poker online

domingo, 28 de octubre de 2007

Los espías también son commandos

He estado los últimos tres días jugando al Commandos: Behind Enemy Lines. Qué maravilla de juego. Podría estarme horas hablando de las bondades del título de la compañía catalana Pyro, pero sólo me estaré unos minutos.


Si no habéis jugado nunca a Commandos, o a cualquiera de sus secuelas, a modo de introducción, deciros que se trata de un juego de estrategia táctica en tiempo real. Que sea en tiempo real significa que no va por turnos, es decir, que con independencia de tus acciones, el resto del mapa seguirá actuando como si no existieras. La cuestión es que sí existes y tu objetivo es que ellos no lo hagan. Que sea de estrategia táctica tan sólo significa que tendrás que tomarte un breve periodo de planificación a la la hora de llevar a cabo tus acciones.

A la cabeza se me viene el Command And Conquer (sí, estoy anticuado), que por sistema de juego, podría decirse que es similar. Sin embargo, en Commandos no controlas escuadrones, controlas soldados individuales. Y ahí reside la gracia. En cada misión controlas a un puñado de estos soldados, cada uno de ellos con habilidades propias y especiales. El asunto es que para superar las misiones tendrás que conjugar todas estas habilidades. Todos los commandos son importantes; sin uno de ellos no podrás superar cada misión.

Cuentas con un Boina Verde, especialista en el cuerpo a cuerpo y en ¡enterrarse a sí mismo!, un zapador y artificiero, un marine capaz de bucear y controlar todo vehículo marítimo, un conductor especialista en vehículos nazis, un francotirador con una puntería asombrosa y un espía capaz de mimetizarse con los oficiales alemanes. Vamos, cuentas con seis commandos, ni uno más ni uno menos.

La cuestión y móvil que me ha llevado a escribir estas líneas es el hecho de que al terminar el juego aparece una outro. Como el 90% de los vídeos finales que se reproducen al finalizar un videojuego es caquita. Pero bueno, eso no sorprende, y de hecho, es secundario. Realmente me da igual que la paupérrima voz en off, de profesor de historia que pide a gritos su muerte ya, diga paridas acerca de que la segunda guerra mundial ha terminado y que todo el mundo es feliz porque el mundo se ha salvado de la amenaza nazi mientras se reproducen imágenes de archivo reales. No, lo que realmente me jode es el hecho de que diga al final:
La guerra ha terminado. Un grupo de hombres excepcionales ha sido testigo y actor de algunos de sus momentos más dramáticos y decisivos. Un pequeño y valeroso grupo de Commandos.
Y que se muestren imágenes de fondo en las que aparecen el boina verde, el zapador, el conductor, el francotirador y el marine mientras hondea una bandera con el logo de los Commandos. Así, en plan cutre salchichero.

Y yo digo, ¿y qué pasa con el espía? ¿Es que no es un commando o qué? A ver cómo te pasas algunas misiones sin él. Es que cago en sos. Vale, no es creíble que con esa voz de francés amanerado con la que contesta a todas tus órdenes consiga hacerse pasar por alemán. Es bastante dudoso que más allá de su tarea como commando esa especie de ser vivo merezca vivir. E incluso es bastante cuestionable que su inclusión en el juego sea un error. Pero una vez incluido, no se le puede pagar con la moneda de la indiferencia y el no reconocimiento. No señor.

Muy mal señores programadores del Commandos por no saber hacer justicia, por no reconocer al César lo que es del César. Y es más, ese ninguneo está totalmente injustificado. Desde aquí no puedo sino hacer patente mi más sentida muestra de condolencia ante el espía.

Estamos contigo espía. Tú también eres un commando.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Exégesis Tomista

Un nuevo engendro ha visto la luz. Un nuevo blog ha sido creado en la Blogosfera. No importa que ésta esté superpoblada de contenido infame. Esa consideración es innecesaria para lo que nos ocupa. Un poquito de respeto, por favor.

Lo que nos ocupa es el blog de Julián, monje dominico. Ser servicial guiado por los designios del altísimo. Especialista en teología y, en concreto, en filosofía tomista. Acostumbrado a una vida férrea y sedentaria, sin grandes ambages, o más bien, sin ambages en absoluto. Un tipo que se maneja con igual soltura tanto en la más impenetrable de las abstracciones como en los menesteres y vicisitudes que acarrean el loable afán de llevar una existencia virtuosa, al abrigo de toda inquisición moral o ética. Una persona, a fin de cuentas, íntegra. De los que ya no quedan. De los que se visten de los pies a la cabeza. Un señor como la copa de un pino.

Exégesis Tomista es su contribución a la red de redes. En él acostumbrará a ilustrarnos acerca de la materia más alta y honorable a la que el conocimiento humano ha tenido la suerte de tener acceso: la teología. Gracias a él, conoceremos los entresijos y vericuetos de esa magna doctrina. Cuestiones como la santísima trinidad, la demostración de la existencia de Dios o el sexo de los ángeles serán sólo pequeñas pinceladas del ingente proyecto en el que se va a sumergir.

Porque la filosofía también tendrá su hueco, eso sí, con sus límites. Los impíos y herejes como Leibniz o Platón no tendrán cabida. Y charlatanes como Hume, Kant o Wiittgenstein... eso no es filosofía. ¿Nietzsche? ¿Quién es ese? No, aquí tendrás filosofía de la buena. Santo Tomás de Aquino sobre todo, es decir, en metafísica y epistemología será la referencia. En cuestión de ética, el juicio del venerable San Agustín será la regla, ejemplo de rectitud moral en todos los sentidos. La estética sera cosa de Boecio. La filosofía política, para Plotino. Las más modernas doctrinas acerca de la palabra y el pseudo-conocimiento serán materia de Pedro Abelardo. Vamos, una filosofía plena y robusta, con un ojo en la tradición y el otro también.

Todo ello será divulgado por Julián que, con su habitual (para los que le conocemos) fino sentido crítico e inexpugnable honestidad intelectual, irá desgranando todas las áreas del santísimo conocimiento científico. Además, gracias a su inestimable empatía cognoscitiva con el vulgo, hará comprensibles los misterios de la revelación.

Hoy ha nacido aparentemente un blog, pero en realidad, ha nacido algo más. Ha nacido un referente espiritual para nuestras almas. Por ello me reitero: un poco de respeto. Vuestra salvación depende de ello.

Con todos ustedes: Exégesis Tomista.

Que lo disfruten.

domingo, 21 de octubre de 2007

Descalabro en McLaren y Raikkonen campeón

Increíble. Impredecible. Inaudito. Los calificativos se quedan cortos ante el desenlace de esta temporada en la fórmula 1. Cuando todo parecía que Hamilton se iba a llevar el gato al agua, las casualidades y un Gran Premio de Brasil loco han dado un giro inesperado a los acontecimientos. Finalmente, Raikkonen campeón y en McLaren el ridículo tardará en olvidarse.

Porque lo de la escudería inglesa tiene temita. Desde principios de temporada se proclamó a los cuatro vientos una supuesta igualdad en el trato a los pilotos. Ron Dennis, jefe de mandos de la escudería, quería seguir así con una filosofía de escudería, que a decir verdad, nunca le ha dado buenos resultados. En cualquier caso, hoy sabemos que las cosas no fueron por el cauce que el patrón tenía previsto, o más bien, que nos quiso hacer creer como tal. Si hay algún culpable en el hecho de que McLaren este año se haya despedido del campeonato con las manos vacías, el debería ser el primer sospechoso. Pero recapitulemos.

Desde las primeras carreras se pudo comprobar que el piloto novato en la categoría, Lewis Hamilton, no llegaba precisamente a la fórmula 1 con una predisposición de aprender. El venía a ganar el mundial. Y así lo ratificó durante la primera mitad del campeonato. El piloto inglés era y es un piloto como la copa de un pino. Esta situación, probablemente pilló por sorpresa a todo el mundo en la escudería, desde Alonso hasta Dennis. Sin embargo, esta situación no fue trivial; marcó un antes y un después en las relaciones internas en el equipo.

Alonso, que llegaba como doble y vigente campeón a McLaren, venía a resarcir a una marca que no pasaba una época dorada precisamente durante los últimos años. La escudería inglesa, cuando no tenía problemas durante la temporada de fiabilidad en la mecánica, los tenía respecto a que el coche no rendía como debiera. El caso es que por A o por B no acababan de ser un equipo lo suficientemente competitivo en los últimos campeonatos, hecho que por historia cabría presuponerles. La llegada de Alonso vendría a significar un salto de calidad. De todos es conocido los conocimientos del piloto asturiano en materia de puesta a punto en el monoplaza. Todo esto se materializó en la primera mitad del campeonato. La ventaja respecto a Ferrari era abismal, y todo parecía que la cosas iban a resolverse en un mano a mano entre Hamilton y Alonso.

Y es aquí donde la explicación de los acontecimientos nos vuelve a llevar a las relaciones internas del equipo. En primer lugar, la supuesta igualdad no fue tal durante el desarrollo del campeonato. Que Hamilton recibió trato de favor de la escudería es algo que se muestra a la luz de los siguientes acontecimientos: abrumadora diferencia en favor del inglés de extra-laps en las jornadas de clasificación, diferencia a favor del inglés a la hora de repostar el coche más tarde en boxes, el asunto de las telemetrías, los 10 cv extra de su monoplaza en esta carrera. Además, el piloto inglés recibió trato de favor de la FIA en todas sus irregularidades en pista. El ejemplo más clamoroso fue cuando una grúa le devolvió a la pista tras quedarse en la arena en el GP de Alemania. Cosa bien diferente a cuando Alonso fue sancionado 5 puestos en la parrilla de salida por retrasar 10 segundos su salida de boxes recibiendo órdenes de equipo, y cuando no había ninguna normativa que enunciase ese hecho como ilegal. Todos estos detalles hicieron que la relación de Alonso con el equipo se crispara, y ese ambiente de crispación no ha sido nada positivo para el desarrollo de los acontecimientos. Y en esto, Dennis no ha sabido gestionar la situación como se debería hacer.

A este panorama hay que sumarle lo acaecido con el asunto de los documentos robados a Ferrari. Como si de la película Granujas de Medio Pelo de Woody Allen se tratara, una investigación de la FIA dictaminó que un delineante de McLaren había comprado unos documentos secretos a un mecánico de Ferrari que revelaban datos sustanciales acerca de la composición mecánica y aerodinámica del bólido italiano. El dossier, y esto es lo verdaderamente absurdo, fue fotocopiado en la fotocopistería de la mujer del delineante. En primera instancia, esto se saldó con una multa económica a McLaren, pero tras una apelación de Ferrari, en la que salían a la luz unos e-mails que se habían mandado Pedro Martínez de La Rosa y Fernando Alonso en los que comentaban presuntamente (y digo presuntamente, porque esos e-mails no han salido a la luz) la información de ese dossier, la escudería inglesa se veía en la tesitura de ser descalificada durante esta temporada y la siguiente de la fórmula 1, y dar al traste con las aspiraciones de sus pilotos en la presente temporada. Puesto que si Alonso no colaboraba, la pena podría ser esa, el piloto asturiano colaboró con la investigación. Esto lo puso en contra de la prensa inglesa y alemana, pues no hay que olvidar que McLaren es una empresa inglesa y Mercedes es alemana. Finalmente el castigo fue la exclusión del campeonato de constructores de la marca anglo-alemana, con lo que se mantuvieron intactas las posibilidades de Hamilton y Alonso de ganar el campeonato de pilotos.

Con esta situación de crisis interna se ha llegado a la última carrera del mundial. Con una ventaja de cuatro puntos de Hamilton sobre Alonso y siete sobre Raikkonen, el asunto parecía bastante controlable para el piloto inglés. Lo tenía todo para hacer historia en convertirse en el campeón más joven de la fórmula 1 y en el primero en hacerlo debutando. Máxime cuando el sábado se aseguró el segundo puesto en la parrilla de salida, por delante del español y el finlandés. Pero la carrera de hoy, como he dicho, ha sido loca.

Alonso, que salía desde la cuarta posición, sabía que sus opciones pasaban por adelantar a Hamilton en la mítica s de Senna. Cuando el semáforo se puso en verde, el control de tracción de los Ferrari hizo que Raikkonnen, que salía desde el tercer puesto, adelantara a Hamilton antes de la frenada. Alonso, que no tenía nada que perder, se ponía a la par del piloto inglés y en una maniobra de vértigo lo conseguía adelantar por fuera. Hasta aquí nada raro. Las posibilidades de Hamilton de ganar el mundial no se veían disminuidas por esta situación. Cualquier piloto con un mínimo de experiencia hubiera gestionado con frialdad el estado de cosas. Pero Hamilton, que durante todo el año ha dado muestras de un temple nada habitual para su edad, el plumero se le ha visto en la última carrera del mundial. En una maniobra incomprensible por disputarle la tercera plaza al asturiano, el coche se le ha ido a la arena y ha perdió cuatro posiciones. Realmente estúpida su actitud. Este hecho ha propiciado un recalentamiento en la mecánica de su coche, lo que a su vez ha originado un problema en la caja de cambios de su monoplaza durante una buena cantidad de segundos, lo que le ha relegado hasta el decimoséptimo lugar de la carrera. Increíble. Desde ese momento, su carrera se ha ido al garete. Y con ello, el título mundial.

Así que la cosa ha resultado ser, de un modo totalmente impredecible a priori, un duelo entre Raikkonen y Alonso. Pero hoy el coche no le ha respondido como quisiera al piloto español, que ha tenido que conducir con una tortuga. Vuelta a vuelta los Ferrari le sacaban entre medio y un segundo, y así las cosas, todo quedaba en un acto de egoismo de Massa, que lideraba la carrera, para que el guaje pudiera conseguir su tercer entorchado de forma consecutiva. Pero no ha sido así. La lógica de equipo se ha impuesto, y en la segunda parada de boxes, Raikkonen ha sobrepasado al piloto brasileño. Con ello conseguía los cuatro puntos de diferencia que necesitaba para lograr el campeonato. Un merecido campeonato, por otra parte, pues no hay que olvidar que es el piloto que más carreras ha logrado. Pero a fin de cuentas, un campeonato que pocos daban como viable para el piloto finlandés. Me temo que hoy muchos se han hecho con un buen pellizco en las apuestas.

Recapitulando las cosas, no deja de ser patético el desenlace de los acontecimientos para McLaren. Al descalabro en los despachos con el título de constructores, hay que sumarle este epílogo funesto en el campeonato de pilotos. No deja de ser reconfortante como la ironía del destino juega estas malas pasadas a aquellos que intentan jugar sucio y que, además, no logran granjearse el beneplácito del público. Al menos en lo que a mi respecta, la escudería anglo-alemana me ha defraudado bastante este año. De todo esto, los beneficiados han sido Ferrari y, más concretamente, un Jean Todt que se despide de su puesto por la puerta grande y un Raikkonen que ha pasado desapercibido durante todo el año. Poco a poco, y sin hacer mucho ruido, Iceman ha conseguido hacerse con su primer título en la Fórmula 1. Un reconocimiento que, al fin, se le ha concedido al piloto finlandés, a pesar de sus constantes irregularidades y que puede que haga asentar la cabeza al que por potencial y técnica, creo yo, es el mejor piloto de la actualidad. ¡Grande Raikkonen!

René Higuita



Con un aspecto más parecido al de un narcotraficante del cártel colombiano que al de un jugador de fútbol, René Higuita revolucionó el mundo del balompié durante los años 80 y 90.

Su demarcación en el terreno de juego era la de guardameta. Pero Higuita no era un arquero como los demás. El loco no se limitaba a quedarse bajo los tres palos a la espera de las envestidas de los delanteros rivales. Higuita colaboraba activamente en la creación del ataque ocupando a la vez una posición más adelantada a la que cabría esperar de sus prestaciones. Era algo así como un portero-líbero. También lanzaba faltas y, a veces, metía goles. Nunca el hecho de que un equipo cuente con 11 jugadores tuvo tanto sentido. Sin embargo, ésta profusión en labores ofensivas le trajo consigo cometer muchos errores, como el gol que regaló a Camerún en el mundial de Italia 90.

Higuita será recordado por lo espectacular de sus intervenciones. Prueba de ello es la parada que realizó en Wembley y que más tarde se denominaría como la parada del escorpión. Todos los que hemos jugado alguna vez al fútbol hemos intentado hacerla, con mayor o menor fortuna.

En definitiva, Higuita revolucionó el mundo del fútbol desde la posición que menos innovaciones cabe ofrecer. Un tipo singular dentro del terreno de juego que marcó época. Grande Higuita.



Pd: También revolucionó el mundo de los videojuegos, jeje.



sábado, 20 de octubre de 2007

Carlton Jones

Aquellos maravillosos años... en los que veías El Príncipe de Bel Air y te parecía una serie cojonuda... que grandes fueron. Si hoy somos lo que somos, es gracias a esa serie. Bueno, eso no significa que ahora seamos negros, así que me explicaré y, en la medida de lo posible, intentaré no hacer referencia al color de la piel de los protagonistas. Así que pido al lector que no se esfuerce en buscar tal relación. La conexión se hará explícita a su debido tiempo.

Will Smith representaba la clase de persona que nos gustaría ser: irónica, sarcástica, inteligente, pasota pero con un cierto sentido de la responsabilidad, etc. Un tipo al que las cosas le salían bien. El espejo en el que querías reflejarte en la preadolescencia. Por otro lado estaba Phillip Banks, que con su sóla presencia, te advertía de por vida de los riesgos que podía acarrearte vacilar a una persona con exceso de peso. Representaba el mandato moral inherente a toda relación social expresado, ¿cómo decirlo...? a martillazos. Por algo era juez. Su mujer, Vivian, encarnaba el papel protector y comprensivo en la relación de autoridad. Era el poli bueno de la pareja.

Por otro lado, teníamos a Jazz, prototipo de parásito social a los ojos de Phillip y Vivian y, sin embargo, fiel amigo. El típico individuo al que tus padres te aconserían no juntarte. Tú pasarías del consejo porque sabes que las apariencias engañan. La prima Hilary era un caso especial. Te recordaba lo mal que está repartida la inteligencia en el mundo y, por otro lado, hacía replantearte si el incesto es una acción realmente denostable. El mayordomo, Geoffrey, era el punto y a parte en la serie. Sus intervenciones se sazonaban con una pizca de fina ironía que encubría, las más de las veces, los hachazos más inmisericordes y la crítica (de)constructiva más mordaz. Simplemente genial. Pero tú sólo pensabas que acabar de mayordomo no era el proyecto que tenías en mente para tu vida.

Sí, había más personajes: Ashley, el repelente Nicky, el brillante juez Robertson, y muchos más que ocupaban un lugar secundario en los acontecimientos. Pero los principales eran los anteriores. Ellos partían la pana. Bueno, la verdad es que me dejo a uno: Carlton.

¿Qué decir de Carlton Banks? Pijo, chivato, pelota, postín, etc. Representaba la pérdida de valores y de la conciencia asumida generación tras generación por sus antepasados. A decir verdad, era el blanco de la familia, sólo que con disfraz de negro. Más genéricamente: traicionarse a sí mismo y a lo que representas. Era lo opuesto a aquello en lo que querías convertirte cuando fueras mayor. O tal vez ni eso. Tal vez si dibujaras un segmento y en cada extremo representases aquello en lo querrías convertirte y aquello en lo que no te gustaría acabar, el punto representado por Carlton no tendría espacio en la representación. Y lo peor de todo: consiguió que jamás volvieras a escuchar a Tom Jones con la misma predisposición.



viernes, 19 de octubre de 2007

Simulador de esperanza de vida

Aquí (o aquí) te dejo un enlace para que te sometas a una especie de simulador de tu esperanza de vida. Sí, ya lo sé, este tipo de cosas no sirven para nada; no pueden tener en cuenta todos los factores de una vida. Y es verdad, no pueden hacerlo (se me ocurren multitud de experimentos con los que falsar todas las predicciones a todas las personas que este test efectúa, pero tampoco quiero convertirme en un genocida), pero al menos es aproximado e indicativo de tu forma de vida. ¿Qué más quieres? Ahhh, que eres un ser autoconsciente y reflexivo. Tú no necesitas de estas milongas. Pues vale. Tú te lo pierdes. Pero a mi este tipo de cosas me suelen molar. Es un sentimiento infantil, de asombro y totalmente impulsivo de decir: a ver. Bueno, puedes llamarlo infantil y de asombro o directamente morboso. Los eufemismos no me interesan. El caso es que me mola seguir los pasos de este tipo de paridas. Cada uno es cómo es.

Os voy a comentar los resultados que el dichoso test de marras me ha pronosticado. Dice que voy a vivir 82 años. Já, que guapo. Por lo visto la esperanza de vida cuando sea abuelo será de 88 años (ilusos), así que según mis hábitos de vida me estoy privando (según como se mire) de 6 años de vida. De acuerdo señor simulador de vida, usted manda. Extrapolado a la esperanza de vida actual, mi esperanza de vida es de 71 años, 273 días y 18 horas (esto justifica lo de que infantil y de asombro sean un eufemismo, pero no que no me interesen los eufemismos). Me dicen que si dejo de fumar ahora, a parte de poder gozar de una excelente salud, me ahorraré 81.829 euros. Esto me ha dejado flipado, porque han debido de usar algún tipo de variable progresiva, tipo aumento del precio por la inflación o algo así. Mola (dicho sea de paso, es una pasta). Me dice que si consumo alcohol, que debo hacerlo moderadamente. ¿Un test me está llamando alcohólico? Dice que nuestro cuerpo no está diseñado para ingerir grandes cantidades de alcohol de continuo. Y luego pregunta: ¿Cargarías de nitroglicerina el depósito de tu coche? Lástima que no se pueda contestar: "¿Quieres que refute tu predicción? ¿Quieres que refute tu jodida predicción? Porque sabes que lo haré. Sabes que pondre la mierda esa de nitroglicerina en el depósito del coche. Y luego Boom. Sabes que soy capaz de hacerlo". Luego dice cosas que todos conocemos como que hacer ejercicio físico mola y todo eso. También aparece un enlace en el que viene reflejado las consecuencias de tus hábitos a la hora de computar tu predicción. Si has hecho el test, y creías que podía servir para algo, ese enlace definitivamente te sacará de un error.

Finalmente, y que es lo que más mola, son las cosas que te calculan que te da tiempo a hacer en lo que te queda de supuesta esperanza de vida. A mi me da tiempo a ir 3224 veces al cine (sí, sí...). También me dice que me esperan 62 finales de Champions League. Lo reconozco, no he podido evitar la exclamación de un tenue pero sentido excelente ante tal gratificante noticia. En cambio, sólo podré ver 15 olimpiadas o mundiales de fútbol (siempre he pensado que ese sistema es una cagada, el de que sea cada cuatro años). También me dice que daré 67890 besos y que beberé el equivalente a tres bañeras de agua (es poco, ¿no?).

Y eso es todo.

jueves, 18 de octubre de 2007

La muerte de Senna; El nacimiento de un mito

Sucedió el 1 de mayo de 1994, en el circuito Enzo y Dino Ferrari de Imola, durante la disputa del Gran Premio de San Marino. En la vuelta número 7 el Williams Renault FW16 de Senna, liderando la carrera, se salía en la curva de Tamburello y se estampaba contra el muro a 300 km/h. El piloto brasileño quedaba en coma y pocas horas después fallecía en el hospital Maggiore de Bolonia. El mejor piloto de la historia nos decía adiós. Sin embargo, estas líneas no hacen justicia a lo que sucedió. Es contar mal un relato. Es empezar por el final.

La historia del fin de semana más negro de la Formula 1 comenzó dos días antes. Como en todos los grandes premios, la jornada del viernes es clave para amoldar los reglajes del coche a las características de la pista. Los pilotos aprovechan para probar multitud de configuraciones y después deliberar con los ingenieros cuál debe ser la escogida para la carrera y cuál para la clasificación del día siguiente. Tanto Senna como Damon Hill estaban a disgusto con el diseño en general del FW16 para la temporada, que no había rendido como se esperaba en las dos pruebas anteriores. Senna, que aún no llevaba ningún punto en el mundial y al que Schumacher le aventajaba en 20 puntos, se la jugaba. Ganar o ganar; esa era la mentalidad. Con todo, la jornada del viernes se mostró favorable para los intereses del piloto brasileño, en virtud de unas modificaciones hechas en el tren delantero del coche, alterando la suspensión y las tomas de aire. Parecía que las cosas empezaban a encarrilarse, empezaban a tomar forma. Sin embargo, en mitad de los entrenamientos libres, el coche del también brasileño Rubens Barrichello se estampaba contra el muro sufriendo éste un brutal accidente que lo dejaría en coma momentáneo. Senna, inundado por el dolor, sorteó todas las barreras de seguridad para estar en esos momentos difíciles con su compatriota. Una vez enterado de que Barrichello se encontraba fuera de peligro, se retiró. Pero la tensión se había apoderado de él.

El incidente del viernes, sin embargo, sólo sería un amago de lo que sucedería durante la jornada del sábado. Senna, que no estaba de buen humor durante la mañana, y que había declarado horas antes a la prensa que los accidentes siempre son graves en Imola, se disponía a tomar partida en la ronda clasificatoria. Efectivamente, y tras una vuelta clasificatoria excepcional, los cambios efectuados en su monoplaza se tradujeron en seis décimas de ventaja sobre su rival, Michael Schumacher. Senna, tras regresar a su box, contemplaba en el monitor de su motorhome las calificaciones de sus rivales esperando la orden de sus ingenieros para volver a pista y pulverizar su anterior registro y, con ello, hacerse con la pole. Pero esa orden no se llegó a producir nunca. Y no se produjo porque, pocos minutos después de que Senna regresara al box, un nuevo accidente tenía lugar en la pista. Esta vez era el Symtek pilotado por el austriaco Roland Ratzenberger. Su alerón trasero se había desprendido y el coche se hizo incontrolable lo que propició que colisionara contra el muro en la media curva Gilles Villeneuve. Ratzenberger falleció al instante. Senna, que lo vio todo por televisión, se retiró a una esquina de su box a llorar. Instantes después corrió como una exalación hasta el lugar de lo sucedido, saltándose todas las protecciones y barreras de seguridad, como también hiciera el día anterior. Tenía que estar en ese lugar y no podía evitar no estar allí. Este acto de indisciplina le valió una sanción de la FIA. Senna sabía que estaba infringiendo la normativa de seguridad, pero sentía que estaba haciendo lo correcto.

Toda la tarde del sábado se produjeron intensas conversaciones entre los pilotos y los directores de carrera para que, en petición de los primeros, no se disputara la carrera el domingo. Pero los directores hicieron caso omiso de las peticiones. El circo debía continuar. A Senna, por su parte, se le habían ido las ganas de correr. Finalmente fue convencido por su novia para que lo hiciera, muy a su pesar, pues estaba en posesión de la pole position.

Y llegamos al día del desenlace. Todos los que pudieron pasar unos minutos en compañía del piloto brasileño lo notaron muy preocupado, hasta nervioso. Demoró su salida a pista para hacer la vuelta de formación y se cuenta que se sentó encima de su alerón trasero para evitar lo sucedido un día antes en el coche de Ratzenberger. Luego revisó su coche de arriba a abajo como si quisiera encontrar un fallo con el que tener un pretexto para no correr. También pidió la bandera austriaca, en caso de que si ganaba, ondearla en memoria del piloto fallecido. Tras dar tres vueltas a la pista (acostumbraba a hacer dos) y ocupar su puesto en la parrilla de salida, aprovechó para hablar con los periodistas y criticar a su inestable Williams y a la seguridad del circuito de Imola (acostumbraba a quedarse en su cockpit en total estado de concentración).

Al iniciar la carrera Ayrton Senna mantuvo su primera posición; pero más atrás Pedro Lamy embistió al Benneton de Jirky Jarky Letho que se había quedado parado. Los restos de los dos monoplazas hicieron entrar inmediatamente al Safety Car. En la quinta vuelta se reinició el Gran Premio. El brasileño seguía líder, detrás de él se ubicaba Michael Schumacher. En la vuelta seis Senna le sacaba 675 milésimas a Schumacher. Tras dos curvas, sucede la tragedia. Senna pierde el control de su coche y se estrella en la temible curva de Tamburello, la más rápida del circuito, y la que paradójicamente menos protección tiene. El Williams chocó de costado, quedando la parte derecha prácticamente destruida. El impacto hizo rebotar al coche hasta casi devolverlo a la pista, y con la inercia del golpe, dio vuelta y volvió a salir de ésta. Cuando Senna no podía reincorporarse cundió el pánico: los auxiliares del circuito tardaron 21 segundos en llegar. Los paramédicos, casi un minuto después. El accidentado sólo pudo mover la cabeza dos veces por un impulso nervioso, y luego toda actividad física se paralizó. Los paramédicos le sacaron el casco y lo bajaron al suelo con el mayor cuidado posible, haciéndole una traqueotomía en el acto. La enorme mancha de sangre volvió a horrorizar a todos. El helicóptero, en lugar de recoger al accidentado inmediatamente, se limitó a recoger imágenes en vivo para la televisión. La imagen de los coches siguiendo al Safety Car pasando por el lugar del accidente era patética. El tricampeón fue llevado al hospital de Maggiore de la ciudad de Bolonia, pero el daño ya era generalizado e irreversible. A las 18:05 horas la doctora Maria Tereza Fiandri anunció la muerte clínica de Senna. Sólo su corazón latía gracias a un respirador artificial. Este aparato se desconectó 35 minutos después. A las 18: 40 del 1 de Mayo de 1994 Ayrton Da Silva Senna fue oficialmente declarado muerto.



Dicho sea de paso, la carrera la ganó Michael Schumacher.



La conmoción por la muerte de Senna se explica, en parte, por lo que consiguió como piloto profesional. Pero no se explica sólo por eso. Senna representaba muchos valores que la gente apreciaba. Su muerte supuso el nacimiento de un mito. Valgan unas pocas frases como explicación de lo que era.

Todos los años hay un campeón, pero no siempre hay un gran campeón.
Correr, competir, lo llevo en mi sangre, es parte de mi, es parte de mi vida.
El segundo es el primero de los perdedores.
Yo no tengo ídolos. Lo que admiro es el trabajo, la dedicación y la competencia.
En lo que digo respecto al esfuerzo, al empeño, al compromiso, a la dedicación, no hay términos medios. O usted hace una cosa bien o no la hace.
No puedo justificar bajo ninguna razón llegar en segundo lugar.
Lo importante es ganar. Todo siempre. Esa historia de que lo importante es competir no pasa de ser demagogia.
Él (Dios) es el dueño de todo. Le debo la oportunidad que tuve de llegar a donde llegué. Muchas personas tienen la capacidad, pero no tienen la oportunidad. Él me la dio a mi, no se por qué. Sólo sé que no puedo desperdiciarla.
Tengo miedo de la muerte y del dolor, pero convivo con eso. El miedo me fascina.
No sé conducir de otra forma que no sea arriesgada. Cuando tengo que sobrepasar, sobrepaso. Cada piloto tiene un límite. El mío está un poco por encima del de los demás.
No puedo vivir en una isla prosperidad cuando vivo rodeado de un mar de miseria.
Ese día llegará, puede ser mañana o dentro de 50 años. Pero es seguro que llegará.
Si en carrera tienes todo bajo control, es que no vas al límite.
Ganar una carrera es mucho más importante que ganar un millón de dólares.