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domingo, 9 de diciembre de 2007

Stockhausen ha muerto...

...y yo me entero cuatro días más tarde. Eso sí, llega a morir Ricky Martin de una sobredosis de Crack, y nos enteramos todos a los pocos minutos, seguro. Si es que el mundo es injusto, e idiotas como yo contribuimos a que ello no cambie. Santa Claus decía: "Hasta ahora los filósofos se han dedicado a comprender el mundo, pero lo fundamental es cambiarlo". Alea Jacta Est.



Que Stockhausen sea una de las figuras más importantes de la música del siglo XX es algo que no lo discuten los entendidos. Según mi profesor de filosofía de la música, gente como Schönberg, Boulez o el propio Stockhausen, explotaron desde el punto de vista teórico las últimas posibilidades de la música. Después de ellos, según él, ya no queda nada nuevo por hacer.

KarlHeinz Stockhausen es uno de los padres de la música electrónica. Pero su principal contribución a la música no se inscribe, por decirlo así, por ese hecho, sino que más bien es por medio de él por el que ha pasado a la historia. Su principal contribución a la música es la creación del serialismo integral, derivación de lo que se conoce como serialismo.

El Serialismo:

Por serialismo o dodecafonismo se entiende una técnica de composición musical en la cual no existe una polaridad o centro tonal alrededor del cual gire la música. Las doce notas de la escala cromática occidental tienen igual peso; son equivalentes desde el punto de vista de la jerarquía tonal. De este modo, se dice que el serialismo o dodecafonismo es atonal. En ese sentido, el término serialismo hace referencia a la composición de series en la cual no hay un motivo o tema que organice todo; no hay repeticiones. El efecto en el oyente es de total descolocación. Si bien uno cuando escucha música tonal, es capaz de "predecir" la sucesión de las notas que está oyendo, pues algo así es lo que debería esperarse, en el dodecafonismo no hay tal cosa. La sensación producente, por tanto, es de total tensión.

El creador de ésta técnica fue Arnold Schönberg, quien en su afán por hacer coherente el cada vez mayor peso de las atonalidades en la música postrromanticista de principios del siglo XX, la cual aún con todo se inscribía en patrones tonales, dio forma a la técnica. Una de las reglas es que en la sucesión de las doce notas no puede reproducirse la misma hasta que la serie concluya y comience una nueva. A su vez, hay cuatro posiciones básicas que una serie puede adoptar: la serie fundamental, la retrogración (el orden inverso en la secuencia de las notas de la serie fundamental), la inversión (consiste en invertir la duración de los intervalos, haciendo descendentes los ascendentes y viceversa), la inversión retrógrada (la inversión de la retrograda, obviamente). Con estas cuatro posiciones de pueden derivar infinidad de posiciones en la secuencia. A su vez se pueden añadir otras reglas. En este tipo de conceptualización consistió la obra teórica de Schönberg.

Sin serialismo no hubiera habido serialismo integral, del mismo modo que sin Schönberg no hubiera habido un Stockhausen. El serialismo integral supone ir un paso más allá respecto al serialismo entendido como dodecafonismo. Si el dodecafonismo es básicamente una forma de romper con la tonalidad, es decir, se centra en el aspecto tonal de la música, el serialismo integral expande la concepción a otros factores como pueden ser la duración, la dinámica, el timbre, etc. No hay nada en el sonido que no pueda ser entendido serialmente. Stockhausen es uno de los padres de esta visión de la música.

Las investigaciones de Stockhausen:

Pensemos qué es la música. Bueno, la música es esencialmente sonido, eso es indiscutible. Y el sonido no es más que la producción de ciertas ondas electromagnéticas, pero no todas las ondas electromagnéticas son sonido. La frecuencia de una onda electromagnética es el número de oscilaciones que se producen en un segundo. Se mide en herzios. El rango de audición humano se corresponde con el espectro de frecuencias ondulatorias que va desde los infrasonidos (menos de 20 hz) a los ultrasonidos (más de 20khz). Así pues, el ser humano sólo puede percibir ciertas frecuencias de ondas auditivamente.

Pensemos en un Do. Se corresponde con una frecuencia concreta del espectro auditivo. La distinción tradicional de la escala heptatónica distingue entre Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si; donde el siguiente Do constituye una onda con una frecuencia dos veces mayor (esto es, con una longitud de la mitad). La escala tradicional distingue en siete frecuencias discretas, pero entendiendo el espectro como un continuo, la distinción se vuelve contingente. ¿Por qué entonces las cosas deberían ser así?

Algo así debió ser el proceso de pensamiento de Stockhausen. El dodecafonismo había roto con la arbitrariedad de la jerarquización del tono tradicional. Pero podía irse más allá. Hay infinitas frecuencias entre la frecuencia descrita por un Do y la frecuencia descrita por el siguiente Do. En consecuencia, hay infinitos sonidos; infinitas posibilidades de composición. ¿Todas válidas? No. Stockhausen recurrió a la noción de composición serialista, pero ampliándola. Creo, junto a otros, el serialismo integral. Con ello, no sólo hizo música atonal; disolvió el concepto de tonalidad en la música. Y además, expandió este análisis a todas las características del sonido. Pero esto es sólo la teoría.

La actividad musical de Stockhausen:

Para plasmar sus ideas, Stockhausen decidió acudir a los sintetizadores y a las computadoras y no, obviamente, a los instrumentos tradicionales. Con ellas podía definir estrictamente los parámetros de su música, basada en sistemas de series numéricas aplicadas a todos los componentes del sonido. Posteriormente, experimentaría con la estocástica del sistema, recurriendo a la idea de azar en las sucesiones de las series.

Stockhausen compuso más de trescientas obras. Era un apasionado del trabajo y de la plasmación de nuevas ideas y métodos con los que componer música. También fue un afamado director de orquesta, tarea que compaginaba con la netamente creativa.

El significado de la obra de Stockhausen:

En todo el arte contemporáneo existe una confrontación teórica acerca de los criterios bajo los cuales algo debe ser entendido como arte. Esto sucede en pintura, en la escultura, en la arquitectura y, cómo no, también en la música. El signo distintivo del arte contemporáneo es la abstracción y, como sucede en la ciencia contemporánea, la abstracción no es amiga de las masas.

Tradicionalmente se ha entendido el arte como una cierta representación de la realidad. Una representación, claro está, no del mismo tipo que la científica. El arte no expresa leyes, y si las expresa, no cabe comprenderlas del mismo modo que a aquellas. La ley en el arte es una metáfora y, como tal, no es unívoca. Por ello el arte está tan ligado a lo humano.

Ahora bien, si el arte está ligado a lo humano, parece razonable que las producciones humanas que quepa denominarlas artísticas vayan destinadas a humanos. Y de aquí surge la controversia: que el arte contemporáneo no parece ir destinado a todas las personas, sino sólo a unas pocas; a unas con ciertos conocimientos o, si se quiere, con los criterios necesarios no aprehendidos por la mayoría para juzgarlas. ¿Es posible seguir manteniendo como arte algo así?

Algunos dirán que sí y otros dirán que no. Y otros muchos se habrán perdido en el hilo de estas oscuras reflexiones. Para estos últimos, les "refrescaré" el cerebro con esto:

Kontakte (1960)



Y la pregunta: ¿es esto arte?

Mi opinión: Sí (aplicando el perspectivismo nietzscheano a la esfera artística, de donde jamás debió salir).

Stockhausen ha muerto. Espero respuestas.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Qué fácil lo hacen

¿Te gusta el tenis de mesa? ¿Quieres ser una estrella del Pin Pon? ¿Sueñas con que la pala se convierta en una extensión de tu mente? Mi consejo: No lo intentes; es perder el tiempo. Si crees que los culotes están pasados de moda y no tienes los ojos rasgados, no tienes nada que hacer en ese mundo. Nada, dedicate a otra cosa. Lo digo en serio. Hay gente que lo hace muy fácil. Demasiado fácil...



jueves, 6 de diciembre de 2007

Otra forma de ver el cine

A veces se dice que la crítica artística, en su aspecto más general, sirve para que el receptor de la obra la contemple con nuevos ojos. Se suele decir que el papel del crítico es ajustar y delimitar o expandir y desdoblar el sentido de una obra. Paralelamente, el crítico debe emitir un juicio acerca de la más o menos buena implementación de ese sentido (y la ausencia de sentido también conforma un tipo de sentido y, por tanto, un tipo de implementación distinta).

Así las cosas parecen muy bonitas. El crítico sería el portavoz del arte. La autoridad en cuestiones artísticas, vaya. Y no sólo eso, sino que su juicio supondría la ubicación desde la cual debe contemplarse una obra. Uno ha de mirar a lo que escribe el crítico y, como si de un espejo se tratara, ver en él el reflejo de la obra.

Pensemos el caso del cine. ¿Qué sucede? Que no sólo es arte, también es negocio. Que la idealización de la figura del crítico se pone en tela de juicio so pena de una posible corrupción en su planteamiento de cómo ha de contemplarse una película. Que puede no ser honesto.

Bien, la desconfianza está justificada. ¿Siempre? No. Hay críticas bien fundamentadas. Como éstas:



miércoles, 5 de diciembre de 2007

Diablo Swing Orchestra - The Butcher's Ballroom (2006)



1. Ballrog Boogie (3:53)
2. Heroines (5:23)
3. Poetic Pitbull Revolutions (4:52)
4. Ragdoll Physics (3:53)
5. D'angelo (1:54)
6. Velvet Embracer (4:05)
7. Gunpowder Chant (1:51)
8. Infralove (4:54)
9. Wedding March For A Bullet (3:14)
10. Qualms Of Conscience (1:16)
11. Zodiac Virtues (4:48)
12. Porcelain Judas (4:09)
13. Pink Noise Waltz (6:07)

Imagina por un momento que eres un campesino sueco de la edad media, de esos que tan bien retrató Ingmar Bergman en películas como El Séptimo Sello o El Manantial de la Doncella, y que te encuentras en una fiesta popular con mucho alcohol, muchas mujeres y una extraña banda de música que no sabes a qué diantres suena, pero que te hace mover el esqueleto como nunca lo has hecho con sus instrumentos del averno. Bueno, algo así debería ser la predisposición que habría que tener para escuchar un disco de Diablo Swing Orchestra.

Diablo Swing Orchestra comenzaron su trayectoria en 2003. El nombre del grupo tiene su origen en una historia más o menos verosímil difundida por los miembros de la banda. Según la cual, ellos serían los descendientes de la primera Diablo Swing Orchestra, una agrupación que en pleno siglo XVI se dedicaba a hacer presentaciones en vivo de canciones que criticaban con un toque de humor irónico al Estado y a la Iglesia. Naturalmente, en la medida en que la iglesia y el Estado copaban todo el poder existente en aquella época, no transcurrió demasiado tiempo para que la DSO fuera considerada hereje y perseguida. Esto les llevó a refugiarse en la clandestinidad para realizar los conciertos, pero no les sirvió de mucho: acabaron siendo capturados. Sus instrumentos fueron quemados y ellos condenados a la orca. Sin embargo, antes de ser enviados al cadalso, hicieron un pacto por el cual se comprometieron a que sus descendientes 500 años más tarde resucitarían la banda. Ahora, en pleno siglo XXI, la Diablo Swing Orchestra renace de sus cenizas...

La música de Diablo Swing Orchestra suele catalogarse como Avant-garde Metal. Esta etiqueta es genial para clasificar un grupo que no sabes como definirlo. Todo lo que te parezca rarito y experimental puede ser puesto bajo el rótulo de avant-garde. Cosas de la crítica musical. En el caso concreto de Diablo Swing Orchestra, nos encontramos con una banda que no tiene ninguna clase de reparos para juntar el metal con el jazz, la ópera, la música mexicana, el boogie, el folk, música árabe, etc. ¿Cómo definimos eso? Fácil: Avant-garde. Qué fácil es ser crítico musical.

Con una formación invariable desde 2003, compuesta por Daniel Hakansson a las guitarras y las segundas voces, Pontus Mantefors a las guitarras también y a diversos efectos de samplers, Annlouice Loegdlund como vocalista principal, Andy Johansson al bajo, Johannes Bergion al violonchelo y Andreas Halvardsson a las labores percusionistas, en 2006 editaron su primer larga duración: The Butchers Ballroom. Sin más dilación, pasaré a comentar las distintas canciones encerradas en ese album.

El disco comienza con Ballrog Boogie, todo una delirante y surrealista miscelánea de estilos musicales: desde el metal hasta el jazz más boogie, pasando por la incombustible voz de soprano de Annlouice, con toques a medio camino entre el bebop y el clasicismo más inveterado. Sin duda, una de las canciones más originales y divertidas de todo el disco, en la que los músicos suecos se encuentran pletóricos. Y además, supone una patada en la boca a todos los defensores del metal más true. Una declaración de intenciones, vaya.



Le sigue Heroines, una canción ya más destinada a saciar al público más gótico que puedan representar bandas con vocalista femenina al frente, como Nightwish o Within Temptation. En cualquier caso, cualquier parecido con las bandas anteriores es producto de una comparación nada afortunada, pues la música de Diablo Swing Orchestra deriva más hacia terrenos bizarros y grotescos que la de las bandas citadas anteriormente, que cabe denominarlas de "serias". Lo mejor de esta canción son los cambios de registro de Annlouice, que sabe como hacer variar su voz desde una melodía pop hasta una más operística en cuestión de unos pocos versos.

Otro de los puntos fuertes del album es Poetic Pitbull Revolutions. Como si de una ranchera metalizada se tratara, la canción se va desarrollando con acordes y melodías típicas mexicanas. Annlouice vuelve a sorprendernos con un tono grave, más propio de una Sandra Nasic que de una diva de la ópera. La canción transcurre por varios pasajes en el que las influencias clásicas no pasan desapercibidas, pero todo ello aderezado por una corteza de metal que lo inunda todo. Sin lugar a dudas, una mezcla que lejos de resultar forzada, consigue manifestarse como un experimento más consistente de lo que cabría esperar en un principio. Todo un acierto.



Ragdoll Physics "cierra" un inicio espectacular de disco. Con una Annlouice exhuberante en todos sus registros, que van desde el operístico hasta el más popero o gótico (según como se mire, a veces viene a ser lo mismo). Ritmos que van desde el vals hasta tendencias folkies, guitarras metalizadas con un punto de melodía neoclásica y, en genera, un desarrollo muy bien llevado son las notas características de este tema. Si el resto de las canciones se mantuvieran al nivel de las cuatro primeras, estaríamos hablando de un clásico de la música rarita. Desgraciadamente no es así.

El dúo D'Angelo y Velvet Embracer, pese a que sean dos estupendas canciones, bajan el nivel de intensidad de lo escuchado con anterioridad. La primera es una composición en clave intimista en la que Annlouice se despacha a gusto con una sonoridad en su voz claramente lírica. La segunda, que sería la continuación de la anterior (en clave progresiva), viene a configurar un "arreón" en la intensidad de la composición. Un acierto el enlazamiento, pero no tanto el desarrollo, en el que se peca de estructuras tipicamente "heavies" y ritmos facilones. Aún con todo, el estribillo es francamente enmarcable, con la vocalista en plena efervescencia de sus aptitudes solísticas, llegando a alcanzar tonos a los que muchas cantantes del metal más gótico quisieran alcanzar. Es la vocalista, la que con sus melodías y su destreza y virtuosismo en el canto, salva una composición que, per se, no tiene nada de original.

Entiéndase: en un grupo que pone el listón muy alto y que lleva el eclecticismo por bandera, escuchar ciertas estructuras y sonoridades baja el listón de lo oído anteriormente. Además, puede ser cosa de la producción y del sonido final del album, pero cuando pretenden sonar más puramente metal, la cosa se desinfla. Desconozco la razón, si cuestión de producción o del "feeling" instrumentístico de los componentes del grupo, pero el hecho es bastante palmario.

Siguiendo con el repaso a las canciones que encierra este The Butcher's Ballroom, las siguientes en sonar son Gunpowder Chant e Infralove. La primera es una corta composición instrumental de tintes orientales, árabes para ser más precisos. A medida que se va desarollando empiezan a introducirse fraseos guitarrísticos con un tamiz más metalero. Al igual que el par de canciones precedentes, Infralove es puenteada con Gunpowder Chant mediante un pasaje pseudo-industrial, que deriva en el fraseo que se percibía en el tema instrumental, ya con una carga más consistente de metal, suponiendo la base del tema. En general, tampoco es un tema que destaque. Algo parecido sucede con Weeding March For A Bullet.

Qualms Of Conscience, pieza a piano realmente emotiva, se distancia de la tónica general del resto del disco. Tras ella le sigue Zodiac Virtues, composición con arreglos de piano, en la que Annlouice vuelve a hacer gala de unas cuerdas vocales privilegiadas a la hora de hacer variaciones de tono y escala. A mitad de la canción se introducen partes de pop experimental y sampleos de melodías folk que ayudan a desahogar la canción y, en general, el clima existente en las últimas canciones reseñadas. Sin estar al nivel de las cuatro primeras canciones del album, esta Zodiac Virtues se sitúa muy a la zaga de aquellas. De lo mejor del album.

Las dos últimas canciones del disco son Porcelain Judas y Pink Noise Waltz. La primera se inicia con un riff muy contundente al que unas armonías orientales sirven de ornamento para la voz de Annlouice, que vuelve a jugar con todos sus registros. Pink Noise Waltz supone el broche final para el disco. Sin ser una de las mejores canciones del album, el hecho de que contenga muchos desarrollos y partes hace de su escucha una experiencia muy amena, quizá, ensombrecida por el hecho de su ubicación en el redondo y, por tanto, oscurecida por mejores canciones que le son precedidas.

Este The Butcher's Ballroom, a pesar de contar con auténticos temazos que bien podrían haber salido de la mente de un maniaco, no llega a terminar de convencer. En mi opinión hay una serie de defectos que DSO debe intentar pulir en futuras entregas discográficas. Estos defectos, si bien no especialmente graves, si que repercuten negativamente algo en la impresión general de lo que este disco es. La producción, el excesivo uso de riffes de guitarras simples o el recurso fácil a la operística voz de Annlouice Loeglund (sin por ello desmerecer un ápice el talento de la vocalista) son algunos de los pequeños errores que, si bien no desvirtúan en demasía lo ofrecido en este The Butcher's Ballroom, si lo ensombrecen. Es una pena, pues en este disco hay canciones suficientes como para pasar un buen rato. Temas que cuentan con los arreglos suficientes como para impactar y resultar interesantes. Sin embargo, el uso repetitivo de algunos esquemas y patrones en algunas de las pistas acontecidas en este disco no acaban de cerrar lo que, en principio, es la percepción de que algo grande está sonando. Otra vez será, pues tiempo e ideas son algo de lo que esta banda no carece precisamente.

Que Diablo Swing Orchestra es una banda a la que le espera un formidable futuro es algo que no discute nadie que haya escuchado este The Butcher's Ballroom. Discos tan eclécticos como éste son difíciles de encontrar, y cuando esto sucede, pues bueno, siempre son bienvenidos. Habrá que seguirles la pista, pues la sensación de que algo grande está por llegar está ahí, a los oídos de todos. Tened presente este nombre: Diablo Swing Orchestra. Seguro que pronto os se hará familiar.

Me Quedo Con: Ballrog Boogie, Poetic Pitbull Revolutions, Ragdoll Physics, Zodiac Virtues.
Si te Gustan: Arcturus, Borknagar, Nightwish, Finntroll, Mr. Bungle,

Valoración: 7.2 /10

martes, 4 de diciembre de 2007

Introducción a Feyerabend

Éste es un vídeo que acabo de encontrar en Youtube acerca de la vida y la filosofía de ese filósofo que algunos llaman Fenerbahce y otros confunden con Randall McMurphy. En efecto, hablo de Paul Feyerabend.

Se trata de un breve bosquejo panorámico de los puntos cardinales de su pensamiento, nada especialmente revelador. De hecho hay frases copiadas íntegramente de la Wikipedia. Y el hecho de que la locutora del texto parezca sufrir un grave problema cognitivo no ayuda precisamente a tomarse en serio lo que dice. Tampoco el filósofo austriaco es muy tomado en serio en el mundo de la Academia. Así las cosas, ésta es una entrada que, por tanto, no cabe tomársela muy en serio.

Por otra parte... ¡es un vídeo de Feyerabend, el autor para el que la ciencia y la magia son cosas no necesariamente contrapuestas! Que Dios le bendiga.



lunes, 3 de diciembre de 2007

Un Mundo Feliz

Antes de nada, las aclaraciones:

No me considero un sociópata; no creo que el desprecio generalizado hacia los demás sea un leivmotiv correcto. No me considero un demonio. Tampoco un amargado. Algunos dicen que puedo ser borde; yo prefiero hablar de franqueza. Y, efectivamente, en esta entrada no voy a lanzar rosas a nadie. Así que no voy a hablar directamente del libro de Aldous Huxley. Voy a hablaros de Tuenti.

Tuenti es un sitio web que pretende ser algo así como una especie de red social a gran escala. Una extensión del Messenger pero sin la simultaneidad y comunicabilidad de éste. Dicen que viene a ser el Facebook ibérico. En realidad, no es más que otro subproducto desechable de la web 2.0. Básicamente es un lugar donde la gente pone fotos donde, preferiblemente, aparezcan en compañía de sus amigos. Así estos le dicen lo guapo o guapa que sale y le recuerdan lo grandes amigos que son. De paso, le insinúan subliminalmente que él o ella debe hacer los pertinentes comentarios de rigor en sus respectivos espacios.

Tuenti se reduce a esto, pero tiene más cosas. No es por ello otro proyecto de plagio a fotolog o semejante. En Tuenti puedes conocer gente en función de gustos e intereses afines, la ciudad en la que vivas, la universidad donde estudies y los lugares de marcha que frecuentes. Pero tras esto, la mecánica es la señalada en el párrafo anterior.

Ayer recibí una invitación para formar parte de Tuenti. Iluso de mí, la acepté. Tras unos minutos navegando por la interfaz, viendo fotos y leyendo comentarios, llegué a la conclusión de que eso no está hecho para mí. Pero vayamos por partes.

Una cosa que descubrí después de registrarme y que no me gusta un pelo es el hecho de que para formar parte de Tuenti necesitas recibir una invitación por parte de alguno de sus usuarios a tu correo electrónico. Meterte en su página y resgistrarte no figura como una posibilidad. La transparencia no es una de sus características. No, en Tuenti las cosas funcionan como si de una logia masónica se tratase. Debes ser guiado en algo así como una iniciación. Véase: invitación vía correo electrónico. Vamos, que las cosas son como en Eyes Wide Shut, pero sin orgías y sin tías desnudas. ¿Lo que queda? Un baile de máscaras.

Y lo que queda es un baile de máscaras porque, o yo me he vuelto loco y mis ojos me traicionan, o la gente se pasa el puto día de fiesta. Eso cuando no están en tuenti subiendo las fotos de la última juerga o escribiendo absurdos y adocenados comentarios en las fotos de la última jarana de sus amigos en las que, por supuesto, ellos aparecen. Así las cosas, Tuenti configura un panorama en el que la fiesta y la algarabía absurda son los principales motores, aparentemente, de las vidas de sus pobres usuarios.

Y esto es lo que más me toca los huevos. Que parece que aquí todo el mundo es feliz. Como en la novela de Huxley, en Tuenti la gente hace suya la máxima renacentista del Carpe Diem. No podía ser de otro modo, claro está, prostituyéndola, como en la novela de Huxley. Pero lo peor de todo es que aquí no hay un condicionamiento conductista ni superdrogas bloqueadoras de conexiones entre neurotransmisores no deseables. No, sólo hay fotos y greguería estúpida.

Ojalá todos los usuarios de Tuenti caigan en profundas depresiones y se ubiquen lo más cerca posible del precipicio del suicidio. Yo les invitaré a un cubata y a medio cubata.



Sin acritud.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Minus Pi

Este Post está dividido en dos partes. Cada una de ellas se ensambla con la otra de la misma manera que las palabras que dan título a esta entrada encajan entre sí como un todo uniforme. Así las cosas, esta entrada no es sino el agregado de dos entradas distintas. Y el nexo, como es norma en este blog, con un vídeo final.

Si conocéis la filmografía de Darren Aronofsky y la discografía de In Flames, no necesitaréis más aclaraciones previas. En caso contrario, deciros que en esta entrada hablaré a grosso modo de la opera prima del director neoyorkino y de una de las mejores canciones de la banda sueca en lo que llevamos de siglo XXI. Empezaré por esta última siguiendo el orden de las palabras del título de esta entrada.

Parece mentira, pero la discografía de In Flames empieza a ser de una extensión ciertamente mareante. Parece que fue ayer cuando los suecos comenzaron su andanada en esto de la música. Pero ya han pasado 13 años, en los cuales han grabado 8 discos de estudio y 2 albumes en vivo. La intensidad en el ritmo de trabajo de los nórdicos es una de las notas predominantes que caracterizan el amplio espectro de su trayectoria. Pero esa intensidad y constancia en las labores creativas tuvo como fruto la producción de una obra tan desigual y poco afortunada en 2004 como es Soundtrack To Your Escape, en la que su sonido clásico se veía embadurnado de resonancias industriales pseudo-futuristas y post-new metaleras, dando como resultado un album frío y carente en buena medida del sentimiento y la emoción más tipicamente épica característica de su sonido. En definitiva, un paso atrás en su evolución, que sería más tarde subsanado con su último disco hasta el momento, de título Come Clarity.

En cualquier caso, los In Flames del siglo XXI se nos presentan como una formación cuya deriva estilística puede ser entendida como algo no necesariamente negativo. A fin de cuentas, no es muy honesto grabar una y otra vez el mismo disco y, al contrario que muchas otras bandas, eso es algo que no puede ser imputable de ninguna manera a los suecos. De modo que si bien el riesgo inherente al compromiso autoimpuesto por evitar el autoplagio llegó a generar una obra tan desechable como es la Soundtrack, paralelamente ha dado como frutos la creación de una canción tan colosal como es Minus.

De su obra Reroute To Remain de 2002, aparentemente Minus se inscribe dentro del ingente repertorio de canciones, por así decirlo, "olvidadas" de los suecos. En efecto, ni su ubicación en aquel disco le otorga un foco central ni su nula implementación en las presentaciones en vivo de los suecos (hasta donde yo sé) le confiere el protagonismo que debiera tener en éstas, y por extensión, en toda su discografía.

Minus es una canción potente y rabiosa, impregnada de un sonido industrial y sucio (germen de lo que sería el enfoque elegido en Soundtrack To Your Escape), pero que no niega las raíces del grupo en forma de melodías épicas y demostraciones de virtuosismo guitarrístico. Además, el uso de voces limpias en momentos puntuales, lejos de ser la tónica redundante en sus últimas obras, le confiere un alto grado de componente emocional a la canción, máxime teniendo en cuenta los abruptos cambios de ritmo en los que se hallan insertas esas partes.

Minus es un perfecto ejemplo de cómo la evolución no tiene por qué estar reñida con la tradición y, es por ello, que se trata de una de las mejores muestras de lo que son In Flames en el siglo XXI.

Uno de los directores más innovadores del cine independiente americano más reciente es Darren Aronofsky. Sus películas se inscriben dentro de un eclecticismo dificilmente encasillable. Más aún, todo intento de clasificación puede caer en la eludible tara de un desvirtuamiento palmario de su propuesta fílmica. Obras como Pi: Fe en el Caos, Requiem por un Sueño o La Fuente de la Vida (hasta el momento) nos presentan un panorama nada desdeñable de las inquietudes que le rondan por la cabeza al director neoyorkino. Así, temas como la muerte, la locura, la drogadicción, las relaciones de pareja, los límites de la razón matemática, el sentimiento religioso, las mentiras del sueño americano o la supuesta racionalidad del mundo son algunos de los temas que este director ha afrontado sin pudor alguno en sus películas. Hablar de Darren Aronofsky es hablar, por tanto, de un director sin complejos, al menos, en lo referente a la temática de su cine.

Pi: Fe en el Caos narra la historia de un matemático obsesionado con obtener la secuencia completa del número Pi. En el transcurso de sus investigaciones y, a medida que se acerca a conseguir su objetivo, empieza a tener alucinaciones, y a tener problemas de percepción de la realidad.

Sin destripar en demasía el argumento y la trama del film, la película nos describe la inercia en la que se ve inmerso el personaje protagonista, que no es otra sino una espiral descendente que conduce ineludiblemente al profundo abismo de la locura, paradójicamente, de modo similar a cómo en la naturaleza se reproducen los patrones y esquemas básicos, por poner un ejemplo, del número aúreo. De este modo el protagonista se nos muestra como un individuo perdido dentro de la sociedad, la cual en principio es ajena a sus investigaciones. Es decir, no sólo es que la sociedad no le comprenda, sino que el no llega a comprender a la sociedad. Y en este problema no hay solución de continuidad.

Todo esto llega crear una atmósfera en el film de profundo desasosiego. Sensación, ésta, que se ve fuertemente reforzada por las técnicas fílmicas de las que Aronofsky echa mano para lograr su cometido, tales como el uso de la cámara al hombro, una fotografía sucia en blanco y negro, un montaje rápido y, en general, el uso escaso y esporádico de diálogos.

Todo ello conforma una experiencia fílmica insoslayable para todo aquel que se precie de ser mentado cinéfilo e, incluso, simplemente para aquel a quien ciertas obras cinematográficas le causen la sensación de que, a pesar de que la avalancha de basura a la que somos sometidos cada semana en las carteleras de todas las ciudades provoque un pesimismo acerca de la comprensión del fenómeno cinematográfico como expresión artística, aún puede haber un pequeño reducto para que el cine, o al menos cierta clase de cine, quepa ser denominado como arte. Pi: fe en el Caos es todo esto. Y bueno, es mucho más.


El siguiente vídeo es un montaje que ha sido realizado por el usuario de Youtube Pops999. En él se nos presenta a modo de videoclip la canción Minus con motivo de la selección de diversas escenas de Pi, o paralelamente, una selección de algunas escenas de Pi con motivo de la canción Minus de In Flames, que, para el caso, Nocilla. Que lo disfrutéis.