease. Sus performances consisten en hacer desaparecer ante nuestros ojos un pañuelo rojo, que luego reaparece en alguna de sus prendas de ropa. Esa es la parte del show en la que la magia toma protagonismo, y que en sí, no tiene nada de original o difícil. La parte correspondiente al streaptease consiste en que una vez mostrado dónde se encuentra el pañuelito, se quita la prenda en cuestión. Hasta que se queda desnuda. Y el truco no termina en ese hecho. Ahí reside la originalidad.