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jueves, 14 de febrero de 2008

martes, 5 de febrero de 2008

La Fuga de Monkey Island

Las aventuras gráficas no viven su mejor momento en la actualidad. Su mercado ha sido invadido por los shot 'em up y las aventuras con plataformas tipo Tomb Raider. El principio del fin cabe detectarlo con el auge de los gráficos poligonales. Y es que la época dorada del género fue a principios de los noventa con juegos como Monkey Island, Loom, Maniac Mansion o Full Throttle. En aquella época los gráficos eran bidimensionales y el aspecto gráfico no era tan impactante como en la actualidad. Pero la jugabilidad era completísima. Nunca antes ni después como en aquella época se explotó el hardware para producir software tan bueno.

Hoy no voy a hablaros de ninguna aventura gráfica clásica. Hoy nos vamos a poner expúreos. Os voy a hablar de La Fuga de Monkey Island, de 2000, cuarto episodio de la saga más grande de aventuras gráficas (con permiso de Broken Sword).


En este Monkey Island 4 nos topamos como principal novedad con que los gráficos son íntegramente en 3D. Personajes poligonales sobre fondos renderizados y una estética, en general, fiel a la de la saga. Los gráficos son la característica que más llama la atención junto al asunto de la jugabilidad, para algunos sangrante. Y es que para la ocasión se ha prescindido del ratón a favor del teclado. Y el resultado es desigual. En ocasiones intuitivo y rápido, muy útil para desplazarte por el escenario y que posibilita pruebas y fases nunca vistas antes en la saga, pero en otras se revela tosco y brusco, difícil de manejar en espacios cerrados y lento en la interactuación de objetos. En cualquier caso, el asunto de los controles acaba solventándose tras unas partidas. Eso sí, se recomienda jugar con pad si no se quiere llegar a altas cotas de frustación.

Desde el plano argumental, la historia se retoma allí donde la deja The Curse Of Monkey Island. Tras la luna de miel por el caribe, Elaine y Guybrush regresan a isla Melee y se topan con que hay una orden de derribo a su mansión y, bueno, todo se desencadena de manera absurda y surrealista, como es la tónica en la saga, esta vez, con el foco de la aventura centrado en el insulto definitivo. Clásicos personajes vuelven aparecer en escena, caso de Stan, el olvidado Meathwook, la bruja vudú, el innombrable Hermann (del que sabremos más cosas de él) y, como no podía ser de otro modo, LeChuck. Nuevos personajes también aparecerán en escena, caso de Pete el Napias o Kangú Mandril.

En cuanto a nuestro protagonista, Guybrush (ya por fin) Marley Threepwood, valeroso pirata, seguirá manteniendo su absurdo sentido del humor y las situaciones en las que se verá inmerso rallarán lo delirante. El personaje de Roy Gilbert se las lidiará con paradojas del tejido espacio-tiempo, con las ya clásicas peleas de insultos o con las novedosas Monkey Kombats. Pondrá a prueba su capacidad para permanecer diez minutos bajo el agua y ejercerá de Sherlock Holmes con contrato temporal.


En cuanto al nivel de los puzzles, los hay de todas las clases: fáciles, difíciles y endiablados. Nuevamente tendremos que echar mano de la lógica y de la no-lógica para resolverlos. Ya es marca registrada de la saga el meter situaciones absolutamente inverosímiles que pongan a prueba la paciencia del jugador más concienzudo. Pero sabemos a lo que nos enfrentamos. Sin ese componente un monkey Island no sería un Monkey Island. Con todo, esta entrega no es la más difícil, pero tampoco es la más fácil.

En líneas generales, La Fuga de Monkey Island mantiene el nível de su predecesora, que no es poco, pero no alcanza a la segunda entrega. La jugabilidad es un pero bastante lapidario en su contra, pero a la vez el aspecto gráfico y el genial trabajo de doblaje, como es norma en la saga, la hacen mejorar notablemente. Y la historia no decepciona, bastante más trabajada que en la tercera parte y al nível de The Secret Of Monkey Island. Un juego imprescindible para los amantes de las aventuras gráficas y una buena piedra de iniciación, aunque las haya mejores (a la cabeza me viene cualquier Broken Sword), para aquel que quiera sumergirse en esto de las historias con puzzles.

lunes, 4 de febrero de 2008

Una respuesta a Entropía y Diversidad

Las siguientes líneas son algunas de mis reflexiones acerca de un texto de Alfontso Martínez Lizarduikoa. Para leer dicho texto, clicad aquí.

Es un abuso de proporciones bíblicas afirmar que las leyes de la ciencia natural valgan para la ciencia social. Por muy bonito y efectista que pueda resultar el echar mano de leyes como la entropía o la teoría de la evolución en ciertos contextos, estos usos no dejan de ser palabrería barata sin ningún fundamento sólido. Palabrería, además, fuertemente motivada por aspiraciones e intereses personales.

Creo recordar que fue von Whright el que distinguió entre explicación y comprensión. Para este autor, y siguiendo a Hempel, la tarea de la ciencia natural consistía en hallar explicaciones de los fenómenos naturales, esto es, detectar las cadenas causales de esos fenómenos, tratarlos como antecedentes lógicos y elaborar un modelo que fuera proyectable en circunstancias futuras a igualdad de condiciones iniciales. Por contra, las ciencias sociales e históricas sólo podrían aspirar en su cometido a comprender de algún modo por qué las cosas suceden, sin proyectabilidad alguna y sin necesidad de validez en las consecuencias lógicas obtenidas. En lenguaje llano, la ciencia social comprende, es decir, "explica" a toro pasado.

Independientemente de si el planteamiento de von Wright es acertado o no, no deja de ser curioso echar mano de una investigación histórica concreta. En ella veremos como el historiador se esfuerza en comprender la inextricable cadena de sucesos causales que dieron como fruto el suceso motivo de la investigación. Si suponemos que en la historia hay leyes, que el historiador descubre leyes generales, podemos llegar a dos conclusiones. O hacer como Popper y afirmar que esas leyes serían tan generales que en lo respectivo a la aplicación práctica serían triviales o hacer como William Dray y afirmar que estas leyes tendrían tantísimas restricciones que al final lo que conseguiríamos sería un simple modelo del hecho histórico del que habíamos partido, modelo éste, de nula aplicabilidad general.

Sea como fuere, lo que queda claro es que el dominio de las ciencias sociales es esencialmente distinto al de las ciencias naturales. No parece muy razonable aplicar leyes de la ciencia natural a un dominio tan vago como es el de la ciencia social. Si esto sucede, la receta debe ser la desconfianza.

Una respuesta a Qué es el universo: metáforas cosmológicas

Las siguientes líneas son el agregado de algunas de mis opiniones acerca de un texto bastante interesante de Alfontso Martínez Lizarduikoa. Para leer dicho texto, clicad aquí.

La cosmología científica jamás dará cuenta del sentido de nuestra vida; le es ajena a sus intereses. Y lo que es peor, le es ajena a sus reglas y métodos (sean cuáles sean dichos métodos y reglas). La cosmología estudia la casa: los distintos pasillos, las habitaciones, los materiales de que está formada, su ubicación y, en general, todas las vicisitudes concernientes a su devenir. Pero no da cuenta de su esencia. Ésta permanece impertérrita al proceder de la ciencia natural del mismo modo que una incógnita en una ecuación se mantiene inalterable ante la mirada de un esquivo a las matemáticas.

En mi opinión, las visiones meta-científicas del cosmos, si dan cuenta de esa incógnita, desde luego no lo hacen de un modo natural. La grandeza de la ciencia (y también su miseria) es, por decirlo así, la aprehensión de lo objetivo en menoscabo de lo subjetivo. La ciencia, de este modo, tiene la virtud de separar y aislar todo residuo antropocéntrico de sus investigaciones. Las distintas cosmovisiones meta-científicas pueden encajar mejor o peor con lo que la ciencia dice en un momento histórico concreto, pero ese encaje no se da por medio de la razón, o al menos, no exclusivamente.

Las metáforas cosmológicas apelan al sustrato emocional del ser humano. Sus explicaciones no son propiamente explicaciones en sentido epistemológico. No tienen como objetivo la verdad. Más bien, su objetivo es alcanzar la paz espiritual y el sosiego en la conciencia. La toma de partido por una metáfora cosmológica o por otra y, más genéricamente, la adopción de la metáfora cosmológica (creacionismo judeo-cristiano, panteísmo o la que sea) como herramienta explicativa del sentido de la vida, obedece a motivos pragmáticos y, en último término, a una cuestión de actitud vital o, como dice William James, a una cuestión de temperamento.

El temperamento o la actitud vital de una persona es su modo de estar en el mundo. En realidad, poco o nada tiene que ver el temperamento con la razón. Éste no responde a razones, sino que en realidad, son las razones de una persona las que responden a su temperamento. El temperamento, así pues, no es más que la subjetividad de una persona.

Las metáforas cosmológicas no hablan a la razón, hablan a nuestra subjetividad. El sentido de nuestras vidas y, por tanto, del cosmos lo hallamos conociendo nuestro modo de ser. Las metáforas cosmológicas nos hablan directamente a esa faceta nuestra. Al final, el sentido o sinsentido del cosmos no lo hallamos en el medio con el que estudiamos la casa, lo hallamos en el inquilino. Y yo, en tanto que inquilino, sólo puedo decir que las metáforas cosmológicas no me sirven. Sólo puedo decir eso, no puedo proyectar esa afirmación a los demás.

domingo, 3 de febrero de 2008

Se abren las apuestas

Amy Winehouse, la artista de soul más talentosa de los ultimos años, se va a morir. Y pronto. Al menos en eso confían muchas de las personas que han puesto fecha y hora al momento de fallecimiento de la cantante. Como lo ois.

La idea ha sido fruto de la enferma mente de la gente de TotallyCrap. Efectivamente, When Will Amy Winehouse Die? es un concurso que al lema de un Predice la muerte de Amy y gana un ipod, pretende recolectar predicciones y hacer que ganes un ipod. Tan sencillo como eso.

La cosa tiene miga porque esta muchachita es la enfant terrible de la música británica. La adicción a las drogas es a ella lo que el hacer películas a Woody Allen. Amenazó con el suicidio si no liberaban a su marido cuando la policía le detuvo por asuntos relacionados con las drogas. Actualmente atraviesa una crisis que le ha hecho aparecer en público con una alarmante pérdida de peso. Los entendidos dicen que su música es muy buena. Yo de Soul no entiendo, pero de calamidades sí, y esta mujer lo es.

El concurso puede ser interesante. Puedes intentar hacer una predicción correcta, jugártela y decir una fecha próxima. O puedes jugártela y decir una fecha lejana, como dentro de cuarenta años, y así conseguir en tu vejez, si aciertas, un objeto de coleccionista. También puedes no jugártela en absoluto y marcar directamente la fecha y hora de su muerte, aunque eso implicaría un plan malévolo de asesinato. En ese caso te la jugarías con la ley pero, un momento, ¡ganarías un ipod!

Las apuestas están abiertas; ahora es la banca la que decide.

Por cierto, mi fecha: 3 de septiembre de 2046 a las 03:45. Todavía no he decidido si jugármela o no. Tengo tiempo para pensármelo...

La Jungla 4.0 (2007)



A priori:

El índice de creatividad de la industria del cine se puede medir en función del número de adaptaciones y secuelas que se produzcan para dicha industria. Las adaptaciones pueden (y deben) añadir algo nuevo por el mero hecho de ser implementadas en un medio distinto. Las secuelas, en cambio, dificilmente llegan a aportar algo nuevo de calidad. No es el caso de la saga Die Hard, que tras un retroceso esperable en Alerta Roja, la cual parecía un plagio de la original, se reinventó en La Venganza, una auténtica orgía de acción que para muchos (entre los que me incluyo) superaba a la cinta del 88. El verano pasado se estrenó La Jungla 4.0. ¿Qué cabía esperar de ella? Poco o nada en vistas de la creatividad del cine más mainstream producido últimamente en norteamérica. Por otra parte, las expectativas estaban ahí. Hablamos de la saga La Jungla de Cristal amigos. Equilibrio de fuerzas entonces.

***

A posteriori:

Ni equilibrio ni hostias. Estamos ante otro producto de consumo y digestión fácil. Otro intento de los productores hollywoodienses por sacar partido a una serie (otra, y ya van unas cuantas) que estaba muy bien como estaba. Y estamos, sobre todo, ante lo que es la tumba de uno de los mejores personajes de acción de todos los tiempos. En el epitafio pone: Despropósito.

McClaine, John McClaine. Así se llamaba el héroe de acción definitivo. Un tipo vivo y sarcástico, pero también orgulloso y bocazas. Policía alcohólico por contrato indefinido y salvador de vidas a tiempo parcial. Con problemas familiares y laborales. Un tipo, a fin de cuentas, normal, con el que te echarías unas cervezas en una tasca de mala muerte, pero con la singularidad de estar a veces en el lugar equivocado en el instante menos preciso. ¿Qué queda de eso? Nada, a excepción de lo que quepa traslucir tras la parodia.

Y es que La Jungla 4.0 no nos presenta a John McClaine, nos presenta otra cosa. Willis ya no encarna a un tipo duro de matar, interpreta a alguien indestructible. Por quien los años no pasan. Con aura de inmortalidad. Una mezcla de Terminator, Némesis y John McClaine, donde lo más difícil de hallar es lo que hay del propio McClaine en el personaje. Si hasta lo diálogos y comentarios graciosos han sido disminuidos a su mínima expresión en pos de un personaje más frío y maquinal. Un McClaine descafeinado, sin nada de carisma, pero letal. Lo dicho: suena a parodia y a refrito de ingredientes cogidos de aquí y allá.

Los guionistas, para paliar este hecho han basado la trama en una historia de hackers informáticos, por lo demás, no demasiado interesante. La intención, supongo, humanizar al personaje de McClaine a la luz de sus carencias en conocimientos informáticos. Por otra parte, ardid no muy logrado, pues no creo que un policía de bajo rango deba conocer demasiadas cosas acerca de métodos de encriptamiento de información y bases de datos. Sin embargo, me ha gustado cómo han profundizado en la tiña y desconfianza a la tecnología del bueno de John. Lo que en las entregas anteriores se insinuaba, en La Jungla 4.0 se muestra explícitamente: un dinosaurio en la era tecnológica. Aunque como es la tónica en esta cinta, de manera exagerada y abusiva.

El malo de la peli, como era de esperar, no hace sombra a McClaine. No tiene el desparpajo de Rickman en la primera parte ni el frío y sutil discernimiento de Irons en la tercera. Tan sólo es un experto en informática con ciertas ansias de venganza hacia los EE.UU. y con grandes expectativas de hacerse millonario desde el cuadro de diálogo de su ordenador. Si hasta la hija de John parece tener más pelotas que él. De igual manera no cumple Justin Long, el informático bueno de la peli. No tiene el ácido carisma de Zeus y no es Reginald Veljonshon (aquí Carl Winslow).

En cuanto a Len Wiseman (Underworld I y II), se limita a poner la cámara allí donde le dicen. No hay un sólo encuadre en el que murmures un pedante "ummm". Nada, todo parece de encargo. Sobre todo en las escenas de acción, que por otra parte, tampoco están nada mal (aún cuanto de exageradas tengan). En La Jungla 4.0 las escenas de acción son más contundentes, más inverosímiles y, en general, más al límite (¡McClaine derriba un caza con un camión!). En ese aspecto la película cumple. El problema reside en la ausencia de pulso del realizador en la narración. El ritmo narrativo flojea allí donde no hay acción y los momentos de desarrollo de la trama se suceden bruscamente. Y lo peor de todo, lo hacen sin los chispazos de genialidad de su predecesora. Por ello, no es sólo que la peli no consiga sumergirte en un estado de interés constante o creciente, es que el interés se disipa a medida que la acción se desarrolla. Incluso llega a aburrir.

No es de extrañar que una película acerca de unos terroristas tras el 11-S sea un éxito de taquilla, máxime cuando la presencia de John McClaine está de por medio. Sin embargo, son tantos los errores que aquí y allá impregnan la película, que el índice de taquilla se revela como un marcador en falso (como casi siempre por otra parte). La Jungla 4.0 pretende ser un divertimento durante un par de horas por medio del cual hacer caja. Y en efecto, ha hecho caja. Pero desde luego no ha colmado las expectativas que se le presuponía a una de las mejores sagas de cine de acción. Y es que Die Hard 4.0 tiene más de 4.0 que de Die Hard.

Puntuación: 3.9

viernes, 1 de febrero de 2008

¿Qué juntaletras no debió haber existido jamás?

Aquí están los resultados de la encuesta del mes de enero. Si no se ven bien, clickad en la imagen. De todas formas, yo os los explico. Los cultos y entendidos han decidido mediante una mayoría simple (lo que no significa que los cultos y entendidos sean simples ni que la mayoría de ellos lo sean) que habría que ir a la hoguera con Dan Brown. Siete votos. De cerca le sigue ese genio de la criptografía más imbrincada llamado Paulo Coelho. Seis votos como seis soles para él. Ya más rezagado se encuentra Jorge Bucay, de quien se cuenta que todas las enseñanzas morales de la historia son sólo una breve y fugaz nota a pie de página de sus relatos. Tres votos. Dos votos para Fernando Savater, prolífico personaje entre cuyas inquietudes vitales y motores crematísticos se encuentran el escribir ensayos y relatos, ser activista e ideólogo y ser actor sólo cuando su apretada agenda se lo permite. En el pelotón de cola, el terceto de la muerte, compuesto para la ocasión por Lucía Echebarría, Michael Crichton y Stephen King. Un voto para cada uno. Julián Marías y Ken Follet se escapan indemnes de la criba.

En fin, es natural y comprensible que Coelho y Brown copen las primeras posiciones en este ranking. La espiritualidad del primero, en una época en la que la cosmovisión dominante es la materialista, puede ser el refugio de unos pocos para contestar acerca del sentido de la vida pero, para los demás, resulta barata a todas luces. No son buenos tiempos para adalides de una supuesta espiritualidad inmanente, que descubre y se sorprende del mundo a cada mirada, sea lo que fuere lo que signifique eso. No, al menos, si no te apellidas Hesse. Y bueno, qué puñetas puedo decir yo que no sepáis ya acerca de Dan Brown. Nada o muy poco. Supongo que a la gente se le puede engañar fácilmente una vez, pero luego el asunto se vuelve más complicado. El señor Brown ha conseguido publicar cuatro engaños en forma de libros hasta el momento. Sólo cabe decir, entonces, que es más astuto que la mayoría de timadores.

A Jorge Bucay le tengo especial tiña. Pero que no se malinterprete esto. Su periplo vital me parece elogioso, digno de un libro de Dickens. Pero lo que vienen siendo sus compilaciones de cuentos o herramientas terapéuticas, como él las llama, son francamente bochornosas. Sí, odio los libros de autoayuda. Son absurdos. ¿Cómo un libro escrito por otro puede suponer llegar a ser ayuda hacia uno mismo? Es de locos. Títulos como Déjame que te cuente me hacen pensar que Bucay piensa en personas muy necesitadas, tanto o más que él (vaya título...). En personas como él o en él como persona. A fin de cuentas, hablando extrictamente, el único receptor de su obra no es nadie sino él mismo.

Parece que suenan los tambores de guerra. ¿O son los latidos de la madre naturaleza? Parecen pisadas ¿Tal vez sean las de un Diplodocus? No, mucho peor. Es todo eso y mucho más. Es él. Es... Fernando Savater. Tiene que ser jodido ser nietzscheano y darte cuenta después que los derechos humanos son lo que mola. Tiene que ser jodido hacer comentarios jocosos sobre el terrorismo y acabar en una manifestación sujetando el lema de Basta ya. Tiene que ser jodido ser apolítico y depués ser el ideológo de un partido político. Pero tiene que ser jodido Fernando Savater, no por todo lo anterior, sino por esto. De sus libros, bueno, sólo he leido Los Diez mandamientos en el siglo XX y es una chorrada. Pero tampoco quiero generalizar. De todas formas, ¿a quién le importa lo que yo opine?

Del terceto de la muerte diré que pese a lo estrambótico del grupeto, me gustaría leer un libro suyo en colaboración mutua. Algo sobre unas malvadas lámparas asesinas que tratan de derrocar todas las aspiraciones feministas echando mano de la teoría del caos. O quizá lo escriba yo y se lo mande para que lo pulan. No sé.

Por último voy a comentar algunas cosillas relacionadas con el sistema que uso para las encuestas, ya que es nuevo. El viejo se me fue a la mierda de una manera insospechada y por ello no se me cargaba en la página. No sé que fue de él. Sé que hubo votos con el viejo sistema y que se perdieron, obviamente, con el nuevo. Disculpas para todos aquellos que tiraron su voto a la basura. En cualquier caso, me he pasado a PoolDaddy, que es más completo en cuanto a opciones de configuración. En este sistema no puedes votar dos veces desde la misma ip, lo cual está bastante bien para la credibilidad de las encuestas, aunque el número de participación sea más bien escaso. También tiene una opción que es other, en la cual el que vota puede escribir su opción personalizada (y que no ha sido usada por nadie). Es decir, puede contestar matizando, etc. En fin, que el sistema es bastante bueno, aunque no vaya a enumerar ahora todas sus bondades.

La encuesta del mes de febrero es, por decirlo así, más llana. Se trata de una polémica futbolera y, como toda polémica futbolera, ha de resolverse a puñetazos. Como todavía no cuento con un servicio que lleve implementada la opción "vote vía puño", es de principio incompleta. La pregunta es: ¿Debe ir Raul a la selección? (Véase: Eurocopa.) No se corten, voten sin ningún pudor. De momento la tecnología les asegura que no van a sufrir ningún daño físico.