lunes, 30 de junio de 2008

Deliverance (2)

Lo peor que le puede pasar a una canción de Progresivo es que sea seccionada, dividida y finalmente amputada. Cualquier vertiente dentro del progresivo se caracteriza, como su propio nombre indica, por la no linealidad de su estructura, por la imprevisibilidad de su desarrollo. Lo que define a las canciones progresivas es, a fin de cuentas, su progresión. Por imperativos Youtubianos, la siguiente canción está seccionada y dividida en dos trozos, aunque, al menos, no está amputada. El grupo, Opeth. La canción, Deliverance, homónima de su sexto disco de estudio.








Cuando el death metal se topa con el progresivo surgen maravillas como ésta. De las más pesadas y contundentes de la carrera del grupo sueco, los interludios acústicos, las variaciones sobre el tema principal, las escalas, la rítmica y el desarrollo entero, todo, es una auténtica lección de composición con mayúsculas. Con todo, no será del gusto de la mayoría. Para el resto: disfrutadla.

sábado, 28 de junio de 2008

Cerebros macho / cerebros hembra; o algo así

¿Te lo pasas pipa viendo la final de la super bowl pero a la vez te gustan las películas de Ang Lee? ¿Te encanta matar el tiempo iendo de compras (el último modelito o el complemento que tanto requiere ese vestido que nunca te pones) pero, paralelamente, eructas si la comida lo requiere? ¿Cuándo fue la última vez que lloraste y la última vez que te metiste en una pelea? ¿Piensas que los desodorantes son para las nenas pero te desmayas al ver sangre? ¿Eres más emocional que racional o al revés? El siguiente test te dirá lo que eres y lo que no eres, es decir, te dirá en qué porcentajes de masculinidad y feminidad se divide tu cerebro. Mi caso:




Your Brain is 27% Female, 73% Male



You have a total boy brain

Logical and detailed, you tend to look at the facts

And while your emotions do sway you sometimes...

You never like to get feelings too involved



Vía: Piluky

viernes, 27 de junio de 2008

Navegando

...me he encontrado con estos dos trucos o chorradas que te servirán para descubrir lo que se aburren los programadores. Y lo frikis que son. El primero funciona con todos los navegadores. El segundo sólo con Mozilla Firefox.

***

Para hacer la primera tontería, tenéis que seguir los sguientes pasos:

1- Métete en Google Imágenes

2- Teclea una búsqueda y dale a enter. Te saldrán varios resultados.

3- Con lo que haya, borra el contenido de la barra de direcciones y copia y pega en ella el siguiente código:

javascript:R=0; x1=.1; y1=.05; x2=.25; y2=.24; x3=1.6; y3=.24; x4=300; y4=200; x5=300; y5=200; DI=document.getElementsByTagName("img"); DIL=DI.length; function A(){for(i=0; i-DIL; i++){DIS=DI[ i ].style; DIS.position='absolute'; DIS.left=(Math.sin(R*x1+i*x2+x3)*x4+x5)+"px"; DIS.top=(Math.cos(R*y1+i*y2+y3)*y4+y5)+"px"}R++}setInterval('A()',5); void(0);

Para mayor efecto, haz que la búsqueda sea: Carmen de Mareina.

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El segundo truco es más sencillo. Sólo tenéis que ejecutar Firefox y poner en la barra de direcciones lo siguiente:

about:mozilla

Por cierto: para los que no sepáis quién es Mammon. Y su referente en la actualidad. Ojalá se cumpla la profecía.

jueves, 26 de junio de 2008

Riddick se encuentra con Tool

Las Crónicas de Riddick: Fuga de Butcher Bay fue un juego que se publicó paralelamente al lanzamiento de la película homónima interpretada por Vin Diesel. Esto fue hace cuatro años. Ahora, ando hincándome al juego. Y es que nunca es tarde si la dicha es buena. El juego de marras es de lo mejor que he probado dentro del género de los FPS. Imagina un juego que mezcle shoot 'em up, rol y una historia a lo Prison Break. Pues algo así este juego. Gráficamente, para los años que tiene, luce muy bien. Si los gráficos de Doom 3 te parecen solventes a día de hoy, estos son muy parecidos. El sonido es cojonudo (hicieron bien en no doblarlo), las voces, con la de Vin Diesel a la cabeza, enuncian unos diálogos simples pero efectivos. Y la jubabilidad, como ya he dicho, deja un margen bastante amplio a la improvisación (a pesar de que el camino ya esté prefijado). En definitiva, que es un gran juego que, por desgracia, pasó desapercibido por cuestiones idiomáticas.

Pero con ello, la gente se perdió uno de los momentos más frikis (hay que ser doblemente friki) que he visto en un videojuego, y paso a relatar para los que hayáis jugado: antes de que te encuentres a Abbott por primera vez e intentes arrancarle los ojos para poder pasar la seguridad y antes de que llegues a la torre 17, andas buscando el nombre del propio Abbott en alguna puerta de las numerosas habitaciones con las que te sales al paso. Bien, en un pasillo bastante desviado del camino a seguir, te encuentras los siguientes nombres (redobles de tambor):



No se ve muy bien. El vídeo lo grabé con Fraps, un programa del que no tengo licencia y que solo me deja grabar vídeos de 30 segundos. Así que, o bien aprovechaba ese tiempo en enseñar el camino que lleva al pasillo en cuestión pero enfocando mal los nombres o bien partiendo desde el pasillo enfocaba nítidamente los nombres pero sin mostrar el camino que lleva a ellos. Me decanté por la primera opción. ¿Por qué? Porque para mostrar los nombres nítidamente me puedo servir de las capturas. Los nombres son (redobles de tambor):







Espero que hayáis podido leerlos, si no yo os los digo (redobles de tambor): (Adam) Jones, (Justin) Chancellor, (Danny) Carey, (Maynar James) Keenan y (David) Botrill, es decir, los miembros de Tool desde la edición del Aenima y el productor de Lateralus. HO no sé quién o qué es, pero como curiosidad decir que cuando llamas al timbre de su puerta dice cosas como: "¿Y a ti qué coño te pasa? Son las cuatro de la mañana" o "Joder, dónde puse mis pesas". Cuando llamas al timbre de la puerta de Maynard, éste refunfuña. Los demás pasan de ti.

Bueno, si os gusta el videojuego este detalle os parecerá curioso. Si os gusta Tool, creo que ya sé que es lo que vais a hacer en cuanto se os baje el juego. Pero ojo, no jodáis y cuando veáis sus nombres desinstaléis el juego, hay que terminárselo. Que nos conocemos.

martes, 24 de junio de 2008

La peor versión de la historia

La revista británica Total Guitar ha publicado recientemente una lista con las peores y las mejores versiones de la historia. ¿Adivináis cuál ha sido la elegida de recibir la dudosa mención de ser la peor versión de la historia? Leed lo que sigue.

La lista de las mejores canciones es la siguiente:

All Along The Watchtower de Dylan versioneada por Hendrix.
Twist and Shout de Top Notes versioneada por Los Beatles.
Live And Let Die de Los Wings versioneada por Guns & Roses.
The Man Who Sold The World de Bowie versioneada por Nirvana.
Feeling Good de Nina Simone versioneada por Muse.

No creo que haya dudas acerca de la calidad de estas versiones, a lo sumo, discrepancias de orden. En mi caso, sería distinto (Hendrix, Nirvana, Beatles, Muse y Guns &Roses, por este orden de mejor a "menos" mejor), pero eso es lo de menos. Porque lo importante aquí es que las cinco canciones de las que hablamos tomaron unas canciones como referencia y consiguieron crear, a partir de ello, otra cosa. All Along The Watchtower es más conocida como canción de Jimi Hendrix que como canción de Dylan. ¿Cuál es mejor? En cierto sentido, de lo que estamos hablando es de canciones distintas. Y ahí está el truco.

Lo que no se puede decir, en el mejor de los casos, con la otra lista, la de las peores versiones de la historia. La lista es la siguiente:

Wanderwall de Oasis "versioneada" por The Mike Flowers Pop (pero qué cojones...).
Light My Fire de The Doors "versioneada" por Will Young (un cruce entre The Doors y José Feliciano).
More Than Words de Extreme "versioneada" por Westlife (una mariconada hecha por una panda de maricones).
Walk This Way de Aerosmith y Run DMC "versioneada" por Sugababes y Girls Aloud (están majas las mozas... pero poco más).

Todas basura, pero todavía queda lo mejor:

You Shook Me All Night de AC/DC "versioneada por




También sale Anastacia, pero esa no me cae tan mal. Tan MAL. Stephen Lawrson, editor de la revista, no dudó en calificar la canción de "Sacrilegio". Yo creo que se queda corto. Por cierto, la cover del clásico del Back In Black nunca fue grabada para ser editada dentro de un disco de estudio. Supongo que la canadiense tiene sentido común o, al menos, su manager. Eso o el productor de turno amenazaría con volarse la tapa de los sesos si tal cosa sucedía o si su nombre aparecía en la contra-carátula del disco. No lo sé.

Bueno, sí lo sé: es lo segundo, está claro.

lunes, 23 de junio de 2008

Another Brick In The Wall (1)

Boletín Oficial de la Incubadora del Mal: He decidido crear una buena sección en el blog. Se llamará La Canción y será actualizada todos los lunes. ¡Hoy es Lunes!

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Korn es una de esas bandas que no viven su mejor momento en la actualidad. No están haciendo su mejor música ni están en su pico de popularidad, pero hablar de Korn es hablar de palabras mayores. Creadores y líderes absolutos del movimiento denominado New Metal, no tienen que demostrar nada a nadie. La canción que os voy a presentar es una cover en directo de Another Brick In The Wall, original de Pink Floyd. Contundencia, pegada y el sonido característico de las Ibanez de Head y Monkey son razones suficientes como para tener curiosidad por saber como sonará el invento. Si a esto le añadimos que podemos ver como el mallogrado Head hace un solo (así es) y que en la parte de atrás del escenario hay una pantalla con la letra de la canción (sin disimular, que coj####), estamos ante una canción y un vídeo que ha de contemplarse por razones intrínsecas. He dicho.

El hombre contra la máquina

Últimamente, durante la época de exámenes, he visto como mi tiempo libre ha vuelto a ser absorbido por una pequeña e inconfesable pasión: el ajedrez. Deporte, ciencia, arte... los calificativos están de más cuando la partida comienza. Al final lo que queda es la palabra entretenimiento.

Nunca he sido especialmente bueno con este juego. Puedo llegar a alcanzar un nivel medianamente competitivo a partidas cortas, pero mi juego adolece de un defecto fundamental: la impulsividad. Éste se ve encubierto ante rivales de mi nivel, pero ante mejores resulta demasiado evidente. Otro defecto es la dificultad para encontrar una síntesis en el balance ataque-defensa; puedo avasallar al contrario desde múltiples flancos desprotegiendo la retaguardia o puedo crear un entramado inexpugnable de defensas cuya única posibilidad seria de ataque es esperar el error ajeno. Me cuesta hallar el término medio.

En estos sentidos, mi campo de operaciones de aquí a una parte ha sido Ajedrez online, una web que recomiendo desde ya para jugar partidas online. Sus ventajas son, básicamente, que te ofrece la posibilidad de jugar con un software libre (gratuitamente) con otras personas del mundo. El problema es que, o pagas, o las posibilidades de configuracion se reducen a tiempo de partida. También es un fallo el diseño de la interfaz, jodidamente horrible (pero por el amor de dios, ¿a quién le importa eso?). Pero a lo que iba, jugando en esta web uno progresa, sí, pero nunca conoce la raíz del error cuando éste sucede (a no ser que seas un hincado y estudies la partida, que se puede una vez acabada), con lo que la progresión se estanca y las cosas ya no son tan divertidas.

Hoy me ha dado por indagar en internet buscando partidas míticas, partidas de los grandes campeones. Quizá así aprenda cosas. O quizá no. En cualquier caso es asombroso la capacidad de planificación que tienen esos monstruos. Sus partidas son libros abiertos. Un ejemplo de esto es el duelo que mantuvieron en 1997 Kasparov contra Deep Blue, el hombre contra la máquina. Los afortunados que presenciaron el envite en directo pudieron presenciar como un ordenador vencía, en una serie de partidas, al campeón del mundo (3,5-2,5). Ahora todos podemos "presenciar" como se desarrollaron, gracias a internet. Gracias a IBM.


La victoria de Deep Blue sobre Kasparov puede suscitar muchas reflexiones acerca de la naturaleza del pensamiento humano. Una de ellas es la de si el pensamiento puede reducirse a mero cálculo. La siguiente reflexión es de George Steiner. Y cito de Gramáticas de la creación.

La victoria del ordenador Deep Blue sobre Kasparov suscita una cuestión que va más allá de la sorpresa del momento. En una de las actividades humanas más complejas formalmente, más fascinantes e inagotables, ningún humano podrá ser ya considerado el mejor. En "el último análisis", reveladora frase, la máquina demostrará ser más poderosa (y cada vez más). Esto es lo que yo encuentro al mismo tiempo fascinante y profundamente triste.

Pero la duda más provocadora se encuentra en las fronteras de lo psicológico y lo filosófico. Un cierto número de jugadores que se ha enfrentado a los ordenadores, que ha participado en su programación, se pregunta en qué punto la velocidad y ramificación de las operaciones de cálculo rozan el ser "otra cosa". El escéptico respondería que nuestra diferenciación convencional entre cálculo y pensamiento debe ser revisada. En un contexto sometido a reglas como es el ajedrez, calcular es pensar. Pero, ¿resulta totalmente convincente esta reducción? ¿Son las conceptualizaciones espaciales y las previsiones generadas por el ordenador que parecen estar más cerca del "pensamiento" que del cálculo un proceso automático aunque arduo? Tras la quinta partida del campeonato, después de una serie de maravillosa de jugadas, Kasparov concluyó que Deep Blue "pensaba". Pero, ¿no es su observación una muestra de exasperación antropomórfica?

viernes, 20 de junio de 2008

Los entresijos de la Eurocopa

Empezó floja, sin mucho brillo ni excesivo espectáculo, pero ya empieza a ser lo que se espera de ella. Los cuartos de final llegan a la Eurocopa y, con ellos, el morbo y la tensión. El morbo de ver si se rompen las maldiciones sempiternas de algunas selecciones (¿hace falta que explicite?). La tensión de jugarte la supervivencia en el torneo a un solo partido. A cara de perro. Sólo puede quedar uno.

Y con los cuartos de final llega, sobre todo, el olor a cocido de ver como se calientan a fuego lento los partidos decisivos, donde los equipos se lo juegan todo. Como el Italia-España del próximo domingo.

Ayer Luis Aragonés, alias el tema... y tal, dio la habitual rueda de prensa a los medios de comunicación tras el entrenamiento vespertino.


Dejó perlas como que Sergio Ramos es un muchacho que tiene un talento descomunal, pero que por ello tiene que dar ejemplo (...) no, es un tema externo, no interno (...) hay cosas que hace que n me gustan (...) no en el terreno de juego, sino fuera, y tal. Ummm. Y tal. Ya. ¿Y qué cosas hace fuera del terreno de juego que no te gustan? En fin, me ahorraré la especulación innecesaria. Os lo dejo a vosotros. También dijo, ante la pregunta "Sin Pirlo ni Gattuso, que son una referencia en Italia, la oportunidad de España es inmejorable ¿no?" Y cito del AS: (Luis mira al colega, sonríe y contesta). Puedo entender que Pirlo sea alguna referencia, pero que Gatusso sea una referencia en Italia... Gatussos tiene Italia por lo menos un par de ellos y Pirlo tiene uno seguro. Si Gatusso es una referencia de Italia, yo soy cura. Él es un gran jugador de trabajo, otra cosa es Pirlo en la creación.

Hoy ha hablado Gattuso, alias el Ringhio (el gruñido).


Y ha dicho (cito de memoria de lo que he visto en deportes cuatro): Espero que a estas alturas, Luis no se haga cura (...) No, para mí es un halago (sonríe irónicamente) (...) Es un piropo que me llamen luchador (mirada de asesino). Más tarde, un periodista le comenta que lo de Cristiano Ronaldo y el Madrid está prácticamente hecho. Y él ha contestado (y todo lo que viene a continuación debe entenderse en el contexto anterior): Ferguson debe de estar contento (ríe), no es la primera vez que le pasa algo parecido con el Madrid (se descojona). No, el Madrid es un gran equipo (se le debe pasar por la cabeza algo del estilo: como España). Pero yo pertenezco al Milán y no tengo nada que envidiarle. El Milán ha ganado 5 copas de Europa en los últimos veinte años, el madrid, en cambio, ganó cinco copas de Europa... cuando mi abuelo tenía 20 años (nuevamente, mirada de asesino). Gattuso, un tipo entrañable.

Como entrañable es Beckenbauer, alias el Kaiser.


Ayer Alemania ganó en un partido verdaderamente espectacular 3-2 a Portugal, una de las selecciones, tras la primera fase, más fuertes del torneo. Franz, como buen caballero alemán ha declarado, y cito del Marca:

Franz Beckenbauer considera que, en la victoria ante Portugal, Alemania demostró que tiene una mentalidad ganadora que toda Europa ha registrado y que teme, por lo que el 'Kaiser' está convencido de que el equipo de Joachim Löw llegará a la final de la Eurocopa. Según él, con los partidos de eliminación directa es cuando se ve la verdadera cara de los equipos y sale a relucir cuales tienen auténtica mentalidad ganadora. "Nosotros la tenemos. Eso se ha registrado y Europa la teme", dice el 'Kaiser'. Para Beckenbauer, la primera media hora contra Portugal es lo mejor que ha mostrado una selección alemana desde hace mucho tiempo. "Veo marcado el camino de nuestro equipo hacia la final y más si nos encontramos con Croacia en semifinales. Porque "no vamos a perder un segundo partido contra Croacia", dice Beckenbauer. "Hemos eliminado a Portugal, uno de los favoritos que había brillado en la primera ronda como casi ningún otro equipo. Pero eso suele pasar en los torneos: quien asombra demasiado pronto no llega demasiado lejos" (quien dice en los torneos dice en la guerra), añadió en un artículo que publica el diario 'Bild'.

Vuelvo a citar por si se os ha escapado: Nosotros la tenemos (la mentalidad). Eso se ha registrado y Europa la teme. ¿El Kaiser jugando a ser führer? No parece difícil, pero lo dejo a vuestro arbitrio.

A todo esto lo llamo los entresijos de la Eurocopa. El otro fútbol, que decía aquel.

Una vez un colega me dijo que si los partidos de fútbol se disputaran, en vez de con un balón, con una mina esférica con temporizador de tiempo, el fútbol sería más apasionante. Si así fueran las cosas, no quiero pensar como serían sus entresijos, el otro fútbol de ese otro fútbol.

miércoles, 18 de junio de 2008

Para Pipi, el Hegeliano

En respuesta a ¿qué decía Hegel? en relación a las implicaciones de un planteamiento necesariamente Hegeliano

A ver si lo explico meridianamente bien...

La lógica aristotélica distingue entre sujeto y predicado de una proposición o juicio. Además, todos los predicados, según ella son propiedades de los sujetos (qué tipo de propiedad ya es una cuestión metafísica: las hay primarias, secundarias; esenciales, accidentales, etc en función del autor.) No hay predicados diádicos, triádicos, etc.

La lógica moderna se pasa por el forro la distición sujeto predicado. Distingue objetos (variables o constantes) y conceptos (predicados o términos funcionales). Hay predicados diádicos, triádicos, etc. Ahora un ejemplo:

"Juan es el primo de Roberto". Aquí lo que tendríamos según la lógica aristotélica es un sujeto y un predicado y "ser primo de Roberto" sería una propiedad de Juan. Este mismo ejemplo según la lógica moderna se podría simbolizar como jPr, donde P estaría por la función relacional (o predicado diádico) "ser primo de" y Juan y Roberto serían los objetos que ponen en relación dicha función.

Y ahora Hegel (perdón, H-E-G-E-L).

El gran Él

Bajo el planteamiento de la lógica aristotélica hemos dicho que un predicado es una propiedad de un sujeto. Hegel, con su clarividencia habitual, vio que, en el ejemplo, si "es primo de Roberto" es una propiedad de Juan es correcto (y hablamos de la lógica aristotélica, lo que en la época era la Torá para un ultraortodoxo judío ahora y siempre), entonces "es primo de Juan" es una propiedad de Roberto. De lo que se deduce que Juan y Roberto se pertenecen (qué tipo de pertenencia es una cuestión que aún discuten las asociaciones en defensa de los derechos de los homosexuales. También a los ecologistas les interesa el asunto), que son una unidad o algo así. Bajo esta absurda premisa (igual ahora comprendes mejor una frase del guión de The Man From Earth) vio clara la naturaleza de El Absoluto, una especie de unión de todas las cosas de la realidad (si objetos como Juan y Roberto se pertenecen, en pocos pasos cada una de las cosas del universo se pertenecen las unas a las otras). También se entiende mejor su frase de "Todo lo real es racional, todo lo racional es real". Aunque tampoco creas que mucho. Todo fruto de que no se distinguen entre predicados monádicos y los demás. Todos son monádicos o propiedades.

Bien, pues tú eres eso, un Hegeliano.

PS: La lógica aristotélica aún se estudia como LA lógica en muchas facultades de teología del mundo. Sobra decir que no existe LA lógica.

PPS: Ya no recuerdo muy bien los términos de la discusión, pero creo que hablábamos de cosas distintas. Tú te manejabas en el sentido ordinario de la palabra objeto. Yo en el sentido lógico.

PPPS: He escrito una entrada en mi blog porque creo que te metes más al mío que al tuyo. Lo de eres Hegeliano te lo dije hace tres días.

Curioso

Hoy no he tenido un buen día. Siempre que me levanto con el pie izquierdo (o que no me levanto en absoluto) toco la guitarra. Aunque lo cierto es que toco la guitarra todos o casi todos los días. Y no, aún no me he convertido en un misántropo de serie (el ordenador bien, gracias). Lo curioso del asunto es que siempre que tengo un día malo y me pongo a componer, las cosas fluyen más naturalmente. Hoy el resultado ha sido éste.



Por ahí tengo una canción a medio componer desde hace un mes y no la consigo terminar de perfilar bien. Y lo de hoy, más o menos de un tirón, ha quedado finiquitado. Un riff aquí y otro allá... Sí, no es una genuina canción, pero tiene un 80% de algo parecido (¿qué es una canción? mi idea de lo que pueda ser algo así es un tanto discutible).

No soy una persona que se asombre de la existencia de las cosas todos los días (eso creo que ya lo he dicho alguna otra vez), sin embargo, los procesos que derivan en el acto de crear algo me siguen asombrando una y otra vez. Llámalo imaginación, creatividad o como quieras; para mí es un misterio.

Pues eso: curioso.

lunes, 16 de junio de 2008

Salvados por la campana

Ayer se salvó el Alavés de bajar a segunda división B. Lo hizo contra un equipo que no se jugaba nada deportivamente, sólo el honor y las primas con las que jugaría untado. Ese equipo fue el Celta de Vigo. 2-3 ganó el Glorioso en Balaídos. Pero lo cierto es que no dependía de sí mismo. El Alavés tenía que ganar y esperar que hacían los demás implicados en la lucha por evitar el descenso. Al final todo salió bien y el equipo babazorro permanecerá un año más en la categoría de plata del fútbol español. (Dicho sea de paso: un descenso a la 2ª B hubiera significado, con casi total probabilidad, la desaparición del club.)

51 puntos ha hecho este año el Alavés. Mantener la categoría ha sido posible gracias a la victoria sobre el Celta pero, que nadie se olvide, también gracias a aguarle la fiesta del ascenso la semana pasada a nuestros vecinos donostiarras. Y es que ganar al Celta ha certificado la permanencia matemáticamente, pero la victoria frente a la Real en el último segundo del partido y con dos goles que remacharon la remontada en el tiempo de descuento, eso, y no otra cosa, fue la auténtica victoria moral del año.



Por luchar contra las adversidades de un equipo destrozado tras la marcha de Dimitri "te juro que te mataré" Piterman, ahogado por las deudas, pero más auténtico que nunca:


Zorionak Alavés

sábado, 14 de junio de 2008

Mi amiga Torrie Wilson

Por humor inteligente entendemos una especie particular de humor; un humor refinado y sútil para gente culta, que evita el chiste fácil y la alusión explícita a las bajas pasiones, que juega con el doble, el triple y a veces hasta el cuádruple sentido con el fin de poner al mismísimo sentido arrodillado frente al muro de las lamentaciones. Bien, el siguiente vídeo es la antítesis absoluta de todo ello. Por matizar.



Dicho sea de paso y aprovechando esta mierda de post: ¿Por qué Holanda está jugando como los ángeles en esta Eurocopa? ¿Qué les pasa a los irlandeses y por qué no aceptan el tratado de Lisboa? ¿Afectará el futuro de la UE a la Eurocopa? Si así es, ¿Por qué el ser y no más bien la nada?

Ala, me piro a hacer cosas productivas...

jueves, 12 de junio de 2008

El Pensamiento Salvaje de Levi Strauss, parte 3

En el último capítulo del libro, Historia y Dialéctica, que sirve como conclusión de la obra, mantiene una discusión con uno de los filósofos más importantes de la Francia de la época (al menos en cuanto a popularidad, que no en cuanto a influencia o carácter sustantivo de su pensamiento), Jean Paul Sartre, en torno a cuestiones capitales que se infieren del planteamiento general de este volumen; cuestiones filosóficas relacionadas con el papel de la historia, la razón analítica y dialéctica y el papel del sujeto en la antropología

En la descripción sumaria de la principal obra del filósofo francés, “La Crítica de la razón dialéctica”, Levi describe que éste opone razón dialéctica a razón analítica y establece una supremacía de la primera respecto de la segunda. Pero lo cierto es que la obra es el resultado del ejercicio que el autor hace de su propia razón analítica sobre la dialéctica. Pero entonces, ¿cómo podría aplicarse la razón analítica a la razón dialéctica y pretender fundarla, si se definiesen por caracteres mutuamente exclusivos? advierte con profundidad nuestro antropólogo. Por otro lado, Sartre parece asumir que ambas razones llegan a los mismos resultados. Pero en virtud de eso, ¿por qué se las opone? En un caso, la empresa de Sartre parece contradictoria; en el otro, parece superflua. La oposición entre las dos razones sería relativa, no absoluta; corresponde a una tensión, en el seno del pensamiento humano, que quizá subsistirá indefinidamente de hecho, pero que no está fundada de derecho.

Para nosotros, la razón dialéctica es siempre constituyente: es la pasarela sin cesar prolongada y mejorada que la razón analítica lanza por encima de un abismo del que no percibe la otra orilla, aunque sabe que existe, y deba constantemente alejarse. El término de razón dialéctica comprende, así, los esfuerzos perpetuos que la razón analítica tiene que hacer para reformarse, si es que pretende dar cuenta y razón del lenguaje, de la sociedad, del pensamiento.

En el vocabulario de Sartre, Levi se define como materialista trascendental y esteta. Materialista trascendental porque para él la razón dialéctica no es sino otra cosa que la razón analítica y además, algo más: la condición de llevar a cabo la transformación de lo humano en lo no humano. Esteta porque considera que el fin último de las ciencias humanas no es constituir al hombre, sino disolverlo. El fin último de la explicación científica no consiste en el paso de la complejidad a la simplicidad, sino en la sustitución de una complejidad menos inteligible por otra más inteligible.

Ésta última afirmación puede resultar, cuanto menos, sangrante para un seguidor de Sartre. Y es que el Cogito parece ser el nexo de posibilidad para un conocimiento de lo universal. Pero lo cierto es que si en Descartes se da el paso a condición de que éste sea psicológico e individual (solipsista), en Sartre se da a condición de sociologizarlo. Con esto, Sartre sólo cambia de prisión. La inenteligibilidad permanece.

Estas son las reflexiones, a una vez metodológicas y ontológicas que realiza Levi. Ahora bien, ¿que hay de la historia? El problema planteado por la crítica de la razón dialéctica puede reducirse a éste: ¿en qué condiciones es posible el mito de la Revolución Francesa?

Aquí tenemos entonces, planteado cruda y explícitamente, el problema de la historia. Para Levi, el hecho histórico, a diferencia de Sartre, no es más dado que los otros; es el historiador, o el agente del devenir histórico, el que lo constituye por abstracción, como si estuviera amenazado por una regresión al infinito.

Lo que dota de sentido a la historia es que un conjunto de acontecimientos para una época dada tenga el mismo significado para un conjunto de individuos que no vivieron esos acontecimientos. Pero es el historiador el que introduce con su criterio qué es pertinente y qué no lo es para una descripción “correcta” de los acontecimientos. Y si esto es así, entonces no hay nada que legitime la visión de la historia como algo dado. En realidad la historia se hace, y no precisamente en el sentido banal de que hacemos la historia con nuestras acciones, sino en el sentido de que la historia, como relato, no es más que una construcción, si bien no estrictamente arbitraria, sí condicionada por los aspectos que un individuo concreto considera relevantes. Pero resulta que “los aspectos relevantes”, los criterios de selección, no están dados. Este planteamiento, sin lugar a dudas, se da también en Foucault.

Todo esto no conlleva necesariamente la destrucción de la historia o de la historicidad como función relevante en el devenir humano. Sólo lo implicaría si se diese la equivalencia entre la noción de historia y la de humanidad, el último refugio de un humanismo trascendental. Así pues, la historia no tendría un método esencialmente distinto al postulado por Levi Strauss.



***



Filosóficamente, el punto de vista que nos interesa, el planteamiento que pretende recoger y recuperar el humanismo para erigir sobre él una metafísica que no se ve a sí misma como metafísica, el pensamiento Sartreano, no es una objeción consistente que quepa plantear al “antihumanismo” de Levi Strauss. Y es que la finalidad de éste no es otra sino la de erigir la ciencia del hombre en precisamente eso: ciencia, la antropología como ciencia de derecho. Éste es para nosotros el tema central de la obra Levi-Straussiana.

Sin embargo, no terminamos de ver tan claro cómo esto puede ser posible. En cierto sentido, las líneas que vienen a continuación son una discusión acerca de la metodología estructuralista esbozada por Levi Strauss. En otro sentido, no es solamente eso, pues pensar las preconcepciones básicas que erigen todo el edificio Straussiano es pensar en las nociones de sujeto e historia. Es, por tanto y al mismo tiempo, pensar en una metodología científica y en una ontología para la antropología. El estructuralismo straussiano pretende erigir a la antropología como disciplina científica. Esto quiere decir que lo que quiere proporcionar para ella son unos sólidos fundamentos. Cuando se dicen esta clase de cosas, lo que a su vez se quiere decir es que a la antropología se la quiere librar de toda especulación innecesaria; que se la quiere hundir las raíces en la empiria. Si se hace esto, entonces la siguiente tarea sería hacer de la antropología la disciplina que sirviese como espejo para el resto de las ciencias humanas. Nuestro argumento va a consistir en la negación de ésta tesis para, así, por lo menos dejar en suspenso aquella otra que afirma la constitución científica de la antropología.

Bajo nuestro punto de vista, resulta difícil que una disciplina como la antropología, entendida al modo y manera en la que lo hace Levi Strauss, pueda ser constituida como modelo del resto de las ciencias humanas. Una de las virtudes del método estructural consiste en integrar, de algún modo no explicitado, distintas áreas de investigación: etnología, psicología, sociología, biología, etc. La propia antropología, para Levi Strauss, no deja de ser una psicología del ser humano, entendida ésta como los aspectos comunes de todo pensamiento con independencia de la ubicación espacial y temporal en que se desarrolle. Pero es precisamente este aspecto integrador el que resulta al mismo tiempo la virtud y la losa del método, pues, ¿cómo es posible que una disciplina que echa mano de tantas áreas de las ciencias humanas para la elaboración de su discurso pueda, al mismo tiempo, fundamentarlas? En un sentido parece como si Levi Strauss no viera que presupone aquello que pretende fundamentar. En otro sentido es como si el antropólogo realizara una simple integración de saberes, un cambiar el nombre de ciencias humanas por el de Antropología. Así pues, Levi Strauss en un sentido comete una petición de principio; en el otro resulta banal.

Pero yendo aún más lejos, si las propias disciplinas científicas que pretende integrar bajo el rótulo de antropología no se fundan sino en criterios estadísticos, ¿cómo es posible hallar un sentido al término “explicación” bajo el paraguas de discurso científico en el que pretende subsumir a estas disciplinas? No es sino mediante la estadística por lo que la psicología, la sociología y, más genéricamente, las ciencias humanas al completo consiguen enunciar leyes. Ahora bien, ¿cuál es el sentido de la palabra “ley” aquí y cómo se relaciona con la otra palabra, la palabra “explicación”? Nosotros creemos que una explicación en términos estadísticos no es una explicación, es tan sólo una descripción. Y creemos esto porque una descripción no contesta a un por qué, sino que más bien lo que hace es un decir “así son las cosas”. Pero a la explicación científica le pedimos que nos diga por qué suceden las cosas como suceden y no solamente que suceden como suceden. En eso consiste la formulación de una ley.

Alguien podría decir que ese nexo explicativo lo proporciona la historia, entendida ésta en sentido amplio, al modo y manera en el que lo entiende Dilthey. Pero es precisamente ese sentido de “historia” el que parece no asumir Levi-Strauss, como ya hemos visto, en su crítica a la concepción Sartreana; crítica, por lo demás, correcta. Aún con todo, y suponiendo que la historia pudiese suponer ese nexo explicativo entre las descripciones de las ciencias humanas y la explicación en ciencia, tampoco terminamos de ver cómo esto puede ser posible.

Las leyes científicas son formulaciones acerca del por qué suceden ciertas cosas y no otras y, además, de por qué suceden con regularidad. Pero parece ir contra el sentido común afirmar que en “historia” suceden regularidades. En historia lo que hay son unas descripciones de hechos que, a lo sumo, pueden servir para explicar otros hechos, pero jamás para reproducirlos, pues va contra el sentido común que se pueda reproducir, pongamos por caso, la revolución francesa segundo por segundo. Incluso de ser posible tal cosa, como mantenía Nietzsche con su asunción de una concepción del tiempo enteramente cíclica, parece bastante absurdo entonces buscar un fundamento para las ciencias humanas, precisamente porque la ciencia en tales condiciones resultaría superflua.

Así las cosas, pensamos lo siguiente: o bien que la tarea al completo que pretende realizar Levi Strauss, de constituir con un marco seguro a las ciencias humanas es imposible o bien que si no lo es y es posible una ciencia así, sería cambiando de significado a los conceptos mismos de ciencia humana, explicación y otros afines. Y es que en una cosa tiene razón Levi Strauss, con la sola empiria no basta.

Dicho esto, me mantengo en una posición ambivalente ante la teoría del antropólogo francés. Por un lado no asumo las pretensiones que parecen ir a la base de todo su planteamiento. Por otro lado si comparto las conclusiones a las que él llega y que, como hemos visto, al menos en el caso de la historia, asumo.

Resulta interesante, cuando no necesario, limpiar de toda especulación metafísica las nociones de sujeto, individuo y pensamiento. De ser posible una ciencia antropológica, cosa que no creemos que pueda ser posible como tal (como científica), son los presupuestos básicos desde los que los científicos deben partir. Pero lo que me interesa señalar aquí no es precisamente esto, o al menos, no circunscribirlo al ámbito meramente científico. Lo que pretendo decir es que, como buena aplicación de la navaja de Occam al asunto, la reducción al mínimo posible de asunciones metafísicas a las nociones de ser humano, sujeto y pensamiento debe ser el reto que toda disciplina, científica o no, debe perseguir. No sabría dar un catálogo exhaustivo del conjunto de ideas que mantendría como metafísicas, quizá el conjunto de los valores éticos y estéticos y nada más. Sea como fuere, creemos que una tarea así sería digna de elogio. Pues no han sido sino las ideas y conceptos metafísicos, o en terminología Foucoltiana las relaciones de poder implícitas en ellos, las que han mantenido a la humanidad tanto tiempo aletargada. Esa tarea, creemos, se puede realizar desde la filosofía, la literatura, la crítica artística y, en general, desde todas las esferas del saber. Ahora bien, cómo sea eso posible, es ya una cuestión en la que ya no me quiero meter.




El Pensamiento Salvaje de Levi Strauss, parte 2

En su afán por caracterizar más precisamente esta clase de pensamiento, el pensamiento salvaje, Levi-Strauss dedica varios capítulos al estudio de sus singularidades. En “La lógica de las clasificaciones totémicas” se pregunta:

¿Cómo puede haber una lógica cuyos términos consistan en pedazos y sobras, vestigios de procesos psicológicos?

La respuesta consiste en que, a pesar de que en su contenido, los elementos son heteróclitos, en cuanto a su forma funcionan por analogía. No provienen estrictamente del devenir. Su necesidad se muestra en el juego de relaciones del sistema o estructura en el que se hallan inmersos. Así pues, el nivel estructural es lo importante a la hora de proceder a un análisis del modo de pensamiento de estas sociedades.

El pensamiento salvaje tiene más en común con los naturalistas y herméticos de la antigüedad que con la imagen simplificada que los viejos antropólogos nos han dado: seres entregados a sus necesidades e instintos, dominados por la afectividad y ahogados en la confusión. La lógica subyacente en sus clasificaciones es equiparable a la de la zoología y la biología actual: formada en base a una taxonomía binomial, cuyos criterios, son esencialmente los de la percepción: forma, textura, sexo, etc.

En orden a poder comprender el mundo simbólico de estas sociedades es necesario realizar algunas prescripciones metodológicas. Prescripciones que pueden ser resumidas de la siguiente manera:

El empleo de algunos elementos, especies naturales, puede ser distinto en un ritual o mito que en otro. Poder identificar precisamente las plantas y los animales a que se hacen referencia en los relatos míticos, y colocarlos en una taxonomía que refleje la estructura de las creencias de esas sociedades, con vistas a sacar las connotaciones pertinentes que una especie natural despierta en el seno de una cultura determinada, es fundamental. Pues de todas las propiedades asignadas a un animal, objeto, etc. puede que sólo alguna sea útil para explicar el papel que juega en el sistema de significaciones en el que se inserta.

Si todo esto pudiese resumirse aún más, diríamos que las lógicas concretas de los pensamientos salvajes, según Levi Strauss, al echar mano de todo, funcionan analógicamente. Solamente un análisis estructural entre los distintos niveles permite dilucidar las referencias a que cada elemento del discurso mítico o ritual apuntan.

Respecto al controvertido asunto de la diacronía y la sincronía de un sistema, Levi se muestra tajante: No hay que privilegiar un aspecto para encarar el análisis. La interpretación debe realizarse desde ambos aspectos, integrando acontecimiento y estructura, estética y lógica.



Bajo esta perspectiva, en “Los Sistemas de transformaciones” intenta dilucidar las relaciones que toman ambos niveles del análisis, prima facie opuestos.

Según el antropólogo francés, las relaciones de simetría, inversión, etc. no deben interpretarse como derivaciones a partir del contenido de un sistema de base, sino intrínsecamente como la base desde la cual erigir todo el sistema interpretativo. El error de los etnólogos, pues, ha consistido en reificar la forma y ligarla al contenido.

A su vez, se muestra opuesto a Durkheim y Malinowski, quienes pretenden privilegiar la cultura en un caso, y la naturaleza en el otro, como foco propulsor del análisis. Más bien, de lo que se trata aquí, es de realizar una socio-lógica. Pues, lo importante no es el contenido de las contradicciones entre los niveles cultural y natural, sino más bien el hecho de que las haya. Pues las formas en que se producen, más allá de sus contenidos particulares, son mucho menos variadas de lo que parecen.

El error de la escuela naturalista fue el de creer que los fenómenos naturales son lo que los mitos pretenden explicar. Más bien son aquello por medio de lo cual tratan de explicar realidades que no son de orden natural, sino lógico, del pensamiento.

A los culturalistas, que afirman que no hay que olvidar que mla representaciones totémicas no se reducen a un código, pues se acompañan de reglas de acción, es decir, fundan una ética, les critica de incurrir en una petición de principio. Pues todas las prohibiciones no van en la línea sino de explicitar aquello que es significativo; la regla práctica se manifiesta como un operador al servicio del sentido. Levi lo afirma elocuentemente diciendo:

Aquello que se prescribe se nos muestra como medios para significar la significación.

De todo estos se sigue, como hemos dicho, que no hay un nivel privilegiado entre el cultural y el natural a la hora de proceder a analizar los sistemas de transformaciones. Aquí lo que hay es una equivalencia formal entre ambos niveles: allí donde establezcamos una distinción entre un nivel, deberemos hacer lo propio en el nivel presuntamente opuesto. Así pues, la distinción sólo tiene validez desde el mero plano metodológico, nunca como indicativo de la existencia de dos realidades distintas. La oposición entre sincronía y diacronía, en términos ontológicos, es una ilusión.



En “Tótem y Casta” presenta un ejemplo concreto de esta dialéctica entre sincronía y diacronía o naturaleza y cultura. Ambos tipos de organización social se habían entendido hasta ahora como medios para la organización social radicalmente distintos. Pero lo que aquí tenemos, en realidad, es un continuo socio-natural fragmentado. Y fragmentado en virtud de las diferencias específicas de cada sociedad.

Cabe la pregunta: ¿Cómo se explican las relaciones exogámicas y endogámicas en una cultura? Sólo hay dos modelos de diversidad concreta, uno en el plano de la naturaleza, es el de la diversidad de especies; el otro, en el plano de la cultura, es ofrecido por la diversidad de funciones. Colocado entre estos dos modelos verdaderos, el que ilustra los cambios matrimoniales, parece presentar un carácter ambiguo y equívoco: las mujeres son semejantes en cuanto a la naturaleza y diferentes en cuanto a la cultura.

El sistema de castas se define por un modelo cultural, pues cambian objetos culturales (mujeres) pero pagando el precio de la atribución de entidad natural distinta en función del nivel al que pertenezcan, del mismo modo que especies distintas no pueden cruzar, mujeres de distintos niveles no se pueden intercambiar. En cambio, los agrupamientos totémicos siguen un modelo natural, pues cambian objetos naturales (mujeres) a costa de atribuir un nivel social distinto. Las castas naturalizan falsamente una cultura verdadera; los grupos totémicos culturalizan verdaderamente una falsa naturaleza.

En este ejemplo, vemos, que la relación, formalmente, es la misma. Y es que en antropología ha de procederse como en lingüística:

La dialéctica de las superestructuras consiste, como las del lenguaje, en establecer unidades constitutivas que no pueden desempeñar este papel más que a condición de ser definidas de una manera no equívoca, es decir, contrastándolas por parejas, para después, por medio de estas unidades constitutivas, elaborar un sistema, el cual desempeñará el papel de operador sintético entre la idea y el hecho, al transformar a este último en signo.



Así pues, y tras esta digresión pertinente, Levi acomete la tarea de describir precisamente el sistema de clasificaciones de las sociedades totémicas “Categorías, especies, elementos y números”. Su tesis principal consiste en que, más allá de sus particularidades concretas, los sistemas de clasificación de las sociedades “primitivas” son formalmente iguales a los nuestros. Éstas se componen, como el propio título del capítulo indica, de categorías, especies y elementos. Y es que las creencias y las prácticas de esa difusa etiqueta que es el totemismo están ligadas a esquemas clasificatorios que pretenden aprehender el mundo como una totalidad organizada.

En cierto sentido, puede que la taxonomía de Linneo haya sido superada en la actualidad, pero su estructura o armazón lógico, tanto en las clasificaciones posteriores como precedentes, puede vislumbrarse en las sociedades “primitivas”. Básicamente se está hablando de un pensamiento dicotómico que se va conformando mediante la sucesión de niveles o conjuntos, subniveles o subconjuntos, etc. Todo esto se encuentra ya contenido en la etiqueta de “pensamiento salvaje”.

Cada sistema se define por referencia a dos niveles, uno horizontal, otro vertical, que corresponden hasta cierto punto, a la distribución de Saussure entre relaciones sintagmáticas y relaciones asociativas. A su vez, también funciona el principio de equivalencia formulado por Jakobson. Así un mensaje se puede codificar en forma de oposición categórica: arriba/abajo; oposición elemental: cielo/tierra; oposición específica: águila/oso. Y lo más importante: todo ello por medio de léxicos diferentes.

Aún con todo, las clasificaciones siempre están bajo el dominio de lo contingente. Es decir, son susceptibles de mutabilidad. Las guerras, las epidemias, etc. son factores que no se pueden obviar. Pero con todo, la forma general sería la descrita. Otra cosa es que descendiendo al plano de lo concreto nos encontremos con más arbitrariedades de las esperadas, pero eso es normal (En cierto sentido, ninguna clasificación es definitiva). Siguiendo a Saussure, para Levi los signos son arbitrarios. Lo que no lo es es la estructura que los concatena.

Levi-Strauss prosigue su análisis en “Universalización y Particularización”, en el que describe ambas operaciones en el seno de las estructuras clasificatorias de los pueblos con pensamiento salvaje.

Una de sus principales reflexiones consiste en que no es necesario que la lógica de un sistema tomada al completo coincida con el conjunto de las lógicas locales en que se encuentran insertas. Ésta, se definirá, más bien, por el número y la naturaleza de los ejes usados, por las reglas de transformación que permiten pasar de uno a otro y por último, de la inercia del sistema, es decir, a la receptividad a factores no motivados, contingentes. Esta lógica tendrá dos operaciones básicas:

- Universalización: extensión a dominios exteriores de un sistema
- Particularización: introducción en los límites individuales.

La primera operación suele ser bastante discutida. Se suele decir que las tribus totémicas tienden a acotar la humanidad bajo los límites de la sociedad, percibiendo a los humanos extraños como fantasmas. Sin embargo, se saltan por alto que las mismas clasificaciones son las que permiten extender el cierre de las preconcepciones heredadas. De hecho, a veces esas extensiones rebasan el género natural de humanidad (admiten animales domésticos, etc.).

La segunda permite ir de la clasificación al nombrar. Permiten la singularización del individuo en virtud de una clase natural (cabeza o pelo de algún animal o cabeza o pelo en general son dos posibles ejemplos). Y permiten, a la vez, particularizar, porque se llega al individuo y generalizar, porque se está hablando de clases (cabeza o pelo).

Llegados a este punto, Levi-Strauss no es ajeno a la siguiente objeción que se auto-plantea:

¿Cómo podríamos admitir a la vez que los nombres propios forman parte de un sistema de significación y a la vez admitir la enseñanza de Mill y los lógicos de que los nombres propios son sin-sentidos (sólo poseen referencia)?

Con esto, inicia una interesante discusión con Mill y Russell. Levi-Strauss, tras el estudio de los sistemas clasificatorios de diferentes tribus como los Wik, Pennan entre otras, consigue salir al paso de la objeción apelando a que el nombre propio sería una parte de la denominación colectiva, evocaría una parte del animal totémico. Pero no es inconsciente al hecho de que, si los nombres propios desempeñan una mera función indicativa de clase, entonces es vano preguntarse si constituyen verdaderos nombres propios. Esto es, el aspecto particularizante se le escaparía. Es la precisión de esta noción de “El individuo como especie”, y la consiguiente refutación de la teorías lingüísticas de Mill y Russell, la que tratará de dar cuenta en el siguiente capítulo, de idéntico nombre.



En la perspectiva de la etnología, los nombres propios siempre aparecen con una vocación generalizadora o totalizante. En este sentido se asemejarían a los nombres de especies. Pero esto significa que los nombres propios “contaminan” a los nombres comunes; estos últimos, expulsados del lenguaje ordinario, pasan a formar parte de la lengua sagrada, la cual permite formar nuevos nombres propios. Nos encontramos ante un movimiento cíclico.

Así pues, la razón de la diferencia entre nombres propios y comunes no estriba en su naturaleza lingüística, sino en las particularidades que la empresa de la clasificación exige en cada cultura. Esto no significa que Levi acepte la tesis de Durkheim de que el pensamiento lógico tenga un origen social. Y es que, a pesar de que exista una relación dialéctica entre la estructura social y el sistema de categorías, el segundo no es un efecto de la primera. Hablamos de una relación recíproca.

Todo estos es necesario para que no haya malentendidos con el carácter a la vez sociológico y relativo que se adhiere a la noción de especie lo mismo que a la de individuo. Y es que según la biología, el concepto de especie parece más o menos estanco, pero la vida social abre la puerta al sistema de transformaciones.

De este modo, no es falso decir que algunos modos de clasificación arbitrariamente aislados de la etiqueta de totemismo, tienen un empleo universal. En realidad, ese “totemismo” se ha humanizado. Ocurre como si en nuestra civilización cada individuo tuviese su propia personalidad por tótem: ella es el significante de su significado.

De toda esta imagen se trasluce que los nombres propios suponen la franja de un sistema general de clasificación: son a la vez su prolongamiento y su límite. En cada sistema, por consiguiente, los nombres propios representan quanta de significación, por debajo de los cuales uno no hace más que mostrar. Llegamos así a la raíz del error paralelo cometido por Peirce y Russell, el primero al definir el nombre propio como un “índice”, y el segundo al creer descubrir el modelo lógico del nombre propio en el pronombre demostrativo. El paso del acto de significar al mostrar se ha establecido y es discontinuo.




El pensamiento Salvaje de Levi Strauss, parte 1

A continuación, un trabajo de clase. Resumen del libro que titula esta entrada. De material bonus, unas reflexiones de cosecha propia acerca de lo que me sugiere el proyecto de Levi Strauss de erigir a la antropología como disciplina científica. Que lo disfritéis (bujuajajajaja...ejem).



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En “Totemismo Hoy” Levi-Strauss ejecuta un ataque devastador a aquello que, pareciendo una idea básica de la antropología, no era sino un malentendido: la idea de totemismo. El totemismo, bajo la antigua concepción, era la relación entre un clan y un animal o vegetal. En base a esto, los individuos reconocían una esencia común entre ellos y la especie en cuestión. Una especie de sentimiento religioso. Esto es “desmitificado” en aquella obra.

En “El Pensamiento Salvaje”, redactada en el mismo año que la anterior, Levi-Strauss realiza una tarea radicalmente distinta: la de mostrar el aspecto positivo o enunciativo de la noción de Totemismo, ya no como fenómeno religioso, sino interpretado como un fenómeno mucho más general como es el de la clasificación.

En el presente trabajo llevaremos a cabo la tarea de resumir la presente obra con el fin de mostrarla lo más claramente posible. A continuación aportaremos algunos comentarios personales.



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El libro comienza analizando lo que desde su punto de vista cabe denominar como Ciencia de lo Concreto, el modo particular en el que se desarrolla el pensamiento presuntamente salvaje. Así pues, comienza desmontando una serie de argumentos antropológicos que pretenden sustentar el evolucionismo cultural y, lo que a su modo de ver, es un claro etnocentrismo. Es falso que las sociedades primitivas tecnológicamente tengan un pensamiento menos profundo que las occidentales. Los argumentos que por un lado afirman que el lenguaje “primitivo” es menos rico en términos abstractos y, por otro lado, es a la vez menos abundante en términos concretos, son refutados por las observaciones empíricas. Son argumentos tendenciosos creados para afirmar una tesis, pero no consecuencia lógica de la observación empírica.

A su vez, también desmonta la creencia en que los conceptos e ideas expresadas en el vocabulario de las sociedades primitivas tecnológicamente respondan a intereses económicos y crematísticos principalmente. En realidad, en esos pueblos existen las mismas inquietudes intelectuales que en nuestras sociedades occidentales. Esta tesis la afirma en virtud de la observación y en razón de ser la mejor explicación. Y es que si las cosas fueran de otro modo, como afirman las tesis antropológicas tradicionales, no se explicaría la ingente terminología y las abundantes clasificaciones existentes para distinguir miles de especies naturales (plantas, animales, etc.). Los conocimientos de estas sociedades, lejos de estar destinados a aquello para lo que se creía, tienen como principal función el agrupar y clasificar de acuerdo a poner un orden en el universo. En base a estas ideas, Levi Strauss concluye lo siguiente:

Esta exigencia de orden se encuentra en la base del pensamiento que llamamos primitivo, pero solo por cuanto se encuentra en la base de todo pensamiento.

A continuación pasa a desmontar la dicotomía entre pensamiento científico y pensamiento mágico. La primera postularía como hipótesis de trabajo básica un determinismo global e integral, en tanto que la segunda postularía distintos niveles de realidad, algunos de los cuales admiten formas de determinismo que se consideran inaplicables a otros niveles. Pero lo cierto es que cabe entender el pensamiento mágico como un acto de anticipación del determinismo. Es una anticipación inconsciente, muchas veces partiendo de principios acientíficos, pero lo cierto, es que todo eso no implica que encuentre verdaderos ordenamientos, pues, de hecho, los encuentra. De esto no cabe inferir, nuevamente, que el pensamiento mágico sea una forma de ciencia balbuciente. La magia constituiría un sistema perfectamente articulado, tan “acabado” y coherente como la ciencia. De este modo, la actitud correcta ante las ideas de pensamiento mágico y científico no consiste en colocarlas una detrás de la otra, como si la una posibilitara a la otra, sino más bien en colocarlas paralelamente, como dos manifestaciones distintas de un mismo mecanismo: el pensamiento.

A continuación, Levi-Strauss expone la paradoja neolítica, una objeción que cabría oponer a su planteamiento. Sucintamente, podría exponerse así: En el neolítico se confirma el dominio del hombre sobre la agricultura, cerámica, tejido, etc. Cada una de estas técnicas supone siglos de observación y formular hipótesis. Ahora bien, si el espíritu que guió al hombre del neolítico es el mismo que el de la ciencia moderna, ¿cómo se explica que se estancase varios milenios hasta la edad moderna? La solución, según Levi Strauss, la haya en que, a pesar de que ambos sean modos de pensamiento, son función de niveles estratégicos distintos. El pensamiento mágico o salvaje se ajustaría al nivel de la percepción y de la imaginación, mientras que el científico se alejaría de estas esferas. En estas tesis, Levi Strauss parece asumir la divisa asumida por Nietzsche en “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”. Así, la ciencia de lo concreto tiene su valor principal en preservar hasta nuestra época modos de observación que la naturaleza autorizaba. Esta ciencia tenía que estar limitada en sus resultados a los que más tarde ofreciese la ciencia moderna. Pero no por ello es menos científica.

Ambos modos de pensamiento de dejan aprehender en virtud de la siguiente comparación: la reflexión mítica es en el terreno del pensamiento lo que el Bricolage en la actividad técnica. Movido por el símil, y quizá por cierta influencia heideggeriana, Levi realiza una aguda comparación entre el pensamiento occidental, caracterizado por el del ingeniero, y el pensamiento salvaje, el del bricoleur.

Así pues, el modo de proceder del ingeniero, del pensamiento occidental se caracterizaría por:

- tener un proyecto en el que la transformación sistemática de la naturaleza sería un pilar básico
- Cuyos métodos presuponen conocimientos teóricos y profesionalización.
- La utilización de elementos con vistas siempre al proyecto.
- Cuyos resultados sean reproducibles.

El pensamiento del Bricoleur, por el contrario, se caracterizaría por:

- Una ausencia de proyecto preestablecido y una intervención puntual y ocasional.
- No procede de un conocimiento teórico. El Bricoleur sería un amateur.
- Los nuevos usos para viejos elementos, el tomar de aquí y allá cosas, sería una constante.
- Los resultados serían inciertos.

Así pues, el pensamiento ingenieril sería un pensamiento domesticado, en oposición al pensamiento del bricoleur, que sería salvaje, asemejado a un juego. Ninguno de los dos tendría preeminencia sobre el otro. Más bien coexistirían como manifestaciones distintas de idénticos mecanismos.




domingo, 8 de junio de 2008

De apellidos va el tema

Escuchar carrusel deportivo mientras juegas al pro no suele ser una buena idea si tienes cosas que hacer. (La sociología está en camino de demostrar empíricamente la ecuación: carrusel deportivo + pro = fracaso escolar. En serio.) Pero a veces está bien. Sobre todo cuando te enteras con ello de la existencia de herramientas que redundan en "beneficio" de encontrar nuevas vías para hallarle el sentido a tu inmenso y desproporcionado instinto, para algunos vocación, de perder el tiempo. Herramientas, decía, como la siguiente.

Desarrollado por el instituto nacional de estadística, lo que os voy a presentar es un buscador de apellidos. La herramienta te dice el número de personas que comparten un apellido en España y las distribuye demográficamente por provincias. Y os aseguro que nada tan aparentemente anodino puede llegar a ser tan revelador. Sobre todo cuando haces veraderos descubrimientos como los que siguen:

11 personas se apellidan Polla.
255 personas se apellidan Tetas.
146 personas se apellidan Marica.
5542 personas se apellidan Gay.
24 personas se apellidan Orto.
107 personas se apellidan Paliza.
118 personas se apellidan Muerte.
5 personas se apellidan Dolor.
451 personas se apellidan Bobo.
179 personas se apellidan Burro.
281 personas se apellidan Cerdo.
3337 personas se apellidan Ganán.
132 personas se apellidan Pobre.
39 personas se apellidan Nazi.
142 personas se apellidan Marx.
6 personas se apellidan Hegel.
228 personas se apellidan Bond.
376 personas se apellidan Holmes.
55 personas se apellidan House.
390 personas se apellidan Gibson.
7 personas se apellidan Oz.
438 personas se apellidan Buda.
55 personas se apellidan Manson.
160 peronas se apellidan Bush.
42 personas se apellidan Korn.
203 personas se apellidan como yo, Reilly.

Etc.

Sólo 16 personas se apellidan Bien.

Se me olvidaba, pichando aquí llegaréis a la página en cuestión. Que la disfrutéis.

sábado, 7 de junio de 2008

La Ontología del Tractatus: Objeciones y conclusión

La principal objeción existente a esta teoría (la interpretación clásica, la del atomismo lógico) la formuló el propio Wittgenstein años después durante la elaboración de su segunda filosofía, de corte más pragmático. Probablemente su cambio filosófico nació de la consciencia de que toda la idea de la realidad compuesta a partir de unos átomos eternos e inmutables que diesen lugar por medio de su configuración a hechos y, recíprocamente, la imagen del lenguaje como medio universal, del cual es imposible escapar, es, esencialmente, metafísica injustificada. Y es que la segunda filosofía del filósofo austriaco, en cierto sentido, es la inversión de la contenida en el Tractatus Logico Philoshopicus. Hay paralelismos, puntos en común y, probablemente, un mismo talante, pero, si se me deja emplear el símil, su segunda filosofía es a la reflejada en el Tractatus lo que la filosofía de Nietzsche a la platónica: poner la mesa patas arriba (o patas abajo, según se mire).

En la filosofía contenida en las Investigaciones Filosóficas, la tesis central consiste en que los significados de una palabra y de una oración vienen dados por los usos de esa palabra y esa oración en el lenguaje. Existen múltiples usos que pueden darse a las palabras y que cabe clasificar bajo el término de juegos lingüísticos. Los juegos lingüísticos no son juegos en el sentido ordinario del término, pero si comparten con ellos el hecho de estar sujetos a reglas, de estar codificados bajo unas determinadas pautas. Ejemplos de juegos lingüísticos serían los de ordenar (dar una orden), obedecer, satirizar, describir, etc. Los juegos lingüísticos, lejos de surgir de una suerte de isomorfismo entre lenguaje y mundo, nacen de nuestras conductas sociales, prácticas comunicativas y, en general, de formas de vida. Toda la imagen del lenguaje contenida en el Tractatus, de ser correcta, sería la descripción de un solo juego del lenguaje (a saber, el de de la descripción del mundo de las ciencias físicas, tal vez). Pero según la filosofía del segundo Wittgenstein, los juegos del lenguaje son innumerables y potencialmente infinitos, del mismo modo que nuestras prácticas, pasadas y futuras, son innumerables y potencialmente infinitas.

Ilustremos esta idea con un ejemplo. Supongamos que alguien escribiese en una pared la siguiente sucesión de números: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13. Y a continuación preguntase a su interlocutor que continuase la serie o algo por el estilo. Ese contertulio, tentado por la filosofía del primer Wittgenstein (y probablemente por las novelas de Dan Brown) diría: ¡21, es la serie de Fibonacci! ¿Sería esa la respuesta correcta? En un mundo en el que las prácticas sociales no jugaran ningún papel relevante, necesariamente lo sería. En nuestro mundo sólo sería una posibilidad. Obviamente, no existe LA respuesta correcta con independencia del contexto. El contexto, las prácticas sociales en las que se insertan las palabras, muy por el contrario, determina cuál es la respuesta correcta. En una situación en la que los interlocutores, respectivamente, sean un profesor y un alumno de matemáticas en una clase de teoría de números, la respuesta, con casi total seguridad, será verdadera. Pero, ¿Y si fueran dos biólogos hablando del patrón del proceso reproductor de una nueva célula descubierta? ¿Dos amigos hablando del número de goles que un futbolista ha marcado durante sus ocho temporadas en un club? ¿Dos madres hablando del número de veces que ha sonado el teléfono en casa de una de ellas? ¿Un abuelo hablando a un amigo de las edades de sus nietos? No necesariamente la respuesta es 21. Imagínense más ejemplos como estos y a continuación se verá que las reglas implícitas en cada una de las conversaciones no coinciden, pertenecen a juegos lingüísticos distintos.

Si se asume la existencia de juegos lingüísticos distintos, resulta accesorio representarse el lenguaje como medio universal que abarca todo lo abarcable. Alguien podría hablar de un juego lingüístico, lo que sería un nuevo juego lingüístico y así Ad infinitud. La idea del significado como uso no es una idea original de Wittgenstein. Existen citas textuales de Newton y Spinoza en la que se asume esa divisa. La principal originalidad del planteamiento tomado por el filósofo austriaco consiste, más bien, en la disolución de esa idea tan general y confusa como es la de El lenguaje; la disolución del lenguaje en juegos de lenguaje y, consiguientemente, la disolución de La ontología en ontologías.

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Puede que la verdad que expresa el Tractatus no sea, después de todo, “intocable y definitiva”. A fin de cuentas, resulta difícil que algo así pueda existir. Sin embargo, si entendemos la empresa del conocimiento humano como una constante acumulación de nuevas ideas, con retrocesos y vaivenes en ocasiones, no cabe duda de que la obra de Wittgenstein ha sido un extraordinario acicate para la elaboración de nuevos conceptos o de nuevas presentaciones de viejos conceptos.

Suelo pensar que todo libro filosófico acaba aclarándote aún más las ideas, ya sea por acuerdo o por desacuerdo, por armonía o por fricción. En el caso del Tractatus no lo tengo tan claro. En él, se da la paradoja Escheriana de la mano que pretende dibujar a la otra mano que la dibuja en el dibujo. Planteamientos como éstos, quizá, no contribuyan a la clarificación de ideas. Sin embargo, lo que sí consiguen hacer es entretener como pocos libros lo hacen. A fin de cuentas, y después de todo, quizá el principal valor del Tractatus consista en su valor estético. ¿Herejía?

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La Ontología del Tractatus: Precisiones ontológicas

No, no se me había olvidado terminar la serie de posts sobre el Tractatus, así que hoy continuo con las dos últimas de la serie. Es curioso, seguramente vosotros pensásteis en su día que la serie de posts terminaron con el anterior, del mismo modo que la gente que me escuchó en la exposición pensó lo mismo cuando concluí el epígrafe anterior en esta serie.

Dos cosas: ya veis que no y os jodéis.

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La Filosofía del atomismo lógico:

Suele catalogarse la ontología contenida en el Tractatus como la denominada bajo el rótulo de atomismo lógico; el mundo como la totalidad de los hechos y cuya substancia serían los objetos. Así pues, los hechos serían lo único realmente existente. Los objetos serían los átomos lógicos de la realidad, los elementos no analizables en la estructura del mundo cuya posibilidad de existencia se niega en el plano de la existencia efectiva. Bajo esta perspectiva se contempla la ontología del Tractatus como una ontología empirista y claramente nominalista. ¿Es esta toda la historia?

En primer lugar me gustaría apuntar a que el propio Wittgenstein no da ningún ejemplo de objeto en su libro. La apelación a estas “entidades” parece ser una necesidad que implica su análisis de la estructura del mundo, pero en cierto sentido, también parece un análisis bastante Ad Hoc en virtud de que no hay modo de ilustrar esa idea. Bertrand Russell, partidario de esta clase de filosofía durante los años 20, y en sus conferencias sobre la filosofía del atomismo lógico se aventuraba a decir que los objetos o átomos lógicos no se identificarían con los átomos físicos ni en ninguna descomposición última de la materia. El atomismo lógico no sería atomismo físico. Más bien, según el filósofo británico los átomos lógicos de la realidad vendrían a ser los átomos lógicos de la percepción o qualias: pequeñas manchas de color, formas de lo representado, etc. Con esto Russell pretendía salir al paso de la aporía de Zenón consistente, en términos llanos, en dilucidar objetivamente cuando un suceso es susceptible de no ser descompuesto ulteriormente. En otras palabras, el problema del infinito. La respuesta: cuando se lleguen a los datos relevantes desde un punto de vista perceptivo. Russell no tardó demasiado en darse cuenta de que esta explicación de la ontología descansa en una preeminencia de la epistemología sobre aquella, y en cierto sentido, de la psicología sobre todo lo demás. De ser esto así, se acabaría en el mismo punto del que toda la filosofía analítica de aquel periodo pretendía huir y que podría resumirse en la máxima fregeana: “Lo psicológico no interesa”.

Hasta aquí la explicación de la ontología del Tractatus entendida como atomismo lógico. En las siguientes líneas intentaremos explicar la ontología del Tractatus en otros términos.

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A continuación, va una interpretación arriesgada de la ontología del Tractatus que no supe demasiado bien defender ante el profesor y que, por esa razón, si esta serie de posts te están sirviendo para preparar un examen o hacer un trabajo, sería bueno que te saltaras las líneas que vienen a continuación. Ahora bien, si los estás leyendo por amor al arte, de acuerdo, no voy a juzgarte. Pero a cambio te pido que no juzques severamente lo que te vas a encontrar.

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La inclusión del misticismo:

Hemos visto como según Wittgenstein el mundo, la realidad, no es otra cosa que la totalidad de los hechos. ¿Cabe otra interpretación? Creemos que sí. Sucintamente consistiría en la distinción entre epistemología y ontología. Bajo la primera categoría valdría la descripción precedente dada por el atomismo lógico. Bajo la segunda se incluiría lo místico a la descripción del mundo como totalidad de los hechos. (Dicho sea de paso: probablemente esta interpretación no fuese la que rondase por la cabeza del filósofo austriaco. Lejos de nuestra intención el parecer ociosos, creemos que con la idea que formularemos a continuación puede sacarse algo en claro. Puede, quizá no.)

El misticismo incluido en el Tractatus Logico-Philoshopicus concerniría a todo aquello que escapa al modo de representarse uno la realidad bajo la teoría figurativa del sentido. De este modo, podemos representarnos aquello que pueda ser representable (aquello que no sea contradictorio ni tautológico), pero no aquello que permite la representación; no podemos representarnos la forma lógica de la realidad.

En un pasaje del libro Wittgenstein comenta: “Lo que el solipsismo quiere decir es completamente correcto, pero no se puede expresar”. Quizá, y sólo quizá, lo que tengamos aquí es el límite entre la epistemología del Tractatus y su ontología.

Podemos conocer lo que podemos conocer y podemos conocer lo que podemos expresar. Pensar es pensar en un lenguaje; pensar es expresar pensamientos. Ahora bien, que el límite de mi mundo coincida con el límite de mi lenguaje sólo quiere decir, tal vez, que el límite de lo que puedo conocer es el límite de lo que puedo expresar. La pregunta clave aquí es: ¿Epistemología y ontología son indiscernibles?

Digresión: en otro sitio del Tractatus Wittgenstein habla de los valores ético-estéticos. Estos no aparecen como un hecho del mundo. Sin embargo configuran una actitud respecto al mundo, la cual, sí determina qué hechos suceden. Pero los determina, por así decirlo, desde fuera (no son hechos del mundo propiamente). Sucede análogamente lo que con la lógica, que configura el espacio lógico. Lógica y ética-estética configuran los límites del mundo.

Volvamos a la pregunta: ¿Epistemología y ontología son indiscernibles? Si consideramos que los límites del mundo son los límites de la epistemología, los límites a los que ella no llega, mientras que de hecho, ontológicamente existen, pues la respuesta es no. Si todo esto es correcto, que sospecho que no, la ontología del Tractatus sería radicalmente distinta. Encuentro serias dificultades al defender esta interpretación, sobre todo al conciliarla con el acto de tirar la escalera, y más precisamente, con toda la teoría de los objetos y la definición de las verdades lógicas como tautologías. Con todo, no es más que una idea que al menos dilucidaría en parte las misteriosas últimas palabras de la Conferencia sobre ética.

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miércoles, 4 de junio de 2008

Unbelievable!!

Campeones seis años después.

Zorionak Baskonia!

El triunvirato del mal levanta el ansiado título de liga finalmente