Acaba de ganar el torneo de Montreal venciendo en la final al gran Federer. Es el tenista con más futuro del circuito con permiso de Nadal. Su tenis es técnico: tiene un potente saque, una derecha solvente y un revés cruzado a dos manos mortal. Tiene carisma y genio. Y además, hace unas excelentes imitaciones.
martes, 14 de agosto de 2007
lunes, 13 de agosto de 2007
Sicko (2007)

A estas alturas de la película, hablar de Michael Moore es hablar del enemigo público número 1 de los sectores conservadores en Estados Unidos. Documentales como Bowling For Columbine o Farenheit 9/11 le hicieron acreedor de tan honorífico galardón. En ellos metía el dedo en la llaga del problema civil que supone el derecho a un arma de todo americano mayor de edad y de los negocios que la familia Bush realizó con Osama Bin Laden, así como de los entresijos corruptos que llevaron del 11-S a las guerras de Afganistán e Irak y todas sus implicaciones políticas y sociales. Ahora este tipo de ovalada presencia, pero no por ello con pelos en la lengua, nos presenta su último largometraje, Sicko.
En esta ocasión su ataque va dirigido al sistema sanitario estadounidense. Quién más quién menos conoce que la sanidad americana es privada; quién más quién menos puede hacerse una ligera idea de a qué intereses políticos y pecuniarios obedece y beneficia esa situación; quién más quién menos puede imaginarse cuáles son las consecuencias sociales en el país bandera del liberalismo económico. Quién más quién menos puede hacer estas cosas. Bien, Michael Moore se encarga con Sicko de despejar dudas y mostrarnos una panorámica del estado de la cuestión ahora, en sus orígenes y presumiblemente en un futuro a largo plazo, si nadie o nada lo remedia.
Siempre se le ha achacado al realizador americano el mostrar de un modo sesgado y parcial los hechos y problemáticas sobre los que versan sus trabajos y con ello, además, el ser a veces demasiado sensacionalista.
Respecto a ello creo que es parte de su idiosincrasia como contador de historias. Es su modo de hacer que algo sea más atrayente para el expectador. Bien es cierto que los temas que trata tienen un interés intrínseco y habrá quienes consideren que las bromas y parodias que introduce en sus películas no son sino excesos y licencias difícilmente justificables desde una perspectiva supuestamente objetiva. No nos olvidemos que se trata de un hacedor de documentales. Pero la verdad es que quienes afirman tales cosas se olvidan de algo esencial: el cine de Michael Moore, a parte de pretender (in)formar, entretiene. Prueba de ello fue la consecución de la Palma de Oro a la mejor película por Fahrenheit 9/11, y las palabras que le dedicó Quentin Tarantino a Michael Moore cuando aquel era parte del jurado que le otorgó el premio: "Quiero que sepas que los aspectos políticos de tu película no tienen nada que ver con el premio. En este jurado tenemos distintas opiniones políticas, pero tú has recibido el premio porque has hecho una gran película. Quiero que lo sepas... de director a director".
Ahora bien, no podemos olvidar que, si bien es cierto que una película debe entretener, una película documental debería informar. Esto significa que un documental debería mostrar una serie de hechos donde la carga subjetiva, ideológica y política del que los muestra debe aparecérsele al expectador casi imperceptible. Pues los hechos simplemente son y la cuestión de cómo deberían ser éstos le es ajena a la más primitiva de su descripción. Es la diferencia entre informar y formar (opinión). La diferencia es sutil y en gran medida difusa. Intentaré aclararla con un ejemplo: Puedes mostrar la partida, travesía y posterior naufragio de una patera en alta mar, sus causas y su consecuencias, y finalmente establecer una conclusión a título personal sobre la justicia o injusticia de ese hecho, o puedes hacer todo eso sin diferenciar cuando estás describiendo (hecho, causas y consecuencias) y cuando estás haciendo un ejercicio de opinión (justicia o injusticia).
Las películas de Michael Moore suelen optar por mostrar sus contenidos por medio de la segunda vía. De este modo, establecen una crítica a una situación determinada por medio y en medio de la descripción de unos hechos. Con ello se descoloca al expectador sobre la base de que a éste se le impide establecer un juicio crítico personal acerca de lo que le están ofreciendo, pues este juicio ya se lo están dando.
Aún así, es necesario realizar una nueva matización, y para no extenderme, me centraré en los dos documentales más famosos del realizador estadounidense: Bowling For Columbine y Fahrenheit 9/11. En estas dos películas veíamos como Michael Moore cargaba sus tintas contra el derecho a tener un arma y contra la administración Bush respectivamente. En ellas había muchas similitudes de estilo narrativo: Michael Moore recorriéndose los distintos lugares para entrevistar a los afectados, interposición de imágenes antes y después de los hechos, ritmo narrativo rápido y consistente, etc. Pero había una diferencia de fondo: Mientras que en la primera el foco de la crítica abarcaba a todos los sectores políticos, en la segunda no era así, era más partidista. Las consecuencias de ello son innegables. Si en un caso se ofrece una reflexión (eso sí, masticada) en un ámbito en el que el atacado es el sistema, y por tanto, todos los partidos políticos, en el otro el marco de la crítica es más reducido, y por tanto, más parcial. Es en Fahrenheit 9/11 donde el modo de presentar las cosas de Michael Moore puede ser más peligroso, por cuanto de demagógico pueda haber en su exposición.
Por suerte, el tema tratado en Sicko es de una dimensión que concierne a todos los sectores de la sociedad americana, y en esa medida, el ataque de Michael Moore resulta más honesto y veraz. Desde las empresas farmaceúticas y las empresas de seguros médicos, hasta los círculos de poder tanto conservadores como demócratas, tanto de ayer como de hoy, pasando por los propios usuarios de esa sanidad y en última instancia los verdaderos damnificados por esta situación. Todos tienen su papel en la representación del problema
El tema de la película, el de que la sanidad estadounidense sea privada, y por tanto, restringida a todos aquellos ciudadanos con unos ingresos suficientes para costeársela, es comparado con el tipo de sanidad existente en otros países civilizados como pueden ser Canadá, Reino Unido o Francia, en los cuales el acceso a la atención médica es universal, sin ningún tipo de traba económica que cupiese hacer a los benefactores de ella. Con ello Michael Moore pretende desmitificar la vieja idea, arrastrada desde los primeros años de la guerra fía, de que una sanidad universal es el primer paso para que los comunistas/socialistas alcancen el poder. En ese sentido es curioso lo que sucede al final de la película... y que no desvelaré.
Desde el punto de vista del entretenimiento, Sicko ofrece grandes dosis. No en vano Michael Moore se desenvuelve en esa faceta del juego como pez en el agua. Sin embargo, y a ese respecto, es ineludible establecer comparaciones con sus películas precedentes, en las cuales, Sicko se revela como perdedora de la partida. Pese a tener soberbios momentos dramáticos como nunca antes habíamos podido presenciar en una película del director americano, pues algunas historias son realmente terribles desde el punto de vista moral y humano (sin tanta parafernalia como la había en Bowling), y momentos de gran ironía y sarcasmo, como bien nos suele deparar el señor Moore, el desequilibrio entre unas situaciones y otras está claramente acentuado debido a transiciones quizás demasiado largas y anodinas en las que, hablando llanamente, ni chicha ni limoná. Con todo esto, no quiero decir que sea una película aburrida, ni mucho menos. Solo que el listón dejado por Bowling For Columbine y Fahrenheit 9/11 es difícil de superar y que, dicho sea de paso, me parece insoslayable referirme a ellas para enjuiciar a ésta.
Con todo ello, y estableciendo una conclusión a estos párrafos, Sicko se decanta por un camino que sigue en cierta medida la senda emprendida por Bowling For Columbine. Además, alejándose de sus predecesoras en la toma de un tono mucho más sobrio, consigue alcanzar cotas de mayor verosimilitud. Y eso es algo que agredecerán todos aquellos expectadores que pretendan conseguir algo más que las dos horas de entretenimiento de rigor, que Michael Moore, como buen vendedor, sabe ofertar a su público.
Puntuación: 7.6
En esta ocasión su ataque va dirigido al sistema sanitario estadounidense. Quién más quién menos conoce que la sanidad americana es privada; quién más quién menos puede hacerse una ligera idea de a qué intereses políticos y pecuniarios obedece y beneficia esa situación; quién más quién menos puede imaginarse cuáles son las consecuencias sociales en el país bandera del liberalismo económico. Quién más quién menos puede hacer estas cosas. Bien, Michael Moore se encarga con Sicko de despejar dudas y mostrarnos una panorámica del estado de la cuestión ahora, en sus orígenes y presumiblemente en un futuro a largo plazo, si nadie o nada lo remedia.
Siempre se le ha achacado al realizador americano el mostrar de un modo sesgado y parcial los hechos y problemáticas sobre los que versan sus trabajos y con ello, además, el ser a veces demasiado sensacionalista.
Respecto a ello creo que es parte de su idiosincrasia como contador de historias. Es su modo de hacer que algo sea más atrayente para el expectador. Bien es cierto que los temas que trata tienen un interés intrínseco y habrá quienes consideren que las bromas y parodias que introduce en sus películas no son sino excesos y licencias difícilmente justificables desde una perspectiva supuestamente objetiva. No nos olvidemos que se trata de un hacedor de documentales. Pero la verdad es que quienes afirman tales cosas se olvidan de algo esencial: el cine de Michael Moore, a parte de pretender (in)formar, entretiene. Prueba de ello fue la consecución de la Palma de Oro a la mejor película por Fahrenheit 9/11, y las palabras que le dedicó Quentin Tarantino a Michael Moore cuando aquel era parte del jurado que le otorgó el premio: "Quiero que sepas que los aspectos políticos de tu película no tienen nada que ver con el premio. En este jurado tenemos distintas opiniones políticas, pero tú has recibido el premio porque has hecho una gran película. Quiero que lo sepas... de director a director".
Ahora bien, no podemos olvidar que, si bien es cierto que una película debe entretener, una película documental debería informar. Esto significa que un documental debería mostrar una serie de hechos donde la carga subjetiva, ideológica y política del que los muestra debe aparecérsele al expectador casi imperceptible. Pues los hechos simplemente son y la cuestión de cómo deberían ser éstos le es ajena a la más primitiva de su descripción. Es la diferencia entre informar y formar (opinión). La diferencia es sutil y en gran medida difusa. Intentaré aclararla con un ejemplo: Puedes mostrar la partida, travesía y posterior naufragio de una patera en alta mar, sus causas y su consecuencias, y finalmente establecer una conclusión a título personal sobre la justicia o injusticia de ese hecho, o puedes hacer todo eso sin diferenciar cuando estás describiendo (hecho, causas y consecuencias) y cuando estás haciendo un ejercicio de opinión (justicia o injusticia).
Las películas de Michael Moore suelen optar por mostrar sus contenidos por medio de la segunda vía. De este modo, establecen una crítica a una situación determinada por medio y en medio de la descripción de unos hechos. Con ello se descoloca al expectador sobre la base de que a éste se le impide establecer un juicio crítico personal acerca de lo que le están ofreciendo, pues este juicio ya se lo están dando.
Aún así, es necesario realizar una nueva matización, y para no extenderme, me centraré en los dos documentales más famosos del realizador estadounidense: Bowling For Columbine y Fahrenheit 9/11. En estas dos películas veíamos como Michael Moore cargaba sus tintas contra el derecho a tener un arma y contra la administración Bush respectivamente. En ellas había muchas similitudes de estilo narrativo: Michael Moore recorriéndose los distintos lugares para entrevistar a los afectados, interposición de imágenes antes y después de los hechos, ritmo narrativo rápido y consistente, etc. Pero había una diferencia de fondo: Mientras que en la primera el foco de la crítica abarcaba a todos los sectores políticos, en la segunda no era así, era más partidista. Las consecuencias de ello son innegables. Si en un caso se ofrece una reflexión (eso sí, masticada) en un ámbito en el que el atacado es el sistema, y por tanto, todos los partidos políticos, en el otro el marco de la crítica es más reducido, y por tanto, más parcial. Es en Fahrenheit 9/11 donde el modo de presentar las cosas de Michael Moore puede ser más peligroso, por cuanto de demagógico pueda haber en su exposición.
Por suerte, el tema tratado en Sicko es de una dimensión que concierne a todos los sectores de la sociedad americana, y en esa medida, el ataque de Michael Moore resulta más honesto y veraz. Desde las empresas farmaceúticas y las empresas de seguros médicos, hasta los círculos de poder tanto conservadores como demócratas, tanto de ayer como de hoy, pasando por los propios usuarios de esa sanidad y en última instancia los verdaderos damnificados por esta situación. Todos tienen su papel en la representación del problema
El tema de la película, el de que la sanidad estadounidense sea privada, y por tanto, restringida a todos aquellos ciudadanos con unos ingresos suficientes para costeársela, es comparado con el tipo de sanidad existente en otros países civilizados como pueden ser Canadá, Reino Unido o Francia, en los cuales el acceso a la atención médica es universal, sin ningún tipo de traba económica que cupiese hacer a los benefactores de ella. Con ello Michael Moore pretende desmitificar la vieja idea, arrastrada desde los primeros años de la guerra fía, de que una sanidad universal es el primer paso para que los comunistas/socialistas alcancen el poder. En ese sentido es curioso lo que sucede al final de la película... y que no desvelaré.
Desde el punto de vista del entretenimiento, Sicko ofrece grandes dosis. No en vano Michael Moore se desenvuelve en esa faceta del juego como pez en el agua. Sin embargo, y a ese respecto, es ineludible establecer comparaciones con sus películas precedentes, en las cuales, Sicko se revela como perdedora de la partida. Pese a tener soberbios momentos dramáticos como nunca antes habíamos podido presenciar en una película del director americano, pues algunas historias son realmente terribles desde el punto de vista moral y humano (sin tanta parafernalia como la había en Bowling), y momentos de gran ironía y sarcasmo, como bien nos suele deparar el señor Moore, el desequilibrio entre unas situaciones y otras está claramente acentuado debido a transiciones quizás demasiado largas y anodinas en las que, hablando llanamente, ni chicha ni limoná. Con todo esto, no quiero decir que sea una película aburrida, ni mucho menos. Solo que el listón dejado por Bowling For Columbine y Fahrenheit 9/11 es difícil de superar y que, dicho sea de paso, me parece insoslayable referirme a ellas para enjuiciar a ésta.
Con todo ello, y estableciendo una conclusión a estos párrafos, Sicko se decanta por un camino que sigue en cierta medida la senda emprendida por Bowling For Columbine. Además, alejándose de sus predecesoras en la toma de un tono mucho más sobrio, consigue alcanzar cotas de mayor verosimilitud. Y eso es algo que agredecerán todos aquellos expectadores que pretendan conseguir algo más que las dos horas de entretenimiento de rigor, que Michael Moore, como buen vendedor, sabe ofertar a su público.
Puntuación: 7.6
domingo, 12 de agosto de 2007
Fear My Thoughts - Vulcanus (2007)

1. Accompanied By Death (3:52)
2. Blankness (3: 46)
3. Culture Of Fear (6:43)
4. Accelerate Or Die (4:11)
5. Stamp Of Credence (5:57)
6. Survival Scars (4:17)
7. Vulcanus (5:13)
8. Soul Consumer (4:17)
9. Both Blood (4:05)
10. Gates To Nowhere (4:48)
11. Lost In Black (4:43)
12. Wasteland (5:04)
Nadie duda en afirmar que hoy en día la escena metálica internacional está copada hasta los topes de formaciones de metalcore o death metal melódico moderno (últimos In Flames o Soilwork). Si hay oferta es porque hay demanda, y eso lo saben muy bien las discográficas, que andan ojo avizor para capturar a la enésima copia de la copia, y así hacer caja. Y es que los dictados de la moda son imperativos categóricos para el mercado.
Pero como toda moda, ésta del metalcore también es o será efímera, faltaría más. La pregunta no está en saber cuando llegará su fecha de caducidad, pues es eso es algo que tarde o temprano sucederá, y que no tiene discusión. La pregunta está en saber qué grupos sobrevivirán al manido estilo cuando éste deje de tener tirón comercial. Para responderla solo existen hipótesis, algunas más plausibles que otras, pero al fin y al cabo, solo son meras conjeturas.
Mientras llega su fecha de defunción, seguirán saliendo grupos. Unos mejores que otros. La mayoría con un tiempo de vida igual o menor al auge del estilo al que pertenecen. En esa encrucijada se encuentran Fear My Thoughts.
Fear My Thougths es una banda alemana que practica un estilo a medio camino entre el death metal melódico y el metalcore de raigambre más americana. Fundados en 1998, actualmente la banda está conformada por Martin Fischer a las voces, Marcus Ruf y Patrick Hagman a las guitarras, Bartosz Wojciechowski al bajo y Norman Lonhard a la batería. Vulcanus es el quinto disco en su trayectoria, disco que ha supuesto su fichaje por Century Media. La producción ha corrido a cargo del experimentado Jacob Hansen, con el que ya contaron para la grabación de su anterior Hell Sweet Hell.
En este Vulcanus han optado por un estilo más escandinavo que norteamericano, y han introducido influencias cercanas al metal progresivo, y tintes incluso black en alguna que otra canción. Todo ello sin perder un ápice de la brutalidad de la que hicieron gala en entregas discográficas precedentes.
El pistoletazo de salida lo da Acompannied By death, una canción de claro regusto sueco en cuanto a las guitarras, con partes rápidas y contundentes que harán recordar a algunos a los últimos In Flames del Come Clarity. Una canción normalita que no destaca demasiado. Quizás hubiera sido mejor decisión arrancar el disco con su sucesora, y hasta ahora único single del disco, Blankness. Se trata de una canción que desde el principio hasta el final ataca a la yugular, con un Norman Lonhard pletórico a las baquetas, un buen estribillo y buenos armónicos de guitarra que desahogan unos riffes simples pero efectivos.
Culture Of Fear es sin embargo una canción muchísimo más elaborada que comienza con una introducción tranquila que gradualmente va de menos a más, incorporando parafernalia de teclados, hasta desembocar en un genial estribillo en el que todos los miembros del grupo dan lo mejor de sí a nivel musical. Desde punteos roqueros, hasta demostraciones de gran solvencia a la batería, todo con una estructura de marcado color progresivo, pero sin perder el aroma escandinavo en el sonido. Uno de los grandes aciertos del disco. Accelerate or Die es una composición de claro estilo thrasher en los riffes que se asemeja a la agresión sónica practicada por los daneses Hatesphere. Stamp Of Credence es un tema que pasaría desapercibido si no fuera por el estribillo tan black que se marcan y que realmente queda impactante. Survival Scars recuerda en su arranque esta vez a los suecos At The Gates, tanto por el ritmo acelerado como por el sonido. Aunque la cosa cambia a partir del estribillo, asemejándose más a Soilwork, con unas guitarras que te harán rememorar los tiempos del A Predator's Portrait.
El ecuador del CD llega con la instrumental, y homónima del disco, Vulcanus. Nuevamente los cinco componentes de Fear My Thoughts dan lo mejor de sí, regalándonos una pieza progresiva en la que juegan con polirritmos y demás estructuras complejas para desembocar en un final más propio de los Tool del 10000 Days que de una banda del pelotón del death metal melódico.
De aquí hacia el final, nada nuevo bajo el sol, o al menos, bajo mis orejas. Tanto Soul Consumer, Both Blood como Gates To Nowhere obedecen a los cánones de la música de Soilwork: estribillos muy melódicos acompañados de fraseos guitarreros resultones pero mil veces oídos. Lost In Black nos devuelve la contundencia y la crudeza, ésta vez bajo el aspecto de los extintos At The Gates. El cierre al disco lo firma Wasteland, una composición que de nuevo juega con esquemas soilworkeros pero que sin duda no resulta tan típica como la triada de temas que va después de Vulcanus, pues esta vez, introducen unos teclados que se salen del patrón mil veces usado y mil veces escuchado en Soilwork, para derivar hacia terrenos más atmosféricos.
Fear My Thoughts no pasarán a la historia por haber reformado y llevado a otro nivel el tan manido género del death metal melódico, género que sufre de una incontestable y preocupante ausencia de ideas frescas. El principal problema de Vulcanus es su evidente arraigamiento en formas y estructuras ya oídas y masticadas cientos de veces, y por tanto, su carencia de originalidad. No obstante, no se les puede negar cierta voluntad de renovación, aunque ésta aparezca con cuentagotas y en momentos demasiado puntuales y esporádicos. Éste es, en definitiva, un disco que, sin llegar a entusiasmar, podrá hacer pasar buenos ratos a los más fervientes seguidores del estilo, pero que, por contra, no colmará las expectativas de todos aquellos que esperan ansiosamente algo nuevo y con la suficiente insolencia como para romper las barreras estilisticas que actualmente, ya sea por los dictados de la industria o por la ausencia de nuevas ideas, se asientan férreamente en el suelo del panorama metálico
Me quedo con: Culture Of Fear, Vulcanus, la producción y el sonido.
Si te gustan: Soilwork, At The Gates, Scar Symetry, Hatesphere.
2. Blankness (3: 46)
3. Culture Of Fear (6:43)
4. Accelerate Or Die (4:11)
5. Stamp Of Credence (5:57)
6. Survival Scars (4:17)
7. Vulcanus (5:13)
8. Soul Consumer (4:17)
9. Both Blood (4:05)
10. Gates To Nowhere (4:48)
11. Lost In Black (4:43)
12. Wasteland (5:04)
Nadie duda en afirmar que hoy en día la escena metálica internacional está copada hasta los topes de formaciones de metalcore o death metal melódico moderno (últimos In Flames o Soilwork). Si hay oferta es porque hay demanda, y eso lo saben muy bien las discográficas, que andan ojo avizor para capturar a la enésima copia de la copia, y así hacer caja. Y es que los dictados de la moda son imperativos categóricos para el mercado.
Pero como toda moda, ésta del metalcore también es o será efímera, faltaría más. La pregunta no está en saber cuando llegará su fecha de caducidad, pues es eso es algo que tarde o temprano sucederá, y que no tiene discusión. La pregunta está en saber qué grupos sobrevivirán al manido estilo cuando éste deje de tener tirón comercial. Para responderla solo existen hipótesis, algunas más plausibles que otras, pero al fin y al cabo, solo son meras conjeturas.
Mientras llega su fecha de defunción, seguirán saliendo grupos. Unos mejores que otros. La mayoría con un tiempo de vida igual o menor al auge del estilo al que pertenecen. En esa encrucijada se encuentran Fear My Thoughts.
Fear My Thougths es una banda alemana que practica un estilo a medio camino entre el death metal melódico y el metalcore de raigambre más americana. Fundados en 1998, actualmente la banda está conformada por Martin Fischer a las voces, Marcus Ruf y Patrick Hagman a las guitarras, Bartosz Wojciechowski al bajo y Norman Lonhard a la batería. Vulcanus es el quinto disco en su trayectoria, disco que ha supuesto su fichaje por Century Media. La producción ha corrido a cargo del experimentado Jacob Hansen, con el que ya contaron para la grabación de su anterior Hell Sweet Hell.
En este Vulcanus han optado por un estilo más escandinavo que norteamericano, y han introducido influencias cercanas al metal progresivo, y tintes incluso black en alguna que otra canción. Todo ello sin perder un ápice de la brutalidad de la que hicieron gala en entregas discográficas precedentes.
El pistoletazo de salida lo da Acompannied By death, una canción de claro regusto sueco en cuanto a las guitarras, con partes rápidas y contundentes que harán recordar a algunos a los últimos In Flames del Come Clarity. Una canción normalita que no destaca demasiado. Quizás hubiera sido mejor decisión arrancar el disco con su sucesora, y hasta ahora único single del disco, Blankness. Se trata de una canción que desde el principio hasta el final ataca a la yugular, con un Norman Lonhard pletórico a las baquetas, un buen estribillo y buenos armónicos de guitarra que desahogan unos riffes simples pero efectivos.
Culture Of Fear es sin embargo una canción muchísimo más elaborada que comienza con una introducción tranquila que gradualmente va de menos a más, incorporando parafernalia de teclados, hasta desembocar en un genial estribillo en el que todos los miembros del grupo dan lo mejor de sí a nivel musical. Desde punteos roqueros, hasta demostraciones de gran solvencia a la batería, todo con una estructura de marcado color progresivo, pero sin perder el aroma escandinavo en el sonido. Uno de los grandes aciertos del disco. Accelerate or Die es una composición de claro estilo thrasher en los riffes que se asemeja a la agresión sónica practicada por los daneses Hatesphere. Stamp Of Credence es un tema que pasaría desapercibido si no fuera por el estribillo tan black que se marcan y que realmente queda impactante. Survival Scars recuerda en su arranque esta vez a los suecos At The Gates, tanto por el ritmo acelerado como por el sonido. Aunque la cosa cambia a partir del estribillo, asemejándose más a Soilwork, con unas guitarras que te harán rememorar los tiempos del A Predator's Portrait.
El ecuador del CD llega con la instrumental, y homónima del disco, Vulcanus. Nuevamente los cinco componentes de Fear My Thoughts dan lo mejor de sí, regalándonos una pieza progresiva en la que juegan con polirritmos y demás estructuras complejas para desembocar en un final más propio de los Tool del 10000 Days que de una banda del pelotón del death metal melódico.
De aquí hacia el final, nada nuevo bajo el sol, o al menos, bajo mis orejas. Tanto Soul Consumer, Both Blood como Gates To Nowhere obedecen a los cánones de la música de Soilwork: estribillos muy melódicos acompañados de fraseos guitarreros resultones pero mil veces oídos. Lost In Black nos devuelve la contundencia y la crudeza, ésta vez bajo el aspecto de los extintos At The Gates. El cierre al disco lo firma Wasteland, una composición que de nuevo juega con esquemas soilworkeros pero que sin duda no resulta tan típica como la triada de temas que va después de Vulcanus, pues esta vez, introducen unos teclados que se salen del patrón mil veces usado y mil veces escuchado en Soilwork, para derivar hacia terrenos más atmosféricos.
Fear My Thoughts no pasarán a la historia por haber reformado y llevado a otro nivel el tan manido género del death metal melódico, género que sufre de una incontestable y preocupante ausencia de ideas frescas. El principal problema de Vulcanus es su evidente arraigamiento en formas y estructuras ya oídas y masticadas cientos de veces, y por tanto, su carencia de originalidad. No obstante, no se les puede negar cierta voluntad de renovación, aunque ésta aparezca con cuentagotas y en momentos demasiado puntuales y esporádicos. Éste es, en definitiva, un disco que, sin llegar a entusiasmar, podrá hacer pasar buenos ratos a los más fervientes seguidores del estilo, pero que, por contra, no colmará las expectativas de todos aquellos que esperan ansiosamente algo nuevo y con la suficiente insolencia como para romper las barreras estilisticas que actualmente, ya sea por los dictados de la industria o por la ausencia de nuevas ideas, se asientan férreamente en el suelo del panorama metálico
Me quedo con: Culture Of Fear, Vulcanus, la producción y el sonido.
Si te gustan: Soilwork, At The Gates, Scar Symetry, Hatesphere.
Puntuación: 7,1/10
sábado, 11 de agosto de 2007
Versos para los sordos
Porque sordo es el que no escucha...
Siempre me ha hecho gracia la cabezonería de la que hacemos gala los auto-denominados metalheads. Como si de un ataque a nuestro orgullo se tratara, desechamos cualquier producto que se apee de las directrices que marca nuestro género musical preferido.
Bien es cierto que la etiqueta metal es bien amplia, y que generalmente esta situación que describo se desglosa en sub-estilos tales como el heavy, el death, el thrash, el black o el gótico por poner unos ejemplos. A los que les gusta el black y el death normalmente no les gusta el power y a los que les gusta el new metal tachan lo demás de viejo y pretérito, nuevamente por poner unos ejemplos.
Por eso algunos se sienten más cómodos identificándose como metalheads, haciendo ver que así son ciudadanos de la comunidad metalera en el sentido más amplio de la acepción. De ahí lo curioso de esta situación: nos consideramos metalheads aún a pesar de que pocos escuchen todas las vertientes de la corriente y, además, creemos que ocultamos con ello nuestra estrechez de miras, cosa que el propio campo semántico de la palabra no hace sino desmentir. Al fin y al cabo, sólo somos heavies a los ojos de la sociedad...
De todas formas, siempre hay excepciones. Hay personas que esto de las etiquetas no se lo toman demasiado en serio. Prefieren interpretarlas como meros índices orientativos más que como roles dispuestos a adoptar y asumir como dogma de lo que algo pretendidamente debería ser.
No cabe duda de que estos individuos serán más libres a la hora de juzgar y apreciar las cualidades de una pieza de música, sea del estilo que sea, y, ni que decir tiene, no se tomarán demasiado en serio las líneas precedentes.
...no el que no le hace falta escuchar.
Siempre me ha hecho gracia la cabezonería de la que hacemos gala los auto-denominados metalheads. Como si de un ataque a nuestro orgullo se tratara, desechamos cualquier producto que se apee de las directrices que marca nuestro género musical preferido.
Bien es cierto que la etiqueta metal es bien amplia, y que generalmente esta situación que describo se desglosa en sub-estilos tales como el heavy, el death, el thrash, el black o el gótico por poner unos ejemplos. A los que les gusta el black y el death normalmente no les gusta el power y a los que les gusta el new metal tachan lo demás de viejo y pretérito, nuevamente por poner unos ejemplos.
Por eso algunos se sienten más cómodos identificándose como metalheads, haciendo ver que así son ciudadanos de la comunidad metalera en el sentido más amplio de la acepción. De ahí lo curioso de esta situación: nos consideramos metalheads aún a pesar de que pocos escuchen todas las vertientes de la corriente y, además, creemos que ocultamos con ello nuestra estrechez de miras, cosa que el propio campo semántico de la palabra no hace sino desmentir. Al fin y al cabo, sólo somos heavies a los ojos de la sociedad...
De todas formas, siempre hay excepciones. Hay personas que esto de las etiquetas no se lo toman demasiado en serio. Prefieren interpretarlas como meros índices orientativos más que como roles dispuestos a adoptar y asumir como dogma de lo que algo pretendidamente debería ser.
No cabe duda de que estos individuos serán más libres a la hora de juzgar y apreciar las cualidades de una pieza de música, sea del estilo que sea, y, ni que decir tiene, no se tomarán demasiado en serio las líneas precedentes.
...no el que no le hace falta escuchar.
Volbeat - Rock The Rebel / Metal The Devil (2007)
1. The Human Instrument (4:29)
2. Mr. And Mrs. Ness (3:47)
3. The Garden's Tale (4:52)
4. Devil Or The Blue Cat's Song (3:16)
5. Sad Man's Tongue (3:06)
6. River Queen (3:41)
7. Radio Girl (3:46)
8. A Moment Forever (3:43)
9. Soulsweeper #2 (4:03)
10. You Or Them (4:11)
11. Boa (jdm) (3:46)
2. Mr. And Mrs. Ness (3:47)
3. The Garden's Tale (4:52)
4. Devil Or The Blue Cat's Song (3:16)
5. Sad Man's Tongue (3:06)
6. River Queen (3:41)
7. Radio Girl (3:46)
8. A Moment Forever (3:43)
9. Soulsweeper #2 (4:03)
10. You Or Them (4:11)
11. Boa (jdm) (3:46)
Volbeat (de la unión de volume/volumen y beat/ritmo) son una banda procedente de Dinamarca que tocan una especie de punk-metal con influencias del hard rock, el country e incluso del rockabilly. Formados en 2001, en 2005 editaron su disco debut The Strength / The Sound / The Songs, con el que cosecharon numerosos éxitos y galardones en su tierra natal. En 2006 tocaron en el festival de Roskilde, junto a artistas como Madonna, Pink Floyd, Korn o Eminem, recibiendo una puntuación de seis sobre seis por parte del diario danés BT. Dos años después de su disco debut nos presentan Rock The Rebel / Metal The Devil.
La primera impresión tras unas pocas escuchas es que nos encontramos con los mismos Volbeat de hace dos años, pero si cabe acentuados y mejorados. La voz de Michael Poulsen sigue tan perfecta como siempre, con ese toque a medio camino entre un James hetfield y un Danzig. Las guitarras siguen despachando riffes contundentes y la batería sigue estando bien engrasada bajo el control de Jon Larsen.
Me quedo con: The Garden´s Tale, Radio Girl, Sad Man's Tongue, Mr. And Mrs. Ness y, en general con la voz de Michael Poulsen.
Si te gustan: Metallica, The Misfits, Johnny Cash, Elvis
La primera impresión tras unas pocas escuchas es que nos encontramos con los mismos Volbeat de hace dos años, pero si cabe acentuados y mejorados. La voz de Michael Poulsen sigue tan perfecta como siempre, con ese toque a medio camino entre un James hetfield y un Danzig. Las guitarras siguen despachando riffes contundentes y la batería sigue estando bien engrasada bajo el control de Jon Larsen.
Pero si hay algo realmente destacable en este Rock The Rebel / Metal The Devil son las melodías que ha conseguido lograr el señor Poulsen. Este disco confirma al vocalista danés entre la liga de los grandes del metal europero y, por extensión, mundial. Lo que diferencia a un buen cantante de un cantante superior no es la entonación, la modulación o el número de octavas más que uno pueda conseguir sobre el otro. Lo que hace al cantante superior es escribir grandes melodías que se te queden en la memoria. Y eso es algo que al señor Poulsen se le da bastante bien. Ejemplos de ello son la trágica y melancólica Mr. And Mrs. Ness o la punky y dicharachera Radio Girl, en la que nos muestra la influencia del rockabilly y de Elvis Pressley en su modo de cantar.
Siguiendo el repaso a las canciones del disco los arrebatos de country metal los encontramos en la sagaz The Human Instrument y en Sad Man's Tongue, en la que por un momento da la sensación de que Johnny Cash se hiciera de golpe y porrazo el líder de los Misfits. A Moment Forever sigue la misma tónica, con unos versos cantados en plan Elvis y un estribillo acompañado de guitarras melódicas típicas del heavy.El medio tiempo del disco llega Con Soulweeper #2, continuación de la canción del mismo nombre de su disco debut. En You Or Them, Boa (jdm) o River Queen dejan a un lado sus influencias country para parir tres tema que para sí lo quisieran cualquiera de los imitadores de los Metallica del Black Album, incluidos los Metallica posteriores al Black Album.
He dejado para el final del análisis, la que para mi gusto es la mejor canción de todo el disco, aunque esto, como todo en estas cosas, sea interminablemente discutible. No, no es la punky y acelerada Devil Or The Blue Cat's Song, sino la también punky, pero con ramalazos épicos, The Garden's Tale. Todo un himno. Y si no lo creéis, escuchad.
Hacía tiempo que no escuchaba un disco de puro y llano metal tan divertido y desenfadado, aunque con momentos de seriedad, como este Rock The Rebel / Metal The Devil de los daneses Volbeat. No es un prodigio técnico. Ni siquiera tiene solos de guitarra. Pero emana feeling y ciertas dosis de originalidad por los cuatros costados. Y eso es algo que de ser así, supone un antídoto para lo que son los dos principales venenos del metal hoy en día.He dejado para el final del análisis, la que para mi gusto es la mejor canción de todo el disco, aunque esto, como todo en estas cosas, sea interminablemente discutible. No, no es la punky y acelerada Devil Or The Blue Cat's Song, sino la también punky, pero con ramalazos épicos, The Garden's Tale. Todo un himno. Y si no lo creéis, escuchad.
Me quedo con: The Garden´s Tale, Radio Girl, Sad Man's Tongue, Mr. And Mrs. Ness y, en general con la voz de Michael Poulsen.
Si te gustan: Metallica, The Misfits, Johnny Cash, Elvis
Puntuación: 9.2/10
martes, 31 de julio de 2007
¡Viva el Fair Play!
Mi perturbada mente se confiesa: siempre he soñado con hacer esto. ¡Y que viva el Fair Play!
martes, 3 de julio de 2007
El acertijo del político
Cierta convención reunía a cien políticos. Cada político era o bien deshonesto o bien honesto. Se nos dan los dos datos siguientes:
1) Al menos uno de los políticos era honesto.
2) Dado cualquier par de políticos, al menos uno de los dos era deshonesto.
¿Puede determinarse partiendo de estos dos presupuestos cuántos políticos eran honestos y cuántos deshonestos?
1) Al menos uno de los políticos era honesto.
2) Dado cualquier par de políticos, al menos uno de los dos era deshonesto.
¿Puede determinarse partiendo de estos dos presupuestos cuántos políticos eran honestos y cuántos deshonestos?
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