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lunes, 26 de febrero de 2007

Una escatología sobre Marx

Cuenta la leyenda, que no hace mucho tiempo, existió un hombre que vivió casi 100 años y escribió casi 100 libros. Unos lo llamaban el Gran Russell, otros el Gran Pope; los más obstinados no escatimaban recursos en denominarlo la Razón Pura, y los más insidiosos, por el contrario, guíados por un potente y robusto sentido de la realidad, no sentían ningún tipo de pudor al nombrarlo la Razón Dura o la Cabeza Dura (y es que materialistas hay en todos sitios). En los libros de filosofía se refieren a él con el nombre de Bertrand Russell.

Sea como fuere, este señor escribió sobre los más diversos temas: matemáticas, economía, política, filosofía del lenguaje, lógica, moral, religión, Leibniz, pacifismo, historia, etc. Queda fuera de toda duda que su curiosidad intelectual no se ceñía a una parcela concreta del saber. Hay quien dirá que su curiosidad no tenía límites. Pero eso es algo que es fácilmente replicable: este señor era mortal; extrañamente longevo (cuál sacerdote órfico habiendo pactado ilusamente la vida eterna con las misteriosas fuerzas del averno), pero finito (y finiquitado) al fin y al cabo. En fin... la vida es así.

Unos años antes de que le dieran el premio Nobel de literatura (probablemente por pesado), se decidió a escribir una historia de la filosofía. Una historia de la filosofía algo descompensada, pues en ella se dedican 400 páginas al estudio de la filosofía antigua, y 600 a todo lo demás, cuál toma de consciencia de la finitud de su vida ( y de su curiosidad), y por ende, como pertinaz apresuramiento para terminar el proyecto en el que estaba embarcado. Pobre Russell, no sabía entonces que aún le quedaban más de veinte años de vida por delante. ¡Qué inefable agonía!

Si todavía sigues leyendo esto, es posible que te estés preguntando ahora algo cómo: ¿y qué tiene que ver esto con Marx? Sabia pregunta. Pero es más sabia ésta: ¿Qué Marx, Groucho o Karl? Aunque bien pensado, si realmente has leido todo lo anterior, quizás no sea tan sabia.

Digresiones a parte, Russell en su historia de la filosofía dice lo siguiente:

"La ejemplaridad judía de la Historia, del pasado y futuro, es de tal índole que llama poderosamente a los oprimidos y desafortunados de todos los tiempos. San Agustín adaptó esto a la cristiandad, Marx, al socialismo. Para comprender a Marx psicológicamente, se debía emplear el siguiente vocabulario:

Jehová: Materialismo dialéctico.
El Mesías: Marx
Los elegidos: El proletariado
La Iglesia: El partido comunista
El segundo advenimiento: La revolución
El infierno: El castigo de los capitalistas
El Milenio El estado comunista

Los términos del lado izquierdo dan el contenido emotivo de los términos de la derecha, y es este contenido emocional, familiar a los que han tenido una educación cristiana o judía, lo que hace creíble la escatología de Marx. Un diccionario análogo podría hacerse para los nazis, pero sus conceptos fueron más puramente estilo Antiguo Testamento y menos cristianos que los de Marx, y su Mesías más análogo a los macabeos que a Cristo . (P.470 Ed: Austral)"

Bertrand Russell en estado puro. Es decir, adulterado.

domingo, 14 de enero de 2007

My name is Sunny Muffins!!

He aquí una de las grandes obras del arte contemporáneo. Ni Picasso, ni Dalí, ni Kandinsky, ni Pollock, ni ostias. Robot Chicken se merece por derecho propio estar en lo más alto del panteón de los grandes del arte universal.

Y si no os lo creéis, contemplad este vídeo.

Un Perro obeso

Cuando los seres humanos no habían creado aún la civilización, éste trataba de convivir en la naturaleza con el resto de las especies y formas de vida. En cierto modo, se trataba de una especie de comunión entre el hombre y la vida, de la que el homo sapiens-sapiens obtenía lo justo y necesario para su propia supervivencia. El ser humano, en su ignorancia, desconocía los complejos mecanismos que rigen el mundo: las leyes naturales. Para contestar a los interrogantes que surgían de su interacción con el medio, inventó la mitología, esto es, un modo antropomórfico de contestar a los distintos por qués de los hechos y, a la vez, una manera de hallar paz espiritual individual y unión entre sus semejantes. Nuestra insignificancia era nuestro nexo de unión por aquel entonces.

Sin embargo, el hecho de que ahora esté escribiendo estas líneas indica que la cosa no quedó ahí. El logos suplantó al mito, quizás porque éste no era sino el germen de aquel, la semilla de la que nace la flor. El logos trajo consigo una racionalización de los hechos. Y esto fue posible gracias a la invención de la matemática y la lógica. Estas herramientas, en su forma primigenia, no eran sino meros algoritmos que respondían a necesidades prácticas como la agricultura, la división en parcelas privadas del territorio común, etc. Para entonces, la civilización ya se había creado. Estos algoritmos ya se empleaban en las antiguas civilizaciones babilónicas y egipcias. El ser humano ya había dado sus primeros pasos con independencia de sus miedos.

Pero el verdadero salto conceptual en relación al logos tuvo lugar en la antigua Grecia. Fue allí donde se dio el salto de la razón algorítmica a la razón abstracta. Teoremas como los de Tales o Pitágoras ya se usaban en las civilizaciones precedentes, pero fueron ellos los que les otorgaron su apariencia formal y universal, es decir, con aplicación con independencia del caso concreto. De igual modo, fue Aristóteles quien sistematizó los razonamientos verdaderos con independencia de los hechos, es decir, la lógica. Y también fue Euclides quien dio forma axiomática, partiendo de unos pocos postulados y unas pocas reglas de inferencia, a toda la geometría existente anteriormente. Todo eso sucedió hace más de 2000 años.

Desde entonces, y con esa base, la ciencia y la tecnología han erigido un vasto y amplio panorama de conocimientos, que de pleno derecho, han suplantado al pensamiento mítico. Hoy en día el ser humano no tiene nada que temer de la naturaleza. Hoy en día, creen algunos, el ser humano es libre respecto a ella. Pero independientemente de que ese aserto sea verdadero o no, hay una cuestión muy importante en relación al hecho de esa supuesta independencia: el interrogante moral sobre nuestra conducta con el entorno.

¿Hasta que punto somos libres para hacer y deshacer a nuestro antojo la armonía preestablecida en la naturaleza? ¿Quienes somos nosotros para juzgar sobre el destino de una especie, dictando a nuestro parecer, su sentencia de muerte? ¿ Con qué legitimidad podemos actuar así y, a la vez, tener la conciencia tranquila? Y la pregunta fundamental que ha guiado toda esta reflexión:

¿Cómo es posible que un perro, es decir, un ser vivo que no tiene plena capacidad para elegir racionalmente, y que por tanto, depende de la voluntad de su amo, llegue a tan altos niveles de colesterol en sangre, y a tan alta cantidad de grasa por metro cúbico, que en su vano intento por levantarse y sostenerse sobre sus cuatro patas, no lo consiga?

Presentación

Hola, me llamo Ignatius Reilly y soy estudiante de Filosofía. Bueno, en realidad no me llamo así, y tampoco tengo muy claro qué es lo que estudio, pero para vosotros, las cosas serán de este modo.

En este pequeño espacio de la red iré poniendo gradualmente mis reflexiones sobre música, cine, actualidad, filosofía, etc. Quizás con el paso del tiempo, todos esos contenidos puedan ser resumidos en la versátil, pero no por ello menos veraz, etiqueta de perladas y delirios varios. Sí, quizás ese sea el rótulo más apropiado, dirán algunos. Pero yo prefiero llamarlo La Incubadora del Mal.

Así que si todavía no os habéis ido, os aviso: vuestra salud mental corre peligro, vuestro sistema de valores puede empezar a derrumbarse, las viejas certezas en las que creíais pueden tornar en viejos fantasmas... ¡El mundo tal y cómo lo entendéis es una mentira!
Bienvenidos a La Incubadora del Mal.


Pasen y vean.