poker online

miércoles, 17 de octubre de 2007

El Quinteto de Cambridge



Ambientada durante una noche pasada por agua del verano de 1949 en una de las habitaciones del Christ's College, El Quinteto de Cambridge narra el debate intelectual de cinco pensadores de peso de la primera mitad del siglo XX acerca de la cuestión: ¿Es posible construir una máquina que pueda reproducir los procesos cognitivos humanos? El organizador de todo el entuerto es C.P. Snow, novelista, divulgador y asesor científico, que debe entregar un informe para el gobierno británico acerca de la viabilidad técnica y científica de la construcción de una máquina que sea capaz de pensar como un ser humano. Para ello, invita a una cena a cuatro personalidades de renombre del mundo de la ciencia y la filosofía: el genetista J.B.S. Haldane, el filósofo Ludwig Wittgenstein, el físico teórico Erwin Schrödinger y el matemático Alan Turing.

John L. Casti se sirve de esta premisa argumental para desarrollar una novela de aquello que él llama ficción científica. No es ni una obra ensayística de divulgación sobre la ciencia porque el marco argumental es ficticio, ni una obra de ciencia ficción porque el desarrollo de la historia no se ve constreñido por los clichés y convenciones del género. Básicamente es una síntesis de ambos tipos de literatura. A mi personalmente me ha recordado a los diálogos platónicos por enfoque y planteamiento, con la diferencia de que no hay un Sócrates que sea el amo de la barraca ni unos unos contertulios que se limiten a decir cosas como "así es", "naturalmente" o "no puede ser de otro modo" y que con ello caigan en las contradicciones y sin-sentidos más burdos respecto a las tesis que defienden. Porque, como he dicho, a la cena el señor Nieve invita a cuatro de las mentes más geniales del siglo XX y, claro está, el debate tiene que ser de altura.

La discusión la abre Alan Turing exponiendo cómo sería posible crear una máquina a la que cupiese llamar inteligente. De este modo, pasa a explicar los resultados en sus investigaciones lógico-matemáticas: el concepto de la máquina universal de Turing. Tras esto se abre un interesante debate acerca de las reglas que debe seguir un programa: Wittgenstein hace incapié en su idea de qué es seguir una regla, Schrödinger en la posibilidad de que sepamos que algo es verdadero pero no haya modo de demostrarlo (una implicación del teorema de Gödel) y el consiguiente problema de la parada, etc.

Una de las ideas que más juego da a John L. Casti desde el punto de vista narrativo es la de que mientras que sus personajes son históricos y, en consecuencia defienden tesis propias, también echan mano de tesis e ideas adelantadas al contexto de la época. Así, cuando Turing pasa a exponer su Test de Turing (juego de imitación), es decir, la idea conductista de que una máquina sería inteligente si en función de su conducta no podemos distinguirla de la de un humano, Wittgenstein objeta la idea con el experimento mental de la habitación jerogífica, simulación del argumento de la habitación china de John Searle. O cuando están enfrascados en las relaciones entre mente y lenguaje y Wittgenstein expone que pensar es pensar en un lenguaje, y que el lenguaje es una manifestación de una forma de vida en una sociedad y un tiempo histórico concreto y que, en consecuencia, el pensamiento y el lenguaje sólo cobran sentido en el contexto de unas reglas y prácticas concretas de vida, Turing alude a que debe haber un lenguaje del pensamiento común a todos los lenguajes concretos, algo así como una Gramática Universal, idea ésta del lingüista Noam Chomsky. Ejemplos como estos los hay a patadas: conexionismo y redes neuronales de Dennett, psicología cognitiva evolutiva de Piaget y otras muchas más que ahora mismo no alcanzo a recordar.

Como epílogo a la novela, y fuera ya de la trama, Casti hace un breve repaso histórico a la trayectoria como movimiento de la I.A. desde su creación allá en el congreso celebrado en Dartmouth en el verano de 1956 hasta nuestros días. De este modo, nos cuenta los progresivos rumbos de investigación: I.A. Abajo-Arriba (partir de la fisiología del cerebro para llegar a la computación), I.A. Arriba-Abajo (partir de la computación para llegar a la fisiología) y Conexionismo y redes neuronales. También pone ejemplos concretos como el de la victoria de Deep Blue II sobre Kasparov en ajedrez y los problemas de los traductores a la hora de dar cuenta de los vericuetos semánticos de las palabras. Finalmente sostiene la tesis de que todo aquello que los seres humanos hacemos bien, como reconocer modelos, inferencia inductiva y creatividad, las computadoras las hacen mal. Y viceversa. Con ello llega a la conclusión de que humanos y ordenadores poseen distintos tipos de inteligencia, y que, tras el momento actual, "máquinas y humanos se separarán como se separaron los humanos y los delfines hace muchos milenios". Cognitivamente, se entiende.

En definitiva, esta novela es una excelente merienda de ideas acerca de uno de los campos de la filosofía, la ciencia y la tecnología más interesantes y sugerentes de la actualidad. Precisamente porque esos tres campos del saber convergen en un punto en común. Resulta realmente apasionante el constante ir y venir de ideas que, como si de un torbellino se trataran, no dejan un instante de respiro al lector. Todo ello con un lenguaje no demasiado técnico y extraordinariamente preciso. Y en apenas poco más 200 páginas. Uno de los libros más edificantes que he leído en mucho tiempo. Absolutamente recomendable.

lunes, 15 de octubre de 2007

Bill Plympton y el Windows 95

Bill Plympton es un dibujante y animador americano conocido por su nominación al Oscar al mejor cortometraje animado en 1987 por Your Face. Sus dibujos y animaciones son como pequeñas cometas que se alzan y vuelan por encima de las convenciones sociales para hacer sátira o crítica de ellas.

Se dice de él que la primera vez que hizo un dibujo fue en el instituto, cuando pintó a una Marilyn Monroe realmente provocativa en un póster y el director del instituto le llamó por los altavoces: Bill Plimpton, el que pinta pornografía, que venga a mi despacho. Cuando regresé del despacho del director, cuenta el propio Plympton, todo el instituto me admiraba, me miraban con respeto, como a un revolucionario. Me di cuenta de que hasta los dibujos más pequeños tienen el poder de cambiar la mentalidad de la gente, de hacerles pensar de otra manera.

En 1995, con motivo de la salida al mercado del Windows 95, se le encargó el diseño y la realización del spot publicitario. Plympton, tal vez, dejando a un lado reparos de índole ideológica, se embolsó en su cuenta corriente una buena cantidad de dólares provenientes del imperio del señor Gates. Al menos, nos dejó para la posteridad esta obra de arte. Lástima que el significado de todo el anuncio beneficie a quien beneficia.


domingo, 14 de octubre de 2007

Dark Tranquillity - Damage Done (2002)



1. Final Resistance (3:01)
2. Hours Passed In Exile (4:46)
3. Monochromatic Stains (3:38)
4. Single Part Of Two (3:51)
5. The Treason Wall (3:31)
6. Format C: For Cortex (4:30)
7. Damage Done (3:27)
8. Cathode Ray Sunshine (4:14)
9. The Enemy (3:56)
10. I, Deception (3:55)
11. White Noise - Black Silemce (4:09)
12. Ex Nihilo (4:31)

El death metal melódico es un género que ha vivido en los últimos años una sobreabundancia nada habitual de formaciones. A la sombra de bandas como In Flames o Soilwork, se han subido al carro del mentado estilo infinidad de grupos de los cuales no muchos merecen ocupar un hueco en nuestra memoria. Al menos, esto en Europa. Porque si a este panorama le sumamos el hecho de que en Estados Unidos cada vez son más los grupos que ponen sus ojos en el viejo continente, tenemos una burbuja en la que el metal y el hardcore están embadurnados de un olor claramente europeo.

Naturalmente, como en toda cosa nueva, siempre hay un creador. Junto con In Flames, puede decirse que Dark Tranquillity crearon este estilo, el sonido Gotemburgo. Un estilo en el que las guitarras melódicas y los pasajes acústicos se mezclan con la violencia sonora de las voces y las baterías del death. Una mezcla explosiva que, como he dicho, muchos grupos más tarde explotarían en aras de lograr un beneficio económico.

Precisamente esto es lo curioso del asunto. Cuando el género parecía empezar a masificarse, ellos, Dark Tranquility, coquetearon con otras líneas estilísticas. Introdujeron teclados en su música, voces limpias, atmósferas góticas y, en general, dieron una vuelta de tuerca a su sonido. Esta etapa coincide con la publicación de Projector y Haven. Muchos seguidores les acusaron de haber perdido su esencia. Pero lo cierto es que la melodía seguía allí y Michael Stanne no pasó de la noche a la mañana de ser una de las mejores voces del death melódico a ser ídolo de quinceañeras. Nada de eso. De hecho, los tiros no van por ahí.

Que alguien diga que el significado de un viraje estilístico de esa magnitud responde a intereses económicos cuando el estilo que practicabas empieza a ser reconocido mediáticamente es, en mi opinión, un sin sentido. Lo más fácil hubiera sido volver a hacer un The Mind's I o un The Gallery siguiendo esa lógica. Esto es algo que hicieron, por ejemplo, In Flames con su famosa triada Whoracle, Colony, Clayman. Y les salió bien, precisamente por haber sido una apuesta segura. Por ello creo que el riesgo que tomaron Dark Tranquillity en esos discos no es explicable mediante móviles crematísticos.

En cualquier caso, y sea como fuere el asunto, si dinero o intereses artísticos (o ambas), el caso es que los resultados en cuanto a calidad de esos dos discos fueron discutibles. Tal vez por ello, ni cortos ni perezosos, las huestes de Niklas Sundin decidieron retomar el camino emprendido allá donde lo dejaron en 1997. En este contexto se fraguó Damage Done. Como si de un alegato a la culpabilidad fuera, este disco, desde el mismo título, nos insinúa que lo que nos vamos a encontrar en su interior va a ser algo, en principio, diferente a lo que cabría esperar de él.

Y desde el primer minuto, con Final Resistance, se confirman las sospechas con un corte de salvaje death metal melódico. Vuelta a los orígenes con una composición con un tempo rápido y constantes brakes y transiciones entre las distintas partes de la canción. El protagonismo de las guitarras es bastante acusado, las cuales destripan y desmenuzan todo el mastil de la guitarra para producir riffes de una factura asombrosa. La voz de Stanne, al límite en cada uno de sus versos, encaja con todo el engranaje a la perfección. Gran inicio de disco.

Hours Passed In Exile
es la siguiente en sonar. Con un inicio mediante teclados atmosféricos, rápidamente las guitarras y la batería aparecen en escena con un riff muteado y un ritmo asincopado. En el estribillo de la canción se ve que la mezcla de las melodías típicamente suecas de las guitarras encajan a la perfección con el colchón de teclados. En definitiva, se trata de una canción que explora nuevos senderos en su trayectoria por medio de la conjunción de caminos ya recorridos. Un perfecto resumen de lo que nos ofrecerán el resto de canciones.

Monochromatic Stains fue el single elegido para la promoción del disco. Se trata de una canción con distintos tempos en cada una de sus partes. Se inicia con una melodía épica de guitarra para dar paso al cabo de pocos segundos a una cobertura de teclados bajo la cual la voz de Stanne va escupiendo sus versos. Magníficos los cambios de ritmo lento/rápido durante el desarrollo de las estrofas. Lo mejor de la canción son los solos que se suceden tras el segundo estribillo, con un duelo entre las guitarras impecable. Puede sonar exagerado, pero en algunos casos, algunas sucesiones de notas recuerdan a algunos pasajes de las partituras de Stravinsky. Dicho sea de paso, el videoclip me encanta (¿Alguién mencionó el expresionismo cinematográfico alemán?).



La cuarta canción del disco es Single Part Of Two. En esta pieza las guitarras vuelven a despachar riffes realmente bestiales. Si cabe, la presencia de teclados está más acentuada que en las anteriores canciones. De nuevo, el solo de guitarra vuelve a cautivar mediante una sucesión de pentatónicas. Algún día se reconocerá el talento de Niklas Sundin y de Martin Henriksson, no como virtuosos de las seis cuetrdas, sino más bien como excelentes compositores de melodías atrayentes. Desgraciadamente en el mundo del metal, suele tenerse en cuenta más la primera característica en menoscabo de la segunda.

The Treason Wall es la Clayman de este disco. No puedo evitarlo, pero cada vez que la escucho, con esas notas alargadas, me viene a la memoria la canción de In Flames. Puede que sea su respuesta en forma de canción a sus paisanos. O puede que no. En cualquier caso, es una canción que merece ser escuchada por sí misma, pues es realmente pegadiza.

Si tuviera que decir cuál es, según mi criterio, la mejor canción de este Damage Done, diría sin dudarlo que es Format C: For Cortex. Los apenas 40 segundos de introducción de este tema están entre mi selección personal de pasajes musicales selectos para una banda sonora personal. O al menos, si esa selección existiese, estarían elegidos. Que maestría y que dominio de los instrumentos demuestran Dark Tranquillity en esta canción, tanto en los momentos más acelerados como en los más reposados y tranquilos. Todo un Tour de Force de sensaciones y sentimientos, a veces contradictorios. En fin, mi preferida.

En las primeras seis canciones del disco, en general, se puede apreciar un gusto por el presiocismo en la composición. Por un fino sentido de pulir la mayor cantidad de detalles posibles para intentar crear temas redondos de principio a fin. También se aprecia un gusto por ciertos arreglos cuasi barrocos, y a veces, en demasía ostentosos. Pues bien, estas sensaciones desaparecen con la irrupción del tema homónimo del disco, Damage Done. Al menos en su comienzo, sorprendiéndonos con una contundencia y rapidez inusitadas en el resto de canciones. Con riffes thrashers, e incluso un riff cíclico de interludio, Dark Tranquility en los primeros segundos muestran las cartas que destaparían tres años más tarde con la publicación de Character. Sin embargo, toda esta demostración de potencia se va diluyendo con el paso de los minutos, hasta desembocar en un desenlace tranquilo en el que las guitarras suaves y los teclados son los verdaderos protagonistas.

Cathode Ray Sunshine es otra canción con un comienzo épico de los que quitan el hipo, de los que te sumergen desde el primer segundo en la atmósfera del tema. Con un riff y unos arreglos característicos del sonido gotemburgo, la canción se desenvuelve siguiendo las premisas marcadas por la introducción del tema. Pasada la mitad del corte, la presencia de teclados se hace más visible, hasta tal punto que llegan a ser indistinguibles de las guitarras. Una de las características que más debería valorarse en este Damage Done es la capacidad con la que Dark tranquillity consiguieron aunar guitarras y teclados. Estos últimos, normalmente suelen jugar un doble papel en su música. Normalmente, como elemento que da empaque y sonoridad al conjunto y, a la vez, e indisociablemente, como elemento atmosférico. Paralelamente, los teclados en contadas ocasiones cobran el protagonismo, al mismo nivel que las guitarras, pero sin la chabacabería con la que son usados, por ejemplo, por unos Children Of Bodom o cualquiera de las bandas power metaleras de finales de los 90. Y ciertamente es un acierto. Dotan al sonido final de una grandilocuencia que dificilmente sería alcanzable de otro modo.

The Enemy es una canción que comienza con unos arreglos de teclados en clave melancólica, a los que inmediatamente, se añaden un doble bombo pausado y las guitarras en segundo plano. Otra canción en la que los teclados cobran protagonismo acertadamente. La canción se desenvuelve progresivamente con un peso en las guitarras cada vez mayor. Tras un interludio acústico, todos los instrumentos consiguen dibujar un paisaje de tristeza y melancolía que realmente llega a sobrecoger. En cierto modo, la canción es como un vals (ateneos al ritmo, "un cha cha, un cha cha..."), eso sí, oscuro y pesimista como pocos. Gran canción.

I, Deception es la décima pista en sonar. En la línea de Final Resistance o Hours Passed In Exile, se trata de una composición dura, pero con matices sobradamente melódicos. Con un final épico en las guitarras y desgarrado en la voz, no baja el nivel medio del album.

White Noise - Black Silence recuerda a Damage Done en cuanto a agresividad. Con un riff que avanza con paso firme acompañado por una batería contundente, la canción se va desenvolviendo bajo una línea sonora de violencia musical. Nuevamente con un interludio en mitad de la canción, esta vez con las guitarras, y sin menoscabo de la tensión imperante durante toda la pista, enlazan con una parte bastante contundente, armónicos incluidos. Se echa de menos quizá más desarrollo en alguno de los riffes, pero aún con todo, la canción es enorme.

La Outro del album se llama Ex Nihilo. Normalmente suelo entender las intros y outros de los discos como meros ejercicios para presentar o despedir el contenido estrictamente musical de los albumes, y que en sí mismas, resultan vacuas y sin ningún interés intrínseco. Bien, que normalmente piense así no significa que siempre lo haga de ese modo. Y un ejemplo de ello es esta Ex Nihilo. Dice el viejo postulado lógico de los escolásticos, que de la nada, surge nada (Ex nihilo, Nihil Fit). Puede ser una buena aproximación para entender qué representa esta outro. Con un comienzo oscuro y un sonido fluctuante por medio de los teclados, la canción progresa como una avalancha sónica hasta llegar a un interludio en el que las guitarras van desarrollando una melodía optimista que, finalmente, acaba siendo absorbida por la melodía del comienzo y, sin que te lo esperes, todo termina. Como si fuera un sueño en el que hay momentos buenos y momentos malos. Como una metáfora de lo que es la vida. En definitiva, como si, efectivamente, de la nada, no pudiera surgir algo.

Producido por Fredrik Nordstrom en los Fredrick Studios, esta obra de Dark Tranquility merece un puesto de honor en el escalafón de los mejores albumes de death metal melódico de la historia. Un disco que no pierde con el número de escuchas y que, por el contrario, gana con ello precisamente por la cantidad de elementos ocultos, que requieren de constantes y atentas audiciones, como si de un disco de metal progresivo se tratara. Damage Done es un disco de death metal melódico, sí, pero que sabe echar mano de influencias de otros estilos para dar como resultado un disco de death melódico original y fresco. Damage Done es, en definitiva, una obra excelsa que supone el punto álgido en la trayectoria de los suecos y que, dificilmente, será superado en futuras placas.

Me quedo con: Final Resistance, Hours Passed In Exile, Monochromatic Stains, The Treason Wall, Format C: For Cortex, Cathode Ray Sunshine, The Enemy, Ex Nihilo.
Si te gustan: In Flames, Soilwork, Arch Enemy, Amon Amarth, Callenish Circle, Cynic, Imsomnium.

Puntuación: 9,7 /10

viernes, 12 de octubre de 2007

El Diablo Sobre Ruedas

Y no es la peli de Spielberg. Su nombre es Toño y aparece en ese programa que tanto odio como es El Hormiguero. Es una mezcla de Oskarcito de El Tambor de Hojalata y Stephen Hawking de lo llamaré el agujero de Hawking. Y es lo más grotesco que he visto en mucho tiempo: humor negro de minusválidos para minusválidos. Ole sus santos cojones.



miércoles, 10 de octubre de 2007

Special Defects

Así se llama el proyecto paralelo del guitarrista de Meshuggah Fredrik Thordendal. En su disco Sol Niger Within, de 1997, colaboraba con diversos músicos para la realización de canciones hipnóticas y machaconas en las que liberaba todas sus inquietudes por las escalas disonantes y los ritmos enrevesados. Todo ello lo veríamos ejemplificado en los discos posteriores de Meshuggah, pero aquí ya tenemos un pequeño adelanto. En el vídeo de más abajo colabora Morgan Agren, batería con el que grabó la mayor parte de las canciones de ese album. ¿Quién es Morgan Agren? La verdad es que no lo sé, pero aquí podeis verle impartiendo unas clases magistrales de batería en un perfecto sueco ininteligible para los humanos meridionales. Por el pelo que lleva debe ser un yonki o un tipo bastante reputado. Y como esa clase magistral se retransmite por televisión, deduzco que es un yonki.



Gran vídeo y enorme demostración de técnica. Pero bueno, he pensado que esto era poco y me he puesto a buscar en google cosas sobre Special Defects. De modo que he puesto esas palabras en el cuadro de búsqueda de la página y le he dado a Voy a tener suerte. Me ha salido esto. Es un proyecto de animación experimental de Antonio Costa. No sé quién es, y esta vez no os voy a poner un vídeo de ese tío tocando la batería. Me da igual quien sea. Básicamente la cosa va de pasear sobre la arena sin mover tu culo de la silla. Definitivamente la tecnología ha conseguido desarrollar productos totalmente absurdos, y éste es un ejemplo. Perdón, que es arte. Si os quedáis quietos y ponéis el ratón sobre el circulito blanco os aparecerán nombres de grupos. Si clicáis sobre alguno de ellos iréis a parar a un lugar en el que suene la música del grupo en cuestión y animaciones interactivas. El de Explosions In The Sky mola porque puedes quemarles el culo a unos pájaros. En general son muy chorras, pero técnica y vistosamente están bien.

Última Llamada (2003)



Del irregular director Joel Schumacher, nos llegó hace cuatro años a nuestras pantallas Última Llamada, una película que pasó medianamente desapercibida por estos lares. Craso error, pues se trata de una película vibrante, entretenida y agobiante. Y además, sólo requiere de 75 minutos de tiempo libre.

Con un guión escrito por Larry Cohen, la historia nos presenta a Stuart Shepard, interpretado por Colin Farrell, un publicista residente en la gran manzana, que no duda en utilizar las más diversas artimañas para conseguir sus objetivos. En apenas diez minutos, tenemos un retrato bastante consistente de la personalidad del protagonista: codicioso, manipulador, mentiroso, arrogante, sin escrúpulos, tirano, adúltero... una lindeza moral. Como todos los días, se dirige a la misma cabina telefónica para llamar a su amante, Pamela McFadden (Katie Holmes), una joven actriz a la que nuestro protagonista seduce con sus habituales cantos de sirena acerca de incipientes promesas laborales; todo ello para entablar una cita con ella y poder follársela. Pero cuando cuelga, suena el teléfono. Y Stu, movido por una irrefrenable sensación de que el mundo gira alrededor suyo, descuelga. Una voz grave se dirige a él. Le dice que no cuelgue si no quiere morir.

Con estos ingredientes se va cocinando un thriller de altura. Una película que no da tregua al espectador en su desarrollo y que le mantiene expectante hasta el último minuto. Porque si algo destacable tiene el film, es su capacidad para atrapar al espectador desde el primer minuto de la llamada. La atmósfera lograda por Joel Schumacher consigue hacer partícipe al expectador de todo lo que sucede. Consigue hacer que te sientas como si tú mismo estuvieras en la cabina.

En este sentido, la caracterización del papel interpretado por Colin Farrell es magnífica. El actor consigue que su personaje se vaya transformando progresivamente a lo largo de la llamada. De la excesiva auto-confianza de los instantes iniciales hasta la debilidad y vulnerabilidad del desenlace, somos testigos del derrumbamiento moral de un personaje por el que en un principio sentimos odio, luego asco, más tarde pena y finalmente una identificación con su persona. Todo ello lo transmite Farrell principalmente por medio de sus rasgos faciales.

Y si Farrell comunica con sus gestos, el otro lado de la línea telefónica no lo hace sino con la voz. Y qué voz, nada más y nada menos que la de Kiefer Sutherland. La voz de un genio malévolo que tiene todo presdispuesto omniscientemente para someter a diversas pruebas morales y psicológicas a nuestro protagonista, que si las falla, será asesinado. Soberbia la interpretación del hijo de Donald, logra crear a la perfección el papel de juez de las acciones de Stu, de juez universal, de juez situado más allá del bien y del mal.

Sin embargo, el resto del elenco de actores, y por ello, el resto de personajes, brillan con una luz mucho más tenue que la del dueto principal. Así tenemos a un jefe de policía dubitativo y con problemas psicológicos, pero cuya materialización en el actor Forest Withaker tan sólo raya el aprobado. Algo que podía haber dado más juego, sin duda, y que no ofrece todo el desarrollo que cabría esperar, es la pareja de féminas compuestas por la amante de Stu y la mujer de éste (Radha Mitchell). Ambos personajes son opacos, sin profundidad y como dibujados mediante retazos hechos por un niño de tres años. En cuanto al resto de secundarios, desde las putas hasta el policía tocapelotas o el repartidor de pizza, cumplen sin llegar a sobresalir.

Desde un punto de vista más técnico nos encontramos con una más que aceptable fotografía. Habiendo escenas rodadas en Times Square, y estando la película ambientada en la Gran Manzana, el resto de escenas fueron rodadas en Los Ángeles. Este hecho, sin embargo, está muy bien disimulado, pues la sensación de que la historia que te están contando realmente sucede en Manhatan está muy bien lograda. La iluminación, en ello, juega un papel decisivo, no habiendo grandes diferencias entre las secuencias en las que Stu y su servil ayudante se patean Times Square y las que suceden en la cabina. Podemos decir que esta vez, Schumacher ha hecho un excelente trabajo de planificación, pues la peli se rodó en apenas poco más de 10 días, y el resultado está más cuidado de lo que cabría esperar.

En cuanto al montaje, es destacable la interposición de planos de la cabina, con Shepard en el interior, con imágenes externas. Y cómo ello transmite la sensación de que puedes estar en tus últimos segundos de vida y nada ni nadie se dará cuenta de ello. Menos conspicuo estéticamente, quizá, sea la intersección de parcelas en las que aparecen al principio la amante y más tarde la mujer del protagonista. Con el objetivo presumiblemente de no despegar al espectador del centro giratorio del film, la cabina, tal vez el asunto podría haberse solucionado de un modo más fluido y bonito.

Sin más ambages, lo que nos cuenta Última Llamada es una fábula moral en la que un publicista de medio pelo y henchido de sí mismo busca la expiación de todas sus malas obras para superar con éxito el veredicto de su interlocutor. La película consigue mediante esta premisa despertar el miedo en el espectador, en base a que nunca sabes cuando estás siendo observado, y a la cotidianeidad de la situación contextual. Pero sobre todo, esta cinta es un excelente film, en clave de suspense, que te mantendrá poco más de una hora pegado al televisor. Y es que, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Puntuación: 7.8

lunes, 8 de octubre de 2007

Plan Oculto (2006)



Es bastante complicado que una película que trate de un robo a un banco consiga sorprender al espectador en pleno siglo XXI. Plan Oculto lo consigue. Y para ello no se sirve del título en español precisamente.

De primeras, nos encontramos con que la dirección del trabajo ha corrido a cuenta de Spike Lee. El director neoyorquino se aleja de las premisas habituales de su cine social, tales como son la desigualdad de derechos civiles y el racismo, para adentrarse esta vez en un proyecto más comercial. Y comercial no significa malo; sólo convencional.

El elenco de actores elegido por el equipo de producción difícilmente podría haber sido mejor. La película cuenta con Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Willem Dafoe, el veterano Christopher Plummer y el valor en alza Chiwetel Ejiofor.

Pero si hay algo que dote de consistencia a una película, eso es el guión. Y en esta ocasión la tarea ha sido llevada a cabo por un desconocido Russell Gerwitz. Spike Lee puede estar contento con la decisión, pues independientemente de su participación o no en la elaboración del guión en algunas escenas o de si el propio Gerwitz conocía de antemano o no la participación del cineasta negro, éste ha sabido introducir ciertos guiños a las temáticas habituales de Spike Lee.

La trama argumental de la película, en sí, es bastante típica. Desde el primer minuto de la cinta se nos muestra los quién, qué, dónde y cuándo del desarrollo de la trama. Y nos los desvela el alma pensante de la operación, el frío y calculador Dalton Russell (Clive Owen). Sin duda, ese inicio de película destapa muchas cartas. Pero falta el cómo, la estrategia usada para robar el banco. La película consistirá en desvelarnos la respuesta a esa pregunta. Ligado a ese desarrollo, asistimos al típico juego del gato y el ratón entre el propio Russell y el cínico e irónico detective Keith Frazier, interpretado por un espontáneo y empático Denzel Washington. Si la peli se limitase a esto, realmente no sería nada nuevo bajo el sol. Pero hay más. Paralelamente se nos cuenta la contratación de la abogada Madeleine White (Jodie Foster) por parte del director del banco, Arthur Case (Christopher Plummer), con el objetivo de recuperar unos documentos que se guardan en la caja fuerte. Todos estos elementos los veremos interrelacionarse muy fluidamente a lo largo del metraje, llegando a cotas de sorpresa bastante bien logradas.

En este sentido, es de destacar la pericia en la realización de Spike Lee. Si en sus películas más sociales vemos como el afán de contar historias prevalece al lucimiento personal, en esta ocasión vemos como esta concepción, si cabe, cobra mayor sentido en un género que vive en demasía de las escenas de acción con muchos efectos especiales. Lee se aparta de ésta línea de trabajo para, mediante un ritmo narrativo muy fluido, presentarnos una trama argumental compleja y atractiva, sin menoscabo de la caracterización humana de los personajes. Naturalmente, a esto también contribuyen los actores, que realizan un fabuloso trabajo, pero en la medida en la que el director neoyorquino acentúa ciertos planos en los que no se dice nada, sino que se sugiere por medio de gestos y acciones y no de diálogos, el camino se allana para el lucimiento personal de los Owen, Washington, Foster y demás.

Así contemplamos como un tipo con una educación exquisita, como es Dalton Russell, llega a la determinación de robar un banco. Aunque como veremos con el desarrollo de la trama, sus motivaciones no sean las típicas en este tipo de delincuentes. Asistimos también a una descripción bastante detallada de Keith Frazier, personaje al que los avatares de una investigación pasada han vuelto cínico e irónico, se revela finalmente como un idealista al que la defensa de las causas justas acaba prevaleciendo a su escepticismo respecto al mundo que le rodea. La película también nos muestra ciertos engranajes corruptos de las esferas más altas de la sociedad, encarnados éstos en los personajes de la codiciosa Madeleine White y del enigmático pero finalmente dubitativo Arthur Case.

La cinta, desde un punto de vista ya más general y antropológico, no escatima recursos en presentarnos una panorámica de la ciudad de Nueva York tras los sucesos del 11-S. De este modo, somos testigos del trato desigual que recibe el secuestrado de apariencia árabe por parte de la policía, del racismo en las palabras del policía latino, de la peculiar forma de ser del trabajador albanés y su codiciosa esposa y de los distintos tipos de negros existentes: en una misma familia, desde un detective en la policía hasta un chaval de 17 años que está tirando su vida por los senderos de la droga y la delincuencia. Todos estos matices hacen que ésta no sea una simple película encargada a Spike Lee, sino que más bien estemos hablando de una peli de encargo con el toque personal en la dirección de Spike Lee.

A lo largo de toda la película, como si de un rayo transversal se tratara, vemos el interrogante moral de si el fin justifica los medios. Así, vemos alusiones a una respuesta negativa en la conversación que mantienen el chaval negro que juega a un videojuego de bandas y Dalton Russell y en la historia individual de Arthur Case. Por contra, vemos indicios de una respuesta positiva en todo el desarrollo de la trama acerca de Dalton Russell.

Plan Oculto es una película que no pretende sentar cátedra, y ciertamente no lo consigue. Pero precisamente esa falta de pretensiones la convierte en un producto verdaderamente interesante. Un film que consigue mantenerte dos horas a la expectativa y que no subestima al espectador con un planteamiento sencillo. Además, sus alusiones a temáticas sociales la hacen original. Es una buena targeta de presentación si no conoces el cine de Spike Lee, pues es su película más light en ese sentido. Y si te gustan las pelis enrevesadas e inteligentes, no lo dudes más, el desarrollo de la trama y ciertos diálogos ingeniosos compensarán sobradamente el esfuerzo empleado.

Puntuación: 8.5