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domingo, 28 de marzo de 2010

The Night Has A Thousand dollars

Esta noche no me apetecía salir, así que me he quedado en casa viendo fútbol. Luego he leído algo de Fodor que me ha parecido muy aburrido, y eso que el tipo se esfuerza, y se esfuerza mucho. Pero nada Jerry, otro día será, hoy no estaba con la intendidad necesaria para seguirte. Como la filosofía de la mente me resultaba tediosa, he hecho lo que hago siempre que me aburro: recurrir al poker. Es curioso, porque los cálculos mentales necesarios para calcular la equity de tu mano respecto a una apuesta de tu rival basándote en su rango de manos en función del porcentaje de veces que realiza un movimiento determinado en una situación concreta cada vez me salen con más soltura y precisión. Supongo que todo es cuestión de práctica y, que duda cabe, desde hace varios meses practico más poker que filosofía de la mente. Supongo que en algún momento cambiará la situación, pues no quiero dejar a la filosofía de lado, pero cuando el instinto llama, hay que escucharle con atención.

Como iba diciendo, ahí estaba yo, jugando a poker, variando de tres a cuatro mesas simultáneas, según si lo que veía me parecía interesante o no. Como siempre, cerraba y abría mesas cual tiburón acechando a la presa, esperando que en alguna hubiera un maníaco, un calling station con debilidades explotables post-flop o, en general, un gambler con defectos acusados en algunas de las facetas de su juego. Mientras tanto, en el media player sonaban Insomnium, un grupo finlandés que practica el mejor death melódico de la actualidad junto a Dark Tranquillity, concretamente su Above the weeping world, de 2006. Me encanta ese disco. Posee las clásicas armonías del death melódico, la oscuridad y atmósfera depresiva del doom e influencias del folk escandinavo. Una auténtica joya del género. Así que motivado por la música, jugué.

Alrededor del minuto 20 de la sesión, identifiqué algo que entraba dentro de los parámetros que buscaba: un tipo con un stack de 50 dólares y con unas estadísticas que reflejaban que entraba al bote con el 98% de sus manos, que raiseaba preflop el 63% de ellas y que su agression factor era del 12. En otras palabras, un miserable maníaco. Reparé en él (porque cuando multitableas cuesta fijarse en la imagen del resto de jugadores de una mesa, a menos que entre al bote con ellos y analices su stats) cuando, después de raisear preflop una pareja de dieces, él, ocupando la ciega grande me hizo un 3bet. Entonces me fijé en sus estadísticas, e hice call, aunque lo correcto hubiera sido raisearle o tirar la mano. Esto último tuve que hacerlo en el flop ante la presencia de dos overcards en la mesa y, a pesar de que tenía posición sobre él, ver esa apuesta me hubiera comprometido con el bote. Reflexioné sobre la situación: maníaco en la mesa + posición sobre él + stack de 50$ = regalo de cumpleaños con lacito con mi nombre. Ipso facto, cerré el resto de mesas, y me concentré en ésta. Estaba jugando en mesa corta de seis jugadores (como siempre), y en ese momento, decidí cambiar mi estrategia. Jugaría en la mesa viendo muchas mas manos y siendo más pasivo que de costumbre, jugando mis manos fuertes y semifuertes agresivamente, sí, pero con la intención de meter más manos basura en mi rango con el objetivo de rentabilizarlas postflop, lugar donde identifcaba yo que tenía ventaja sobre él. Me aprovecharía de que su rango sería peor que el mío y de su agresividad ilimitada para sacárselo todo. Ese era el plan. En otras palabras, convertir la mesa en un Heads Up con el resto de jugadores como espectadores privilegiados. Acabé sacándole 37 de los 50$ (los otros 20 se los sacaron las dos manos premium de otros dos rivales), en apenas 23 minutos, aunque lo importante sucedió en apenas 1 minuto.

Primera mano: AQs. Raiseo, él en ciega pequeña me hace 3-bet. En ese momento su 3-bet average era del 32%. Podía tener cualquier puta cosa, pero sólo iba a coin flip con el 20% de su rango e iba claramente por detrás frente a AK, QQ y AA, o sea, menos del 10% de su rango. Frente al 70 restante iba claramente por delante. En total, mi equity contra todo su rango era del 67%, decido 4-betearle. Me mete push. Instal call por mi parte. Muestra K2o. Parece que tengo un 63% de equity al river. Va a estar emocionante, pienso, acojonado de que saga alguno de sus outs y de que le haga ganar la mano. Pero no sale ninguno de sus 2s ni ninguna de sus Ks. 13 dólares para el tío Jose.

Y a la siguiente mano...

Segunda mano: TT. Raiseo desde bu. Él en ciega grande, esta vez, me pushea directamente. Temo ir por detrás, pero sospecho que sospecha que le estoy robando, que si tuviera una buena mano la jugaría de otro modo y lecturas aparte, pienso en números. Nuevamente me enfrento al 30% de su rango. De ese 30%, sólo voy por detrás frente a parejas de mano superiores, el 6% de su rango en esa situación. Voy a coin flip frente a broadways sin dieces, o sea, el 17% de sus manos. Frente al 77% restante de sus manos voy claramente por delante. Muestra KQo. Mierda, coin flip, ligeramente a mi favor, pero coin flip al fin y al cabo -pienso. No salen ninguno de sus outs. Gano otros 24 dólares.

El tío pierde todo su stack y abandona la mesa. Yo hago lo mismo y cierro el soft de Everest Poker pensando que en términos absolutos jugué bien, pero que arriesgue demasiado y que tampoco era necesario. Y luego pensé que era parte de la estrategia de jugar en modo heads-up. Miro el media player. Suena:




Cuyo estribillo es un poema de William Bourdillon, poeta del siglo XIX. Su título: The night has a thousand eyes.

The night has a thousand eyes,
and the day but one;
Yet the light of a bright world dies,
when day is done.

The mind has a thousand eyes,
and the heart but one;
Yet the light of a whole dies,
when love is done.

Y pienso que, efectivamente, es verdad.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Man Made God (11)

Dudar o no de la existencia de Dios es como dudar o no de la existencia de la mente: un mero acto ocioso. Allí donde hay ausencia de definiciones precisas, hay confusión conceptual. Y donde hay confusión conceptual, ni siquiera hay una cuestión abierta. Defíname qué es Dios o qué es la mente, y podremos empezar a discutir; podremos, por tanto, decir que hay una cuestión. Si no, sólo tendremos prolegómenos. Esto es, sólo tendremos filosofía. La ciencia no se distingue de la filosofía por su objetividad; es más bien que la primera opera con criterios de diferenciación en tanto que la segunda los fabrica. Pero los fabrica mediante otros criterios de diferenciación. La objetividad o ausencia de ella es una marca producto de nuestras distinciones, así como la objetividad o ausencia de ella presupone ella misma una marca para la propia diferenciación. Barreras para delimitar las barreras. Una pregunta filosófica es de la forma: "¿qué fue antes, el huevo o la gallina?" Y la respuesta filosófica más inteligente sería: "¿antes de qué?" (Lo cual, dicho sea de paso, no constituye respuesta alguna.)

Si un problema filosófico puede permanecer en el panteón de los problemas filosóficos, mejor así que en uno creado por el hombre, en el caso de que uno y otro sean cosas distintas. Que un enigma filosófico no tenga consecuencias prácticas es lo mejor que nos puede pasar a todos. Una boca menos a la que alimentar.

¿Dios es omnipotente?
¿Dios es bueno?
¿Dios es concupiscente?

A nadie debería importarle. El problema real no surge cuando alguno de esos predicados sirve para delimitar las propiedades del objeto, surge cuando el objeto, delimitado o no, sirve para poderes fácticos. Una religión que empiece y termine en una sinagoga, iglesia o mezquita no es un problema real. Pero lo problemático es constituido por el hecho de que en una sinagoga, iglesia o mezquita no sólo hay objetos inanimados, también hay creencias, deseos y temores, todos ellos portados por objetos animados. Estos son el verdadero foco de nuestras preocupaciones; el ojo del tornado.

A veces me desanima vivir en el siglo XXI. Siento que lo más importante ya ha sido hecho, tanto en materia intelectual o artística como material. Nuestras vidas como personas acomodadas del mundo industrializado carecen del acicate que en otras épocas podrían haber adquirido. Al final terminan reduciéndose a lo de siempre, a lo que en todas las épocas ha predominado, a nuestra constante biológica: exparcir la simiente. Lo duro es que a esa constante cada vez hay menos variables que añadirle, menos indeterminaciones, menos fluctuaciones. El camino cambia, en otras épocas era empedrado y ahora quizá sea adoquinado. Da igual, el horizonte es siempre el mismo.

Dios no creó al hombre, el hombre creó a Dios. Pero el hombre no es Dios, jamás lo será.


jueves, 16 de julio de 2009

Peace Sells (10)

Me ha costado, pero Dave Mustaine ha acabado por caerme bien. Siempre le tuve un poco de tiña porque fue aquel al que echaron de Metallica por ser un alcohólico pendenciero y por fundar una banda con un nombre muy cutre. Sí, sigo pensando que Megadeth es uno de los nombres más cutres de la historia de la música, pero, fíjate tú, ahora me caen bien los alcohólicos pendencieros.

La historia por la cual al pequeño Dave le echaron de Metallica es bastante conocida, al menos la versión oficial. Mustaine era un guitarrista increiblemente talentoso (lo sigue siendo y su creatividad está fuera de toda duda), pero su carácter cambiaba cuando su cuerpo entraba en contacto con el alcohol. Esa situación llegó a tal punto que finalmente su carácter no cambiaba; no conocía su estado normal. Bueno, esto es una exageración, pero todas las grandes historias se componen de pequeñas exageraciones. Dos de ellas están relacionadas con Ron McGovney, bajista por aquel entonces de los californianos. Un día Dave trajo a su perro al local, que no era sino una de las casas de Ron. Allí, el perro se subió al coche del bajista y, por lo visto, lo rayó. James pegó al perro, Dave Pegó a James, Ron pegó a Dave y la banda echó a este último después del altercado. Al día siguiente sería readmitido. Semanas más tarde, Dave volvería hacer de las suyas derramando una lata de cerveza sobre el bajo de Ron y, sin que éste lo supiera, al enchufar el bajo al amplificador, recibió una descarga eléctrica que lo dejaría conmocionado. Este sí sería el último incidente de Mustaine en Metallica. Después de esto fundó Megadeth o, más bien, MegaDave.



Peace Sells es el tema homónimo de su segundo disco Peace Sells... But Who's Buying? Claramente, es uno de los himnos del metal de los 80: macarra, sucio y transgresor. Con cierto aroma punk, las influencias de Motorhead son palpables. En cualquier caso, el estilo de Megadeth se refinaría en obras posteriores como el elaboradísimo Rust in Peace, el robusto Countdown to Extinction o el pop-sterior e inefable Risk. Pero en Peace Sells está la esencia y la mala hostia de los primeros años de Dave en la música. Una pequeña joya hecha de azufre y bilis.

jueves, 19 de febrero de 2009

Ad Astra (9)

Platón dijo una vez (lo digo como si hubiera estado allí, ahí delante, memorizando las doctrinas orales) algo así como que sólo los muertos alcanzan a ver el final de la guerra. Sería gracioso pensar que el bueno de Platón se refiriese con la guerra a alguna suerte de conflicto armado entre entidades teóricas y evanescentes con su arsenal militar teórico y evanescente y sus bajas teóricas y evanescentes. Bueno, esto no tendría ni puta gracia, pero tampoco me lo espetéis en cara; estoy bastante perjudicado.

El motivo principal de esta entrada era poner una canción festiva que encajase con el espíritu fiestero y altanero que los carnavales despiertan en todos nosotros. Había pensado en Sex Type Thing de los, según creía, conocidísimos (iluso de mí) Stone Temple Pilots. Es una canción que me activa, por así decirlo, el modo fiestero. (Sí, funciono por modos.) Pero dos cosas me han hecho cambiar de opinión. La primera es que no he encontrado rastro de una versión decente del tema (en videoclip promocional o en directo, me es indiferente) interpretada por el propio grupo y no por Velvet Revolver. Ni en youtube, ni en metacafé, ni en dailymotion, ni en vimeo, ni en dalealplay. Nada, cero. Esto, por sí sólo, no es impedimento para que me las ingenie para poner el vídeo de otra forma (algo de la forma que pase desapercibida a ojos de la Warner). Y entonces ha sucedido lo que ha motivado mi renuncia absoluta a perder el tiempo subiendo una canción a expensas de que todo el mundo la conozca y diga algo como, "que grande es esta canción y cuánto hacía que no la escuchaba". El suceso es evidente: nadie la conocía. ¿Para qué y con qué sentido voy a hacer eso si me doy cuenta de que a nadie le suena? ¿Para que conozcan una nueva canción? Para eso no pongo esa, pongo ésta otra.



Es la diferencia entre hacer algo a sabiendas insustancial y que otro lo haga por ti, con la diferencia adicional de que, en algún sentido, ese otro en realidad no ha hecho nada insustancial. Ad Astra de Arcturus.

Ad Astra, que viene a significar algo así como hacia los astros o hacia las estrellas, es un latinajo al que se le puede seguir la pista a través de textos de Virgilio y Séneca. El filósofo cordobés en concreto escribió "per aspera ad astra", que viene a significar algo así como a través de todas las dificultades hacia las estrellas, que a su vez podría querer decir que toda empresa es posible si se poseen los cojones necesarios para llevarla a cabo y no quedarse a medias. Lo cual, evidentemente, es falso. Pero a todos parece alentarnos pensar lo contrario, osea, lo que decía Séneca. Y está bien que ello sea así.

Por otro lado, Arcturus fue una especie de proyecto paralelo de varios de los estandartes de esa cosa llamada black metal que en los 90s pareció algo incluso novedoso. Pero lo cierto es que si hay algo que haya podido ser, ya no novedoso u original, sino simplemente interesante en algo relacionado con ese estilo y esas bandas, ello, sin duda, fue Arcturus. Si les gustan las etiquetas, llámenla música bizarra, avant-garde si quieren parecer interesantes, con elementos sinfónicos, góticos, industriales y electrónicos y, obviamente, metaleros. Si, por el contrario, todo eso les da igual, entonces descárguense como puedan la siguiente obra maestra: La Masquerade Infernale (algo en lo que precisamente se me parecen convertir todos los carnavales en cuanto mis transaminasas entran en acción). No les decepcionará. El presente corte es la segunda pieza del disco.

Una última cosa. Las ilustraciones del vídeo pertenecen al artista polaco Zdzisław Beksiński, al cual no conocía. Era en este sentido en el que ese otro del que hablaba antes no había hecho en realidad nada insustancial. Imágenes postapocalípticas, postbélicas y, en general, post-todo.

No sé si Platón en el fondo era un posmoderno (en realidad no lo creo, aunque sí sospecho que el posmodernismo retornará a Platón, con otra etiqueta claro), pero algo me dice que la ilustración de 2:15 le gustaría. A mi me fascina.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Die Laughing (8)

No crearon nada nuevo. No han pasado a la historia y ya están casi olvidados; son otros proscritos de la tiranía del mercado musical. Y puede que esto tenga relación con el hecho de que sean irlandeses. Su surgimiento a rebufo de la muerte de ese mondongo amorfo que algún lumbreras denominó osadamente grunge (ahí no sé que es más "acertado": si el acto de nombrar o el acto de subsumir) pudo ser la causa de que se les catalogara como post-grunges. Y como post grunges se han quedado. Algo que, por otra parte, de por sí no denota ninguna otra cosa sino la siguiente imagen mental: la débil y apacible tormenta subproducida por el paso de un mortífero huracán, tormenta que, tarde o temprano, acaba olvidándose. Algo de eso le ha sucedido a Therapy? (Y no, no es una pregunta, es así el nombre del grupo.)



Die Laughing es lo que suena. Juzguen ustedes mismos si la situación, bien es justa, bien no lo es, si existe Dios o si por el contrario los pechos de Carolina Bang bien merecen ser retratados en próximas entregas de esa gran revista llamada Interviú. Pueden poner la mano en el fuego acerca de que mis meditaciones estarán a la altura del interés y el respeto que todas estas cuestiones deberían despertar en nuestros acomodados y sucios... espíritus. Sean buenos y reflexionen, pero reflexionen de verdad.

PS: Creo que este post contesta a nuestro anónimo y plurilingüe comentador del post anterior

domingo, 31 de agosto de 2008

The Day That Never Comes (7)

Tras una maratoniana sesión de cinco horas seguidas leyendo el "clásico" de Rorty, "Contingencia, Ironía y Solidaridad", he decidido darme un descanso. (Maldita sea, los exámenes están a la vuelta de la esquina y yo no debería estar escribiendo estas líneas.) Me he permitido el lujo de buscar algo relacionado con el nuevo album de Metallica que, si no sois nuevos en esto, ya sabréis que se va a llamar "Death Magnetic". Va a salir en septiembre, el 12 creo. El caso es que me he enterado de que ya hay single. Acto seguido he youtubeado. El resultado ha sido esto.



¿Qué opinión os merece la canción? Mierda, se me olvidaba que aquí el que escribe soy yo.

Mi primera reacción, al terminar de escuchar la canción ha sido volver a darle al play. Esto normalmente no suele querer decir nada concreto, aunque sí dice algo importante: la canción no me ha dejado indiferente. Tras reproducir el tema y escucharlo por segunda vez mi percepción se ha vuelto más nítida y mi reflexión...

No puedo dejar de mostrar mi satisfacción por lo que, a juzgar por esta canción, es el regreso de Metallica a sus orígenes. ¿Soy el único al que "The Day That Never Comes" le recuerda vagamente a "Fade To Black" o "Welcome Home"? Por fin una nueva canción épica en Metallica, con melancolía y angustia heavy primero y visceralidad y rudeza thrasher después. La arquitectura de la canción me recuerda a las canciones míticas de su trilogía "Ride-The-Master-of-UnJustice": quiebros, giros y requiebros en un feeling en la escucha que nos muestra a unos metallica jugando a regatear al oyente, a no darle un segundo de tregua, a desconcertarle. Como debe ser. Todo un remolino sónico. Arrebato.

Sin embargo, la canción no es perfecta y eso es algo que no voy a negar: la influencia de Bob Rock sobre Hetfield, fecunda en el Black Album pero a la postre perjudicial y dañina, es palpable en los versos encerrados en la canción; y Ullrich es Ulrich, un batería más bien normalito disfrazado de super estrella del rock al que el paso por el diván no le vendría mal para poner a su ego en su sitio; a Trujillo se le intuye, pero no termina de desmarcarse como lo que es: el bajista técnicamente más cualificado que ha tenido la banda de San Francisco desde la muerte de Cliff "le robé los dedos a Dios y él me castigó con un autobús sobre mi cabeza" Burton.

A pesar de todo, con lo que me quedo, lo más grato, lo que mejor sabor de boca me ha dejado, ha sido constatar la exhuberancia en la interpretación en las guitarras de Hetfield y Hammett. Sobre todo de éste último. Porque si algo nos enseña "The Day That never comes" es que el bueno de Hammett se ha reencontrado consigo mismo, con sus dedos, con su técnica, con su maestría a la hora de interpretar solos endiablada y pentatónicamente thrashers. A reseñar y destacar: los momentos en los que las guitarras se doblan. Una delicia que ya todos creíamos proscrita en el sonido de los de San Francisco...

...el sonido de los de San Francisco... Si algo parece indicar este adelanto es que Metallica destilará mejor o peor su nueva música, pero que en lo referente a su espíritu, el resultado vuelve a ser de alta graduación. Es decir, como desde hace 17 años que no se recordaba.

Editado el 4 de septiembre: Ya está el videoclip oficial

jueves, 21 de agosto de 2008

Snap Your Fingers, Snap Your Neck (6)

Pensad en los 90 y asociad a esa década 10 grupos. ¿Ya? Lo sabía, ninguno habéis incluido a Prong. Algunos habréis tirado hacia el grunge o el post-grunge. Otros hacia el metal, ya sea extremo, thrasher o ecléctico. Algunos pocos hacia el hard rock y algunos incluso hacia el punk rock. Pocos habrán pensado en la electrónica y los menos habrán pensado en mezclas tipo industrial y similares. Bien, Prong no pertenece a ninguna de esas categorías y, a la vez, pertenece a todas. Es lo que tiene tener un sonido tan particular.

Porque hablar de Prong es hablar de particularidad, de distinción. El grupo de Tommy Victor no es sino otro rara avis dentro del mundo de la música. Tienen riffes metaleros, melodías grunge y ritmos que ensamblarían igual de bien en una canción de ac/dc que de Ministry, por no hablar, según el tramo de la canción, de unos Sepultura. Pero aquí la miscelánea no es abrupta ni mucho menos gratuita; cada una de las partes encajan fluidamente con sus colindantes y el resultado es excepcionalmente fresco. Snap Your Fingers... es sólo un ejemplo.



PS: la canción original dura cerca de cuatro minutos y medio. Una vez más, los imperativos del mercado vuelven a prevalecer frente al producto original. A joderse.

lunes, 11 de agosto de 2008

Domination (5)

Hablar de Pantera es hablar de la mayor institución del mundo del metal durante los años 90; sin ellos, el estilo no se entendería. Tras muchos años en la sombra durante la década de los 80, los de Texas dieron el pelotazo mundial con Cowboys From Hell en 1990. Desde la edición de ese disco, las cosas nunca volvieron a ser como antes; ni para ellos ni para toda la escena en todo su espectro de vertientes.

Sonará desmesurado a más de uno afirmar que los chicos de los hermanos Darrell (RIP Dimebag Darrell) sentaron cátedra con su trilogía Cowboys From Hell / Vulgar Display of Power / Far Beyond Driven, pero para bien o para mal es lo que hay. La escena metalera, durante los años 80 perdía fuerza y vigor, no eran buenos tiempos para ella. El thrash y el heavy cedían el puesto a una manada de bandas de hard y glam rock que poco nuevo tenían que ofrecer. Era cada vez más evidente que de las viejas glorias del thrash y el heavy de los 80, sólo unas pocas sobrevivirían al paso del tiempo y de las modas y, mientras tanto, el metal perdía fuelle. Las corrientes más extremas, como el death o el black, eran todavía demasiado underground o, incluso, aún estaban en ciernes, en pañales. Mientras tanto, las radios se fijaban en los Motley Crue de turno y, más adelante, en esa efímera corriente denominada grunge. En ese contexto surgió Pantera para dar una patada en los huevos a ese contexto.

La música de Pantera era visceral, extremadamente contundente y jodidamente original (ahora ya no tanto, cosas de la repetición y el plagio). Pero lo más importante es que su música estaba impregnada de una actitud como hace muchos años no se recordaba. Aquí no había poses, cada una de las notas te recorría el cuerpo haciéndote sentir toda la electricidad en tu piel, cada uno de los golpes de batería era un ofrecimiento irrechazable a hacer headbanging (otra cuestión es que el headbanging acabara convirtiéndose en una pose). Pantera supuso un soplo de aire fresco a una escena que necesitaba, como si de un hospital de campaña en plena guerra mundial se tratara, de la ventilación y el aire limpio para evitar la putrefacción y la propagación de infecciones. Y vaya si lo hizo.

Fue gracias a ellos que la vertiente más extrema del metal se abrió paso en los charts. Sin ellos, ahora no habría Sepulturas, Slipknots o In Flames. Y aunque algunos digan que otros hubiesen sido los precursores, lo cierto es que fueron ellos los primeros. Pantera Rules!



PS: Como me hubiera gustado estar en ese concierto y en especial en el Moscú de la época, anodadado por la avalancha de cambios provenientes de Occidente.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Slither (4)

Como hoy es lunes* toca canción de la semana o del mes o del año (tú lo sabes y yo también: a estas alturas no nos vamos a andar con medias tintas). La elegida es Slither, de los siempre reconocibles Velvet Revolver (Axel, arderás en el infierno). Las razones son dos, aunque una ya se me ha olvidado. La otra hace referencia a mi ciudad o a los árboles o a esos jodidos comunistas del piso de arriba.

Hoy es día 6 (esto sí lo tengo claro), lo que en mi contexto significa que me hallo en el ecuador de las fiestas de La Blanca, mis fiestas, nuestras fiestas. El lugar y el momento perfecto para que un vitoriano de pro se destape como lo que auténticamente es: un condenado aldeano. Y he aquí nuestro estandarte. Exacto, el símbolo que logra transportarnos a los vitorianos hacia un nuevo nivel de consciencia colectiva no es otra cosa sino un muñeco, un pelele.

Celedón es héroe, símbolo y modelo etílico para los vitorianos. Esto último es especialmente importante; sin ello no se conoce nuestra idiosincracia más íntima. No es sólamente que le imitemos en su forma de vestir o que tengamos nuestros propios carnavales en mitad del verano. (Con lo que ello implica. De todos es conocido que el micro-clima gazteiztarra es un híbrido de las frías estepas siberianas, las precipitaciones endemoniadamente monzónicas del sur de Camboya y, en verano, del bochornoso y árido calor sahariano.) La cuestión relevante aquí es que si un puñado de borregos toman como referente a un títere que coge su paraguas y se lanza desde la iglesia de San Miguel con dirección al infinito, entonces, y sólo entonces amigos, todo es posible.

Pues eso, que Slither.



* Cielos, ¿hoy es lunes verdad?

viernes, 11 de julio de 2008

Testify (3)

Grabaron tres discos esenciales para todo melómano que se precie en los años 90 y uno de versiones más que aceptable en 2000, año de su separación. Hablo de Rage Against The Machine, una de las bandas más comprometidas con los problemas socio-culturales de su tiempo. Activistas, revolucionarios e inconformistas, su ideario político no está precisamente cerca de ser siervo de los poderes establecidos (y Chomsky, influyente en su manera de pensar, sabe de eso). Prueba de ello son las numerosas manifestaciones y altercados con la policía en los que se han visto como parte implicada. Su mayor pero, el hecho de haber grabado todos sus discos bajo el amparo de una multinacional. ¿Hipocresía, falta de coherencia? En mi opinión, un medio lícito para una finalidad mayor.

Testify abre su tercer disco de estudio, titulado The Battle of Los Ángeles. En ella podemos corroborar las constantes que han hecho del grupo californiano una referencia absoluta en la música: un rock contundente, igualmente cercano tanto al metal como al funk y unos rapeados marca de la casa en una canción que es un auténtico manifiesto político y una declaración de intenciones por parte del grupo. Con Zack de la Rocha despachando sus corrosivos versos (definitivamente es uno de los mejores letristas de la última década) y un Tom Morello haciendo magia con su guitarra, Testify es un producto absolutamente ineludible. Rap metal con mayúsculas, señores.



Por cierto, Rage Against The Machine, tras un intervalo de siete años en los que su vocalista decidió dedicarse a su carrera en solitario mientras que el resto se enroló en el proyecto de Chris Cornell, Audioslave, se reunieron el año pasado. Y ahora, en Lisboa, les estoy viendo en directo.

lunes, 30 de junio de 2008

Deliverance (2)

Lo peor que le puede pasar a una canción de Progresivo es que sea seccionada, dividida y finalmente amputada. Cualquier vertiente dentro del progresivo se caracteriza, como su propio nombre indica, por la no linealidad de su estructura, por la imprevisibilidad de su desarrollo. Lo que define a las canciones progresivas es, a fin de cuentas, su progresión. Por imperativos Youtubianos, la siguiente canción está seccionada y dividida en dos trozos, aunque, al menos, no está amputada. El grupo, Opeth. La canción, Deliverance, homónima de su sexto disco de estudio.








Cuando el death metal se topa con el progresivo surgen maravillas como ésta. De las más pesadas y contundentes de la carrera del grupo sueco, los interludios acústicos, las variaciones sobre el tema principal, las escalas, la rítmica y el desarrollo entero, todo, es una auténtica lección de composición con mayúsculas. Con todo, no será del gusto de la mayoría. Para el resto: disfrutadla.

lunes, 23 de junio de 2008

Another Brick In The Wall (1)

Boletín Oficial de la Incubadora del Mal: He decidido crear una buena sección en el blog. Se llamará La Canción y será actualizada todos los lunes. ¡Hoy es Lunes!

***

Korn es una de esas bandas que no viven su mejor momento en la actualidad. No están haciendo su mejor música ni están en su pico de popularidad, pero hablar de Korn es hablar de palabras mayores. Creadores y líderes absolutos del movimiento denominado New Metal, no tienen que demostrar nada a nadie. La canción que os voy a presentar es una cover en directo de Another Brick In The Wall, original de Pink Floyd. Contundencia, pegada y el sonido característico de las Ibanez de Head y Monkey son razones suficientes como para tener curiosidad por saber como sonará el invento. Si a esto le añadimos que podemos ver como el mallogrado Head hace un solo (así es) y que en la parte de atrás del escenario hay una pantalla con la letra de la canción (sin disimular, que coj####), estamos ante una canción y un vídeo que ha de contemplarse por razones intrínsecas. He dicho.