viernes, 29 de febrero de 2008

La mejor escena de Los Sexoadictos

Los Sexoadictos es la última gamberrada que ha hecho John Waters hasta el momento (Pink Flamingos, Los asesinatos de mamá). Es una película freaky para paladares perturbados. Tiene momentos muy buenos, de mucho descojono y muy bizarros, perfectos para ver con los colegas. Pero siendo francos, la peli es cutre y absurda. Un bodrio. Un pufo. Y eso es bueno.



jueves, 28 de febrero de 2008

Rajoydi

Todos nos quedamos con cara de palo cuando en su última intervención Rajoy hizo acopio de propuestas de futuro. Sí, fue el momento estelar del debate. El momento galáctico. El momento de la niña de Rajoy. Lirismo y un cierto toque näif impregnó la situación. Fue mágico. Idílico. Yo casi lloré.

La gente del programa Nada Partidarios ha encontrado a la niña de Rajoy. Estaba en los Alpes suizos y, bueno, mejor que la veáis vosotros.



Impresiones tras el primer cara a cara

Más allá de la cuestión del bipartidismo, del escaso margen para la improvisación debido a la meticulosa planificación del entuerto y al hecho, palmario, de que en este país no hay cultura de la confrontación de ideas, creo que a todos los que vieron el primer debate entre Zapatero y Rajoy, y que tengan un poco de sentido crítico, les pareció todo una patochada. Fue más una exposición de errores del pasado que una confrontación de propuestas para el futuro. Pareció más un "debate" sobre el estado de la nación en los últimos 15 años que un debate acerca del futuro en el próximo cuatrienio. Y fue más una sucesión de ataques y contraataques a la línea de flotación enemiga que un debate guiado por la senda de los argumentos razonados. Las salidas de tema fueron la norma y la demagogia le ganó la partida a las demostraciones y a las refutaciones. En definitiva: no hubo espíritu democrático.

Uno de los males de la democracia representativa en la que vivimos es el sistema de financiación de los partidos políticos. Este tema da para hablar largo y tendido, pero lo que me interesa ahora es apuntar a que este sistema propicia la nefasta consecuencia de que vivamos en un modelo democrático en el que sin afiliados, los partidos políticos no subsisten. Esto trae como efecto el hecho de que una gran masa del electorado sea de ideas fijas o, expresado de un modo más certero, el hecho de que una gran masa del electorado, por su propia afiliación a este o aquel partido político, no sea capaz de pensar por sí misma. No ser capaz de contradecir a tu representante. Apoyar a éste en sus propuestas hasta las últimas consecuencias.

El debate del lunes no fue un debate. En realidad fue un doble mitin, con reparto de tiempo equitativo, pero una proclama ante los fieles de PP y PSOE al fin y al cabo. De este modo, Rajoy y Zapatero sólo consiguieron "convencer" a los ya convencidos.

En democracia, y más en democracia representativa, se debe exigir a nuestros representantes que sean capaces de persuadir por medio de argumentos. La democracia no debe ser un simple sistema legislativo y el espíritu democrático no debe reducirse a un votar cada cuatro años. En democracia debe haber persuasión y, ésta, no debe llevarse a cabo por medio de cualquier medio, sino sólo por el cauce de la discusión. Y discusión significa ofrecer argumentos y contraargumentos, buscar inconsistencias en las posturas del otro contendiente y reconocer los errores allí donde los haya.

Bien, todo esto el lunes no lo hubo y, con ello, los dos partidos más importantes del estado perdieron una oportunidad magnífica para convencer al electorado indeciso. Pero lo más grave no es eso, o si se quiere, lo más grave es el otro perfil de la moneda: el hecho de que el porcentaje (escaso, pero ciertamente autónomo) de la ciudadanía que se mantiene indecisa no tenga, a día de hoy, elementos de juicio para emitir su voto. O lo que es lo mismo: no es que los dos principales partidos políticos en liza no consiguieran colmar sus expectativas, es que con ello producen un tremendo daño en la sociedad (autónoma) y, en consecuencia, al espíritu democrático.

Hoy retransmiten en la 1 a las 22:00 un debate que pomposamente se ha titulado Siete Líderes. En él veremos a un representante de los principales partidos políticos del país: PSOE, PP, IU, PNV, CiU, ERC y Coalición Canaria. Con esto al menos se soluciona, en parte, el hiriente asunto del bipartidismo. Lo demás no sé. Y el lunes que viene, la secuela del cara a cara. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Esperemos equivocarnos y que tanto Zapatero como Rajoy rectifiquen en sus planteamientos. Soñar es gratis.

There Will Be Blood (2008)


Mucho se ha hablado de There Will Be Blood (mejor que el telenovelesco y desdeñable título de Pozos de Ambición). Se han creado muchas expectativas en relación a lo que nos podía ofrecer. Y, a posteriori, se han dicho muchas cosas buenas y muchas cosas malas sobre ella. División de opiniones, como en los toros. No voy a ocultar mi opinión: nos encontramos ante la segunda mejor película del año.

P.T. Anderson nos relata esta vez una historia acerca de la venganza. Ambientada a finales del siglo XIX y principios del XX, There Will Be Blood describe una historia grandilocuente, de más de 30 años de extensión, acerca de Daniel Plainview, un hombre hecho a sí mismo que pretende crecer en el incipiente negocio petrolero. Para ello, va él mismo a examinar los terrenos de una Texas anclada en una economía de tipo agrícola, encuentra lo que busca y se monta en el dólar. Pero el mismo oro negro que le hace erigirse a las cimas del mundo material, supondrá, al mismo tiempo, su caída en la más absoluta miseria desde el punto de vista moral.

Y es que si el foco pivotante de la película se centra en Daniel Plainview, Day Lewis aprovecha el guante tirado por P.T. Anderson para dibujar un personaje demoledor por su evolución a lo largo del film. Lo que en un principio es un personaje guiado por una sana ambición de prosperidad, acaba trocando en un ser oscuro y atormentado por el odio. Durante buena parte de la película al borde de la locura, Day Lewis sabe hacer oscilar a su personaje por ambos flancos del límite. Cruel, visceral y sin contemplaciones de ningún tipo, su materialismo misantrópico no entiende de creencias trascendentales o morales. Y por supuesto, no tolera la humillación, especialmente si ésta se muestra bajo la fachada de la superchería de la religión más hipócrita. Su leivmotiv vital es ganar el suficiente dinero como para retirarse del mundo y vivir aislado de los demás. Su desconfianza ante el "otro" se resume prefectamente en su frase "siempre que miro a los demás, no veo nada que me guste", la cuál es más definitoria que la más exhaustiva de las descripciones. Con razón Daniel Day Lewis se ha llevado el Oscar, creo yo.

El elenco de secundarios, no obstante, no es reducido al papel de meras comparsas. En ese sentido, destaca un sorprendente Paul Dano, que comienza a ganar consistencia tras su meritorio papel como joven nietzscheano en Pequeña Miss Sunshine. Su papel, el de un pastor de almas de la iglesia de la "tercera revelación", que en los primeros compases del film recuerda al del delirante profeta Johhanes de la siempre sugestiva Ordet, en realidad, no se diferencia en demasía del de Day Lewis. Y es que Elay Sunday no duda en anteponer los medios necesarios, por inmorales y engañosos que puedan ser, para lograr una prosperidad que ve imposible alcanzar desde su depresivo núcleo familiar. No obstante, el joven Dano peca de histrionismo en algunas escenas y, pese a que su interpretación es más que correcta, no llega a hacer sombra a la del viejo zapatero veneciano. Otros secundarios, como Dillon Freasier, el hijo adoptado de Daniel, cumplen sin destacar, a la par que algunos como Kevin J. O'Connor, el falso hermano de Daniel, se revelan como prescindibles.

Que el aspecto actoral en There Will Be Blood es esencial, no lo discuto. Pero el hecho de que sin la mano izquierda del "enfant terrible" de P.T. Anderson a la dirección no sería posible ese hecho, espero que tampoco se discuta. El joven (ya no tanto) realizador americano ha sabido hacer acopio de su experiencia pasada para aplicarla en un contexto cinematográfico en el que la interpretación coral ya no es la regla. Atrás quedan Magnolia y Boogie Nights y, con ello, el cine de Anderson entra en una nueva dimensión, ya no tan deudor de las obras de Robert Altman. Las excelentes transiciones de escenas y los interminables planos secuencias siguen ahí, pero su tono ha cambiado. Ahora su estilo es sobrio y seco. Su narración es más clásica que antes, con una estructuración por escenas a la vieja usanza (gran angular, plano general, etc.) y una implementación no tan virtuosa como antes pero sí más efectiva. El ritmo en esta cinta es tranquilo o, al menos, Anderson no añade aceleración desde fuera. Con ello, la sensación que consigue es de una extraordinaria naturalidad, en la que lo que sucede en la pantalla no se ve en ningún momento constreñido por los imperativos que le vienen desde "fuera". Esto le da pie a profundizar en la tipología psicológica de Plainview, matiz que de otro modo hubiera sido harto más complicado.

El tema central de la cinta, el de la venganza, se manifiesta puntualmente a lo largo de la película, haciéndose solamente explícito en su apoteósico final. Paralelamente, otro tema como es el de la familia, ya presente en la filmografía del director estadounidense, especialmente en Boogie Nights, cobra un peso colateral en la trama. Con todo, Anderson no cae en la redundancia, sino que más bien sabe aplicar a la cuestión un enfoque diferente al visto anteriormente, más sucio y realista.

Para la fotografía, Anderson ha contado con los servicios de Robert Elswit. Y el resultado es similar al alcanzado en No Es País Para Viejos. No en vano la película fue rodada en unas localizaciones paralelas a la de la obra de los hermanos Coen. Así que si te gusto la fotografía de aquella, ésta también lo hará. Por otra parte, la música ha sido compuesta por Johnny Greenwood, guitarrista de los siempre originales Radiohead. Y el resultado es sencillamente impresionante. Piezas que alternan clasicismo en la composición y otras con ciertas resonancias de Ligeti, la utilización que de ella ha hecho Anderson ha sido la adecuada. He de decir que no me esperaba un trabajo tan logrado por parte de Greenwood, quien en su banda madre no acostumbra a palpar esos derroteros musicales.

Estamos ante una auténtica obra de arte que retrata el aspecto más oscuro de la condición humana. Su principal problema reside en que, en su aspecto alegórico, no consigue trascender el enfoque de una mirada esencialmente moral. Y en esto es aventajada con mucha diferencia por No Country For Old Men. Es la diferencia entre una gran obra de arte y una obra de arte perfecta. Quizá, un paso por detrás de No Es País Para Viejos, pero indudablemente unos cuantos por delante del resto.

Valoración: 9,5

martes, 26 de febrero de 2008

El especial de vacaciones de Star Wars

Poca gente conoce que, tras el gran éxito que supuso para Goeorge Lucas Una Nueva Esperanza, y antes de El Imperio Contraataca, se hizo un especial de vacaciones de la mítica saga. Se estrenó en 1979 durante la víspera del día de acción de gracias. No está ni dirigida ni producida por George Lucas, quien delegó estas responsabilidades en terceros (probablemente asesinados tras la emisión del programa) para poder centrarse en el guión y en la preparación de El Imperio Contraataca, estrenada un año después.

El argumento de la cinta es simple: mientras Han Solo y Chewbacca intentan zafarse de la amenaza de una nave del imperio, el segundo recuerda que es el día de la ¿vida? y que debe regresar a su hogar para pasarlo con su familia. Así que el monstruo peludo le pide al bueno de Han que le lleve. Paralelamente, la familia de Chewbacca se impacienta por su ausencia. Y bueno, el resto os lo podéis imaginar. Aunque cuidado: los motivos para ver esta película deben ser similares a los que se tienen al ver cualquier película de Ed Wood o Uwe Boll.

La película es una mezcla de comedia, musical y acción donde la basura lo impregna todo. Es tan mala que está considerada el peor momento de la televisión americana en toda su historia. Por algo George Lucas, tras la emisión del especial, se hizo con todos los masters existentes con el objetivo de que no se volviera a emitir. No contaba con el VHS. Y hoy, gracias a internet, todos podemos disfrutar de ese acto de lucidez que tuvieron cuatro o cinco visionarios (y pijos de la época) al grabar la película. Que dios les bendiga.

La película podéis encontrarla subtitulada al castellano en el emule o en cualquier otro programa de intercambio de archivos. Mientras se descarga, os dejo un resumen de cinco minutos. No tiene precio.



domingo, 24 de febrero de 2008

Mi Quiniela de los Oscars

Esta noche se entregan los premios Oscars. Es la "noche mágica del cine", que diría un cursi según Gasset. Los Oscars son una ceremonia llena de glamour, donde todo el mundo luce sus mejores galas y las sonrisas profident son la tónica. Es un espectáculo en toda la extensión del término y en ello reside la cara y la cruz del evento.

Normalmente los Oscars no suelen valorar o ser reflejo de la verdadera calidad de las películas. Muchas películas sufren una fuerte criba en las nominaciones y muchas películas con un buen número de nominaciones, y a priori "favoritas", se quedan con la miel en los labios. Por ello, los Oscars no pueden considerarse el paradigma de la justicia cinematográfica.

Con todo, este año ha sido bastante productivo en cuanto a nivel medio de las películas en liza. No hay una gran favorita y todas tienen bastante calidad. En ese sentido, este año se presupone uno de los certámenes más competidos de los últimos años. Injusticias, haberlas haylas, casos de Zodiac, Promesas del Este o El asesinato de Jesse James, pero en general, las nominaciones se ajustan bastante a la realidad.

La siguiente lista es mi particular apuesta de lo que va a haber. Si acertaré o no, no lo sé. Realmente al hacer una de estos pronósticos te debates entre lo que crees que va a pasar y lo que quieres que pase. Y a veces, una mezcla de ambas. Es como cuando tu equipo juega en casa y tú no sabes si poner un 1 porque quieres que gane o poner un 2 porque ese resultado da más dinero. Y, además, "sabes" que el partido va a acabar a cero. Sí, decisiones intrascendentes pero no por ello jodidas.

Me dejo de hostias y pongo mi quiniela con los diez premios más importantes (a falta de la mejor película extranjera de la que no opino).

Mejor Dirección Artística: Sweeney Todd

Mejor Fotografía: Roger Deakins, por El asesinato de Jesse James

Mejor Montaje: El Ultimatum de Bourne

Mejor Guión Adaptado: No es País Para Viejos

Mejor Actriz de Reparto: Saoirse Ronan, por Expiación

Mejor Actor de Reparto: Javier Bardém, por No es País Para Viejos

Mejor Actriz Protagonista: Marion Cotillard, por La Vida en Rosa (Edith Piaf)

Mejor Actor Protagonista: Daniel Day Lewis, por Pozos de Ambición

Mejor Dirección: Ethan Coen y Joel Coen, por No es País Para Viejos

Mejor Película: No es País Para Viejos

sábado, 23 de febrero de 2008

Guía Práctica para no perderse en la maraña electoral

Comienza la campaña electoral, al menos sobre el papel. Entramos en una fase de la vida política en la que la etología de nuestros presuntos representantes se asemeja demasiado a la de cualquier bicho digno de ser documentado en National Geographic (Punset, acabo de darte una idea). Es época de mensajes descolocantes, impulsivos, holísticos, redundantes y permeables. De retórica y elocuencia vacía. De photoshop y Windows Movie Maker. De imagen y sonido. De forma y no de contenido. De propaganda en una palabra.

Y si de propaganda trata la cosa, olvídense de Platón, Aristóteles, Maquiavelo (tampoco mucho), Locke o Rawls. No les van a servir de nada. Si la cosa trata de propaganda, amigos, remóntense al viejo Goebbels. Recordemos los principios a los que debe aspirar una propaganda si pretende ser eficaz:

1. Principio de la simplificación y del enemigo único. Adoptar una sola idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único individuo.

2. Principio del método de contagio.
Reunir diversos enemigos en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3. Principio de la Transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque.

4. Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota en amenaza grave.

5. Principio de la Vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al individuo menos inteligente a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad de olvidar.

6. Principio de Orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".

7. Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de Verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9. Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11. Principio de Unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente que piensa "como todo el mundo", crea una falsa impresión de unanimidad.

Ahora apliquen estos principios a los discursos u oratorias de nuestros políticos. Les servirá para distinguir los argumentos de la retórica que los acompaña; el trigo de la paja. Pero también les servirá para darse cuenta de que la cosecha no es buena, de que quizá la política por estas latitudes no es fértil. Saquen sus propias conclusiones, en definitiva.

viernes, 22 de febrero de 2008

Broken Sword 3: El Sueño del Dragón

Una de las mejores sagas de aventuras gráficas de todos los tiempos dio el salto a las tres dimensiones en 2003. Y dio, a su vez, el salto del control mediante point and click al sistema mediante teclado o pad. Lo de siempre en estos casos. Buenos gráficos, una historia aceptable y una jugabilidad mejor conseguida que en La Fuga de Monkey Island es lo que vais a encontrar en este videojuego.

La saga más templaria del mundo de los videojuegos comienza su historia con unos George y Nico separados por la distancia, cada uno desarrollando su carrera profesional correspondiente: él abogado de patentes, ella periodista a la espera de una historia que le de el gran espaldarazo en su profesión. Así pues, nos encontramos con una trama argumental en la que las casualidades e infortunios del destino harán que estos dos personajes vuelvan a encontrarse. Nuevamente entrarán en acción los neo-templarios, disidentes de la orden y viejos personajes como André Lobineau o Bruno. A su vez conoceréis a nuevos personajes como el viejo Flobbage o el inefable Eammon O'Mara, periodista y esteta irlandés (tres elementos que dan vida a un personaje inolvidable). Todo en una historia que es mejor que descubráis vosotros mismos, en la cual, el futuro del mundo estará en manos de las acciones de Stobbart y Collard.


Como ya he dicho, en este Broken Sword 3: El Sueño del Dragón, se ha optado por una ambientación íntegramente en tres dimensiones. En ese sentido, el trabajo realizado por la gente de Revolution Software es más que correcto: espectacular en algunos escenarios, las más de las veces agradable y eficiente. Los personajes lejos de mantenerse como postes andantes, tienen un abanico nada desdeñable de movimientos bien implementados. Cierto es que el número de acciones a realizar es limitado, pero esto no es óbice para afirmar que el trabajo realizado se encuentra lejos de catalogarse como basura. A este respecto, resulta curioso la cirugía llevada a cabo en la fisonomía de la protagonista femenina (ya me entendéis).

A los más puristas del género suelen molestarles el asunto del cambio generacional de las aventuras gráficas. Dicho de otro modo: el paso a las tres dimensiones y, en consecuencia, el paso a una jugabilidad más abierta mediante teclado o pad. Para ellos, lo que en apariencia es una ganancia de libertad, al final acaba revelándose como una tara en cuanto a jugabilidad, manejo y precisión en las acciones a realizar. La Fuga de Monkey Island puede ser un ejemplo en este sentido, no obstante, subsanable con la práctica del jugador. No es el caso del juego que nos ocupa. Hablar de problemas en la jugabilidad de este Broken Sword es tanto como acusar a Tomb Raider de lo mismo. Las acciones típicas de las aventuras gráficas se realizan en este Sueño del Dragón por una intuitiva interfaz que se asemeja, por ordenación, a la ubicación de los cuatro botones principales del Dual Shock. El inventario, en esta ocasión, no se encuentra en la parte inferior o superior de la pantalla, sino que para acceder a él deberemos hacerlo desde una tecla o botón concreto de nuestro teclado o pad. En general, la jugabilidad de este juego es intuitiva y aprehensible rápidamente. Eso sí, como siempre, se recomienda un pad para que el grado de intuición y aprehensibilidad crezcan.


El defecto más grande de este juego reside en su dificultad. Si bien la historia es más que decente, los gráficos cumplen con nota y la jugabilidad es sencilla, el asunto de los puzzles no llega a satisfacer las expectativas de los más fervientes seguidores del género. Bien es cierto que los Broken Sword nunca han destacado por su excesiva dificultad; siempre había dos o tres puzzles complicados, pero el resto se hacía en una cantidad de tiempo más o menos razonable. Los Broken Sword siempre tuvieron su mayor respaldo en la construcción de historias sólidas, personajes bien caracterizados y un apartado visual más que atrayente. En este sueño del dragón, y valga el chiste fácil, los puzzles producen sueño de lo sencillos que son. En este apartado llega a ser sangrante el asunto de las cajitas. Que si mover una caja de aquí para allá para alcanzar un saliente en la cornisa de una ventana o un precipicio. Desde luego, esta clase de puzzles, más de juegos como Tomb Raider que de aventuras gráficas, podrían haber sido suprimidos y nadie se hubiera llevado las manos a la cabeza por ello.

En líneas generales, estamos ante un videojuego, que en su género es correcto. No son buenos tiempos para las aventuras gráficas, y esa corrección se debe más a la ausencia de competencia firme que a las propias bondades del software en cuestión. No obstante, si no has jugado a muchas aventuras gráficas, esta puede ser una buena piedra de toque, pues su dificultad está bien medida de cara al principiante. No sucede lo mismo de cara al jugador experto, que no encontrará mayor reto en superar esta aventura. En cualquier caso, la historia, los personajes y los gráficos pueden ser argumentos lo suficientemente consistentes como para echar un vistazo a este juego. Y es que es precisamente en estas características donde Broken Sword marca distancia con la competencia. Lástima que no sepan aprovecharla con una dificultad más ajustada y que esa distancia, como en las largas escapadas truncadas de las grandes vueltas ciclistas, no llegue a buen puerto al final.

jueves, 21 de febrero de 2008

¿Cuál es la mitad de 12?

La pregunta tiene dos respuestas y una es 6. La otra tenéis que hallarla vosotros. Al que acierte le invito a una cerveza. Tenéis hasta las 12 de la noche de hoy día 21. Si nadie acierta diciendo el por qué, o haciéndolo simplemente explícito, editaré esta entrada y daré una pista. Si para las 12 de la noche del día 22 nadie ha dado con la solución, revelaré la respuesta. Espero que no me asignéis trabajo extra.

Metafísica IV: Los últimos dos siglos

Esta forma de cuestionamiento ha sido una constante en nuestros días. Ya Comte, en el siglo XIX, afirma que la metafísica es un modo de conocer propio de una época de la humanidad previo a la época de la humanidad en la que el modo de conocer es la ciencia positiva. Comte fundó el positivismo.

Sin embargo, también ha habido corrientes de opinión que han revalorizado la metafísica desde dentro, es decir, desde el interior de un saber positivo. Es el caso del neocriticismo francés, del positivismo espiritualista y de Bergson. En este último, la metafísica no es un conocimiento racional de lo inteligible, sino la posibilidad de una aprehensión intuitiva e inmediata de lo real, que la ciencia descompone y mecaniza.

El caso de Dilthey es diferente. Niega la posibilidad de toda la metafísica pero reconoce la aspiración natural e insoslayable en el hombre. Collinwood ha apuntado que la metafísica debe tomar conciencia de que ha sido, es y será una disciplina histórica.

El existencialismo es una corriente de pensamiento que se cuestiona sobre la posibilidad de la metafísica, siendo aún con todo en su metodología un pensamiento esencialmente metafísico. Otros autores han afirmado que la metafísica no es ciencia del ente, ni ciencia primera, sino saber radical. Es el caso de Ortega y Gasset. Afirma que la metafísica no es una ciencia porque es precisamente en ella donde se desarrollan todas las ciencias. En Heidegger el concepto de ser no es comparable al concepto de ser tradicional, por lo cual una introducción a la metafísica como introducción al ser no es lo mismo que una introducción a la ciencia del ente en cuanto tal.

Otras corrientes filosóficas del siglo XX caracterizan a la metafísica como pseudociencia, oponiéndose decididamente a su labor. Es el caso del pragmatismo, del marxismo y, sobre todo, del positivismo lógico. Para estos últimos la metafísica es esencialmente el producto de las ilusiones que el lenguaje despierta en nuestra mente. La metafísica es una abuso del lenguaje.

Sin embargo, también dentro de la propia filosofía analítica se ha defendido a la metafísica, al menos, como forma de discurso. Es el caso de Charles Morris. Según él, la metafísica se asemeja a la lógica y a la gramática, sólo que a diferencia de ellas, es de un tipo informativo. No obstante, las nociones de verdad y falsedad no pueden aplicarse a ese discurso, pues su fin es regir y organizar la vida humana. Bertrand Russell afirmó que el completo agnosticismo no es incompatible con el mantenimiento de proposiciones lingüísticas. Einstein declaró una vez: "el miedo a la metafísica es una enfermedad de la actual filosofía empírica, enfermedad que es sólo el contrapeso a aquel anterior filosofar en las nubes que creía poder deshacerse de lo dado a los sentidos y prescindir de él".

Otros han distinguido entre buena metafísica y mala metafísica. N. Hartman distingue entre ontología especulativa y ontología crítica. La primera se dedica a edificar sistemas y no a examinar los supuestos e implicaciones de los conceptos usados. La metafísica crítica es, fundamentalmente, un análisis lógico. P.F. Strawson ha distinguido entre una metafísica revisionaria y una metafísica descriptiva. La primera es similar a la idea de ontología especulativa y la segunda es la que describe nuestro pensamiento acerca del pensamiento efectivo del mundo. Nicholas Rescher ha hablado de metafísica taxonómica, metafísica arquitectónica y metafísica evaluativa.

La oposición a la metafísica, lo mismo que el reconocimiento de su legitimidad dicen muy poco de qué se entiende en cada caso por metafísica. Tanto Carnap como Heidegger se opusieron a la metafísica, pero las razones aducidas por cada uno eran radicalmente diferentes. Cuando autores de tendencia analítica hablan de metafísica, no entienden por ello lo mismo que autores de otras tendencias. Además, es posible estar de acuerdo con la crítica a la metafísica de Kant y a la vez elaborar tesis metafísicas, por ejemplo. Asimismo, es posible hacer metafísica en el sentido de filosofía primera de Aristóteles, sin por ello llegar a las conclusiones de los escolásticos. Por otro lado, hay tipos de pensamiento que se declaran a sí mismos metafísicos y que no son analíticos o científicos, pero tampoco especulativos en el sentido peyorativo del término.

En vista de la cantidad de acepciones existentes acerca de qué es metafísica, parece claro afirmar que no hay nada que pueda llamarse "la" metafísica. Hay modos de pensar filosóficos muy diversos que conllevan diversos tipos de metafísicas, a menudo incompatibles entre sí. Parece razonable entonces o abstenerse de discutir acerca de si es posible "la" metafísica o no, o liminar en lo posible esta palabra del vocabulario filosófico. Lo que se haga entonces filosóficamente será lo que importa, no si se llama o no "metafísica".

miércoles, 20 de febrero de 2008

Metafísica III: La edad Moderna

En la época moderna también se mantuvieron muchas disputas acerca del significado del término. Francis Bacon pensaba que la metafísica era la ciencia de las causas formales y finales, mientras que la física lo era de las materiales y eficientes. Para Descartes la metafçisica sigue siendo ciencia de lo trascendente, de cuestiones como Dios y la distinción entre alma y cuerpo. La metafísica sería posible como ciencia en tanto que partiendo de una certeza indubitable. Hume descartó la posibilidad de todo conocimiento trascendente y de la metafísica en este sentido. Sólo podemos conocer hechos y las relaciones de ideas de esos hechos.

Otros autores intentaron formalizar la metafísica, de tratar cuestiones metafísicas como cuestiones acerca de conceptos básicos tratados formalmente. Hacer de la metafísica una tarea cercana a la lógica. Así surgiría el término de ontología, en referencia a este tratamiento. La ontología puede ser entendida entonces como una metaphysica generalis. Es el caso de Wolf.

El auge y desarrollo de las ciencias positivas o naturales propició el cuestionamiento más radical de si la metafísica es posible como ciencia. Si es así, de qué se ocupa. Kant se ocupó de esto concluyendo, de modo análogo a Hume, que no es posible en su Crítica de la razón pura. Aunque a diferencia de Hume, él no desemboca en un absoluto escepticismo.

Ir a Metafísica I: Polémica sobre el origen del término
Ir a Metafísica II: Aristóteles y la tradición medieval
Ir a Metafísica IV: Los dos últimos siglos

Artistas de lo Bruto



El arte bruto fue un concepto acuñado por Jean Dubbufet para caracterizar toda aquella expresión artística materializada en estado puro. Bien, no os voy a hablar de esta corriente (forma de expresión, más bien) artística, eso lo podéis encontrar extensamente en este enlace. Os voy a hablar de otra cosa; os voy a hablar de los Artistas de lo Bruto.

Artistas de lo Bruto
es un blog de diseño gráfico sin demasiadas pretensiones. Y por eso mola. Aquí no váis a encontrar a un artista famoso, ni a un gurú teórico de una corriente artística de la que nunca habéis oído hablar, ni a nadie consagrado y, por ello, adulado gratuitamente. No, en Artistas de lo Bruto váis a encontrar diseños. Sólo eso. Y, por cierto, algunos muy buenos.

Bajo mi gusto, los que más destacan son los que caen bajo una apariencia Noir. Se ve que el autor se mueve en esta estética como pez en el agua. Son los diseños que dan un aire más personal a la bitácora y los que encajan mejor con el nombre de Artistas de lo Bruto. En ellos encontraréis reminiscencias en los rasgos faciales de grandes actores como Marlon Brando, Al Pacino o Robert de Niro. Las escenas hiperviolentas serán la norma, así como las poses de tipo duro y el motivo de las armas de fuego. En suma, diseños que recrean ambientes sucios, atmósferas ásperas y motivos crueles que buscan el impacto y la perturbación en la mirada del espectador. Lo mejor del blog, sin duda.

Pero por supuesto, también en Artistas de lo Bruto encontraréis otras temáticas y otras estéticas. Veréis diseños acerca de marcas como Harley Davidson, series como Perdidos o películas como Amelie, La Dolce Vita o La Matanza de Texas, entre otras. También veréis diseños con una estética mas pop o "moderna", donde el colorido será el aspecto que más resalte. Y habrá otros diseños que veréis inclasificables por su bizarrismo. De todo un poco encontraréis en esta página. Y casi todo de bastante calidad. Arte Bruto, señoras y señores.

En teoría, los diseños que encontraréis en Artistas de lo Bruto están pensados para ser implementados en formato de chapa de 31 mm. En ese sentido, podéis contactar con el autor en artistasdelobruto@gmail.com y pedirle que os fabrique unas chapas con algunos de los diseños de la página. Y por si fuera poco, o si las chapas os gustan pero queréis tener una con un diseño concreto, también le podéis mandar vuestros diseños o recomendarle ideas o motivos con los que deseéis ver vuestras chapas. Todo por un precio negociable en cada caso, pero en general bastante modesto. Cosa bastante rara en estos tiempos de capitalismo desalmado, que fabrica y empaqueta al por mayor, sin contacto con el consumidor. En Artistas de lo Bruto no os toparéis con eso; ahí el trabajo se parece más al de un artesano, que produce pensando en el cliente, bajo sus directrices y recomendaciones.

Creo que he dicho todo lo que tenía que decir acerca de este blog. Quizá que un apartado de etiquetas que clasificase todo el trabajo del autor, bajo temáticas o estéticas, sería útil. Pero ese ya no es mi trabajo. Mi trabajo ahora es daros un pase VIP para Artistas de lo Bruto. Que lo disfruten.


martes, 19 de febrero de 2008

Metafísica II: Aristóteles y la tradición medieval

En un plano más filosófico, Aristóteles afirma que "hay una ciencia que estudia el ser en tanto que ser, y que no se confunde con ninguna de las ciencias particulares". La filosofía primera estudiaría los primeros principios y las causas más elevadas. La filosofía tiene tantas partes como sustancias hay (de la sustancia natural se encargaría la física, etc.). Las filosofías segundas se encargarían por separado de cada una de las sustancias. Sin embargo, la filosofía primera estudiaría el ser en tanto que ser o, lo que es lo mismo, lo que de común tendrían todas las sustancias. Estudiaría los principios del ser. Estos principios serían axiomas y se aplicaría a toda sustancia en tanto que sustancia y no a este o aquel tipo de sustancia.

Desde que Aristóteles determinó el objeto de la filosofía primera y desde que se usó, además, metafísica como equivalente, se han abierto muchos problemas. Uno de ellos, el del objeto propio de la metafísica. En la caracterización aristotélica existe una ambigüedad al hablar de la filosofía primera y que abre dos posibilidades. Como estudio formal de lo que luego se llamarán formalidades, en cuyo caso la metafísica será lo que luego se ha llamado ontología. O como estudio de la sustancia separada e inmóvil, el primer motor o Dios, en cuyo caso hablaríamos de Teología.

La segunda acepción ganó en interés durante la edad media, bajo los rótulos de post physica y de trans physica. Pedro Fonseca, a través de Avicena y Averroes, unió ambos. Paralelamente, tampoco se perdió el sentido formal del término, casi relacionado con la lógica pero sin identificarse con ella. La ahora llamada ontología estudiaba entonces los trascendentales, los modos, la esencia, la existencia, etc. El estudio de estos temas era considerado fundamental para sentar las bases de cualquier filosofía segunda, pero era también fundamental para la teología, en tanto que teología racional.

A su vez, los medievales, al estar interesados en el mensaje de la revelación, profundizaron en las relaciones entre ésta y los estudios más formales, con el fin de tratar de dilucidar el nexo entre la razón y la fe y hacerlas así compatibles. Fue el tema central de la escolástica. Para Tomás de Aquino el estudio de la filosofía primera es el estudio de la verdad, pero no de ésta o de aquella verdad, sino de la verdad que es el origen de toda la verdad. Dios sería esa verdad, la fuente de todas las demás. Por otro lado, la metafísica es la ciencia del ser como ser y como sustancia, del ser más real. En efecto, nuevamente Dios.

Aunque parezcan dos estudios distintos, en realidad no dejan de ser dos modalidades del mismo estudio. Uno está más relacionado con la teología y el otro más con el ente, sólo que al estar subordinado a las fuentes de la revelación de las escrituras, al final también es sirviente de la teología. Aunque al menos, con cierta independencia. A su vez, para Tomás de Aquino el término también remite a materias suprasensibles pero no en su aspecto de dilucidar su ser, sino como una especie de filosofía segunda no constreñida por las restricciones del reino natural.

Para Duns Escoto la metafísica es la ciencia de lo primero cognoscible. Para él la metafísica, como para Avicena, es previa a la teología, pues siendo la metafísica el estudio del ser, el conocimiento de éste último es fundamento del ser infinito.

Para Occam la metafísica no es ni ciencia, ni ciencia de Dios, ni ciencia del ser. Y ello es así porque puede decirse de ella que tiene por objeto el ser como objeto primero con primado de atribución, y tiene por objeto Dios como objeto primero con primado de atribución.

Suárez enumeró las posturas en relación al objeto de la metafísica durante la escolástica. El compendio de todo lo anterior y de algunas opiniones de autores marginales que no se han mencionado aquí podría resumirse en la siguiente lista:

Primera opinión: su objeto es el ente considerado en la mayor abstracción posible comprendiendo entes reales, sustanciales, accidentales y de razón.
Segunda opinión: Es el ente en toda su extensión, considerado de tal modo que no incluya a los entes de razón debido a su ausencia de entidad y realidad.
Tercera opinión: Dios como supremos ser real.
Cuarta opinión: Se ocupa de la sustancia o ente inmaterial, comprendiendo en ellos exclusivamente a Dios y a las inteligencias.
Quinta opinión: El estudio de las categorías que rigen nuestro pensamiento.
Sexta opinión: La sustancia en tanto que sustancia, abstraida de lo material y lo inmaterial, de lo finito y lo infinito.

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Ir a Metafísica IV: Los dos últimos siglos

lunes, 18 de febrero de 2008

Superman Howard

Señoras y señores, de todos los concursos de mates que he visto en un All Star de la NBA, que tampoco han sido muchos (no nos vamos a tirar el trapo a estas alturas), nunca he estado tan de acuerdo con la decisión del jurado acerca de que saltimbanqui hacía mejor su trabajo como en este de 2008 en Nueva Orleans.

Dwight Howard, el joven ala-pívot de los Orlando Magic, está sencillamente impecable en los cuatro mates que realiza, con excepción del último, en el que en la primera intentona el balón se salió de dentro. De todas formas, en estos concursos no hay mates definitivos: las puntuaciones son acumulativas.

A continuación, os dejo un vídeo que recopila los tres primeros mates. Cuando veáis el segundo, entenderéis el título de este post. (Lo siento, la música viene de serie.)



Y aquí, si os apetece, os dejo el enlace a su cuarto mate, fallido en su primer intento, pero ingenioso y estético al final.

Metafísica I: Polémica sobre el origen del término

Literalmente, metafísica significa detrás o más allá de la física. El término, presuntamente, lo acuñó Andrónico de Rodas, editor de la primera edición crítica de la obra aristotélica, en el siglo I a.C. para referirse a los libros de Aristóteles concernientes a la filosofía primera. Lo hizo así porque fueron publicados después de los relacionados a la física. Este término, al principio meramente clasificatorio, acabó por usarse para denominar a los estudios que trascendían el saber puramente físico o natural.

Franciscus Patricius fue el primero en defender la tesis de que el origen del término era meramente bibliotecario. A su vez, Johann Gottlieb Buhle, ya más modernamente, ha defendido esta misma tesis. Sin embargo, Reiner apunta que muchos conocedores de la obra de Aristóteles como Bonitz, Jaegger, Hamelin o Heidegger (entre otros) han aceptado acríticamente la tesis de Buhle.

Aún con todo, la tesis de Buhle puede ser criticada. No en vano, en su día Kant ya se mostró receloso de asignar el origen del término a una mera cuestión de azar (en este caso bibliotecario). Puesto que Aristóteles siempre asignaba un adjetivo concreto para acuñar cada una de las materias que investigaba, resulta extraño que no hiciese lo mismo con sus estudios sobre la filosofía primera y, en consecuencia, que él mismo la denominara metafísica. En cualquier caso, la interpretación filológica vigente hoy en día es la del origen meramente clasificatorio.

Aristóteles distinguió entre "anterior" y "más conocido (para nosotros)". Lo primero hace referencia a las causas universales de las cosas pero alejadas de los sentidos. Lo segundo, a las cosas más cercanas a los sentidos. Pese a que desde el punto de vista epistemológico, lo segundo es anterior es anterior a lo primero, en el orden real es lo primero lo que antecede a lo segundo. Esta distinción aristotélica permite a Reiner, en concordancia con muchos autores medievales, defender su tesis de que el término no fue producto del azar; el término en sí revelaba una coherencia íntimamente ligada a la obra del autor.

Sea como fuere, y sea cual sea la opinión dominante, ninguno de estos argumentos, ni a favor ni en contra, consigue llegar a ser concluyente. La disputa, en ausencia de evidencias más fuertes, sigue abierta.

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El Leviatán según el libro de Job

No hay quien se atreva a provocarlo.
¿Quién sería capaz de resistirlo?
¿Quién fue a su encuentro impunemente?
¡Nadie bajo la capa del cielo!



No pasaré sin hablar de sus miembros,
hablaré de su fuerza incomparable.

¿Quién abrió la puerta de sus fauces?
¡El cerco de sus dientes infunde terror!

Su dorso lo forman hileras de escudos,
cerrados con sólido sello;
tan estrechamente unidos están,
que no dejan paso al aire;
encajan unos con otros,
tan juntos que no pueden separarse.

Sus estornudos despiden luz,
sus ojos son como párpados de la aurora.

De su boca salen antorchas,
centellas de fuego salen de sus fauces.

De sus narices salen vapores
como de caldera que hierve al fuego.
Su soplo enciende carbones,
llamas dimanan de sus fauces.

En su cuello se asienta la fuerza,
por delante de él va el espanto.

Las mollas de su carne son compactas;
se las oprime, y no se inmutan.

Su corazón es duro como una roca,
duro como piedra del molino.



La espada que lo alcanza no se clava,
ni la lanza, ni el dardo, ni la flecha.

El hierro es para él como la paja,
y el bronce como tronco podrido.

La flechas del arco no lo ahuyentan,
las piedras de la honda le parecen briznas de paja.

Considera la maza como estopa,
se burla del venablo vibrante.

Tiene por debajo puntas de teja,
como un trillo va marcando el barro.

Hace hervir el abismo como una caldera,
transaforma el mar en un pebetero.
Deja tras de sí un surco luminoso;
el océano parece encadenado.


Fragmento del Libro de Job, 41: 2-25. Extraído de Historia de la Fealdad de Umberto Eco.

sábado, 16 de febrero de 2008

No Es País Para Viejos (2008)



No se lleven a engaño: No Es País Para Viejos no es una película sencilla. No es la clase de producto comestible sazonado con unas palomitas y una coca-cola; puede que la ingestión se les atragante e incluso que la digestión se les corte. No vayan a verla con sus hijos o su abuela. Tampoco se gasten seis euros en ella si han tenido un mal día; no lo van a pasar bien y la economía no marcha bien. Y sobre todo, no la vean si no tienen ganas de pensar excesivamente. En pocas palabras: aquí no les van a regalar nada.

Con todo, los Coen regresan al trono que conquistaron por méritos propios hace unos años. Me refiero a ese espacio configurado por obras clave de las últimas dos décadas como son Sangre Fácil, Barton Fink, Muerte Entre Las Flores y Fargo, y que, por unas razones u otras, no supieron defender. Es decir, ese lugar recóndito de la mente donde la oscuridad, el sufrimiento y lo hiriente de la condición humana se muestran explícitamente. El demonio que todos llevamos dentro y el leviatán que con ello se materializa en la sociedad.

No Es País Para Viejos nos cuenta la historia de la hipotética muerte de los valores y los principios básicos de la civilización occidental. La transformación de la modernidad en postmodernidad o el regreso del estado de derecho y de deber al estado de naturaleza tal y como presumiblemente cabe entenderlo a la hobbesiana. Y nos cuenta todo eso a través del motivo concreto, o de la premisa argumental, del hurto de un botín por parte de un veterano de la guerra de Vietnam aficionado a la caza tras un tiroteo en un negocio ilegal de tráfico de drogas en la frontera de Texas con México a principios de los 80. Y Claro está, a través de las consecuencias imprevisibles que ello desemboca.

Quizá el caso más palmario hasta la fecha sea Fargo, pero si existe una piedra arquimédica en toda la ya extensa obra de los hermanos Coen, ese es el azar. Y digo hasta la fecha porque si de algo se puede jactar No Es país Para Viejos es de tratar el tema elevándolo (o descendiéndolo, según como se mire) a la esfera de la abstracción, al menos, en cuanto tiene de sentido emplear esa palabra más allá de este o aquel acto particular. El personaje de Bardem es el de un asesino frío, inteligente, calculador y total y absolutamente carente de toda emoción. Una máquina de matar autómata cuyo único rasgo de humanidad es su fino y sutil sentido del humor. No es malo ni malvado, simplemente amoral. No existe la ley para él, sólo los hechos. Y lo más importante: no hay decisiones ni libertad, sólo la aleatoriedad del azar (entendida ésta como la ley que ejemplifica, valga la paradoja, la ausencia de leyes). Representa una hipotética época, la era del posmodernismo llevada a sus últimas consecuencias y, por supuesto, Bardem lo representa de forma magistral. Consigue crear un personaje imperecedero y atrapar en sus acciones en la película el sentido de la misma y, con ello, el de una determinada descripción filosófica acerca del mundo actual (me reitero: llevado a sus últimas consecuencias).

Y si Bardem hace eso, el personaje encarnado por Tommy Lee Jones nos presenta el polo opuesto. Las tablas del actor presentan consistentemente un policía que ya está de vuelta de todo, al que el tiempo no ha perdonado y que se siente marchito y caduco en unos tiempos que sobrepasan y avasallan todo su esquema conceptual de creencias. Representa los viejos valores, la moralidad tradicional y la decadencia, ya en un sentido más concreto, de lo que EE.UU. puede llegar a instanciar. Todo entendido y tratado desde una óptica externa, y saliéndose de la autorreferencialidad que un enfoque en términos de bueno o malo proporcionaría. En suma: la asunción y aceptación de la muerte ( como destino individual y como idea conceptual en la esfera de los valores morales).

Y si todo esto se refiere al sentido, al mensaje de la película, desde el punto de vista de la forma, del tratamiento narrativo escogido para la implementación de la idea, sólo queda quitarse el sombrero ante lo que es, a todas luces, una auténtica demostración de talento detrás de las cámaras. La difícil, abrupta y elíptica prosa del que es uno de los mejores escritores del siglo XX, Cormac McCarthy, ha sido llevada a la gran pantalla respetando, con cuidado y precisión casi matemática, el tempo y ritmo del imaginario McMarthyano, siempre con una sobriedad clásica digna de admiración y respeto, en unos tiempos en los que los modos de realización, parafraseando el título de la película, no son precisamente los viejos. Un trabajo que, por momentos, recuerda a Kubrick y en otros al mejor Coppola. Marcando una diferencia considerable con todo su trabajo anterior y a la vez llevándolo a un nuevo nível. El cromatismo de las tierras áridas de El Paso, los claroscuros de los interiores del motel y en general la fotografía entera, los planos generales paisajísticos, los planos de detalle y el montaje, todo y absolutamente todo y, siempre bajo mi, en ocasiones, desdeñable opinión, suponen una verdadera lección del mejor cine.

No me queda ya mucho por decir. Es posible que las pretensiones respecto a las cuales se haya visionado la película hayan condicionado una opinión acerca de la misma, en alguna medida, injusta. A muchos les ha parecido que el final es brusco, improcedente y demasiado abierto. Creo que si la peli se contempla desde cierta perspectiva (la que he intentado mostrar en estas líneas), el final se revela como una metáfora preciosa del sentido de la cinta en su totalidad. Quizá ésta no sea una película para viejos o quizá, después de todo, lo que ahora es nuevo y norma en cine, acabe siendo viejo con el paso del tiempo. Y al final, cuando eso sucede, lo que acaba perviviendo son un selecto grupo de cintas, por así decirlo, edificantes. Intemporales en una palabra. Bien, creo que No Es País Para Viejos caerá con el tiempo bajo esa clasificación.

Valoración: 10

jueves, 14 de febrero de 2008

martes, 5 de febrero de 2008

La Fuga de Monkey Island

Las aventuras gráficas no viven su mejor momento en la actualidad. Su mercado ha sido invadido por los shot 'em up y las aventuras con plataformas tipo Tomb Raider. El principio del fin cabe detectarlo con el auge de los gráficos poligonales. Y es que la época dorada del género fue a principios de los noventa con juegos como Monkey Island, Loom, Maniac Mansion o Full Throttle. En aquella época los gráficos eran bidimensionales y el aspecto gráfico no era tan impactante como en la actualidad. Pero la jugabilidad era completísima. Nunca antes ni después como en aquella época se explotó el hardware para producir software tan bueno.

Hoy no voy a hablaros de ninguna aventura gráfica clásica. Hoy nos vamos a poner expúreos. Os voy a hablar de La Fuga de Monkey Island, de 2000, cuarto episodio de la saga más grande de aventuras gráficas (con permiso de Broken Sword).


En este Monkey Island 4 nos topamos como principal novedad con que los gráficos son íntegramente en 3D. Personajes poligonales sobre fondos renderizados y una estética, en general, fiel a la de la saga. Los gráficos son la característica que más llama la atención junto al asunto de la jugabilidad, para algunos sangrante. Y es que para la ocasión se ha prescindido del ratón a favor del teclado. Y el resultado es desigual. En ocasiones intuitivo y rápido, muy útil para desplazarte por el escenario y que posibilita pruebas y fases nunca vistas antes en la saga, pero en otras se revela tosco y brusco, difícil de manejar en espacios cerrados y lento en la interactuación de objetos. En cualquier caso, el asunto de los controles acaba solventándose tras unas partidas. Eso sí, se recomienda jugar con pad si no se quiere llegar a altas cotas de frustación.

Desde el plano argumental, la historia se retoma allí donde la deja The Curse Of Monkey Island. Tras la luna de miel por el caribe, Elaine y Guybrush regresan a isla Melee y se topan con que hay una orden de derribo a su mansión y, bueno, todo se desencadena de manera absurda y surrealista, como es la tónica en la saga, esta vez, con el foco de la aventura centrado en el insulto definitivo. Clásicos personajes vuelven aparecer en escena, caso de Stan, el olvidado Meathwook, la bruja vudú, el innombrable Hermann (del que sabremos más cosas de él) y, como no podía ser de otro modo, LeChuck. Nuevos personajes también aparecerán en escena, caso de Pete el Napias o Kangú Mandril.

En cuanto a nuestro protagonista, Guybrush (ya por fin) Marley Threepwood, valeroso pirata, seguirá manteniendo su absurdo sentido del humor y las situaciones en las que se verá inmerso rallarán lo delirante. El personaje de Roy Gilbert se las lidiará con paradojas del tejido espacio-tiempo, con las ya clásicas peleas de insultos o con las novedosas Monkey Kombats. Pondrá a prueba su capacidad para permanecer diez minutos bajo el agua y ejercerá de Sherlock Holmes con contrato temporal.


En cuanto al nivel de los puzzles, los hay de todas las clases: fáciles, difíciles y endiablados. Nuevamente tendremos que echar mano de la lógica y de la no-lógica para resolverlos. Ya es marca registrada de la saga el meter situaciones absolutamente inverosímiles que pongan a prueba la paciencia del jugador más concienzudo. Pero sabemos a lo que nos enfrentamos. Sin ese componente un monkey Island no sería un Monkey Island. Con todo, esta entrega no es la más difícil, pero tampoco es la más fácil.

En líneas generales, La Fuga de Monkey Island mantiene el nível de su predecesora, que no es poco, pero no alcanza a la segunda entrega. La jugabilidad es un pero bastante lapidario en su contra, pero a la vez el aspecto gráfico y el genial trabajo de doblaje, como es norma en la saga, la hacen mejorar notablemente. Y la historia no decepciona, bastante más trabajada que en la tercera parte y al nível de The Secret Of Monkey Island. Un juego imprescindible para los amantes de las aventuras gráficas y una buena piedra de iniciación, aunque las haya mejores (a la cabeza me viene cualquier Broken Sword), para aquel que quiera sumergirse en esto de las historias con puzzles.

lunes, 4 de febrero de 2008

Una respuesta a Entropía y Diversidad

Las siguientes líneas son algunas de mis reflexiones acerca de un texto de Alfontso Martínez Lizarduikoa. Para leer dicho texto, clicad aquí.

Es un abuso de proporciones bíblicas afirmar que las leyes de la ciencia natural valgan para la ciencia social. Por muy bonito y efectista que pueda resultar el echar mano de leyes como la entropía o la teoría de la evolución en ciertos contextos, estos usos no dejan de ser palabrería barata sin ningún fundamento sólido. Palabrería, además, fuertemente motivada por aspiraciones e intereses personales.

Creo recordar que fue von Whright el que distinguió entre explicación y comprensión. Para este autor, y siguiendo a Hempel, la tarea de la ciencia natural consistía en hallar explicaciones de los fenómenos naturales, esto es, detectar las cadenas causales de esos fenómenos, tratarlos como antecedentes lógicos y elaborar un modelo que fuera proyectable en circunstancias futuras a igualdad de condiciones iniciales. Por contra, las ciencias sociales e históricas sólo podrían aspirar en su cometido a comprender de algún modo por qué las cosas suceden, sin proyectabilidad alguna y sin necesidad de validez en las consecuencias lógicas obtenidas. En lenguaje llano, la ciencia social comprende, es decir, "explica" a toro pasado.

Independientemente de si el planteamiento de von Wright es acertado o no, no deja de ser curioso echar mano de una investigación histórica concreta. En ella veremos como el historiador se esfuerza en comprender la inextricable cadena de sucesos causales que dieron como fruto el suceso motivo de la investigación. Si suponemos que en la historia hay leyes, que el historiador descubre leyes generales, podemos llegar a dos conclusiones. O hacer como Popper y afirmar que esas leyes serían tan generales que en lo respectivo a la aplicación práctica serían triviales o hacer como William Dray y afirmar que estas leyes tendrían tantísimas restricciones que al final lo que conseguiríamos sería un simple modelo del hecho histórico del que habíamos partido, modelo éste, de nula aplicabilidad general.

Sea como fuere, lo que queda claro es que el dominio de las ciencias sociales es esencialmente distinto al de las ciencias naturales. No parece muy razonable aplicar leyes de la ciencia natural a un dominio tan vago como es el de la ciencia social. Si esto sucede, la receta debe ser la desconfianza.

Una respuesta a Qué es el universo: metáforas cosmológicas

Las siguientes líneas son el agregado de algunas de mis opiniones acerca de un texto bastante interesante de Alfontso Martínez Lizarduikoa. Para leer dicho texto, clicad aquí.

La cosmología científica jamás dará cuenta del sentido de nuestra vida; le es ajena a sus intereses. Y lo que es peor, le es ajena a sus reglas y métodos (sean cuáles sean dichos métodos y reglas). La cosmología estudia la casa: los distintos pasillos, las habitaciones, los materiales de que está formada, su ubicación y, en general, todas las vicisitudes concernientes a su devenir. Pero no da cuenta de su esencia. Ésta permanece impertérrita al proceder de la ciencia natural del mismo modo que una incógnita en una ecuación se mantiene inalterable ante la mirada de un esquivo a las matemáticas.

En mi opinión, las visiones meta-científicas del cosmos, si dan cuenta de esa incógnita, desde luego no lo hacen de un modo natural. La grandeza de la ciencia (y también su miseria) es, por decirlo así, la aprehensión de lo objetivo en menoscabo de lo subjetivo. La ciencia, de este modo, tiene la virtud de separar y aislar todo residuo antropocéntrico de sus investigaciones. Las distintas cosmovisiones meta-científicas pueden encajar mejor o peor con lo que la ciencia dice en un momento histórico concreto, pero ese encaje no se da por medio de la razón, o al menos, no exclusivamente.

Las metáforas cosmológicas apelan al sustrato emocional del ser humano. Sus explicaciones no son propiamente explicaciones en sentido epistemológico. No tienen como objetivo la verdad. Más bien, su objetivo es alcanzar la paz espiritual y el sosiego en la conciencia. La toma de partido por una metáfora cosmológica o por otra y, más genéricamente, la adopción de la metáfora cosmológica (creacionismo judeo-cristiano, panteísmo o la que sea) como herramienta explicativa del sentido de la vida, obedece a motivos pragmáticos y, en último término, a una cuestión de actitud vital o, como dice William James, a una cuestión de temperamento.

El temperamento o la actitud vital de una persona es su modo de estar en el mundo. En realidad, poco o nada tiene que ver el temperamento con la razón. Éste no responde a razones, sino que en realidad, son las razones de una persona las que responden a su temperamento. El temperamento, así pues, no es más que la subjetividad de una persona.

Las metáforas cosmológicas no hablan a la razón, hablan a nuestra subjetividad. El sentido de nuestras vidas y, por tanto, del cosmos lo hallamos conociendo nuestro modo de ser. Las metáforas cosmológicas nos hablan directamente a esa faceta nuestra. Al final, el sentido o sinsentido del cosmos no lo hallamos en el medio con el que estudiamos la casa, lo hallamos en el inquilino. Y yo, en tanto que inquilino, sólo puedo decir que las metáforas cosmológicas no me sirven. Sólo puedo decir eso, no puedo proyectar esa afirmación a los demás.

domingo, 3 de febrero de 2008

Se abren las apuestas

Amy Winehouse, la artista de soul más talentosa de los ultimos años, se va a morir. Y pronto. Al menos en eso confían muchas de las personas que han puesto fecha y hora al momento de fallecimiento de la cantante. Como lo ois.

La idea ha sido fruto de la enferma mente de la gente de TotallyCrap. Efectivamente, When Will Amy Winehouse Die? es un concurso que al lema de un Predice la muerte de Amy y gana un ipod, pretende recolectar predicciones y hacer que ganes un ipod. Tan sencillo como eso.

La cosa tiene miga porque esta muchachita es la enfant terrible de la música británica. La adicción a las drogas es a ella lo que el hacer películas a Woody Allen. Amenazó con el suicidio si no liberaban a su marido cuando la policía le detuvo por asuntos relacionados con las drogas. Actualmente atraviesa una crisis que le ha hecho aparecer en público con una alarmante pérdida de peso. Los entendidos dicen que su música es muy buena. Yo de Soul no entiendo, pero de calamidades sí, y esta mujer lo es.

El concurso puede ser interesante. Puedes intentar hacer una predicción correcta, jugártela y decir una fecha próxima. O puedes jugártela y decir una fecha lejana, como dentro de cuarenta años, y así conseguir en tu vejez, si aciertas, un objeto de coleccionista. También puedes no jugártela en absoluto y marcar directamente la fecha y hora de su muerte, aunque eso implicaría un plan malévolo de asesinato. En ese caso te la jugarías con la ley pero, un momento, ¡ganarías un ipod!

Las apuestas están abiertas; ahora es la banca la que decide.

Por cierto, mi fecha: 3 de septiembre de 2046 a las 03:45. Todavía no he decidido si jugármela o no. Tengo tiempo para pensármelo...

La Jungla 4.0 (2007)



A priori:

El índice de creatividad de la industria del cine se puede medir en función del número de adaptaciones y secuelas que se produzcan para dicha industria. Las adaptaciones pueden (y deben) añadir algo nuevo por el mero hecho de ser implementadas en un medio distinto. Las secuelas, en cambio, dificilmente llegan a aportar algo nuevo de calidad. No es el caso de la saga Die Hard, que tras un retroceso esperable en Alerta Roja, la cual parecía un plagio de la original, se reinventó en La Venganza, una auténtica orgía de acción que para muchos (entre los que me incluyo) superaba a la cinta del 88. El verano pasado se estrenó La Jungla 4.0. ¿Qué cabía esperar de ella? Poco o nada en vistas de la creatividad del cine más mainstream producido últimamente en norteamérica. Por otra parte, las expectativas estaban ahí. Hablamos de la saga La Jungla de Cristal amigos. Equilibrio de fuerzas entonces.

***

A posteriori:

Ni equilibrio ni hostias. Estamos ante otro producto de consumo y digestión fácil. Otro intento de los productores hollywoodienses por sacar partido a una serie (otra, y ya van unas cuantas) que estaba muy bien como estaba. Y estamos, sobre todo, ante lo que es la tumba de uno de los mejores personajes de acción de todos los tiempos. En el epitafio pone: Despropósito.

McClaine, John McClaine. Así se llamaba el héroe de acción definitivo. Un tipo vivo y sarcástico, pero también orgulloso y bocazas. Policía alcohólico por contrato indefinido y salvador de vidas a tiempo parcial. Con problemas familiares y laborales. Un tipo, a fin de cuentas, normal, con el que te echarías unas cervezas en una tasca de mala muerte, pero con la singularidad de estar a veces en el lugar equivocado en el instante menos preciso. ¿Qué queda de eso? Nada, a excepción de lo que quepa traslucir tras la parodia.

Y es que La Jungla 4.0 no nos presenta a John McClaine, nos presenta otra cosa. Willis ya no encarna a un tipo duro de matar, interpreta a alguien indestructible. Por quien los años no pasan. Con aura de inmortalidad. Una mezcla de Terminator, Némesis y John McClaine, donde lo más difícil de hallar es lo que hay del propio McClaine en el personaje. Si hasta lo diálogos y comentarios graciosos han sido disminuidos a su mínima expresión en pos de un personaje más frío y maquinal. Un McClaine descafeinado, sin nada de carisma, pero letal. Lo dicho: suena a parodia y a refrito de ingredientes cogidos de aquí y allá.

Los guionistas, para paliar este hecho han basado la trama en una historia de hackers informáticos, por lo demás, no demasiado interesante. La intención, supongo, humanizar al personaje de McClaine a la luz de sus carencias en conocimientos informáticos. Por otra parte, ardid no muy logrado, pues no creo que un policía de bajo rango deba conocer demasiadas cosas acerca de métodos de encriptamiento de información y bases de datos. Sin embargo, me ha gustado cómo han profundizado en la tiña y desconfianza a la tecnología del bueno de John. Lo que en las entregas anteriores se insinuaba, en La Jungla 4.0 se muestra explícitamente: un dinosaurio en la era tecnológica. Aunque como es la tónica en esta cinta, de manera exagerada y abusiva.

El malo de la peli, como era de esperar, no hace sombra a McClaine. No tiene el desparpajo de Rickman en la primera parte ni el frío y sutil discernimiento de Irons en la tercera. Tan sólo es un experto en informática con ciertas ansias de venganza hacia los EE.UU. y con grandes expectativas de hacerse millonario desde el cuadro de diálogo de su ordenador. Si hasta la hija de John parece tener más pelotas que él. De igual manera no cumple Justin Long, el informático bueno de la peli. No tiene el ácido carisma de Zeus y no es Reginald Veljonshon (aquí Carl Winslow).

En cuanto a Len Wiseman (Underworld I y II), se limita a poner la cámara allí donde le dicen. No hay un sólo encuadre en el que murmures un pedante "ummm". Nada, todo parece de encargo. Sobre todo en las escenas de acción, que por otra parte, tampoco están nada mal (aún cuanto de exageradas tengan). En La Jungla 4.0 las escenas de acción son más contundentes, más inverosímiles y, en general, más al límite (¡McClaine derriba un caza con un camión!). En ese aspecto la película cumple. El problema reside en la ausencia de pulso del realizador en la narración. El ritmo narrativo flojea allí donde no hay acción y los momentos de desarrollo de la trama se suceden bruscamente. Y lo peor de todo, lo hacen sin los chispazos de genialidad de su predecesora. Por ello, no es sólo que la peli no consiga sumergirte en un estado de interés constante o creciente, es que el interés se disipa a medida que la acción se desarrolla. Incluso llega a aburrir.

No es de extrañar que una película acerca de unos terroristas tras el 11-S sea un éxito de taquilla, máxime cuando la presencia de John McClaine está de por medio. Sin embargo, son tantos los errores que aquí y allá impregnan la película, que el índice de taquilla se revela como un marcador en falso (como casi siempre por otra parte). La Jungla 4.0 pretende ser un divertimento durante un par de horas por medio del cual hacer caja. Y en efecto, ha hecho caja. Pero desde luego no ha colmado las expectativas que se le presuponía a una de las mejores sagas de cine de acción. Y es que Die Hard 4.0 tiene más de 4.0 que de Die Hard.

Puntuación: 3.9

viernes, 1 de febrero de 2008

¿Qué juntaletras no debió haber existido jamás?

Aquí están los resultados de la encuesta del mes de enero. Si no se ven bien, clickad en la imagen. De todas formas, yo os los explico. Los cultos y entendidos han decidido mediante una mayoría simple (lo que no significa que los cultos y entendidos sean simples ni que la mayoría de ellos lo sean) que habría que ir a la hoguera con Dan Brown. Siete votos. De cerca le sigue ese genio de la criptografía más imbrincada llamado Paulo Coelho. Seis votos como seis soles para él. Ya más rezagado se encuentra Jorge Bucay, de quien se cuenta que todas las enseñanzas morales de la historia son sólo una breve y fugaz nota a pie de página de sus relatos. Tres votos. Dos votos para Fernando Savater, prolífico personaje entre cuyas inquietudes vitales y motores crematísticos se encuentran el escribir ensayos y relatos, ser activista e ideólogo y ser actor sólo cuando su apretada agenda se lo permite. En el pelotón de cola, el terceto de la muerte, compuesto para la ocasión por Lucía Echebarría, Michael Crichton y Stephen King. Un voto para cada uno. Julián Marías y Ken Follet se escapan indemnes de la criba.

En fin, es natural y comprensible que Coelho y Brown copen las primeras posiciones en este ranking. La espiritualidad del primero, en una época en la que la cosmovisión dominante es la materialista, puede ser el refugio de unos pocos para contestar acerca del sentido de la vida pero, para los demás, resulta barata a todas luces. No son buenos tiempos para adalides de una supuesta espiritualidad inmanente, que descubre y se sorprende del mundo a cada mirada, sea lo que fuere lo que signifique eso. No, al menos, si no te apellidas Hesse. Y bueno, qué puñetas puedo decir yo que no sepáis ya acerca de Dan Brown. Nada o muy poco. Supongo que a la gente se le puede engañar fácilmente una vez, pero luego el asunto se vuelve más complicado. El señor Brown ha conseguido publicar cuatro engaños en forma de libros hasta el momento. Sólo cabe decir, entonces, que es más astuto que la mayoría de timadores.

A Jorge Bucay le tengo especial tiña. Pero que no se malinterprete esto. Su periplo vital me parece elogioso, digno de un libro de Dickens. Pero lo que vienen siendo sus compilaciones de cuentos o herramientas terapéuticas, como él las llama, son francamente bochornosas. Sí, odio los libros de autoayuda. Son absurdos. ¿Cómo un libro escrito por otro puede suponer llegar a ser ayuda hacia uno mismo? Es de locos. Títulos como Déjame que te cuente me hacen pensar que Bucay piensa en personas muy necesitadas, tanto o más que él (vaya título...). En personas como él o en él como persona. A fin de cuentas, hablando extrictamente, el único receptor de su obra no es nadie sino él mismo.

Parece que suenan los tambores de guerra. ¿O son los latidos de la madre naturaleza? Parecen pisadas ¿Tal vez sean las de un Diplodocus? No, mucho peor. Es todo eso y mucho más. Es él. Es... Fernando Savater. Tiene que ser jodido ser nietzscheano y darte cuenta después que los derechos humanos son lo que mola. Tiene que ser jodido hacer comentarios jocosos sobre el terrorismo y acabar en una manifestación sujetando el lema de Basta ya. Tiene que ser jodido ser apolítico y depués ser el ideológo de un partido político. Pero tiene que ser jodido Fernando Savater, no por todo lo anterior, sino por esto. De sus libros, bueno, sólo he leido Los Diez mandamientos en el siglo XX y es una chorrada. Pero tampoco quiero generalizar. De todas formas, ¿a quién le importa lo que yo opine?

Del terceto de la muerte diré que pese a lo estrambótico del grupeto, me gustaría leer un libro suyo en colaboración mutua. Algo sobre unas malvadas lámparas asesinas que tratan de derrocar todas las aspiraciones feministas echando mano de la teoría del caos. O quizá lo escriba yo y se lo mande para que lo pulan. No sé.

Por último voy a comentar algunas cosillas relacionadas con el sistema que uso para las encuestas, ya que es nuevo. El viejo se me fue a la mierda de una manera insospechada y por ello no se me cargaba en la página. No sé que fue de él. Sé que hubo votos con el viejo sistema y que se perdieron, obviamente, con el nuevo. Disculpas para todos aquellos que tiraron su voto a la basura. En cualquier caso, me he pasado a PoolDaddy, que es más completo en cuanto a opciones de configuración. En este sistema no puedes votar dos veces desde la misma ip, lo cual está bastante bien para la credibilidad de las encuestas, aunque el número de participación sea más bien escaso. También tiene una opción que es other, en la cual el que vota puede escribir su opción personalizada (y que no ha sido usada por nadie). Es decir, puede contestar matizando, etc. En fin, que el sistema es bastante bueno, aunque no vaya a enumerar ahora todas sus bondades.

La encuesta del mes de febrero es, por decirlo así, más llana. Se trata de una polémica futbolera y, como toda polémica futbolera, ha de resolverse a puñetazos. Como todavía no cuento con un servicio que lleve implementada la opción "vote vía puño", es de principio incompleta. La pregunta es: ¿Debe ir Raul a la selección? (Véase: Eurocopa.) No se corten, voten sin ningún pudor. De momento la tecnología les asegura que no van a sufrir ningún daño físico.