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domingo, 6 de enero de 2008

The Dillinger Escape Plan - Ire Works (2007)



1. Fix Your Face (2:49)
2. Lurch (2:02)
3. Black Bubblegum (4:02)
4. Sick On Sunday (2:07)
5. When Acting As A Particle (1:22)
6. Nong Eye Gong (1:16)
7. When Acting As A Wave (1:31)
8. 82588 (1:54)
9. Milk Lizard (3:53)
10. Party Smasher (1:56)
11. Dead As History (5:26)
12. Horse Hunter (3:10)
13. Mouth Of Ghosts (6:53)

Una vez leí en Internet a alguien que decía que The Dillinger Escape Plan era la banda más peligrosa del mundo. Obviamente la música de DEP no es peligrosa en el mismo sentido en el que los puños de Bud Spencer o la ingesta de una botella de absenta pueden serlo. Sin embargo, la frase, más allá de su faceta meramente mercantilista, es bastante definitoria de la música que estos norteamericanos nos han ido ofreciendo desde que allá por 1997 editaran su primer EP. Y lo es en el sentido de que unos pocos segundos de escucha superficial sirven para darse cuenta de que estos muchachos parecen huéspedes habituales de un frenopático. Qué digo huéspedes, insignes propietarios más bien. Su música: el objeto de locura a arrendar al oyente.

Pero las cosas tampoco son tan simples. La música de DEP no se reduce a meras compilaciones de psicopatologías ofrecidas sin ton ni son en formato musical. No es algo así como reunir en un habitáculo al doctor Mengele, Ed Gein, Luisa Isabel de Orleans o Belle Gunnes, y sintetizar la esencia en forma de canciones. O tal vez sí. En cualquier caso no se reduce a eso. Digamos que en esa sala faltarían Gödel o Nash para hacer justicia. Y es que, pese a que la locura musical de DEP puede resultar desordenada y caótica a vista de pájaro, una ojeada con la lente adecuada pone de manifiesto que las estructuras de sus canciones son cualquier cosa menos desordenadas. Y en ello reside la grandeza del grupo, en aunar en su música dos facetas tradicionalmente irreconciliables: la sensación aparente de caos y la conciencia, a la luz de una escucha atenta, de un orden complejo y difícil de asimilar, en cierto sentido matemático.

Hablando en términos técnicos, la música de DEP suele encasillarse, desde el punto de vista de la forma, bajo los parámetros de ese subgénero llamado mathcore. Este subproducto surgido del post-hardcore y del metalcore (así como de tendencias musicales más radicales) redunda en estructuras tonales y rítmicas complejas, con gran alternancia de escalas y tempos en una misma canción. Desde el punto de vista del contenido, DEP son capaces de introducir en sus canciones fragmentos de punk, harcore, grind, noise, death, heavy, hard rock, pop o jazz, y en general, de cualquier cosa que se les pase por la cabeza. No trata esta reseña de hacerles bombo publicitario (por la sencilla razón de que casi nadie la leerá), pero no cabe duda de que actualmente la propuesta experimental de estos yankies está entre las más innovadoras del panorama de la música más o menos extrema.

Con Ire Works, publicado en noviembre de 2007, han vuelto a dar otra vuelta de tuerca a su sonido, acercándoles a los derroteros progresivos con los que juguetearon en ese EP que grabaron junto al gran Mike Patton en 2002, Irony Is A Dead Scene. A su vez, y más que nunca, han inundado algunas de sus composiciones en una corteza industrial, y por tanto de frialdad tecnológica, que les viene que ni al pelo a su estilo mathcoreta (cada vez más math que que coreta, por cierto). Las partes pop ahora son más poperas que nunca. A su vez, su mala leche sigue siendo tan agria y cortada como siempre, como un buen Tetra Brik al que le salen posos e invitados inesperados tras unas semanas sin ser tocado después de su apertura. La pregunta clave a la luz de todos estos elementos es: ¿a qué cojones suenan DEP en Ire Works? La respuesta, al final de estas líneas. Pero ya se puede ir adelantando algo: a The Dillinger Escape Plan más que nunca. Veamos por qué.

El disco arranca con Fix Your Face. Siete segundos de silencio preceden a una de las descargas más adrenalíticas del disco. De potente noise asincopado, la canción te sumerge en toda la desquiciada atmósfera musical de los americanos. El interludio a mitad del tema, de connotaciones rítmicas jazzísticas, con una potente línea de bajo, y el final, con una espiral ascendente de rabia acumulada, ponen un broche perfecto para la primera canción de estos trabajos de ira, que presumiblemente se convertirá en una de las piezas claves de sus presentaciones en vivo de ahora en adelante.

El segundo puñetazo en la mesa llega de la mano de Lurch. En la misma línea que su predecesora, si cabe aún más agresiva, en sus apenas dos minutos de duración nos transporta a escenarios de virulencia esquizoide y locura incontrolada. Una composición en la que un Greg Puciato pletórico va desgranando los versos desde lo más profundo de sus entrañas mientras las guitarras juguetean con escalas híbridas y el bajo y la batería crean una barrera sónica verdaderamente infranqueable. Otra pequeña joya.

Black Bubblegum viene a suponer la Unretrofied de este album, es decir, el tema más asequible. La canción más pop del disco comienza con un ritmo de batería cortado que sirve de base para asentar el desarrollo de todo lo demás. Puciato nos presenta su voz limpia mientras el resto de la banda realiza un instrumentalización correcta, pero sin llegar a destacar. Pese al tono irónico del título de la canción (en referencia a la clase de pop producido y masificado a mediados de los 90) y a las buenas intenciones, este tema acaba convirtiéndose en el eslabón fallido del album.

El primer momento relajado del disco llega con Sick On Sunday. Unas melodías de resonancias emotivamente difusas guían una composición en la que su primera mitad se ve inmersa en un devenir de bases pregrabadas y diversos samples y ruiditos. Salpicada de interludios rabiosos, una parte de ritmo popero y un solo en forma de bucle, conforma un panorama bastante resacoso de la situación. La segunda mitad, con ecos de pop ochentero, nos muestra un buen trabajo de Puciato a las voces y una banda perfectamente acompasada. Sin llegar a destacar, Sick On Sunday es un más que digno interludio para la siguiente parte del album.

Y la siguiente parte del disco es, a mi entender, de lo más logrado de la carrera de los americanos. Compuesta de cuatro temas en forma de píldoras, suponen un desarrollo ascendente de cierto parecido de familia con la vertiente más progresiva de la música, claro está, al modo y manera DEP.

La primera de esas píldoras es When Acting As A Particle. Sin duda la canción más mathrockera de todo el disco, la preferida de un servidor se inicia con unos sonidos de platos del lejano oriente a los que les acompañan una tonadilla en forma de vórtice delirante. Tras un breve interludio de silencio, la banda engrasa la maquinaria y deleita a sus oyentes con un ejercicio de precisión auténticamente matemático. Un tema, por espíritu, emparentado con el homónimo de su Calculating Infinity.

Pero la cosa no queda ahí. Como si de un auténtico torbellino se tratara, Nong Eye Gong irrumpe por los altavoces arrasando con todo. Otro tema que en su comienzo se muestra noise, pero que tras unos compases se revela como la sucesión natural de su predecesora, con ese riff que bebe directamente de When Acting As A Particle y esa rítmica jazzera. Fases hardcoretas y otras con más contundencia, típica del metal, completan el panórama de una composición que bosqueja someramente el por qué de apelar a la categoría de progresivo para definir esta secuencia en el album.

Pero amigos, la secuencia aún no ha terminado. When Acting As A Wave continúa la sucesión lógica de sus dos predecesoras y, a la vez, muestra la otra cara de la primera. Si ...A Particle revelaba una composición maquinaria, fría y perfectamente calculada, sin dejar un resquicio al más mínimo error (cabe decir humano), ...A Wave nos presenta una pieza que basa su artificio en la percusión. Una percusión difuminada, en parte por el sonido de las bases pregrabadas, electrónicas y, en general, industriales; en parte por la propia idiosincrasia híbrida de la rítmica contenida en ella. En cualquier caso, es otra pequeña demostración de técnica para los oídos más exigentes.

82588 pone el punto final a la parte central del album. Otro tema de rabioso grind en el que su segunda mitad juega con un interludio jazzero, para concluir con una parte de agrio metal desquiziado.

Las reverberaciones de los ya lejanos Faith No More y de los inclasificables Mr. Bungle salen a la palestra con Milk Lizard. Un tema de espíritu punk-rockero en el que a la banda se le suma una sección de viento, al más puro estilo ska. Canción jocosa donde las haya, acaba revelándose como una de las más completas del album, con esos arreglos jazzeros que sobrevienen aquí y allá y ese estribillo típico del metalcore.

Party Smasher vuelve a poner sobre la mesa las constantes más extremas de la música de los norteamericanos. Arma arrojadiza donde las haya, los DEP lanzan a tus oídos una auténtica vorágine de sonidos grind, math y metal. Directa a la yugular.

Y tras la tempestad la calma. Dead History pone de manifiesto la versatilidad que han alcanzado DEP en Ire Works. Con un sonido de piano como introducción y un desarrollo plagado de samples y efectos varios, Dead History hace gala de ser una pieza emparentada con el new metal de finales de los 90, al menos, en la vertiente de ese género no apegada al rap ni similares. A destacar el final que progresa desde un sonido liderado por los samples y la batería hasta la voz de Puciato y el piano. Muy buena.

Horse Hunter es otro ejercicio de esa peculiar amalgama de sonidos que DEP implementan en sus composiciones. Marcada por el rasero de las tendencias más extremas de su música, a su vez, hay hueco en ella para demostraciones jazzeras, voces limpias y rock, todo ello muy bien enlazado.

El punto final al album lo pone Mouth Of Ghosts. Esta preciosista composición, que hace gala de un desarrollo absolutamente logrado, juguetea con tendencias afines al rock progresivo de los 70. Con un inicio tenue en el que la voz, el piano y algún que otro arpegio de guitarra, la canción enseguida se ve bajo el mando del piano, en una más que elegante demostración de virtuosismo, técnica y sentimiento. Con unas tonalidades al principio románticas y, tras un breve impass, cercanas al neoclasicismo, el piano ocupa un lugar central a lo largo de tres minutos. Tras ello, los demás instrumento se le sobreponen y continúan la composición con ritmos en ocasiones latinos y fraseos de guitarra dignos de enmarcar. El estribillo y los ásperos gritos finales ponen el punto y final a una composición que, pese a sus variaciones, nunca pierde el deje melancólico, caracterizándola de ese modo. De las mejores del disco y, sin lugar a dudas, la adecuada para terminar.

The Dillinger Escape Plan han firmado con Ire Works su disco más completo hasta la fecha. Llega a ser mareante la cantidad de estilos que llegan a tocar y como en cualquiera de ellos salen bien parados las más de las veces (que no en todas). Una auténtica demostración de técnica y sentimiento cuyo mayor error es su escasa duración: apenas 38 minutos. Un disco que pone de manifiesto la línea ascendente que sigue la banda desde que Puciato se unió a ella en 2002.

Pero lo mejor de todo es que da la sensación de que aún no hemos visto todo lo que esta banda puede ofrecer. De que lo mejor está por llegar. Pese a haber grabado su mejor disco hasta la fecha, la sensación es que DEP aún pueden depararnos en el futuro muchas sorpresas, en el buen sentido de la palabra. De que su evolución no ha hecho sino comenzar.

En cualquier caso, el principal problema de este Ire works es que siendo uno de los mejores lanzamientos de 2007, probablemente, acabará pasando desapercibido debido a la propuesta, nada convencional y ecléctica dentro de la música extrema, contenida en él. O tal vez no. Sólo el tiempo lo dirá.

Me quedo con: Fix Your Face, Lurch, When Acting As A Particle, Nong Eye Gong, Milk Lizard, Mouth Of Ghosts.
Si te gustan: Converge, Lye By Mistake, Alheuchatistas, Faith No More, Mr. Bungle, Meshuggah, Norma Jean, Scarlet.

Valoración: 8,9 /10

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Diablo Swing Orchestra - The Butcher's Ballroom (2006)



1. Ballrog Boogie (3:53)
2. Heroines (5:23)
3. Poetic Pitbull Revolutions (4:52)
4. Ragdoll Physics (3:53)
5. D'angelo (1:54)
6. Velvet Embracer (4:05)
7. Gunpowder Chant (1:51)
8. Infralove (4:54)
9. Wedding March For A Bullet (3:14)
10. Qualms Of Conscience (1:16)
11. Zodiac Virtues (4:48)
12. Porcelain Judas (4:09)
13. Pink Noise Waltz (6:07)

Imagina por un momento que eres un campesino sueco de la edad media, de esos que tan bien retrató Ingmar Bergman en películas como El Séptimo Sello o El Manantial de la Doncella, y que te encuentras en una fiesta popular con mucho alcohol, muchas mujeres y una extraña banda de música que no sabes a qué diantres suena, pero que te hace mover el esqueleto como nunca lo has hecho con sus instrumentos del averno. Bueno, algo así debería ser la predisposición que habría que tener para escuchar un disco de Diablo Swing Orchestra.

Diablo Swing Orchestra comenzaron su trayectoria en 2003. El nombre del grupo tiene su origen en una historia más o menos verosímil difundida por los miembros de la banda. Según la cual, ellos serían los descendientes de la primera Diablo Swing Orchestra, una agrupación que en pleno siglo XVI se dedicaba a hacer presentaciones en vivo de canciones que criticaban con un toque de humor irónico al Estado y a la Iglesia. Naturalmente, en la medida en que la iglesia y el Estado copaban todo el poder existente en aquella época, no transcurrió demasiado tiempo para que la DSO fuera considerada hereje y perseguida. Esto les llevó a refugiarse en la clandestinidad para realizar los conciertos, pero no les sirvió de mucho: acabaron siendo capturados. Sus instrumentos fueron quemados y ellos condenados a la orca. Sin embargo, antes de ser enviados al cadalso, hicieron un pacto por el cual se comprometieron a que sus descendientes 500 años más tarde resucitarían la banda. Ahora, en pleno siglo XXI, la Diablo Swing Orchestra renace de sus cenizas...

La música de Diablo Swing Orchestra suele catalogarse como Avant-garde Metal. Esta etiqueta es genial para clasificar un grupo que no sabes como definirlo. Todo lo que te parezca rarito y experimental puede ser puesto bajo el rótulo de avant-garde. Cosas de la crítica musical. En el caso concreto de Diablo Swing Orchestra, nos encontramos con una banda que no tiene ninguna clase de reparos para juntar el metal con el jazz, la ópera, la música mexicana, el boogie, el folk, música árabe, etc. ¿Cómo definimos eso? Fácil: Avant-garde. Qué fácil es ser crítico musical.

Con una formación invariable desde 2003, compuesta por Daniel Hakansson a las guitarras y las segundas voces, Pontus Mantefors a las guitarras también y a diversos efectos de samplers, Annlouice Loegdlund como vocalista principal, Andy Johansson al bajo, Johannes Bergion al violonchelo y Andreas Halvardsson a las labores percusionistas, en 2006 editaron su primer larga duración: The Butchers Ballroom. Sin más dilación, pasaré a comentar las distintas canciones encerradas en ese album.

El disco comienza con Ballrog Boogie, todo una delirante y surrealista miscelánea de estilos musicales: desde el metal hasta el jazz más boogie, pasando por la incombustible voz de soprano de Annlouice, con toques a medio camino entre el bebop y el clasicismo más inveterado. Sin duda, una de las canciones más originales y divertidas de todo el disco, en la que los músicos suecos se encuentran pletóricos. Y además, supone una patada en la boca a todos los defensores del metal más true. Una declaración de intenciones, vaya.



Le sigue Heroines, una canción ya más destinada a saciar al público más gótico que puedan representar bandas con vocalista femenina al frente, como Nightwish o Within Temptation. En cualquier caso, cualquier parecido con las bandas anteriores es producto de una comparación nada afortunada, pues la música de Diablo Swing Orchestra deriva más hacia terrenos bizarros y grotescos que la de las bandas citadas anteriormente, que cabe denominarlas de "serias". Lo mejor de esta canción son los cambios de registro de Annlouice, que sabe como hacer variar su voz desde una melodía pop hasta una más operística en cuestión de unos pocos versos.

Otro de los puntos fuertes del album es Poetic Pitbull Revolutions. Como si de una ranchera metalizada se tratara, la canción se va desarrollando con acordes y melodías típicas mexicanas. Annlouice vuelve a sorprendernos con un tono grave, más propio de una Sandra Nasic que de una diva de la ópera. La canción transcurre por varios pasajes en el que las influencias clásicas no pasan desapercibidas, pero todo ello aderezado por una corteza de metal que lo inunda todo. Sin lugar a dudas, una mezcla que lejos de resultar forzada, consigue manifestarse como un experimento más consistente de lo que cabría esperar en un principio. Todo un acierto.



Ragdoll Physics "cierra" un inicio espectacular de disco. Con una Annlouice exhuberante en todos sus registros, que van desde el operístico hasta el más popero o gótico (según como se mire, a veces viene a ser lo mismo). Ritmos que van desde el vals hasta tendencias folkies, guitarras metalizadas con un punto de melodía neoclásica y, en genera, un desarrollo muy bien llevado son las notas características de este tema. Si el resto de las canciones se mantuvieran al nivel de las cuatro primeras, estaríamos hablando de un clásico de la música rarita. Desgraciadamente no es así.

El dúo D'Angelo y Velvet Embracer, pese a que sean dos estupendas canciones, bajan el nivel de intensidad de lo escuchado con anterioridad. La primera es una composición en clave intimista en la que Annlouice se despacha a gusto con una sonoridad en su voz claramente lírica. La segunda, que sería la continuación de la anterior (en clave progresiva), viene a configurar un "arreón" en la intensidad de la composición. Un acierto el enlazamiento, pero no tanto el desarrollo, en el que se peca de estructuras tipicamente "heavies" y ritmos facilones. Aún con todo, el estribillo es francamente enmarcable, con la vocalista en plena efervescencia de sus aptitudes solísticas, llegando a alcanzar tonos a los que muchas cantantes del metal más gótico quisieran alcanzar. Es la vocalista, la que con sus melodías y su destreza y virtuosismo en el canto, salva una composición que, per se, no tiene nada de original.

Entiéndase: en un grupo que pone el listón muy alto y que lleva el eclecticismo por bandera, escuchar ciertas estructuras y sonoridades baja el listón de lo oído anteriormente. Además, puede ser cosa de la producción y del sonido final del album, pero cuando pretenden sonar más puramente metal, la cosa se desinfla. Desconozco la razón, si cuestión de producción o del "feeling" instrumentístico de los componentes del grupo, pero el hecho es bastante palmario.

Siguiendo con el repaso a las canciones que encierra este The Butcher's Ballroom, las siguientes en sonar son Gunpowder Chant e Infralove. La primera es una corta composición instrumental de tintes orientales, árabes para ser más precisos. A medida que se va desarollando empiezan a introducirse fraseos guitarrísticos con un tamiz más metalero. Al igual que el par de canciones precedentes, Infralove es puenteada con Gunpowder Chant mediante un pasaje pseudo-industrial, que deriva en el fraseo que se percibía en el tema instrumental, ya con una carga más consistente de metal, suponiendo la base del tema. En general, tampoco es un tema que destaque. Algo parecido sucede con Weeding March For A Bullet.

Qualms Of Conscience, pieza a piano realmente emotiva, se distancia de la tónica general del resto del disco. Tras ella le sigue Zodiac Virtues, composición con arreglos de piano, en la que Annlouice vuelve a hacer gala de unas cuerdas vocales privilegiadas a la hora de hacer variaciones de tono y escala. A mitad de la canción se introducen partes de pop experimental y sampleos de melodías folk que ayudan a desahogar la canción y, en general, el clima existente en las últimas canciones reseñadas. Sin estar al nivel de las cuatro primeras canciones del album, esta Zodiac Virtues se sitúa muy a la zaga de aquellas. De lo mejor del album.

Las dos últimas canciones del disco son Porcelain Judas y Pink Noise Waltz. La primera se inicia con un riff muy contundente al que unas armonías orientales sirven de ornamento para la voz de Annlouice, que vuelve a jugar con todos sus registros. Pink Noise Waltz supone el broche final para el disco. Sin ser una de las mejores canciones del album, el hecho de que contenga muchos desarrollos y partes hace de su escucha una experiencia muy amena, quizá, ensombrecida por el hecho de su ubicación en el redondo y, por tanto, oscurecida por mejores canciones que le son precedidas.

Este The Butcher's Ballroom, a pesar de contar con auténticos temazos que bien podrían haber salido de la mente de un maniaco, no llega a terminar de convencer. En mi opinión hay una serie de defectos que DSO debe intentar pulir en futuras entregas discográficas. Estos defectos, si bien no especialmente graves, si que repercuten negativamente algo en la impresión general de lo que este disco es. La producción, el excesivo uso de riffes de guitarras simples o el recurso fácil a la operística voz de Annlouice Loeglund (sin por ello desmerecer un ápice el talento de la vocalista) son algunos de los pequeños errores que, si bien no desvirtúan en demasía lo ofrecido en este The Butcher's Ballroom, si lo ensombrecen. Es una pena, pues en este disco hay canciones suficientes como para pasar un buen rato. Temas que cuentan con los arreglos suficientes como para impactar y resultar interesantes. Sin embargo, el uso repetitivo de algunos esquemas y patrones en algunas de las pistas acontecidas en este disco no acaban de cerrar lo que, en principio, es la percepción de que algo grande está sonando. Otra vez será, pues tiempo e ideas son algo de lo que esta banda no carece precisamente.

Que Diablo Swing Orchestra es una banda a la que le espera un formidable futuro es algo que no discute nadie que haya escuchado este The Butcher's Ballroom. Discos tan eclécticos como éste son difíciles de encontrar, y cuando esto sucede, pues bueno, siempre son bienvenidos. Habrá que seguirles la pista, pues la sensación de que algo grande está por llegar está ahí, a los oídos de todos. Tened presente este nombre: Diablo Swing Orchestra. Seguro que pronto os se hará familiar.

Me Quedo Con: Ballrog Boogie, Poetic Pitbull Revolutions, Ragdoll Physics, Zodiac Virtues.
Si te Gustan: Arcturus, Borknagar, Nightwish, Finntroll, Mr. Bungle,

Valoración: 7.2 /10

domingo, 18 de noviembre de 2007

The Absence - Riders Of The Plague (2007)



1. Riders Of The Plague (4:01)
2. Dead And Gone (5:02)
3. The Murder (5:23)
4. Echoes (5:05)
5. World Divides (5:35)
6. Prosperity (4:08)
7. Untitled (0:04)
8. Awakening (5:14)
9. Merciless (6:45)
10. Into The Pit (2:48)
11. The Victorius Dead (4:16)
12. Outro (7:03)

Corrían los primeros años del nuevo siglo y la escena americana de metal estaba infestada de copias de copias de copias de bandas que eran copias de copias de algo que fue considerado como original en su momento. Ese algo original puede ser englobado bajo los primeros discos de Korn y Deftones. El fenómeno subyacente, el arte del plagio, el new metal. Me imagino que todos conoceréis el argumento de la peli, aunque por si acaso, y para los rezagados, decribiré a trazos gruesos de que trataba.

La historia puede remontarse hasta los años 60, pero no me apatece hacerlo. Principios de los años 90 fue una época clave para comprender el salto que dio el rock más underground a los primeros puestos de los charts de éxitos. Las multinacionales pusieron su mirada en bandas como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden o Alice In Chains para intentar revitalizar (es decir, para seguir manteniendo el margen de beneficios de) una escena rockera que empezaba a ser casposa con tan infame sobreabundancia de glam y lentejuelas. El cajón de sastre que sería a posteriori denominado Grunge albergaba por aquel entonces un puñado de bandas originales. Pero por poco tiempo. En cosa de apenas tres o cuatro años había bandas a cascoporro ya, todas imitándose y, a la (relativamente) larga, fagocitando un estilo que realmente nunca llegó a ser semejante cosa. Por 1994 el grunge daba sus últimos pistoletazos de vida (veáse: de muerte).

La industría discográfica puso entonces de nuevo su atención en el underground, tal y como hizo cinco años antes. Fruto de ello fue el surgimiento de un estilo nuevo y fresco, sin complejos, sin prejuicios y, sobre todo, dificilmente encasillable. En otras palabras: surgió el tan denostado a la larga New Metal. Surgieron grupos como Korn y Deftones que revolucionaron el panorama del metal y, en general, el de la música. Guitarras pesadas, ritmos hip-hoperos, rapeados, influencias funky, hardcore, pop de los ochenta y un largo etc eran las señas de (¿cabe decirlo?) identidad del nuevo estilo. Básicamente tocabas new metal si mezclabas metal con algo ajeno al estilo. Por supuesto, también tocabas new metal si imitabas a Korn o a Deftones. Esto fue lo más habitual.

Los años tampoco pasaron en balde por el New Metal y durante los primeros años del nuevo siglo se empezó a notar un bajón de popularidad. La prensa especializada entonces puso sus ojos en un nuevo movimiento que rotularon como NWOAHM. No era otra cosa sino una mezcla del groove metal más yanki, con grandes dosis de thrash de la bay area y, lo más sorprendente de todo, ciertas pinceladas más que notorias del death melódico escandinavo. Una vuelta a los orígenes, se dijo. Bueno, eso es más que discutible (¿orígenes de qué?). En cualquier caso a la palestra subieron agrupaciones como God Forbid, Shadows Fall, Devildriver o unos renacidos Chimaira. Con ellas el metal extremo nunca ha sido tan popular en EEUU, al menos, en las vertientes del metal extremo menos extremas. Además gracias a este boom del metal cañero, se estableció un puente entre EEUU y Europa: bandas como In Flames, Soilwork, Arch Enemy o The Haunted empezaron a tener repercusión al otro lado del atlántico.

En cualquier caso, y como no podía ser de otro modo, este fenómeno empieza a dar visos de agotarse. Y es que no es que la historia sea cíclica, pero sí parece que se repiten ciertos patrones en ella. Hoy en día la sobreabundancia de grupos que se han subido al carro del estilo empieza a ser preocupante. Las ideas empiezan a copiarse y la originalidad brilla por su ausencia. Todo esto traerá consigo la muerte natural del estilo. Tiempo al tiempo (o más bien: tiempo al Tiempo).

Todo esta pedrada de introducción me sirve para presentaros, de manera más o menos efectiva, lo que significa el nuevo disco de The Absence.

Para los que no conozcáis The Absence, deciros que son conocidos por su confrontación contra Trivium, en la cuál les acusaron de haber abandonado sus raices true metal para venderse al mercado. Incitaron a sus fans a que "vendieran" sus camisetas de Trivium después de sus conciertos. En fin, como niños. Desde el punto de vista estríctamente musical, se trata de un grupo con pocos pasos en esto de la música. En 2004 editaron un EP homónimo y un año después su primer larga duración, From Your Grave. En agosto de 2007 presentaron lo que hasta ahora es su último disco y motivo de esta crítica: Riders Of The Plague.

Técnicamente se sitúan en unas coordenadas muy similares a grupos como Arch Enemy, los últimos Machine Head, Carcass y, bueno, esto podéis mirarlo en las últimas líneas de esta crítica. Cabe catalogarlos como una miscelánea de death metal melódico, thrash y poca originalidad. Sí, poca originalidad, porque si algo destila este lanzamiento por todos los poros es eso. Veámos por qué.

El disco arranca con Riders Of The Plague. Buen inicio de disco. Velocidad, caña y violencia sonora componen la tarjeta de presentación del disco. Riffes afilados y harmonías bien tratadas guían una composición en la que el vocalista se desgatiña las cuerdas vocales en la que es una de las mejores canciones del disco.

Dead And Gone es la siguiente en sonar. Primer single del disco, nos muestra la faceta más contundente del grupo. Riffes con mucho groove y buenas harmonías nuevamente. Si algo bueno tiene este disco es el trabajo guitarrero en solos y harmonías tipicamente suecas. La batería en esta canción se muestra contundente, pero sin más arreglos de los necesarios, comedida por el ímpetu de las seis cuerdas. Al bajo no se le oye. No es una mala canción, pero tampoco es muy buena. Yo habría elegido otra canción para promocionar el redondo. Y de paso, habría hecho un videoclip.



La siguiente en reproducirse es The Murder. Comienza sin más arreglos que con unas guitarras acústicas. De tenues ecos arábigos, rápidamente el tema hace un viraje de 180 grados hacia tendencias thrashers con una velocidad arrolladora en todos los instrumentos. Con alguna que otra parte death, el estribillo torna hacia las melodías interpretadas al principio de la canción por las guitarras acústicas, claro está, ahora con toda la electricidad de sus instrumentos habituales. Esta vez el solo, a pesar de introducir un brevísimo pasaje que hará recordar a Dream Theater, no está a la altura de los mejores de este disco. En general, una canción que acaba cansando, como casi todas las incluidas en este disco.

Las dos siguientes son sin duda lo mejor de este disco. En primer lugar, nos encontramos con una composición titulada Echoes, que sin lugar a dudas cuenta con un trabajo guitarrístico muy notable en cada una de sus estrofas, hasta concluir en un estribillo con una melodía que gustará todos aquellos del death melódico en su estado más puro. Una canción que no aburre, en la que cada uno de sus elementos juegan un papel bastante destacado en todo el desarrollo de la misma. Atención: nuevamente el solo. La otra es World Divides, la mejor canción de todo el disco. Una pieza que te parecerá haber sido compuesta por otras manos y otras mentes que las del resto del album. Comienza con un majestuoso riff de guitarra en la mejor escuela hermanos Amott. Tras esto, se incorporan el resto de instrumentos en lo que es el arranque más impetuoso y de mayor pegada de todo el album. Sin duda, es mejor que la escuchéis y la juzguéis vosotros mismos (o lo que viene a ser lo mismo: suspendáis el juicio escuchándola). Si todas las canciones encerradas en este Riders Of The Plague fueran de este nivel, estaríamos hablando de un album de 9,5 para arriba. Obviamente, este no es el caso. Y no es el caso porque de aquí hasta el final nos encontraremos con estructuras ya oidas, falta de ideas y un exharcebado peso en la composición de las tareas solísticas de los guitarristas. Nada nuevo bajo el sol, y si cabe, proyectando menos sombra.

Prosperity es una instrumental que no tiene demasiado que ofrecer. Una canción de cuatro minutos que podía haber sido condensada en menos tiempo y con ello evitar la repetición en la estructura, por otra parte, como en el resto de las canciones del disco, pero a menos velocidad.

Untitled es un puente de cuatro segundos de silencio que sirve para introducirnos a Awakening. Una canción que comienza bien, con unas melodías que preparan para un derroche de épica, pero que al final defraudan y siguen la línea habitual. Sin el menor indicio de riesgo. Apostando a lo seguro.

Le sigue Merciless, una composición que se extiende durante casi siete minutos. Comienza con una guitarra solista que sirve como introducción a otro tema cansino de doble bombo y riffes mil veces oídos. Lo mejor, nuevamente el esparcimiento individual de cada uno de los músicos hacia el final del tema ya, cercano al progresivo. Interesante, pero no suficiente.

Into The Pit es una breve pieza que va directa a la yugular. En una onda muy de la Bay Area de San Francisco, el tema se destapa como una canción simple, directa y entretenida, con un estribillo que hará recordar a Suicidal Tendencies o Testament con esos coros a cuchillo. La reiteración y el virtuosismo innecesario son dejados a un lado esta vez en pos de una mayor crudeza y, sobre todo, en favor de una propuesta más directa. Pese a no tener nada especial, se agradece una canción de menos de tres minutos sin mayores pretensiones que las de ir a lo que se le presupone que es a lo que debería ir. Sin más ni menos.

The Victorius Dead es el penúltimo track del album. Un tema decente que juega con tendencias thrashers cuando no lo hace con líneas gotemburgueras. Vamos, más de lo mismo, pero si cabe, un pelín mejor. Tampoco sin pasarse. Nuevamente el solo y la parte instrumental de mitad del tema son para quitarse el sombrero. El único aspecto redundante en el CD digno de elogiar.

El último corte del album lleva un austero y parco descriptivamente a la par que explícito Outro. Sin más, tampoco era plan de comerse mucho el tarro. Nada, otra instrumental, con alguna que otra melodía realmente sugestiva y en general, con los mismos piques de guitarras. Más de lo mismo. Al final del corte y tras unos minutos en silencio se oye la voz de un tipo dejando un mensaje en un contestador diciendo cosas tales como "te encontraré" y similares. Pues vale.

Este Riders Of The Plague no pasará a la historia como uno de los grandes discos del género en el que está subsumido. Pese a tener alguna que otra buena canción, y un temazo como es Worls Divides, en general padece demadiadas carencias en la composición de las canciones. Veáse, principalmente, carencias estructurales, del esqueleto de los temas. Este hecho no es baladí, pues pese a contar con músicos que nos son precisamente mancos en sus respectivas tareas, el disco aburre, y lo hace mucho. Otro defecto que le veo al disco es la longitud de la mayoría de las canciones, superando casi todas ellas los cinco minutos de extensión. Este hecho por sí solo no debería revestir mayor importancia, pues la duración de un tema viene determinada por lo que el propio tema exige. Pero en el caso de The Absence, da la sensación de que hay una premeditación por llegar a tales cotas de duración. Lo que debería ser un estilo fresco y directo, acaba convirtiéndose en algo más bien cansino, precisa y principalmente por este hecho.

Naturalmente que este disco no es completa y desaforada basura. Nada de eso. La mentada World Divides y las aptitudes musicales, sobre todo de los guitarristas, hacen que este pueda ser un disco entretenido por algún tiempo, al menos en lo que de virtuosismo puede llegar a contener. El error, a mi entender, es considerar que con el solo virtuosismo baste y, más aún, que sea interpretado como pilar maestro que sustente todo lo demás. En esto pecan los americanos, según creo. En cualquier caso, éste es un error subsanable en futuras placas, pues, a pesar de todo, este Riders Of The Plague sólo es su segundo album. Parejo a esto, se encuentra el asunto de las influencia de que beben (Arch Enemy sobre todo). En relación a esto, sólo les queda encontrar su propio camino, que diría un Siddartha. Más difícil lo tienen respecto al estilo que practican, pues como ha sido enunciado en la introducción de esta crítica, la ingente proliferación y masificación death metal melódico en tierras americanas y europeas hacen, a su vez, que con la única buena composición no baste. Pues, cuando un estilo se populariza, encontrar el camino propio, no sólo es importante, sino que pasa a ser fundamental. Mientras sucede o no esto, tenemos Riders Of The Plague, un disco que aburrirá a muchos, no sorprenderá a nadie y a algunos les entretendrá durante algún tiempo.

Me quedo con: Riders Of The Plague, Echos, World Divides,
Si te Gustan: Arch Enemy, The Haunted, Callenish Circle, Fear My Thoughts, Hatesphere, Carcass, At The Gates, Machine Head, God Forbid.

Valoración: 5.7 /10

domingo, 4 de noviembre de 2007

Katatonia - Live Consternation (2007)



1. Leaders
2. Wealth
3. Soil's Song
4. Had To (Leave)
5. Cold Ways
6. Right Into The Bliss
7. Ghost Of The Sun
8. Criminals
9. Deliberation
10. July
11. Evidence

Que Katatonia no es una banda como el resto queda patente al escuchar cualquiera de sus últimos cinco discos de estudio. Su evolución es tal que los coloca a miles de kilómetros del resto de bandas del mundo. Y esta afirmación no es exagerada. No significa que sean unos dioses o virtuosos con sus instrumentos, ni que consigan sacar de ellos algo que las demás bandas no consiguen. Lo suyo es una cuestión de sentimiento, de saber transmitir aquello que se proponen. Y eso algo que muy pocos grupos consiguen.

Hace ya muchos años que Katatonia se desligaron del sendero tan manido del death y el doom. Lo que en su momento fue un estilo fresco y original, acabó convirtiéndose en una retahíla de agrupaciones que no tenían nada nuevo que ofrecer y que se plagiaban las unas a las otras. Y Katatonia supo verlo en el momento adecuado. Por ello sorprendieron a propios y extraños en 1998 con la publicación de su Discouraged Ones. Desde entonces, el grupo sueco no ha hecho sino seguir su propio camino. Guíados por la brújula de la coherencia consigo mismos, Katatonia ha sabido mantenerse al margen del mercado y de las modas.

Actualmente tocan una especie de metal alternativo melancólico con tintes progresivos, aunque ellos prefieren llamarlo dark metal. Disco a disco, hasta la publicación de su genial The Great Cold Distance de 2006, han ido labrándose un sonido peculiar y único. A la cabeza se me vienen grupos como Anathema, Opeth, Tool o Porcupine Tree. Sin embargo, aún con todo, la propuesta de los suecos dista bastante de lo ofrecido por esas bandas. Puede que sus canciones tengan elementos (una melodía, una tonalidad, un riff, un ritmo) que te recuerden a otras bandas, pero en conjunto su sonido es único.

En cualquier caso, un intento de explicación de que sea aquello que los distingue del resto, de qué sea aquello que los hace únicos, no pasa por una explicación en términos de unas coordenadas estilísticas u otras. Ni siquiera por una explicitación o descripción de su música. Para intentar explicar el asunto habría que remontarse hacia la esfera del sentimiento, de la más sincera y cruda emoción. Lo que Katatonia consigue transmitir es eso: emociones. Sin nada que se le solape a ese objetivo. Por ello quizá su música contiene los arreglos suficientes, sin ningún tipo de ornamento innecesario, sin ninguna muestra de virtuosismo banal. Este aspecto es importantísimo. Aquel que busque en Katatonia un grupo en el que los músicos encuentren un pretexto para el lucimiento individual de sus capacidades técnicas buscará en territorio equivocado. Katatonia no participa de ese juego.

Live Consternation es una pequeña muestra en vivo y en directo de lo que es la música de Katatonia. Grabado en el festival Summer Breeze (que se celebra todos los años en la localidad germana de Dinkelsbühl) en agosto de 2006 durante la gira de su último album The Great Cold Distance. La portada ha corrido a cargo de Travis Smith, habitual de la banda sueca y de otras como Opeth o Amorphis. En tonos rojos y negros, en la línea de la de su último disco, particularmente me gusta bastante.

El set list de la actuación basa su repertorio en su dos últimas obras: The Great Cold Distance y Viva Emptiness con cuatro canciones cada uno son los discos más explotados. Discouraged Ones con una y Tonight's Decission con dos completan el repertorio.

Una breve introducción a cargo del sampler de un violín es la antesala de la primera canción del concierto, Leaders. El primer tema de The Great Cold Distance se muestra tan efectivo como en el album de estudio, con esos cambios de ritmo tan característicos y la voz de Jonas tan suave y delicada como de costumbre. Tras ella viene Wealth y Soil's Song. La primera, de su Viva Emptiness, mantiene toda la melancolía y aspereza de su versión original. La segunda, pequeño canto a la depresión, puede hundirte, al igual que su versión de estudio, en la más profunda de las miserias.

En estas tres primeras canciones puede percibirse el sonido tan pulcro que han obtenido desde la mesa de mezclas. Pese a que los temas tienen las variaciones típicas de la puesta en escena en directo (aumento del tempo, etc.), la verdad es que se tiene la sensación de estar escuchando a la banda en vivo, como si se la tuviera delante. Como incoveniente, quizá, está el tema de que al público apenas se le oye durante la interpretación de los temas, síntoma de que ha habido pequeños retoques en la mezcla final del sonido. En cualquier caso ésta es una característica de todo disco en vivo: si quieres un sonido limpio y pulcro, tendrás que sacrificar parte del sonido ambiente; si quieres mantener el sonido ambiente, corres el riesgo de no obtener un sonido final todo lo pulcro y limpio que se quisiera. En cualquier caso, pese a la tara del sonido del público, el resultado final se sirve del sonido de la banda, es decir, ellos solitos consiguen la autosuficiencia para crear las atmósferas de las canciones. Al fin y al cabo, de eso se trata.

Tras ese trío inicial, la banda despacha la Opethiana Had To (Leave), de su Tonight's Decission. Una canción que te sumerge en la esencia más íntima de lo que es Katatonia: atmósferas opresivas, sentimientos asfixiantes y duda, mucha duda. Tras ella rescatan de su Discouraged Ones Cold Ways. Una canción potente pero reposada y meditada a la vez, que dibuja paisajes fríos y muertos. Una canción que habla de la muerte y, por tanto, de la vida.



La melancolía y la tristeza regresa al escenario de la mano de Right Into The Bliss, la otra canción seleccionada del Tonight's Decission. Le sigue Ghost Of The Sun, una de las mejores canciones que ha parido Katatonia en toda su historia. La canción inicial de su Viva Emptiness se revela como una gran demostración de poder por parte de los suecos, con una batería atronadora y unos riffes demoniacos. Genial el estribillo (I Trusted You You Lied / It's all I hear a Fucking Lie / I don't give a shit it's over now / It's all I know you broke the vow) con la voz de Jonas despachando los versos y la oscura y gutural voz de Nytrom de fondo. Grandes.

Tras esto la siguiente en reproducirse es Criminals, de su Viva Emptiness. Con ella la tranquilidad regresa al escenario, pero no por mucho tiempo. Deliberation es la siguiente en sonar. De su The Great Cold Distance, el tema mantiene intactas las cualidades en forma de riffes y harmonías perfectamente acabadas. Un buen ejemplo de cómo componer una canción.

Se acerca el final del CD y es el turno de July, una de mis canciones preferidas de los suecos. Constantes cambios estructurales y una atmósfera desquiziante son las principales notas de este tema, imprescindible en la colección de todo aquel que se precie de autodenominarse melómano. Lo mejor: el interludio polirrítmico de mitad del tema. Geniales.



Evidence, de su Viva Emptiness, pone el broche final a este disco. Esta preciosista composición, cuando termina, hace que todo el disco te sepa a poco, que quieras más de Katatonia. Pero no, el reproductor marca Stop; tendrás que volver a darle al play.

Hace tres años su discográfica puso en el mercado un doble disco titulado The Black Sessions. Era una especie de recopilatorio de sus mejores temas en vivo, pero sin ninguna conexión temporal entre ellos, es decir, cada canción había sido extráida de distintos conciertos. Se conoce que la fórmula no dejó del todo satisfecho a los suecos, que vieron en esa maniobra un sucio ardid para obtener beneficios económicos. Quizá por ello se explique la salida al mercado sólo tres años más tarde de este Live Consternation, esta vez sí siendo un recopilatorio de algunos de sus temas extraídos de un concierto íntegro. Desde luego no cabe duda que esta fórmula posee más honestidad artística que la otra. Sin embargo, carece de algo que sí tiene The Black Sessions: Amplio listado de canciones. El único problema que a mi modo de ver tiene este Live Consternation no es de cualidad sino de magnitud. No es otro sino su breve set list. Se echa en falta algun corte de su Last Fair Deal Gone Down y, en general, más temas del resto de su obras. Pero bueno, el hecho de que se trate de la grabación de un concierto en un festival explica la situación. Aunque no la justifica. Podrían haber grabado el disco en otro concierto de la gira.

En cualquier caso estamos ante un must have si eres seguidor de Katatonia. Y si no los conoces, ésta también es una excelente manera de descubrirlos, al menos en lo referente a su trayectoria más reciente. Si no fuera por el detalle de la extensión (hablamos de un disco de 11 canciones que dura 51 minutos) estaríamos hablando de un disco redondo (obviamente no en el aspecto literal de las palabras...). Aún así, al disco no le sobra nada. Y eso es mucho decir.

Me quedo con: Todo.
Si te Gustan: Tool, Radiohead, Anathema, Don't Look Back, Pelican, Porcupine Tree, Opeth, Amorphis.

Puntuación: 9 /10

jueves, 1 de noviembre de 2007

Soilwork - Sworn To A Great Divide (2007)



1. Sworn To A Great Divide (3:31)
2. Exile (3:48)
3. Breeding Thorns (3:52)
4. Your Beloved Scapegoat (4:00)
5. The Pittsburgh Syndrome (2:47)
6. I Vermin (3:37)
7. Light Discovering (3:49)
8. As The Sleeper Awakes (4:18)
9. Silent Bullet (3:27)
10. Sick River Heart (4:11)
11. 20 More Milles (4:34)

Parece que Soilwork están empezando a tomarse el lanzamiento de sus nuevas obras con un poco más de tranquilidad de la que hicieron gala en sus primeras publicaciones. Desde la salida al mercado de su primer disco hasta su Figure Number Five de 2003 pasaron cinco años. Es decir, a año por disco. Así, como si tuvieran prisa o algo parecido. El caso es que desde el lanzamiento de aquel album han optado por intercalar dos años de espera en sus lanzamientos. Plazo, éste, bastante más acorde a la lógica de la industria. 2007, por tanto, y octubre en concreto, ha sido el año escogido por la banda para presentarnos su nuevo Sworn To A Great Divide.

Todo este ejercicio cronológico viene a cuento para decir o, más bien, mostrar la evolución que ha sufrido la banda en cada una de sus entregas discográficas. Si bien en sus cuatro primeros discos nos mostraron su faceta más agresiva, un death melódico rabioso y furibundo, desde la salida al mercado de Figure Number Five han virado su estilo hacia senderos más comerciales o cuanto menos, más estandarizados en norteamérica. Prueba de ello fue la salida en 2005 de su irregular Stabbing The Drama, en el que dejaban de lado su death melódico agresivo para decantarse por sonidos más industriales y melódicos vocalmente hablando.

Hoy en día, hablar de Soilwork ya no es hablar de Death Metal Melódico. Puede definirse su estilo como nuevo death melódico, pero desde luego, su sonido ya no tiene mucho que ver con el que hicieron gala en sus primeros discos. Las guitarras ya no tienen el peso estructural en la conformación de las melodías del grupo. Ese papel es ahora sustentado más por la voz de Björn Strid. Si uno escucha los primeros discos de In Flames, Dark Tranquility, Arch Enemy o los propios Soilwork, verá que lo que definía el metal que practicaban era el uso de guitarras sumamente melódicas en un entorno puramente Death. Y esto incluye a la voz. Bueno, esto en Soilwork se ha perdido. Aunque eso no significa que hayan perdido toda la crudeza que les caracterizaba en sus primeros discos; ahora no es un grupo de Pop. Lo que sucede es que toda esa caña ahora se transmite en formato distinto, por otras vías.

Ahora desde el punto de vista guitarrístico se centran en elaborar riffes más thrashers y contundentes, con mucho groove y en afinaciones muy bajas. Siguen introduciendo solos de guitarras e incluso pasajes puramente melódicos, al estilo de la escuela de Gotemburgo, pero la verdad es que esto sucede en momentos muy puntuales. Puede decirse que en ese sentido se acercan al metalcore norteamericano. La batería sigue siendo atronadora y el bajo ha ganado bastante protagonismo respecto a los primeros discos. Un acierto se mire por donde se mire. Y en cuanto a la voz, el elemento clave para comprender la evolución musical de Soilwork junto con las guitarras, la faceta abrasiva se ha ido cada vez mezclando más con estribillos realmente melódicos y poperos. Es en la voz donde ahora se sustentan las melodías como antes he dicho. Pero esas melodías ahora beben mucho más del new metal. Se ha perdido lo épico y se ha ganado lo comercial. Esto les acerca a bandas como Mnemic o Raunchy, por poner unos ejemplos. Por ello considero que es un error hablar de la banda sueca como Death Metal Melódico, al menos ahora. No todo lo que sale de Suecia tiene que sonar como creemos que debería sonar algo salido de Suecia. A veces las etiquetas son dañinas y descolocan... En el caso de Soilwork, este viraje estilístico no tiene que interpretarse como algo esencialmente malo, al menos en este disco. Veamos por qué.

Este Sworn To A Great Divide arranca con el tema homónimo. Con un riff en los primeros compases muy al estilo Pantera, encontramos ya una pincelada de lo que va a ser la tónica en el resto del disco: el gusto por las afinaciones bajas y los riffes monolíticos y gruesos. Rápidamente la cosa deriva en un ejercicio de thrash-death al más puro estilo de los mejores The Haunted. Un tema con una caña y agresividad asombrosa, de esos que te ponen las pilas. La voz de Strid está realmente portentosa, con unos versos escupidos directamente de lo más profundo de sus entrañas. Como pega, no me gusta como insertan el estribillo en la canción. No creo que pegue demasiado. Y esta es una de las posibles taras de este disco: la introducción en ocasiones de estribillos melódicos con calzador, como si fuera una exigencia necesaria y no un requerimiento concreto de lo que la canción pide. Y en esta ocasión, en mi opinión, la composición no reclama tal estribillo. En cualquier caso, uno de los mejores cortes del album.

El primer single escogido para promocionar el album es Exile. Una canción que rememora los tiempos en los que In Flames coquetearon con sonidos industriales y fríos en su Soundtrack To Your Escape. Exile se sustenta básicamente en un estribillo típico del New Metal, con riffes densos y pasajes en los que las programaciones elctrónicas sirven de colchón para la voz de Strid. Un tema, en definitiva, un tanto pobre, con algún que otro cambio de ritmo interesante en una línea thrash-core y un solo de guitarra bastante resultón con las guitarras dobladas.



Breeding Thorns es la siguiente en sonar. Con un arranque más propiamente del death melódico clásico, con unas guitarras dobladas muy bonitas, rápidamente pasan a una transición con un sonido más típico del thrash-core americano. El estribillo nuevamente melódico, esta vez si está bien cohesionado con aquello que le rodea. Una muy buena canción en la que en la parte del solo nos deleitan con un duelo épico de guitarras muy logrado. Pese al predominio de las afinaciones bajas y los riffes secos, basados en la simplicidad y su carácter directo, a los guitarristas de Soilwork no se les ha olvidado tocar. Siguen siendo igual de técnicos que antes; solo que ahora espacian más sus intervenciones "estelares".

Your Beloved Scapegoat es una canción que contiene un riff melódico a la vez que denso. Nuevamente con la introducción de programaciones en la parte del verso, la canción se desarrolla con un ritmo contundente, muy americano. El estribillo es, esta vez, lo mejor de la canción. Muy popero eso sí, pero intentando ser objetivos de lo mejor que el señor Strid ha compuesto en toda su carrera. El solo de guitarra también está muy logrado. En general todos los solos de este disco están muy conseguidos. Una buena canción que, de nuevo, si te gustan In Flames, te recordará a los tiempos del Soundtrack To Your Escape.

The Pittsburgh Syndrome hará recordar a discos claves de esta formación como son A Predator's Portrait o Natural Born Chaos. Caña rápida, sin concesiones y con ese toque melódico inconfundible de aquellas obras. De las canciones que más rápido entran de este disco.

En una línea de agresión sónica similar está I, Vermin. Bueno, similar exactamente no. Más bien cercano al metalcore de bandas como Killswitch Engage o God Forbid, con un doble bombo demoledor y un riff asesino. El estribillo, esta vez, no rompe con la estructura de la canción, se introduce sin fisuras, sin resultar ser metido con calzador. El problema es que cuando metes un estribillo sin fisuras en una canción muchas veces, acaba cansando.

El interludio más pausado del disco viene con Light Discovering, en la onda de Departure Plan de su Figure Number Five. Con una introducción mediante guitarras melódicas al más puro estilo sueco, la canción se desarrolla con un talante tranquilo, con la voz en plan estrella del pop de Björn Strid y las programaciones electrónicas de rigor de fondo. El estribillo cambia la tónica para mostrarse más rápido y dinámico. Desde ahora apuesto que este tema será escogido como segundo single. Fijo. Sin destacar en nada en especial, tampoco puede decirse que sea un tema malo. A fin de cuentas, si fuese una canción bastante mala, ya estaría destacando en algo...

As The Sleepers Awakes es la siguiente en sonar. Con un arranque que me recuerda a ciertas cosas de lo último de Machine Head, con ese doble bombo constante y esos brakes, a medida que la canción se desarrolla el sonido de Soilwork se hace cada vez más presente. Un estribillo no especialmente logrado es el lugar escogido para el esparcimiento melódico-popero por Björn Strid. Hacia la mitad de la canción se van haciendo presentes las labores del teclista, que con sus sonidos consigue oxigenar la atmósfera de la canción. Lo mejor de la canción: los últimos treinta segundos. Buen broche para una canción ciertamente desigual.

Mejor sin duda es Sillent Bullet. Tras los compases iniciales, con un típico riff made in Suecia mil veces oído, un breve interludio es precedido a lo que probablemente sea uno de los mejores riffes de todo el disco: Juguetón, denso y muy dinámico. El caso es que lo saben aprovechar bastante bien con una serie de cambios de ritmo rápido/contundente que queda muy resultona. Una de las mejores canciones de todo el disco, con gran variedad de partes, todas ellas muy bien ensambladas, desde el estribillo, hasta los versos pasando por la gran variedad de puentes que introducen entre las distintas partes. Soberbia.

Como soberbia también es la siguiente pieza en sonar: Sick Heart River. Una canción que explicita creo yo lo que se podría llamar Nuevo Death Metal Melódico, y que los acerca bastante al sendero escogido por los daneses Raunchy. Emotividad y agresividad se funden realmente bien en esta canción en la que, pese a no tener nada que sea especialmente destacable, precisamente quizá por ello tiene el carácter de unidad cerrada que, tal vez, adolezcan otras compsiciones de este disco. Absolutamente recomendable.

La canción escogida para cerrar el disco es 20 More Milles. Una canción que no nos dice nada revelador en cuanto a propuesta musical: riffes gruesos, estructura death-thrash, estribillo new metal, solo de guitarra escandinavo. No es que sea una mala composición, pero para cerrar el disco hubiera sido mejor elección coger Sick Heart River. Pero bueno, ésta es sólo una opinión personal.

No me queda más que dar una valoración global de éste Sworn To A great Divide. Iendo canción por canción, uno ve que no se trata en absoluto de un disco malo. Tiene canciones realmente logradas y otras que, sin llegar a ser realmente buenas, tampoco son malas. El principal problema que le encuentro al disco es la falta de cohesión entre las canciones, amén de la falta de cohesión entre algunas de las partes de las mismas canciones (veáse: estribillos metidos con calzador).

Este album es un escalón peor que el Figure Number Five, y dos o tres escalones peor que su magnífica dupla conformada por A Predator's Portrait y Natural Born Chaos. Sin embargo, este Sworn To A Great Divide es claramente superior a su anterior Stabbing The Drama, pese a seguir profundizando en la senda iniciada en gran medida por aquel. Será por aquello del descanso de dos años antre aquel y éste. Aunque, si eso fuera así, no se explicaría como sacaron tan buenos discos en 2001 y 2002, años consecutivos...

Me quedo con: Sworn To A Great Divide, Breeding Thorns, The Pittsburgh Syndrome, Sillent Bullet, Sick Heart River
Si te gustan: The Haunted, Scar Symetry, In Flames, Raunchy, Mnemic, Disarmonia Mundi, Bloodjinn, Devildriver, Killswitch Engage

Puntuación: 7,9 /10

domingo, 14 de octubre de 2007

Dark Tranquillity - Damage Done (2002)



1. Final Resistance (3:01)
2. Hours Passed In Exile (4:46)
3. Monochromatic Stains (3:38)
4. Single Part Of Two (3:51)
5. The Treason Wall (3:31)
6. Format C: For Cortex (4:30)
7. Damage Done (3:27)
8. Cathode Ray Sunshine (4:14)
9. The Enemy (3:56)
10. I, Deception (3:55)
11. White Noise - Black Silemce (4:09)
12. Ex Nihilo (4:31)

El death metal melódico es un género que ha vivido en los últimos años una sobreabundancia nada habitual de formaciones. A la sombra de bandas como In Flames o Soilwork, se han subido al carro del mentado estilo infinidad de grupos de los cuales no muchos merecen ocupar un hueco en nuestra memoria. Al menos, esto en Europa. Porque si a este panorama le sumamos el hecho de que en Estados Unidos cada vez son más los grupos que ponen sus ojos en el viejo continente, tenemos una burbuja en la que el metal y el hardcore están embadurnados de un olor claramente europeo.

Naturalmente, como en toda cosa nueva, siempre hay un creador. Junto con In Flames, puede decirse que Dark Tranquillity crearon este estilo, el sonido Gotemburgo. Un estilo en el que las guitarras melódicas y los pasajes acústicos se mezclan con la violencia sonora de las voces y las baterías del death. Una mezcla explosiva que, como he dicho, muchos grupos más tarde explotarían en aras de lograr un beneficio económico.

Precisamente esto es lo curioso del asunto. Cuando el género parecía empezar a masificarse, ellos, Dark Tranquility, coquetearon con otras líneas estilísticas. Introdujeron teclados en su música, voces limpias, atmósferas góticas y, en general, dieron una vuelta de tuerca a su sonido. Esta etapa coincide con la publicación de Projector y Haven. Muchos seguidores les acusaron de haber perdido su esencia. Pero lo cierto es que la melodía seguía allí y Michael Stanne no pasó de la noche a la mañana de ser una de las mejores voces del death melódico a ser ídolo de quinceañeras. Nada de eso. De hecho, los tiros no van por ahí.

Que alguien diga que el significado de un viraje estilístico de esa magnitud responde a intereses económicos cuando el estilo que practicabas empieza a ser reconocido mediáticamente es, en mi opinión, un sin sentido. Lo más fácil hubiera sido volver a hacer un The Mind's I o un The Gallery siguiendo esa lógica. Esto es algo que hicieron, por ejemplo, In Flames con su famosa triada Whoracle, Colony, Clayman. Y les salió bien, precisamente por haber sido una apuesta segura. Por ello creo que el riesgo que tomaron Dark Tranquillity en esos discos no es explicable mediante móviles crematísticos.

En cualquier caso, y sea como fuere el asunto, si dinero o intereses artísticos (o ambas), el caso es que los resultados en cuanto a calidad de esos dos discos fueron discutibles. Tal vez por ello, ni cortos ni perezosos, las huestes de Niklas Sundin decidieron retomar el camino emprendido allá donde lo dejaron en 1997. En este contexto se fraguó Damage Done. Como si de un alegato a la culpabilidad fuera, este disco, desde el mismo título, nos insinúa que lo que nos vamos a encontrar en su interior va a ser algo, en principio, diferente a lo que cabría esperar de él.

Y desde el primer minuto, con Final Resistance, se confirman las sospechas con un corte de salvaje death metal melódico. Vuelta a los orígenes con una composición con un tempo rápido y constantes brakes y transiciones entre las distintas partes de la canción. El protagonismo de las guitarras es bastante acusado, las cuales destripan y desmenuzan todo el mastil de la guitarra para producir riffes de una factura asombrosa. La voz de Stanne, al límite en cada uno de sus versos, encaja con todo el engranaje a la perfección. Gran inicio de disco.

Hours Passed In Exile
es la siguiente en sonar. Con un inicio mediante teclados atmosféricos, rápidamente las guitarras y la batería aparecen en escena con un riff muteado y un ritmo asincopado. En el estribillo de la canción se ve que la mezcla de las melodías típicamente suecas de las guitarras encajan a la perfección con el colchón de teclados. En definitiva, se trata de una canción que explora nuevos senderos en su trayectoria por medio de la conjunción de caminos ya recorridos. Un perfecto resumen de lo que nos ofrecerán el resto de canciones.

Monochromatic Stains fue el single elegido para la promoción del disco. Se trata de una canción con distintos tempos en cada una de sus partes. Se inicia con una melodía épica de guitarra para dar paso al cabo de pocos segundos a una cobertura de teclados bajo la cual la voz de Stanne va escupiendo sus versos. Magníficos los cambios de ritmo lento/rápido durante el desarrollo de las estrofas. Lo mejor de la canción son los solos que se suceden tras el segundo estribillo, con un duelo entre las guitarras impecable. Puede sonar exagerado, pero en algunos casos, algunas sucesiones de notas recuerdan a algunos pasajes de las partituras de Stravinsky. Dicho sea de paso, el videoclip me encanta (¿Alguién mencionó el expresionismo cinematográfico alemán?).



La cuarta canción del disco es Single Part Of Two. En esta pieza las guitarras vuelven a despachar riffes realmente bestiales. Si cabe, la presencia de teclados está más acentuada que en las anteriores canciones. De nuevo, el solo de guitarra vuelve a cautivar mediante una sucesión de pentatónicas. Algún día se reconocerá el talento de Niklas Sundin y de Martin Henriksson, no como virtuosos de las seis cuetrdas, sino más bien como excelentes compositores de melodías atrayentes. Desgraciadamente en el mundo del metal, suele tenerse en cuenta más la primera característica en menoscabo de la segunda.

The Treason Wall es la Clayman de este disco. No puedo evitarlo, pero cada vez que la escucho, con esas notas alargadas, me viene a la memoria la canción de In Flames. Puede que sea su respuesta en forma de canción a sus paisanos. O puede que no. En cualquier caso, es una canción que merece ser escuchada por sí misma, pues es realmente pegadiza.

Si tuviera que decir cuál es, según mi criterio, la mejor canción de este Damage Done, diría sin dudarlo que es Format C: For Cortex. Los apenas 40 segundos de introducción de este tema están entre mi selección personal de pasajes musicales selectos para una banda sonora personal. O al menos, si esa selección existiese, estarían elegidos. Que maestría y que dominio de los instrumentos demuestran Dark Tranquillity en esta canción, tanto en los momentos más acelerados como en los más reposados y tranquilos. Todo un Tour de Force de sensaciones y sentimientos, a veces contradictorios. En fin, mi preferida.

En las primeras seis canciones del disco, en general, se puede apreciar un gusto por el presiocismo en la composición. Por un fino sentido de pulir la mayor cantidad de detalles posibles para intentar crear temas redondos de principio a fin. También se aprecia un gusto por ciertos arreglos cuasi barrocos, y a veces, en demasía ostentosos. Pues bien, estas sensaciones desaparecen con la irrupción del tema homónimo del disco, Damage Done. Al menos en su comienzo, sorprendiéndonos con una contundencia y rapidez inusitadas en el resto de canciones. Con riffes thrashers, e incluso un riff cíclico de interludio, Dark Tranquility en los primeros segundos muestran las cartas que destaparían tres años más tarde con la publicación de Character. Sin embargo, toda esta demostración de potencia se va diluyendo con el paso de los minutos, hasta desembocar en un desenlace tranquilo en el que las guitarras suaves y los teclados son los verdaderos protagonistas.

Cathode Ray Sunshine es otra canción con un comienzo épico de los que quitan el hipo, de los que te sumergen desde el primer segundo en la atmósfera del tema. Con un riff y unos arreglos característicos del sonido gotemburgo, la canción se desenvuelve siguiendo las premisas marcadas por la introducción del tema. Pasada la mitad del corte, la presencia de teclados se hace más visible, hasta tal punto que llegan a ser indistinguibles de las guitarras. Una de las características que más debería valorarse en este Damage Done es la capacidad con la que Dark tranquillity consiguieron aunar guitarras y teclados. Estos últimos, normalmente suelen jugar un doble papel en su música. Normalmente, como elemento que da empaque y sonoridad al conjunto y, a la vez, e indisociablemente, como elemento atmosférico. Paralelamente, los teclados en contadas ocasiones cobran el protagonismo, al mismo nivel que las guitarras, pero sin la chabacabería con la que son usados, por ejemplo, por unos Children Of Bodom o cualquiera de las bandas power metaleras de finales de los 90. Y ciertamente es un acierto. Dotan al sonido final de una grandilocuencia que dificilmente sería alcanzable de otro modo.

The Enemy es una canción que comienza con unos arreglos de teclados en clave melancólica, a los que inmediatamente, se añaden un doble bombo pausado y las guitarras en segundo plano. Otra canción en la que los teclados cobran protagonismo acertadamente. La canción se desenvuelve progresivamente con un peso en las guitarras cada vez mayor. Tras un interludio acústico, todos los instrumentos consiguen dibujar un paisaje de tristeza y melancolía que realmente llega a sobrecoger. En cierto modo, la canción es como un vals (ateneos al ritmo, "un cha cha, un cha cha..."), eso sí, oscuro y pesimista como pocos. Gran canción.

I, Deception es la décima pista en sonar. En la línea de Final Resistance o Hours Passed In Exile, se trata de una composición dura, pero con matices sobradamente melódicos. Con un final épico en las guitarras y desgarrado en la voz, no baja el nivel medio del album.

White Noise - Black Silence recuerda a Damage Done en cuanto a agresividad. Con un riff que avanza con paso firme acompañado por una batería contundente, la canción se va desenvolviendo bajo una línea sonora de violencia musical. Nuevamente con un interludio en mitad de la canción, esta vez con las guitarras, y sin menoscabo de la tensión imperante durante toda la pista, enlazan con una parte bastante contundente, armónicos incluidos. Se echa de menos quizá más desarrollo en alguno de los riffes, pero aún con todo, la canción es enorme.

La Outro del album se llama Ex Nihilo. Normalmente suelo entender las intros y outros de los discos como meros ejercicios para presentar o despedir el contenido estrictamente musical de los albumes, y que en sí mismas, resultan vacuas y sin ningún interés intrínseco. Bien, que normalmente piense así no significa que siempre lo haga de ese modo. Y un ejemplo de ello es esta Ex Nihilo. Dice el viejo postulado lógico de los escolásticos, que de la nada, surge nada (Ex nihilo, Nihil Fit). Puede ser una buena aproximación para entender qué representa esta outro. Con un comienzo oscuro y un sonido fluctuante por medio de los teclados, la canción progresa como una avalancha sónica hasta llegar a un interludio en el que las guitarras van desarrollando una melodía optimista que, finalmente, acaba siendo absorbida por la melodía del comienzo y, sin que te lo esperes, todo termina. Como si fuera un sueño en el que hay momentos buenos y momentos malos. Como una metáfora de lo que es la vida. En definitiva, como si, efectivamente, de la nada, no pudiera surgir algo.

Producido por Fredrik Nordstrom en los Fredrick Studios, esta obra de Dark Tranquility merece un puesto de honor en el escalafón de los mejores albumes de death metal melódico de la historia. Un disco que no pierde con el número de escuchas y que, por el contrario, gana con ello precisamente por la cantidad de elementos ocultos, que requieren de constantes y atentas audiciones, como si de un disco de metal progresivo se tratara. Damage Done es un disco de death metal melódico, sí, pero que sabe echar mano de influencias de otros estilos para dar como resultado un disco de death melódico original y fresco. Damage Done es, en definitiva, una obra excelsa que supone el punto álgido en la trayectoria de los suecos y que, dificilmente, será superado en futuras placas.

Me quedo con: Final Resistance, Hours Passed In Exile, Monochromatic Stains, The Treason Wall, Format C: For Cortex, Cathode Ray Sunshine, The Enemy, Ex Nihilo.
Si te gustan: In Flames, Soilwork, Arch Enemy, Amon Amarth, Callenish Circle, Cynic, Imsomnium.

Puntuación: 9,7 /10

miércoles, 3 de octubre de 2007

Paradise Lost - In Requiem (2007)



1. Never For The Damned (5:02)
2. Ash & Debris (4:16)
3. The Enemy (3:39)
4. Praise Lamented Shade (4:03)
5. Requiem (4:25)
6. Unreachable (3:39)
7. Prelude To Descent (4:12)
8. Fallen Children (3:38)
9. Beneath Black Skies (4:13)
10. Sedative God (3:59)
11. Your Own Reality (4:03)

Se ha intentado vender este In Requiem por parte de los medios especializados como el regreso de Paradise Lost a los senderos más duros de su trayectoria. Aquellos caminos que abandonaron con la publicación de One Second, hace ya diez años. Sirva como aviso para navegantes: Paradise Lost no han vuelto al Detah-Doom. Sin embargo, no cabe duda de que éste es el disco más potente que han firmado en años.

La trayectoria de Paradise Lost abarca 11 discos de estudio y muchos cambios estilísticos en su propuesta. En todos ellos han mantenido la esencia de su música; en todos ellos se puede percibir el sonido Paradise Lost. Sin embargo, no a todos los fans ha convencido su deriva estilística. Paradise Lost comenzaron siendo una de las banda pioneras en practicar death-doom junto a My Dying Bridge y Anathema en Gran Bretaña. Posteriormente evolucionaron hacia un doom con tintes góticos, aún con voces rasgadas. Con Draconian Times, en 1995, abandonaron las voces death en favor de los tonos limpios con lo que, a mi modo de ver, es lo mejor de su discografía. A finales de los 90 y a principios de siglo el grupo coqueteó con la electrónica, el pop y el industrial en un afán experimentador de nuevos sonidos pero con resultados desiguales. Resultado de ello son discos interesantes como Host y el soberbio Believe in Nothing y otros más ramplones como Symbol Of Life. El último disco, Paradise Lost, ya apuntaba un cierto redireccionamiento en su propuesta, encaminado hacia caminos ya explorados hace una década. Este In Requiem no hace sino acentuar esa inercia.

Este undécimo disco de la banda inglesa ha sido producido a medio camino entre Londres y Vancouver por el viejo conocido de la parroquia metálica Rhys Fulber (Fear Factory, Mnemic, Chimaira...). Este hecho no debe llevar a equívocos, pues In Requiem no es un disco que contenga elementos electrónicos ni industriales. Es sencilla y llanamente un disco de metal gótico con algún toque doom.

Si algo destaca a la primera escucha de este LP es el tratamiento escogido en el sonido de las guitarras, mucho más crudo y contundente que en pasadas entregas. Eso desde el punto de vista de la producción. Desde el punto de vista compositivo, se nota el cariz más metálico imprimido por Gregor Mackintosh en sus riffes, dotándolos de la contundencia y el tono épico necesarios para crear una obra aceptable de metal gótico.

El disco arranca con Never For The Damned, una composición de índole épica que se inicia con unos teclados de estética oriental, a los que no tarda en sumárseles un riff de guitarra muteado y un solo de guitarra. Tras esto la voz de Holmes irrumpe con un tono grave tras una cortina sónica muy doom. El tema se desenvuelve bajo las coordenadas del mencionado estilo y toques y pinceladas góticas. El trabajo a las guitarras es bastante correcto con unos areglos en las estrofas bastante resultones. Buen inicio de disco. A continuación suena Ash & Debrish, un corte mucho más directo que encaja muy bien con su predecesor por tonalidad en el sonido de las guitarras. Con un interludio más pausado y melódico en su parte central, en base al uso de teclados y un bajo atronador, la canción deriva hacia un tono más melancólico, evolucionando paulatinamente de la ira de su comienzo a la tristeza de su desenlace.

The Enemy es el corte escogido como primer single. Iniciado con unos preciosistas (a la par que mil veces oídos, pero no por ello malos) coros femeninos y un fraseo de guitarra, rápidamente se incorporan el resto de instrumentos con una cadencia bastante contundente. La voz de Holmes no acaba de encajarme muy bien durante esta parte de la canción, pero este hecho se ve en parte disimulado por el aplastante sonido imperante y por la progresión de la melodía, que acaba derivando en un bonito estribillo.



Praise Lamented Shade es el segundo y hasta ahora último single del disco. Se trata de una excelente composición que juega a medio camino entre el gótico más pausado y el doom más visceral. Impresionante el groove que consiguen plasmar en su sonido las guitarras y el bajo así como conmovedora es la melodía que consigue crear Holmes a las voces. Un tema que perfectamente podría haber sido creado en los tiempos de la constitución Draconiana.



Para mi la mejor canción de este disco es la quinta, titulada simplemente Requiem. Con una atmósfera muy lograda por una cobertura de teclados y un fraseo de guitarra muy épico, se trata de la canción más dura del disco. Holmes esta vez se desquita con unos versos cantados a un modo y manera cercano al death. Cuenta con un estribillo pegadizo y un interludio pausado con numerosos punteos y arreglos de teclados. Se trata de una canción con pasajes bastante bien conseguidos, evocadores de un cierto tipo de incertidumbre existencial, a saber, la última de las incertidumbres posibles. Lo mejor del disco.

Unreachable es la siguiente en sonar. Esta vez nos encontramos con una pieza más cercana a sus últimas entregas, con ramalazos pop y ciertas influencias de su etapa del Believe In Nothing, rompe la tónica dominante en la primera mitad del disco. Por suerte, este interludio rememorante de épocas pasadas no hace mucho en la banda, se rompe con Prelude To Descent, una excelente composición gótica en la que riffes gruesos y la melodía en la voz de Holmes toman el mando. Más allá del ecuador del corte nos deleitan con una parte en una vena más thrash de lo que el grupo suele tenernos acostumbrados.

Tras esto Fallen Children no baja el listón con una más que aceptable composición, que pese a pecar de recurrencia en su estructura (quizá, uno de los mayores peros a lo largo del redondo en todas las canciones), nos depara momentos acelerados en los que contemplamos como el batería mantiene un ritmo constante. Destacable es, en gran medida, el uso de los teclados que confieren al sonido ciertas resonancias épicas. Beneath Black Skies es un track en el que podemos percibir, de nuevo, muchas resonancias del Draconian Times. Con un riff bien compuesto y una voz bastante grave, la canción desemboca en un estribillo muy pegadizo.

Las dos últimas canciones del disco son Sedative God y Your Own Reality. La primera de ellas es una nueva muestra de que la senda elegida en este disco los devuelven nuevamente al lugar en la música que abandonaron con la publicación de Host. La segunda, por contra, precisamente es conceptualmente lo opuesto a aquella. Con unos arreglos sinfónicos creados mediante sintetizadores, se trata de una oscura balada que habla de las acciones que no controlamos y que no podemos, más aún, controlar.

El tiempo a puesto en su sitio a Paradise Lost. Hoy en día, cuando la fórmula que ellos crearon ha sido usada hasta la saciedad por otras bandas, y dado que ellos nunca han diso partícipes de la idea de la repetición de su propuesta, sino que por el contrario se han guiado por la más férrea voluntad de cambio y renovación, parece que ahora sí, han optado por un regreso a sus raíces. Esta vuelta a lo que fueron, no obstante, no cabe interpretársela literal o estrictamente. Por el contrario, han sabido tomar elementos de todas sus creaciones, dicho sea de paso, bastante divergentes, para crear una obra que destaca por la homogeneidad en su composición.

Por ello, me repito en lo dicho al principio de estas líneas, que pese a que se ha intentado vender este disco como una vuelta a las raices del grupo inglés, en gran medida, esta apreciación es, a mi modo de ver, claramente incorrecta. Más bien soy de la opinión (si es que tal corriente existe) de los que consideran este In Requiem como una recapitualación y resumen sintético de qué sea Paradise Lost. Por ello, en esta obra encontraréis las directrices más básicas del sonido de los británicos, más allá de sus manifestaciones concretas con el transcurso de los años en cada uno de sus lanzamientos precedentes.

Por todo esto, In Requiem puede considerarse como una buena targeta de visita para lo que representa el mundo sónico de Paradise Lost, en caso de que, claro está, seas neófito en su sonido. Por contra, para los más avezados en su sonido, este disco será una pieza más en el puzzle que conforma su discografía. Pieza, ésta, que se sitúa a medio camino entre lo más memorable del grupo británico y aquello que, por contra, resulta más desechable, sitúandose este último lanzamiento, más próximo al primer extremo que al segundo.

Me quedo con: Ash & Debrish, The Enemy, Praise Lamented Shade, Requiem, Beneath Black Skies,
Si te gustan: Katatonia, Tiamat, Moonspell, My Dying Bride

Puntuación: 8,1

martes, 18 de septiembre de 2007

Akercocke - Antichrist (2007)



1. Black Messiah (0:56)
2. Summon The Antichrist (5:14)
3. Axiom (5:14)
4. The Promise (3:36)
5. My Apterous Angel (6:52)
6. Distant Fires Reflects The Eyes Of Satan (2:31)
7. Man Without Faith Or Trust (3:27)
8. The Dark Inside (6:43)
9. Footsteps Resound Of A Empty Chapel (4:19)
10. Epode (2:36)

Quien iba a decir a estas alturas de la película que, tras discazos como The Goat Of Mendes, Choronzon y Words That Go Unspoken, Deeds That Go Undone, estos ingleses iban a parir un disco tan colosal como es este Antichrist. Y es que su creciente "popularidad", más allá de la escena underground, podría indicar una comercialización de su propuesta. Ciertamente hubiera sido lo más sencillo, pero la verdad, me cuesta bastante imaginarme a esta gente, con sus trajes de película de Tarantino y todo su atrezzo, en un escenario tocando metalcore.

Antichrist supone la evolución natural de este quinteto de impíos. Su ya tradicional mezcla de black metal, brutal death y elementos progresivos, en esta ocasión la han profundizado y llevado a otro nivel, de modo que cada parte black suena más black que nunca, cada parte death más brutal y cada trozo progresivo más experimental y fresco. En ese sentido, éste quizá sea el disco más compacto que hayan producido hasta la fecha; tal vez, por ello, sea el disco más definitorio de lo que puede ser su propuesta.

En cuanto a la producción, intencionadamente o no, el sonido final conseguido es bastante crudo y, en ocasiones, demasiado sucio. Este hecho resalta con el trabajo realizado en pasados discos, en los que el sonido obtenido era más bien pulido. Esto podrá disgustar o no a sus seguidores. En mi caso, creo que la decisión ha sido un acierto, pues el tratamiento escogido ayuda a otorgar buenas dosis de maldad, principalmente a los pasajes atmosféricos que suelen crear en base a las guitarras acústicas y los sintetizadores. Pero también es verdad que la batería podría sonar más alta en algunas partes, principalmente en las más abrasivas.

En cuanto a las letras, pues nos encontramos lo típico en esta clase de grupos de índole satánica: referencias al maligno, sexo, mujeres desnudas, orgías, individualismo, materialismo, etc. Bueno, lo típico, hablando con propiedad, igual no: es bastante raro encontrar referencias filosóficas como las de Bertrand Russell o Richars Dawkins en esta clase de grupos. Tal vez por ello, ciertas asociaciones cristianas de Irlanda del Norte, radicadas en Belfast y Armagh (os aseguro por experiencia propia que éste pueblo, el de Armagh, es uno de los más siniestros en los que he estado, precisamente por su cristianismo y puritanismo exagerado, que se respira en el ambiente y se siente en el trato con las personas) protestaron por los conciertos que Akercocke iban a celebrar en dichas localidades por lo que, según ellos, era una mala influencia para la juventud. Hasta llegó a celebrarse un debate entre los líderes religiosos de las comunidades y la propia banda, todo ello en un programa de máxima audiencia de la BBC británica, acerca de la conveniencia o incoveniencia moral del mensaje de los ingleses.

Dicho esto, y para aclarar las cosas aunque resulte innecesario, el mensaje de Akercocke dista bastante del de algunas bandas de Black metal escandinavo de finales de los 80 y principios de los noventa de quemar iglesias, matar gente y violar a las hijas del vecino. Hoy en día, todo eso, parece ya estar superado. Pero quien sienta curiosidad, tiene las letras en la red, y que saque sus propias conclusiones.

Y entrando ya en materia de lo que nos ofrece este Antichrist, en primer lugar, 41 minutos de música. Duración ésta, ligeramente inferior a la de pasadas placas. El disco arranca con la introducción Black Messiah, un corte de menos de un minuto de duración plenamente industrial y que cumple perfectamente su función de hacernos entrar en la dinámica de lo que nos ofrecerá este Antichrist. Summon The Antichrist es la primera canción propiamente en reproducirse. Se trata de una pieza de death metal iracundo, llena de blast beats, en la que, ya en los primeros segundos, se percibe que el sonido de la batería se escucha sensiblemente más bajo que en otras placas, tomando mayor protagonismo la muralla sónica formada por las guitarras y el bajo, y otorgando de este modo al sonido un aspecto más compacto pero menos espectacular o grandilocuente. Destacable el interludio acústico y las voces limpias que impregnan al tema de cierto magnetismo que, sin embargo, no se disipa con la cohesión con las partes más rápidas y potentes. La outro del tema la conforma unos mensajes provenientes del maligno, detalle, éste, cuanto menos curioso.

El primer single elegido para la publicación del disco es Axiom. Y la decisión no podría haber sido más acertada, porque se trata del tema más ganchero de todo el album y todo un tour de force en el que se dan cabida todas las características del grupo. El tema se inicia con unos arpegios en guitarra acústica acompañados de unos blast beats en modo "tranquilo, no hagas mucho ruido, que jodes el climax", y la voz en su faceta más dulce de Jason Mendonca. Rápidamente, y tras unos fraseos, la distorsión se incorpora y llegamos al primer momento épico de la canción. Tras ello, puentean con una parte que incorpora un riff puramente thrash a la que a su vez enlazan con la segunda parte épica de la canción, ya en clave más black. A continuación enlazan con una parte desquiciada a medio camino entre unos Dillinger Escape Plan, con unos riffes disonantes y un bajo con mucho groove, y unos Deicide. Riffes y más Riffes y la caña prosigue hasta que llegamos al tercer momento épico de la canción, esta vez en formato de solo de guitarra al más puro estilo Opeth. En el aspecto lírico, la canción habla del tratamiento que el cristianismo hace de la muerte y destacable es una cita que extraen de Bertrand Russell y que puede oirse al final de la canción. La cita dice: I Believe that when I die I shall rot and nothing of my ego shall survive. No hay mejor resumen para la filosofía del grupo.



Estos tipos conocen perfectamente la teoría que dice que después de un arrebato de cólera lo mejor es un poco de calma. Y así lo hacen en The Promise, un tema lento y pausado, con una estructura cuasi doom, arreglos orientales, la voz grave susurrando unos versos y, en general, una atmósfera muy lograda. Lo curioso del asunto, es que la canción evoca maldad y desasosiego sin recurrir a la violencia, ya sea en forma de contundencia o en forma de rapidez. Con lo cual se demuestra que también conocen la teoría que dice que una canción no necesita recurrir a la agresividad para evocar sentimientos oscuros.

My Apterous Angel es la siguiente en sonar. Comienza con un arpegio de guitarra al que le sigue un palm mute al más puro estilo System Of A Down durante unos breves segundos. Por estructura, la canción recuerda a Axiom en el sentido de ir aumentando la agresividad poco a poco. A mitad de la canción llega un interludio acústico con una línea de bajo muy marcada al más en la línea de Opeth y la voz clara y limpia de Mendonca. Tras esto se nos ofrece una gran demostración de blackenned death metal. El solo llega hacia el último minuto de la canción, con un doble bombo contundente y preciso, y un cierto aroma thrash en los riffes. Sin duda, otra pieza clave en el disco. Distant Eyes Of The Soul Of Satan supone un interludio instrumental y atmosférico de dos minutos y medio de duración. Con ciertas reminiscencias orientales, el uso del sitar y otros instrumentos más típicos de un disco de Nile, la canción te sumerge en el clima de algo así como un ritual ancestral pagano.

Man Without Faith Or Trust es una descarga de brutal death metal técnico. Así que ya os podéis imaginar lo que os encontraréis en esta canción, riffes endiablados, síncopas por doquier, solos desquiciados, y bueno, por tratarse de Akercocke, alguna que otra parte con voz limpia en ciertos pasajes black. Y llegamos a The Dark Inside, una de las mayores sorpresas del disco, una canción que comienza en una línea a medio camino entre el death y el grindcore y que desemboca a los pocos segundos en una parte bastante acentuada de sónido típico pop. Sí, pop. Con guitarras típicas del Indie, batería juguetona y una parte cuasi electrónica en la que la presencia de sintetizadores y un bajo con mucha distorsión toman el mando. Pero el caso es que les queda muy fluida la mezcla. No se trata de dos canciones metidas con calzador en una, sino que realmente han conseguido enlazar las distintas partes con éxito. Curiosa fórmula la de este track, que a buen seguro creará división de opiniones. A mi personalmente, me parece una buena canción y, además, una decisión valiente, digna de cierta apertura de miras.

Footsteps Resound In A Empty Chapel comienza con un riff puramente Slayer, a medio camino entre el thrash y el death. En general, respeta las directrices del sonido impuesto por el resto del disco. Sin estar mal el tema, tampoco consigue decir demasiadas cosas nuevas. El final del disco llega con Epode, canción ésta, que no se si interpretarla en serio o como un gesto cómico. Imaginaros un corte intimista, con no demasiada ornamentación más allá de la necesaria y con ciertas reminiscencias a lo último de Anathema. Imaginaros una balada en esa onda y luego ponedle de letra una oda a Satanás. Ciertamente, me decanto por la segunda opción hermenéutica. Ahora bien, queda pendiente la cuestión de si comprenderla como una sátira al satanismo corriente o como una sátira a bandas con la pecuiar trayectoria de Anathema. Eso ya no lo sé. En cualquier caso, es una canción curiosa.

Resumiendo un poco estas líneas, este Antichrist supone la evolución lógica de Akercocke. Una evolución que sigue siendo fiel a las raices de la banda, tanto en su faceta más brutal y contundente como en su lado más experimental. Quizá encontremos menos virtuosismo que en pasadas entregas. Sin embargo y por contra, encontramos una propuesta mucho más sólida y compacta; más madura y, en definitiva, una síntesis de que ha sido, es y probablemente será Akercocke. Si no los conoces, este Antichrist es una buena tarjeta de presentación. Si ya los conoces, a buen seguro no te defraudarán. En cualquier caso, se trata de un disco que gana con las escuchas. Muy recomendable.

Me quedo con: Axiom, The Promise, My Apterous Angel, The Dark Inside
Si te gustan: Opeth, Cynic, Nile, Enslaved, Behemoth, Emperor, Slayer

Valoración: 9.1 /10