viernes, 30 de noviembre de 2007

La muerte hacía un Sudoku

Normalmente cuando te planteas la posibilidad de completar un pasatiempo es porque te aburres. Si no no lo terminas; de hecho, si no no lo empiezas. Para qué puñetas vas a buscar terminar un supuesto entretenimiento con el que pasar el rato, si el rato ya se pasa él sólo. Porque no hay nada más fácil que ver como el tiempo se esfuma delante de tus narices y que tú no puedas evitarlo. Es como cuando yo escribo estas líneas. No es sólo que por cada letra que vaya escribiendo un fragmento de tiempo se haya evaporado. Es también que por cada letra que lees pierdes un fragmento de tu valioso tiempo. Y ambas cosas suceden en instantes temporalmente distintos. Por ello, el mundo de los blogs no es sólo mágico, sino que también es una ingente y desproporcionada pérdida de tiempo cuyos efectos se multiplican exponencialmente a mayor cantidad de entradas ( o salidas) y de lecturas ajenas.

Bienvenidos a la blogoesfera, donde el tiempo es tirado a la basura sin remordimiento alguno.

Pero bueno, ya basta de hablar del tiempo. Yo he venido aquí a hablar de Pasatiempos. Sí, de pasatiempos con mayúsculas. Y si de Pasatiempos trata el tema, habrá que hablar del Pasatiempo por excelencia. O lo que es lo mismo: habrá que hablar de los Sudokus.

No os voy a contar la pena de Murcia acerca de este genial entretenimiento. Eso si queréis lo podéis encontrar en otros sitios. Si me permitís la pedantería, os voy a hablar de un aspecto del sudoku algo profundo. Bueno, qué cojones, muy profundo. De hecho, ese aspecto está enterrado bajo tierra.

Si tenéis cierta culturilla cinematográfica, os habréis dado cuenta de que el título de esta entrada guarda cierto parecido con cierta película de Sergio Leone. En aquella película dos cazarrecompensas se disputaban el botín que se ofrecía por la captura o el asesinato de un peligroso bandido. Bien, esta entrada no guarda ninguna relación con esa película, pero me apetecía hablar de ella.

De lo que quiero hablar, ahora sí, es de las reflexiones que me suscitan los conceptos de sudoku y pasatiempo en relación al más allá. Sí amigos, lo que voy a hacer es una metafísica ultramundana del juego de las celdas y las cifras. Y no estoy hablando en broma (¿a qué peli os recuerda esta frase imaginándola con acento italiano? Pista: es española).

Pensad sólo por un momento en la predisposición anímica que adoptáis a la hora de encarar uno de estos pasatiempos. Podría resumirse en un: sé cuando lo empiezo, pero en absoluto cuando lo acabaré. Al menos piensas eso cuando ya has hecho unos cuantos difíciles y tienes experiencia. Siempre está el clásico ingenuo que afirma cosas como: "qué dices tío, si los sudokus están tirados, son cosa de aplicar la lógica y ya está". La lógica y ya está y los cojones y aún no está, porque muchas veces se trata de resolver estos puzzles por lo legal o por lo criminal. Aunque te lleven horas, días, semanas o incluso la muerte. O a la muerte.

La muerte es la conclusión de la existencia. Es su punto final. Y esto, en realidad, es hablar impropiamente. La muerte no es un acontecimiento de la existencia. Lo que aquí sucede es que la muerte concluye la existencia, la pone punto final, pero desde fuera, por así decirlo, como la mecha que hace detonar el explosivo. No obstante, si bien la muerte no es un acontecimiento de la vida, tampoco la vida es un acontecimiento de la muerte. Ambas dos, son realidades contrapuestas que, si bien no llegan a tocarse, forman un continuo.

Diréis: ¿Cómo que forman un continuo y no se tocan? Deja de decir disparates.

Y con esto llego al rasgo esencial de todo sudoku con un cierto nivel de dificultad: la capacidad para abstraerte de las coordenadas espacio temporales. En efecto, cuando te empleas en la resolución de uno de estos puzzles sucede algo mágico: la suspensión del tiempo. Esto enlaza en un sentido con lo de intentar terminar los sudokus por cojones. Y en otro sentido enlaza con el título de esta entrada. La muerte, amigos, es el signo distintivo de este pequeño gran puzzle, es el nexo de unión, a la vez material e inmaterial que hace que la vida y la muerte supongan un continuo. No, no me he vuelto loco. Bueno, o sí. Todo es un continuo. ¿O no? Sí, sí...

Ala, aquí os dejo un sudoku o, más bien, una matriz productora de innumerables sudokus. Lo he puesto en el nivel más dificil. De lo que se trata es de corroborar las líneas anteriores. Aunque bueno, no sé si me ha hecho mucho caso. Aún sigo vivo...

jueves, 29 de noviembre de 2007

Sociedad del Conocimiento y Wikis

Hoy en día el término Sociedad de la Información está muy en boga. Con él se alude al hecho de que los mecanismos económicos y culturales de las sociedades contemporáneas tienen su motor no tanto en los procesos industriales como en los artefactos producentes de información. Es por ello que se habla de sociedad de la información en contraposición a sociedad industrial.

En principio esta distinción puede resultar meramente retórica, pues en la medida en la que el mundo en el que vivimos la producción de manufacturas de la más diversa índole sigue plenamente vigente, los citados artefactos producentes de información sólo supondrían un continuo respecto a lo netamente industrial dentro del marco macroeconómico. Y de hecho, hablando en términos estrictos, lo que hay es un continuo. No obstante, que esto sea así no significa que la distinción sea baladí. Desde los años 70 se han realizado diversos estudios socio-económicos que ponen de manifiesto la cada vez mayor presencia en el mercado laboral de titulados en formación superior. Correlativamente, del número total de empleos en los países occidentales, hay más trabajadores relacionados con profesiones asociadas con la actividad intelectual (en sentido amplio) que con la actividad meramente manual o física. Es en este sentido en el que hay entender la distinción y, si se quiere, contraponerla con el estado de cosas existente en el siglo XIX.

Uno de entre los muchos aspectos de la Sociedad de la Información es la propiedad de generar nuevos contenidos culturales constantemente. Pero por contenido cultural puede entenderse cualquier cosa, pues hablar de la cultura es hablar de la totalidad de las cosas producidas por el ser humano. Cultura es tanto el último disco de In Flames como la secuenciación completa del genoma humano. Por ello la expresión lleva a error y es más correcto, a pesar de la redundancia, decir que la Sociedad de la Información tiene la propiedad de generar nuevos contenidos informacionales constantemente.

Ahora bien, si la producción de nueva información es constante, se plantea un problema. ¿Cómo demonios puede un individuo de características finitas tener acceso a información potencialmente infinita? Es necesario distinguir entre información y conocimiento. Y por tanto, entre sociedad de la información y sociedad del conocimiento.

En principio, es tan relevante, por poner un ejemplo, la muerte de Belén Esteban como la de Hunter S. Thompson. No debería haber nada en esos hechos que marcase diferencia de un lado o de otro. Ambos hechos son información y en principio valen lo mismo. La cuestión se plantea en la medida de cuál de ambos dos hechos, suponiendo que hubiera oposición, debería engrosar el cuerpo de conocimientos común. Supongamos la imposición de un canon para el establecimiento a priori, y por tanto dogmático, de lo que debe ser conocimiento. Ese criterio serviría para cuestiones científicas, donde las autoridades están bien definidas y los criterios de decisión más o menos claros. Pero no serviría para este caso. Se necesitan criterios democráticos entendidos en un sentido general.

Uno de los mayores aportes que ha traído consigo la web 2.0 es la creación de lo que se ha denominado wikis. Con ellas se ha conseguido lograr una democratización en el filtro del paso de lo que es información a lo que es conocimiento. Con ellas se ha dado una zancada de gigante para convertir la sociedad de la información en la sociedad del conocimiento, esto es, en una sociedad de la información más democratizada en la creación y acceso al conocimiento. Naturalmente que esta situación abre muchos problemas, pero de ellos no hablaré en esta entrada.

Como apunte final, si no sabes lo que son las wikis, echa un vistazo al vídeo de abajo. Una excelente ilustración (ilusa e ideal dirán algunos) de lo que el funcionamiento de una wiki es.



miércoles, 28 de noviembre de 2007

El PageRank de Google

Todo el que tiene un blog ansía tener muchas visitas, que la gente lea lo que tiene que decir y que, en definitiva, su espacio se haga popular. Si no, siendo francos, no haces un blog; escribes para ti. O directamente no escribes. Y punto.

Por esto el blogger es un animal social, pero un animal social muy especial. Aquí la sociabilidad no se consigue siendo guapo, ni atractivo, ni riendo las gracias del prójimo. La sociabilidad en la blogosfera es un concepto bastante difuso, poco claro.

Preguntaréis: ¿Por qué puñetas el blogger ha de ser un animal social si ni siquiera sabes lo qué estás significando con esa expresión?

Buena pregunta. Empleo la expresión "animal social" porque considero que pese a que muchas de las cualidades, matices y connotaciones que encierra el término en su uso descriptivo en el mundo real no encajan con el proceder en el mundo blogoesférico, sí en cambio responde a lo que considero es el factor esencial en toda relación que se precie de ser mentada como social, ya sea en un mundo real o virtual. Este factor no es otro que la intersubjetividad.

Por intersubjetividad entiendo la capacidad que tienen unos seres humanos para entablar relaciones con otros seres humanos con sentido, es decir, inteligiblemente. Y esto, a su vez, quiere decir: superando la traba ineludible de los intereses contrapuestos. Escuchar, entender lo ajeno o llegar a acuerdos o consensos son rasgos de la intersubjetividad.

Así que voy a cambiar de definición: el blogger es un animal intersubjetivo.

Bueno, llámese social, llámese intersubjetivo o no llámese animal en absoluto, los bloggers y el fenómeno de los blogs incita a la comunicación. La publicación de los contenidos abre un espacio para el diálogo, la reflexión y la crítica. La sentencia de un novato ante las líneas anteriores es: pues en mi blog no hay de eso. Esto entra en relación directa con las primeras líneas que he escrito. Paralelamente, suscita el siguiente interrogante: ¿Cómo puedo atraer más visitas a mi blog? Y correlativamente: ¿Cómo puedo hacer de mi blog un espacio más intersubjetivo (tenía que decirlo)?

Bien, la verdad es que no lo sé y por eso no voy a contestar a esas preguntas. Este post no va de eso y, además, bastante material hay en la red escrito por gente que sí cree saberlo, aún a pesar de que el PageRank de su web no alcance el 1 sobre 10. Efectivamente, voy a hablaros del PageRank.

El PageRank de google es una tecnología diseñada por Larry Page para establecer una relación de todos los enlaces entre todas las distintas webs del mundo. Básicamente es un algoritmo que define algo parecido a la popularidad de un sitio web en función de su interconexión (enlaces, comentarios...) con otros sitios webs. El PageRank define, por tanto, algo parecido a la popularidad de tu blog.

¿Cómo funciona? Asignando un valor numérico a tu sitio web en una escala de 0 a 10, dónde 0 es nula repercusión, esto es, nula interconexión con otros sitios webs, y 10 es la máxima. Los enlaces que tú tengas en tu web son, por así decirlo, "puntos" que envías a las distintas webs que tienes enlazadas. Si otras webs te enlazan, te envían puntos. A su vez, no todos los puntos valen lo mismo. Los que emiten las webs con mayor ranking, es decir, las que más enlazadas están a otras webs, valen más. Y viceversa. Aquí tenéis algunas de las webs con mayor ranking en PageRank.

¿Por qué debería interesarme todo esto? Porque el señor Google se fija en el ranking de tu web, en tu PageRank, a la hora de ordenar los resultados de una búsqueda. Si quieres que los contenidos de tu web aparezcan en los primeros lugares a la hora de la verdad, es decir, cuando un usuario efectúe una búsqueda, deberás preocuparte de tener un buen PageRank.

El PageRank de google lo podéis ver si tenéis instalada la barra de google en vuestro navegador. Si no la tenéis, instaladla. Y si pasáis de hacerlo, existe una web llamada Pagerankmania que os dirá la información del ranking de cualquier web.

Mi Page Rank:



¿Y el vuestro?

lunes, 26 de noviembre de 2007

Momentos Estelares de la Humanidad



La historia universal es un concepto que sólo de pensarlo provoca vértigo. Por tanto, la historia, en toda su extensión, es algo que da vértigo de por sí. A veces lo pienso: la historia no es más que el arte de la simplificación de una cierta cadena de sucesos; una cadena reducida a su mínima expresión más relevante.

Obviamente esta perspectiva confiere de insignificancia existencial a la vida del individuo de a pie; el llamado vértigo. Es indudable que cuando estudiamos, por ejemplo, la historia de la edad media, la mayoría de acontecimientos importantes son completamente ajenos a los individuos cuyas metas y aspiraciones vitales se ven, en cambio, interceptadas por aquellos sucesos considerados destacados bajo una mirada a posteriori. Si se puede entender la historia universal como una gran representación teatral en la que unos pocos actores deciden tomar el rol de guionistas del destino de la mayoría, puede entenderse cuan lastimera y solemne, a la par que trágica y sombría, puede llegar a ser la existencia particular, la existencia de uno mismo.

No hablo de otra cosa sino de la libertad en su aspecto, si se quiere, más general. Si la vida de una persona puede entenderse como el producto de sus acciones, pues vivir no es otra cosa más que hacer, y las acciones son determinadas por un conjunto de decisiones dentro de un mar de posibilidades, entonces la historia universal se nos presenta como el fátum ineludible al que nuestras acciones le son indiferentes y, más aún, en cierto sentido irreconciliables. La historia universal sería como la cuchilla afilada de una guillotina, que cercena y decapita todo cuanto a su paso encuentra.

No hace falta ir muy lejos para darse cuenta de ello. Piensa en las decisiones de los gobernantes políticos que tienes o has tenido. Puedes decir que operan de acuerdo con el principio utilitarista del mayor bien para el mayor número de personas (puedes poner otro principio si crees que es más correcto, e incluso en otro sentido, puedes poner el principio que consideres más incorrecto). Realizan cálculos para estimar qué acciones serán más beneficiosas en relación al objetivo con el cual son guiadas. Ejemplos hay muchos: bajar el paro, aumentar la calidad de la educación, controlar la inflacción, etc. Los medios, a su vez, muy diversos: aumentar o disminuir los impuestos, realizar obras públicas, invertir en armamento o en I+D, etc. Lo crucial es que en todas sus decisiones tú no eres más que una cifra dentro de un gran saco con muchas otras cifras; tú solo pasas a engrosar un porcentaje o una lista. Pero la cuestión es que tú no eres una cifra y ni mucho menos quieres ser reducido a ser un elemento dentro de un porcentaje o una lista. Sencillamente piensas que eres algo más. Que hay algo en ti que es irreducible a todo lo anterior.

Y esto sucede ahora, o al menos, desde hace relativamente poco tiempo. Pero en épocas pasadas la consciencia de la alienación no existía. Simplemente el individuo se limitaba a vivir la vida que le había sido impuesta, por así decirlo, desde fuera. Lo que significaba un total desconocimiento de la imposición. El caso límite: Auswitch, donde la imposición empieza a ser consciente de sí misma con fatales consecuencias respecto a su campo de acción.

Por ello me considero ciertamente (no entender la palabra veritativamente) escéptico respecto al móvil que guía la investigación histórica y que puede formularse con la sucinta, y por tanto parcial e incompleta, siguiente expresión: saber de dónde venimos. No deja de ser paradójico que una expresión parcial e incompleta muestre el panorama de una disciplina, por definición (de imposibilidad física), que es a su vez parcial e incompleta. Por ello quizá no acostumbre a leer demasiada literatura sobre historia.

Hoy os voy a hablar de un libro de historia.

Pero no un libro de historia cualquiera, sino más bien uno que, por decirlo así, toma consciencia de su futilidad y que, a la vez, consecuentemente reduce su exposición a lo más elemental y, por tanto, al plano más alejado del individuo de a pie. Y lo hace en forma de píldoras históricas, en general, por medio de las decisiones y acciones de individuos que pudieron ser de a pie, pero que sin embargo, por avatares de la historia, no lo fueron.

Momentos Estelares de la Humanidad (título nada afortunado, y no es el primer libro que comento con un título así) pretende presentarnos, como su propio subtítulo indica, catorce miniaturas históricas. Así pues, este libro no es más que un pequeño breviario de efemérides.

Con el incomparable talento literario de Stefan Zweig, del que aprovecho para recomendarte la excelente Novela de Ajedrez y para recomendarme Carta de una Desconocida (cuya adaptación cinematográfica a cargo de Max Opüls es una auténtica obra de arte), el libro se muestra como un ameno compendio de sucesos que podrían ser denominados relevantes desde el punto de vista del rumbo de la historia. Un breve repaso por los capítulos del libro nos muestra los siguientes temas: la muerte de Cicerón, en el que se nos narra las constantes maquinaciones de los generales por hacerse con el poder y por quitarse de en medio a la figura del ilustre pensador; el descubrimiento del pacífico, en el que se nos cuenta las peripecias y argucias con las que un simple polizón, Vasco Núñez de Balboa, pasa a formar parte de la historia con la picaresca y el afán aventurero por bandera; la creación de la Marsellesa, en el que se nos relata como el simple encargo de unos breves versos a un soldado para una cena del alto mando durante la guerra con Alemania por el mantenimiento del antiguo régimen en Francia, escasas fechas antes del decapitamiento de Luis XVI, devino en el mayor estandarte de la patria y el orgullo galo; la lucha por el polo sur, en el que se nos describe la travesía heroica pero sumamente infructuosa del capitán Scott en su afán por ser el primero en pisar el polo sur, y de como ello le costó la vida en vano; amén de otras efemérides como puedan ser la conquista de Bizancio, la resurrección de Haendel, la fiebre del oro, la condena a muerte de Dostoievski o la historia desternillante de la primera palabra a través del océano por medio del telégrafo, entre otras muchas.

La historia que más me ha gustado ha sido la recreación de los últimos tres días de la vida de Tolstoi, en un formato ya más de ficción histórica. Lev, quien en 1890 empezó a escribir una autobiografía que sería llevada al teatro póstumamente con el titulo de Y la luz brilla en las tinieblas, siempre fue un ferviente convencido de que la moral cristiana era la más adecuada y, en definitiva, la más honrada y buena entre las posibles. Tolstoi nunca se cansó en sus obras de materializar esa idea a lo largo y ancho de un espectro de personajes en principio irreconciliables. Sin embargo, en lo referente a su vida, siempre sintió la sensación de no llevar una vida buena conforme a los principios de humildad, pobreza y solidaridad que los evangelios promulgaban. Siempre sintió la sensación de estar traicionándose a sí mismo, de haber una tensión espiritual entre aquello que predicaba y aquello que realizaba. Vivía en una mansión y su mujer era una acaudalada noble, hecho que hacía que nunca tuviera ninguna carencia material de ningún tipo. Pero el sentía que esa vida no era honesta. La huida hacia Dios, título del capítulo, narra con incomparable belleza en formato teatral, los últimos tres días de la vida de Tolstoi, en los cuáles, tras una charla con unos incipientes revolucionarios comunistas en 1910, y al manifestar su desacuerdo con los medios que éstos están dispuestos a llevar a cabo para conseguir sus fines, en principio loables, se convence de abandonar a su familia y su vida anterior en pos de una vida más honesta y buena. Todo ello narrado por Zweig consigue que la historia se alce por encima de la existencia individual para erigirse como modelo de conducta, al menos como otro modelo de conducta más, entendiendo por modelo algo esencialmente sublimado respecto a la existencia de toda vida individual. Realmente, hay que leerlo, aún cuando pienses después de ello que tu vida tal y como la afrontas cotidianeamente no sea sino un sucedáneo de algo que quepa ser denominado como basura. La léctura de este capítulo justifica la lectura del libro entero.

Por hoy ya basta, he conseguido hablar de un libro de historia cuando no creo especialmente en el valor de las investigaciones históricas. Y lo peor de todo: he conseguido hablar de un libro de historia que, a mi pesar, sí merece la pena. Por hoy es suficiente.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Los hombres no lloran, por Poli Rincón

Si hay un personaje de toda la radiodifusión española que sea al que más odie, lo siento por todos sus admiradores, pero es sin duda Poli Rincón. Sé que no todos le conoceréis. Por ello, ahí le tenéis.


Si es que no hay más que verle: menuda cara de gañán tiene el pobre hombre. Tiene toda la pinta de ser otro estúpido borracho tabernero, de esos que se piden un tinto y luego se piden otro con la escusa de la tapita. De los que llega el miércoles a la noche y se marcha del bar donde se ha puesto todo cocido para ir deprisa y corriendo a casa a ver el inicio del partido de la champions, tras lo cual y una vez allí, va a la nevera a por una San Miguel, marcha al salón, se sienta en el sofá, abre la lata y enciende la tele. Al cabo de dos minutos inmerso en un estado absolutamente catatónico, vuelve en sí y se da una torta en la frente al recordar súbitamente que no tiene Digital Plus y que no puede ver el partido. A continuación, recuerda el cartel del bar donde se ha puesto todo cocido: "Hoy miercolés Real Madrid - Olympique de Lyon. 20.45h." Y se da otra torta en la frente. Se bebe la cerveza y pega a su mujer.

Tiene pinta de todo eso, y lo peor de todo: tiene cierto deje estrábico. Nunca me han gustado ni me han caído bien los estrábicos. Me recuerdan a los hamsters. Y nunca me han gustado ni me han caído bien los hamsters. Me recuerdan a los estrábicos.

Mi madre me decía cuando era pequeño que las apariencias engañan, que no nos debemos fiar de nuestras impresiones más inmediatas. Bueno, en realidad no me decía nada eso y vete tu a saber que me decía porque, obviamente, no me acuerdo. Seguramente cualquier cosa salvo eso, pero suponiendo que lo dijera, tendría razón. Es decir, aplicado al caso de Poli Rincón esa máxima sería verdad. Su apariencia de gañán lleva a error. En realidad, es infinitamente peor que el prototipo de gañán descrito en las líneas anteriores.

Este señor de mirada tontorrona y aspecto y gesto afable ha prostituido la esencia de toda retransmisión deportiva. Este señor no esconde cuáles son los colores de su podrido e infesto sucio corazón, no trata de ocultar que es un merengue de los pies a la cabeza, si es que tiene cabeza, porque yo ya no me fío de mis impresiones más inmediatas. Su forofismo exhacerbado ha conseguido que toda España le tenga atravesado. Pero a él eso no le importa (Volved a mirarle si no).

Yo tengo una teoría al respecto. Una teoría más o menos confirmada, pero que sin duda está guíada por la más férrea e inconmovible creencia de que es verdadera, lo cual no digo que sea suficiente, pero a los telepredicadores les funciona. Mi teoría es la siguiente: Creo que Poli Rincón se está vengando de toda la radio en su absoluta generalidad, y de las retransmisiones deportivas en particular. Pero, ¿vengando por qué? La contestación a la pregunta y la prueba de mi hipótesis en el vídeo de abajo.



sábado, 24 de noviembre de 2007

Infiltrados (2006)


A día de hoy existen pocos cineastas que al ver su nombre en la cartelera sepas que lo que te van a ofrecer va a ser un valor seguro. Cronenberg, Eastwood o Chan Woo Park son los primeros nombres que se me vienen a la cabeza, aunque no son los únicos. Por supuesto, el viejo lobo de Martin Scorsese también lo es.

El director neoyorkino, a pesar de haber sufrido algunos altibajos de estilo y nivel en películas como El Aviador o Al Límite, mantiene más o menos constante la calidad de las producciones en las que interviene. Su extensa filmografía es prueba de ello y, como no quiero sonar tópico ni plúmbeo, no citaré todas sus películas buenas, que son casi todas y la mayoría bien conocidas (o al menos deberían serlo). Infiltrados (The Departed) se suma a la colección de cintas hechas por el bueno de Martin que no hay que dejar de ver. Veámos por qué.

Antes de empezar en materia, decir que Infiltrados es un remake de una producción Hongkonesa titulada Infernal Affaires. Bien, sé que no es el mejor arranque para hacer una crítica, pero mentiría si dijera que he visto la película en la que se basa. Así que no valoraré lo bien o mal adaptada que esté; no tocaré este punto. Gracias a ello, esta crítica es un poco menos completa. Bieeeeen.

Infiltrados nos cuenta la historia de dos jóvenes criados en el sur de la ciudad de Boston, Billy Costigan (Leonardo DiCaprio) y Collin Sullivan (Matt Damon), que ingresan en el cuerpo de la policía de la ciudad. Paralelamente, se nos cuenta la historia de Frank Costello (Jack Nicholson), un capo de la mafia que no duda en utilizar los métodos más salvajes para conseguir lo que se propone. En una operación de máximo riesgo, los jefes de la policía deciden introducir un topo en el organigrama de la banda de Costello. El objetivo es conseguir información para detenerle en alguna acción contrabandística con las manos en la mesa. El elegido, Billy Costigan. Lo que la policía no sabe es que Costello tiene un topo en la policía, y éste está ascendiendo como la espuma por los distintos departamentos del cuerpo para, de este modo, tener a su jefe bien informado y hacer que siempre lleve un paso de ventaja respecto a los encargados de hacer cumplir la ley y el orden. El encargado, Collin Sullivan.

Con estos ingredientes Martin Scorsese nos cocina un thriller de altura, de los que no dan tregua al espectador y en el que el final sorprende a propios y extraños. Todo ello curtido bajo un guíon consistente, de los que son difíciles de encontrar en Hollywood, en el que el peso de la trama se sustenta en la pantalla con un magnífico trabajo actoral.

Porque si de lo que algo puede presumir Infiltrados es de gozar de unas estupendas interpretaciones. En ese sentido, hay que destacar la labor de DiCaprio, que consigue transmitir al espectador todas las tribulaciones que su personaje sufre debido a la labor que le ha sido encomendada. Sin duda este actor hace tiempo que dejó de ser el sex symbol de las adolescentes para convertirse de un tiempo a esta parte en un intérprete como la copa de un pino, y en esta película lo demuestra con creces. DiCaprio hace de Billy Costigan un personaje creíble, en el que sus contradicciones interiores le hacen mostrarse como lo que es, un ser humano al que una situación límite le hace vivir al borde del precipicio continuamente. Un difícil papel solventado con nota, en definitiva.

No puede decirse lo mismo de Matt Damon, que simplemente cumple sin sobresalir. El personaje de Collin Sullivan, central en toda la trama, puede ser definido como el de prototipo de cínico redomado. Damon se limita a hacer la función correctamente, haciendo que el traje de cínico y mentiroso le case a la perfección en las escenas en las que su personaje se muestra como tal, pero mostrándose frío y carente de toda empatía cuando su personaje empieza a dudar y a tener las cosas confusas. Su personaje (en cierto sentido recuerda al de Stuart Shappard en los primeros minutos de Última llamada) es notablemente más sencillo que el de DiCaprio. Pues de cínico y triunfador no debe ser muy difícil actuar cuando esa es la vida que uno se gasta en la realidad. El problema reside cuando el personaje exige otro tono, otro talante, fáctor que Damon no ha sabido implementar en su interpretación.

Si en la disputa entre Damon y DiCaprio sale vencedor el segundo, Jack Nicholson demuestra una vez más que en la actualidad pocos actores hay con su talento. En especial, si su papel se presta a hacerlo evidente. Y puede decirse que el personaje de Frank Costello le viene como anillo al dedo. Se suele criticar a Nicholson de cierto histrionismo y de cierta sobreactuación en casi todas sus interpretaciones, y de hecho puede aceptarse esa crítica. Pero cuando de lo que se trata es de plasmar la forma de ser de un capo al que nunca le ha costado ningún esfuerzo estar con una mujer y al que conseguir cualquier capricho nunca le ha supuesto ningún dolor de cabeza, entonces amigos, no hay crítica que valga. ¡Ese es su papel! No hay más discusión.

En cuanto al elenco de secundarios tenemos a un Alec Baldwin cumpliendo sobradamente como jefe de policía irónico y benefactor de Collin Sullivan, un Martin Sheen haciendo de poli bueno en la pareja que compone junto a Mark Wahlberg, el cual sin duda es la mayor sorpresa del film, por cuanto de inmisericordes y lapidarios tienen todos sus ácidos comentarios.

Toda esta labor actoral no tendría todo su impacto si el tipo de montaje escogido por Martin Scorsese hubiese sido otro. En Infiltrados nos topamos con saltos temporales, historias cruzadas y un frenético ritmo narrativo, el cual, como en la buena cocina, es aderezado con momentos de calma y reposo. La violencia y la preparación de los planes delictivos o policiales es alternada con gran maestría; en ningún momento se da la sensación de brusquedad en el desarrollo de la trama. Si cabe, tan sólo en los últimos instantes y, creo yo, con el fin de dejar interrogantes en el espectador. No todo tiene que casar a la primera y, por supuesto, para mí ese es otro acierto del film (aunque hay quienes piensan en ello como un handicap).

En relación a la música qué decir... que han introducido Im Shipping Out To Boston de los Dropkick Murphyes. Grandes.

En cuanto a la fotografía estamos también ante otro elemento a destacar, siendo empleada con absoluta maestría. Tres ejemplos: La escena de la azotea con el cromatismo de tonos fuertes en los personajes reminiscente de las películas de los años 60 hollywoodienses. El claroscuro en las primeras escenas del film cuando se nos presenta a Costello con la cara poco visible por la falta de luminosidad, simbolizando oscuridad moral. El plano final de la azotea con la rata en la balaustrada.

Los dos últimos ejemplos me vienen al pelo para ilustrar lo que es a mi entender el mensaje moral de la cinta. Un mensaje que no es otro sino el que el propio Costello enuncia explícitamente en los primeros compases de la película al decirle al joven Sullivan: "En la iglesia nos decían que cuando fuéramos mayores tendríamos que decidir si ser ladrones o policías. Ahora yo digo: con una pistola cargada en la mano, no hay difrencia entre ser policía o ladrón". No existe la bondad ni la maldad absolutas en un mundo que no sabe diferenciarlas. Este mensaje se acentúa a medida que la película avanza y, sin duda, tiene un corolario fuertemente contraintuitivo en la última escena.

En cualquier caso, a pesar de este mensaje metaético, la película no se reduce a ello. Como conclusión a estas líneas me gustaría apuntar que el cocktail formado por la violencia, el suspense, los dilemas morales y la acción tiene también como componente, si se quiere llamarlo holístico, el humor negro, a veces soez y zafio, las más de las veces macabro. Sin la perspectiva de que la peli que se va a ver tiene como elemento ese ingrediente globalizador, puede que la visión de ésta no sea todo lo gratificante que debiera.

En definitiva, estamos ante una película que costaría mucho trabajo el resumir todas sus virtudes en estas escasas líneas. Una película de visión obligada y que nos devuelve, tras las sensaciones agridulces de El Aviador, al mejor Scorsese. De lo mejor del año pasado con diferencia y lo que más mérito tiene aún, de entre las mejores de la extensa filmografía del director neoyorkino. Ahí es nada.

Valoración: 9.2

viernes, 23 de noviembre de 2007

La Isla de los Preguntones

Os voy a poner un par de acertijos correspondientes al primer capítulo de la segunda parte del libro ¿La Dama o El Tigre? de Raymond Smullyan. Muy sencillitos, son los que abren el capítulo. Poca cosa, en definitiva.

En algún lugar de las vastas extensiones del océano hay una isla muy extraña, conocida como la isla de los Preguntones. Su nombre se deriva del hecho de que sus habitantes nunca hacen afirmaciones; sólo hacen preguntas. Entonces, ¿cómo logran comunicarse? Lo veremos más adelante.

Los habitantes sólo hacen respuestas que requieren la respuesta sí o no. Cada habitante pertenece a uno de dos tipos, A y B. Los del tipo A hacen sólo preguntas cuya respuesta correcta es sí; los del tipo B hacen preguntas cuya respuesta correcta es no. Por ejemplo, un habitante del tipo A podría preguntar, "dos más dos, ¿es cuatro?" Pero no podría preguntar si dos más dos son cinco. Un habitante del tipo B no podría preguntar si dos y dos son cuatro, pero podría preguntar si dos y dos son cinco, o si dos y dos son seis.

1. Supón que te encuentras con un nativo de esta isla y te pregunta:
- ¿Soy del tipo B?
¿Qué deducirías?

2. Supón, en cambio, que te hubiera preguntado si era del tipo A.
¿Qué habrías deducido?

¿Fácil no? En cualquier caso, cualquier parecido con la filosofía es sólo un espejismo.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Chavales, a jugar al Pacman

Si tuviera que enumerar en una lista los cinco mejores videojuegos a los que he jugado, creo que jamás introduciría al Pacman en la clasificación. Si tuviera que enumerar los cinco peores videojuegos a los que he jugado, creo que tampoco introduciría al Pacman en esta nueva clasificación. Sí amigos, el Pacman no pasa de ser un simple juego de un nivel más que discreto.

A pesar de ser entretenido, sus virtudes no van más allá de eso, de ser un mero soporte lúdico durante unos minutos. A decir verdad, el Pacman es un juego de gráficos pobres, sin ningún hilo argumental y cuya mecánica de juego parece sacada de la mente esquizoide de algún maniaco en su horas libres en el frenopático. Por algo lo sacaban como metáfora del efecto de ciertas drogas en alguna que otra campaña publicitaria de lucha contra la drogadicción. Y los publicistas saben de drogas...

Así que lo que tenemos entre manos es una mierda, una aberrante y desproporcionada bazofia. Conforme. Pero por el amor de Dios, ¿puede alguien en su sano juicio resistirse a echar una partidita cuando te lo sirven así, en bandejita y con todos sus ornamentos?





Así somos.

martes, 20 de noviembre de 2007

Piensa un momento en las siguientes situaciones

Eres un agente del servicio secreto chino y tu mujer es una tostadora. No tenéis hijos, tenéis tostadas. Los de control de natalidad os buscan, pero tu identidad es secreta. En cualquier caso, siempre tienes mucho hambre.

Ha habido una catástrofe nuclear y el mundo ha sido destruido. Sólo quedas tú y cucarachas en la Tierra. Como sabes que las cucarachas dominarán el mundo, acabas mimetizándote con ellas. Y sabes que no te costará demasiado. A fin de cuentas, debe haber alguna razón fisiológica por la que tu también hayas sobrevivido a la catástrofe.

Eres una máquina expendedora de latas de Pepsi. Tu vida es muy triste, sufres demasiado. Todo el mundo prefiere Coca Cola a Pepsi. Es demasiada carga emocional para tus sensibles circuitos eléctricos la que la trágica vida te ha deparado. Un día, y sin previo aviso, decides que todo debe terminar. Te desenchufas.

Tus peores enemigos son un cenicero y un libro que no ha sido abierto en años. No sabes como llegaron allí, pero sabes que vinieron para quedarse. Te sientes observado y lo que más te angustia: sabes que eso implica que alguien te está observando. Decides beberte una lata de Pepsi.

Estás de compras en un supermercado de una gran cadena comercial. Todos los artículos te resultan extraños, impropios de un lugar donde se compra comida. Miras tu angelical carrito de la compra: rifles de asalto, granadas de mano, pantalones de camuflaje, municiones varias, kit de cintas rojas para la frente, etc. De repente una bomba cae a tu lado y entonces piensas: "esos Charlies han vuelto a poner algo en mi bebida".

Nada importa, nada tiene sentido. Lo único necesario es correr. Correr como nunca has corrido. Correr como si de ello dependiera tu mísera vida. Esa vida que crees que riges volitívamente. Necio. Pero tú corres y corres y, finalmente, te sientas en el sofá de tu casa. Enciendes la tele.

¿Qué tienen en común todas estas situaciones?

Exacto. Todas ellas podrían, pueden y de hecho son o han sido alguna vez cortinilla de introducción de esa mágica serie llamada Los Simpsons (no hace falta que especifique el de hecho y con él lo demás, ¿verdad?).

Y ahora, con todos ustedes, una pequeña selección de lo mejor de lo mejor en ese apartado del ilusionario Simpsoniano.



lunes, 19 de noviembre de 2007

¡Ajá! Paradojas que hacen pensar



El libro que os voy a presentar a continuación es uno de los más claros exponentes de lo que ha venido a denominarse matemática recreativa. En la matemática recreativa, como su propio nombre indica, lo que se busca es el carácter lúdico de la disciplina. Si alguna vez en tu vida cogiste tiña o directamente asco a las matemáticas, en esta clase de libros encontrarás una visión de las mismas distinta a la que probablemente te formaste en tu etapa de adiestramiento escolar. Porque, aunque suene raro e incluso geek o nerd (tipos especiales de frikismo), las matemáticas pueden ser divertidas. Y de eso Martin Gardner, el mayor experto mundial en la materia, sabe un rato.

¡Ajá! Paradojas que hacen pensar pretende, a pesar de su título carente por completo de carisma, adentrarnos al maravilloso mundo de las paradojas matemáticas a través de un viaje donde la visión de conjunto, el aspecto divulgativo y ante todo la faceta lúdica son las notas paisajísticas predominantes. De este modo, las secciones con las que cuenta el libro son: lógica, números, geometría, probabilidad, estadística y tiempo.

En cualquier caso, para saber de qué trata el libro, lo mejor será fijarse en el significado de la palabra paradoja. Un estudio superficial de la palabra nos puede llevar facilmente a la conclusión de que no se trata precisamente de un término unívoco, pues se presenta a diversas confusiones en función del contexto en que se use. En otras palabras: es polisémico. Por ello, el propio Martin Gardner no se arredra al afirmar en su prólogo que usa el término en el sentido más amplio, el cual según él, puede desglosarse en los siguientes cuatro tipos de sentencias:

1. Afirmaciones que parecen falsas, aunque en realidad son verdaderas.
2. Afirmaciones que parecen verdaderas, aunque en realidad son falsas.
3. Cadenas de razonamientos aparentemente impecables, que conducen sin embargo a contradicciones lógicas. Es decir, falacias.
4. Declaraciones cuya veracidad o falsedad es indecidible.

Las más entretenidas son las paradojas de los dos primeros tipos. Las del tercero propiamente no son paradojas y las del cuarto son sin duda las que mayor grado de dificultad encierran y las que a mayores senderos de profundidad arrastran.

Tras un breve vistazo panorámico nos encontramos con la paradoja del mentiroso, la paradoja del barbero, de regresión infinita, la paradoja de Newcomb, de teoría de conjuntos, sobre la antimateria, acerca del azar, la falacia del jugador, sobre el principio de indiferencia, del verzul de Goodman, sobre el término medio, sobre los relojes locos de Lewis Carroll, sobre el destino y el libre albedrío, sobre máquinas del tiempo y un largo etcétera.

Todas las paradojas son expuestas con admirable elocuencia por Martin Gardner, eludiendo los tecnicismos en la medida de lo posible y casi siempre con un lenguaje claro y coloquial, sin oscurantismos disciplinares. Por ello, el principal punto fuerte del libro es el modo de presentación de las paradojas. Éste aproxima al lector desde un punto de vista divulgativo a la esencia problemática de los enunciados. Sin embargo, esa visión panorámica choca en ocasiones con la tendencia a querer saber más acerca de las paradojas: su origen, su repercusión, su ámbito, etc. Este aspecto queda subsanado con el apartado de referencias bibliográficas acerca de los distintos temas que aparece al final del libro para que el lector pueda profundizar, si así lo desea. No obstante, un poco más de profundidad no estaría de más, aunque claro está, allí donde hay profundidad el aspecto lúdico corre el riesgo de desaparecer. Y el objetivo del libro es el que es. Se entiende entonces el modo de proceder.

En cualquier caso, estamos ante un libro que, solamente por el tema que trata y el estilo con el que está expuesto, merece ser considerado como una futura adquisición a tener en cuenta. Martin Gardner es a la matemática recreativa lo que Isaac Asimov a la divulgación científica. Queda todo dicho con eso.

domingo, 18 de noviembre de 2007

¿Cuánto vale tu web?

Uno se hace un blog para escribir acerca de lo que le dé la gana, para no recibir órdenes, para criticar el orden establecido, para compartir sus conocimientos, para contar sus alegrías y sus penas, para evadirse de la realidad y, por tanto, de sí mismo, etc. Uno decide hacerse un blog por muchos y muy diversos objetivos, pero si de lo que se trata es de hallar el denominador común a todas esas razones, ésta es clara: el aburrimiento. (También en mi razón hay algo de eso; incluso en su propia enunciación.)

Sí, el aburrimiento es el motor sin el cuál nuestra vida sería monótona. Hasta que no vemos que la tarea que realizamos nos aburre, no nos damos cuenta de que podríamos estar haciendo otra cosa. El aburrimiento nos impulsa a hacer nuevas labores, a inspeccionar partes de nosotros mismos que considerábamos insospechadas. Son las lentes que nos permiten observar la realidad entera bajo una luz distinta. El aburrimiento nos lleva a crear y también a destruir. Puede definirse al ser humano como un animal que se aburre porque si no nos aburriéramos no seríamos humanos. Y con todo, el ser humano es un animal que no cesa en su vano intento de escapar al aburrimiento. Por ello, el ser humano tan sólo es un animal que intenta constántemente escapar de sí mismo; dejar de ser lo que es. Así de simple y así de complejo, porque complejo es algo cuando sus consecuencias implican una puesta en cuestión de sus antecedentes. Así somos.

Que ahora mismo me esté aburriendo al escribir estas confusas líneas de filosofía barata es algo que no lo discuto ni yo. No me lo toméis en cuenta. El motivo de esta entrada es una página web que he encontrado en una de esas maratonianas navegaciones en la red de redes en la que el único timón es el aburrimiento. Bueno, a decir verdad, puede decirse que el barco entero está hecho de aburrimiento, pero eso es secundario. La página web en cuestión es What Is Your Website Worth? y trata de ponerle precio a tu sitio web, sea blog, fotolog, web o un plato de macarrones telemáticos.

El cálculo lo hace en función de ciertos parámetros que desconozco pero que al parecer barajan ciertos buscadores tipo google, yahoo, etc. De suponer, relacionados con la popularidad, número de visitas, etc. Aunque la verdad es que para mí eso es un completo misterio. A saber.

El resultado respecto a La Incubadora del Mal es el siguiente:


This website is worth

What is your website worth?


¿A vosotros qué os sale? Bueno, si os sale poca cosa no sufráis. El resultado es meramente orientativo y el mercado, como todos sabéis, absolutamente especulativo. De todas formas, ¿no vais a vender el blog, fotolog, web o plato de macarrones telemático, verdad? Yo también.

The Absence - Riders Of The Plague (2007)



1. Riders Of The Plague (4:01)
2. Dead And Gone (5:02)
3. The Murder (5:23)
4. Echoes (5:05)
5. World Divides (5:35)
6. Prosperity (4:08)
7. Untitled (0:04)
8. Awakening (5:14)
9. Merciless (6:45)
10. Into The Pit (2:48)
11. The Victorius Dead (4:16)
12. Outro (7:03)

Corrían los primeros años del nuevo siglo y la escena americana de metal estaba infestada de copias de copias de copias de bandas que eran copias de copias de algo que fue considerado como original en su momento. Ese algo original puede ser englobado bajo los primeros discos de Korn y Deftones. El fenómeno subyacente, el arte del plagio, el new metal. Me imagino que todos conoceréis el argumento de la peli, aunque por si acaso, y para los rezagados, decribiré a trazos gruesos de que trataba.

La historia puede remontarse hasta los años 60, pero no me apatece hacerlo. Principios de los años 90 fue una época clave para comprender el salto que dio el rock más underground a los primeros puestos de los charts de éxitos. Las multinacionales pusieron su mirada en bandas como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden o Alice In Chains para intentar revitalizar (es decir, para seguir manteniendo el margen de beneficios de) una escena rockera que empezaba a ser casposa con tan infame sobreabundancia de glam y lentejuelas. El cajón de sastre que sería a posteriori denominado Grunge albergaba por aquel entonces un puñado de bandas originales. Pero por poco tiempo. En cosa de apenas tres o cuatro años había bandas a cascoporro ya, todas imitándose y, a la (relativamente) larga, fagocitando un estilo que realmente nunca llegó a ser semejante cosa. Por 1994 el grunge daba sus últimos pistoletazos de vida (veáse: de muerte).

La industría discográfica puso entonces de nuevo su atención en el underground, tal y como hizo cinco años antes. Fruto de ello fue el surgimiento de un estilo nuevo y fresco, sin complejos, sin prejuicios y, sobre todo, dificilmente encasillable. En otras palabras: surgió el tan denostado a la larga New Metal. Surgieron grupos como Korn y Deftones que revolucionaron el panorama del metal y, en general, el de la música. Guitarras pesadas, ritmos hip-hoperos, rapeados, influencias funky, hardcore, pop de los ochenta y un largo etc eran las señas de (¿cabe decirlo?) identidad del nuevo estilo. Básicamente tocabas new metal si mezclabas metal con algo ajeno al estilo. Por supuesto, también tocabas new metal si imitabas a Korn o a Deftones. Esto fue lo más habitual.

Los años tampoco pasaron en balde por el New Metal y durante los primeros años del nuevo siglo se empezó a notar un bajón de popularidad. La prensa especializada entonces puso sus ojos en un nuevo movimiento que rotularon como NWOAHM. No era otra cosa sino una mezcla del groove metal más yanki, con grandes dosis de thrash de la bay area y, lo más sorprendente de todo, ciertas pinceladas más que notorias del death melódico escandinavo. Una vuelta a los orígenes, se dijo. Bueno, eso es más que discutible (¿orígenes de qué?). En cualquier caso a la palestra subieron agrupaciones como God Forbid, Shadows Fall, Devildriver o unos renacidos Chimaira. Con ellas el metal extremo nunca ha sido tan popular en EEUU, al menos, en las vertientes del metal extremo menos extremas. Además gracias a este boom del metal cañero, se estableció un puente entre EEUU y Europa: bandas como In Flames, Soilwork, Arch Enemy o The Haunted empezaron a tener repercusión al otro lado del atlántico.

En cualquier caso, y como no podía ser de otro modo, este fenómeno empieza a dar visos de agotarse. Y es que no es que la historia sea cíclica, pero sí parece que se repiten ciertos patrones en ella. Hoy en día la sobreabundancia de grupos que se han subido al carro del estilo empieza a ser preocupante. Las ideas empiezan a copiarse y la originalidad brilla por su ausencia. Todo esto traerá consigo la muerte natural del estilo. Tiempo al tiempo (o más bien: tiempo al Tiempo).

Todo esta pedrada de introducción me sirve para presentaros, de manera más o menos efectiva, lo que significa el nuevo disco de The Absence.

Para los que no conozcáis The Absence, deciros que son conocidos por su confrontación contra Trivium, en la cuál les acusaron de haber abandonado sus raices true metal para venderse al mercado. Incitaron a sus fans a que "vendieran" sus camisetas de Trivium después de sus conciertos. En fin, como niños. Desde el punto de vista estríctamente musical, se trata de un grupo con pocos pasos en esto de la música. En 2004 editaron un EP homónimo y un año después su primer larga duración, From Your Grave. En agosto de 2007 presentaron lo que hasta ahora es su último disco y motivo de esta crítica: Riders Of The Plague.

Técnicamente se sitúan en unas coordenadas muy similares a grupos como Arch Enemy, los últimos Machine Head, Carcass y, bueno, esto podéis mirarlo en las últimas líneas de esta crítica. Cabe catalogarlos como una miscelánea de death metal melódico, thrash y poca originalidad. Sí, poca originalidad, porque si algo destila este lanzamiento por todos los poros es eso. Veámos por qué.

El disco arranca con Riders Of The Plague. Buen inicio de disco. Velocidad, caña y violencia sonora componen la tarjeta de presentación del disco. Riffes afilados y harmonías bien tratadas guían una composición en la que el vocalista se desgatiña las cuerdas vocales en la que es una de las mejores canciones del disco.

Dead And Gone es la siguiente en sonar. Primer single del disco, nos muestra la faceta más contundente del grupo. Riffes con mucho groove y buenas harmonías nuevamente. Si algo bueno tiene este disco es el trabajo guitarrero en solos y harmonías tipicamente suecas. La batería en esta canción se muestra contundente, pero sin más arreglos de los necesarios, comedida por el ímpetu de las seis cuerdas. Al bajo no se le oye. No es una mala canción, pero tampoco es muy buena. Yo habría elegido otra canción para promocionar el redondo. Y de paso, habría hecho un videoclip.



La siguiente en reproducirse es The Murder. Comienza sin más arreglos que con unas guitarras acústicas. De tenues ecos arábigos, rápidamente el tema hace un viraje de 180 grados hacia tendencias thrashers con una velocidad arrolladora en todos los instrumentos. Con alguna que otra parte death, el estribillo torna hacia las melodías interpretadas al principio de la canción por las guitarras acústicas, claro está, ahora con toda la electricidad de sus instrumentos habituales. Esta vez el solo, a pesar de introducir un brevísimo pasaje que hará recordar a Dream Theater, no está a la altura de los mejores de este disco. En general, una canción que acaba cansando, como casi todas las incluidas en este disco.

Las dos siguientes son sin duda lo mejor de este disco. En primer lugar, nos encontramos con una composición titulada Echoes, que sin lugar a dudas cuenta con un trabajo guitarrístico muy notable en cada una de sus estrofas, hasta concluir en un estribillo con una melodía que gustará todos aquellos del death melódico en su estado más puro. Una canción que no aburre, en la que cada uno de sus elementos juegan un papel bastante destacado en todo el desarrollo de la misma. Atención: nuevamente el solo. La otra es World Divides, la mejor canción de todo el disco. Una pieza que te parecerá haber sido compuesta por otras manos y otras mentes que las del resto del album. Comienza con un majestuoso riff de guitarra en la mejor escuela hermanos Amott. Tras esto, se incorporan el resto de instrumentos en lo que es el arranque más impetuoso y de mayor pegada de todo el album. Sin duda, es mejor que la escuchéis y la juzguéis vosotros mismos (o lo que viene a ser lo mismo: suspendáis el juicio escuchándola). Si todas las canciones encerradas en este Riders Of The Plague fueran de este nivel, estaríamos hablando de un album de 9,5 para arriba. Obviamente, este no es el caso. Y no es el caso porque de aquí hasta el final nos encontraremos con estructuras ya oidas, falta de ideas y un exharcebado peso en la composición de las tareas solísticas de los guitarristas. Nada nuevo bajo el sol, y si cabe, proyectando menos sombra.

Prosperity es una instrumental que no tiene demasiado que ofrecer. Una canción de cuatro minutos que podía haber sido condensada en menos tiempo y con ello evitar la repetición en la estructura, por otra parte, como en el resto de las canciones del disco, pero a menos velocidad.

Untitled es un puente de cuatro segundos de silencio que sirve para introducirnos a Awakening. Una canción que comienza bien, con unas melodías que preparan para un derroche de épica, pero que al final defraudan y siguen la línea habitual. Sin el menor indicio de riesgo. Apostando a lo seguro.

Le sigue Merciless, una composición que se extiende durante casi siete minutos. Comienza con una guitarra solista que sirve como introducción a otro tema cansino de doble bombo y riffes mil veces oídos. Lo mejor, nuevamente el esparcimiento individual de cada uno de los músicos hacia el final del tema ya, cercano al progresivo. Interesante, pero no suficiente.

Into The Pit es una breve pieza que va directa a la yugular. En una onda muy de la Bay Area de San Francisco, el tema se destapa como una canción simple, directa y entretenida, con un estribillo que hará recordar a Suicidal Tendencies o Testament con esos coros a cuchillo. La reiteración y el virtuosismo innecesario son dejados a un lado esta vez en pos de una mayor crudeza y, sobre todo, en favor de una propuesta más directa. Pese a no tener nada especial, se agradece una canción de menos de tres minutos sin mayores pretensiones que las de ir a lo que se le presupone que es a lo que debería ir. Sin más ni menos.

The Victorius Dead es el penúltimo track del album. Un tema decente que juega con tendencias thrashers cuando no lo hace con líneas gotemburgueras. Vamos, más de lo mismo, pero si cabe, un pelín mejor. Tampoco sin pasarse. Nuevamente el solo y la parte instrumental de mitad del tema son para quitarse el sombrero. El único aspecto redundante en el CD digno de elogiar.

El último corte del album lleva un austero y parco descriptivamente a la par que explícito Outro. Sin más, tampoco era plan de comerse mucho el tarro. Nada, otra instrumental, con alguna que otra melodía realmente sugestiva y en general, con los mismos piques de guitarras. Más de lo mismo. Al final del corte y tras unos minutos en silencio se oye la voz de un tipo dejando un mensaje en un contestador diciendo cosas tales como "te encontraré" y similares. Pues vale.

Este Riders Of The Plague no pasará a la historia como uno de los grandes discos del género en el que está subsumido. Pese a tener alguna que otra buena canción, y un temazo como es Worls Divides, en general padece demadiadas carencias en la composición de las canciones. Veáse, principalmente, carencias estructurales, del esqueleto de los temas. Este hecho no es baladí, pues pese a contar con músicos que nos son precisamente mancos en sus respectivas tareas, el disco aburre, y lo hace mucho. Otro defecto que le veo al disco es la longitud de la mayoría de las canciones, superando casi todas ellas los cinco minutos de extensión. Este hecho por sí solo no debería revestir mayor importancia, pues la duración de un tema viene determinada por lo que el propio tema exige. Pero en el caso de The Absence, da la sensación de que hay una premeditación por llegar a tales cotas de duración. Lo que debería ser un estilo fresco y directo, acaba convirtiéndose en algo más bien cansino, precisa y principalmente por este hecho.

Naturalmente que este disco no es completa y desaforada basura. Nada de eso. La mentada World Divides y las aptitudes musicales, sobre todo de los guitarristas, hacen que este pueda ser un disco entretenido por algún tiempo, al menos en lo que de virtuosismo puede llegar a contener. El error, a mi entender, es considerar que con el solo virtuosismo baste y, más aún, que sea interpretado como pilar maestro que sustente todo lo demás. En esto pecan los americanos, según creo. En cualquier caso, éste es un error subsanable en futuras placas, pues, a pesar de todo, este Riders Of The Plague sólo es su segundo album. Parejo a esto, se encuentra el asunto de las influencia de que beben (Arch Enemy sobre todo). En relación a esto, sólo les queda encontrar su propio camino, que diría un Siddartha. Más difícil lo tienen respecto al estilo que practican, pues como ha sido enunciado en la introducción de esta crítica, la ingente proliferación y masificación death metal melódico en tierras americanas y europeas hacen, a su vez, que con la única buena composición no baste. Pues, cuando un estilo se populariza, encontrar el camino propio, no sólo es importante, sino que pasa a ser fundamental. Mientras sucede o no esto, tenemos Riders Of The Plague, un disco que aburrirá a muchos, no sorprenderá a nadie y a algunos les entretendrá durante algún tiempo.

Me quedo con: Riders Of The Plague, Echos, World Divides,
Si te Gustan: Arch Enemy, The Haunted, Callenish Circle, Fear My Thoughts, Hatesphere, Carcass, At The Gates, Machine Head, God Forbid.

Valoración: 5.7 /10

jueves, 15 de noviembre de 2007

La Crisis del Lenguaje en Una Carta de Hofmannsthal

Lo que viene a continuación es la transcripción de un trabajito para una asignatura de la uni. La asignatura es Estética Literaria, el tema es la crisis del lenguaje y el motivo, la obra de Hofmannsthal reflejada en el título de esta entrada.

Sé que esto no casa muy bien con lo que ha sido el blog hasta ahora, aunque también es verdad que no sabría definir muy bien qué ha sido el blog hasta ahora. Intento de evasión y jerarquía ascendente de estupideces no son las expresiones correctas, pero son las primeras que se me vienen a la cabeza (que diría un personaje de Palahniuk). En cualquier caso, jamás había concebido hacer lo que voy a hacer: servirme de lo que hago en clase para hacer algo fuera de clase que ya hago en clase. Precisamente la idea con la que este blog nació fue otra, si cabe, la opuesta, sea lo que quiera significar esa expresión. Ya he dicho que no sabría definir esa idea en términos estrictos. Quizá ya de igual. O quizá puede que hoy no se me ocurra sobre que escribir y por eso recicle material. Nada, la prostitución nunca ha debido, debe ni deberá ser un delito. Y lo siguiente, expuesto y publicado aquí, espero que sea ejemplo de ello. Si no lo es, el mundo tampoco dejará de dar vueltas sobre su propio eje.

La Carta, del personaje Lord Chandos de Hoffmansthal, evidencia lo que ha venido a denominarse en filosofía como la crisis del lenguaje. Lo que vamos a intentar expresar en estas líneas es el hecho de que esa crisis tiene como corolario la crisis del sujeto. Para ello expondremos en qué consiste la crisis del lenguaje, o lo que es lo mismo, cuáles son sus fases, y, a continuación, intentaremos mostrar las consecuencias que acarrean para las ideas tradicionales de Yo y Sujeto.

La crisis del lenguaje tiene dos fases. En la primera se da una cierta imposibilidad para hablar de ideas generales o elevadas, tales como cuestiones Estado o acerca del alma, etc. En el personaje de Lord Chandos todo esto se expresa en la imposibilidad para sostener opiniones acerca de estos temas, y más aún, para realizar lecturas filosóficas inteligibles. Esta fase podríamos denominarla como la del colapso de los conceptos generales.

La segunda fase es la continuación lógica de la primera. Toda vez que los conceptos e ideas han abandonado al Lord, carece de esquemas y estructuras con las que dar cuenta de manera inteligible de su realidad cotidiana. Esto lo vemos ejemplificado en las chácharas habituales sobre temas intrascendentes, en el trato cotidiano con otras personas, etc. Con ello, Lord Chandos pierde su capacidad de referirse a lo concreto.

Estas dos fases tomadas conjuntamente nos exponen un panorama muy esclarecedor de lo que pueda ser la crisis del lenguaje. Este panorama, dicho sintéticamente, viene a suponer la ausencia de toda significación que quepa atribuir a las palabras. Pero, ¿qué es lo que somos sin lenguaje, sin el medio de representación del mundo? Esta es la preocupación esencial de Lord Chandos. Esta preocupación, en otras palabras, es la crisis del sujeto.

La crisis del sujeto tiene su primer efecto en la idea de Yo. Para Lord Chandos, bajo el viejo esquema representacional, es decir, antes de la crisis del lenguaje, el Yo es la posibilidad de hacer, y más concretamente, de hacer proyectos. Por ello Lord Chandos nos explica que él lo que quería era presentar fábulas del sentido que los antiguos impregnaban en sus mitos y que los artistas de toda época han plasmado en sus creaciones. Pero, ¿qué clase de significación inteligible cabe atribuir a cualquier concatenación de palabras toda vez que el lenguaje ha sido derrocado de su principal función, la representativa, y con ella, de todas las demás? Obviamente, ninguna. Esto implica que la esencia del ser humano ya no sea hacer, e incluso más profundamente, que la pregunta por la esencia del ser humano ya no tenga sentido. El yo no significa nada; el vehículo con el que la expresábamos ya no sirve.

Pero bueno, aquí hablamos de conceptos e ideas. Que no se pueda explicar qué es lo que hagamos no significa que no hagamos nada. Y nuestras acciones son buenas o malas. Cabe pensar que la ética aún tiene sentido. Pero no lo tiene, o al menos, no lo tiene su fundamentación. Esto se muestra en la situación en la que Lord Chandos tiene que explicar a su hija por qué no hay que mentir nunca y cómo, ante ello, no puede encontrar ninguna justificación en palabras. Por tanto, la crisis del sujeto no es sólo en relación al yo, sino también al sustrato más íntimo de lo humano: lo ético. Propiamente no cabría hablar de crisis del sujeto, pues todo aquello que asociamos a la palabra sujeto no tiene significado para nuestro protagonista.

Ante todo esto, ¿Qué es lo que queda? La inmediatez. Pero no una inmediatez traducible a palabras. Más bien una inmediatez inefable. En cierto sentido, una inmediatez como experiencia estética fundamental de todo lo demás, y por tanto, anterior al lenguaje. En cierto sentido, es casi mística y religiosa, pues mediante esa experiencia estética se capta la infinitud manifiesta en cada una de las cosas del mundo. Más genéricamente: se llega a captar la totalidad de las cosas; el mundo como unidad. Pero después de todo esto, no queda nada expresable mediante el lenguaje, que atomiza y descompone. Por ello, en realidad, esa experiencia estética primaria de la inmediatez no fundamenta nada; no hay nada que fundamentar más allá pues ella misma se fundamenta a sí misma y ella constituye el todo.

La crisis del lenguaje es un fenómeno que ha salpicado a todas las áreas de la filosofía contemporánea: desde la ética y la estética hasta la epistemología y la ontología. Por ello, no deja de ser curioso, y hasta irónico, que esta carta esté dirigida a Francis Bacon, aquel que durante el paso del renacimiento a la modernidad criticara tan severamente el embrujamiento que realiza el lenguaje en el vulgo mediante la elaboración de sus idola fori. Más irónico, si cabe, que el hecho de que el propio Lord Chandos sea capaz de escribir una carta que, por idea y concepción, es ella misma inexpresable.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Algún día el fútbol será así


El vídeo es de Lasse Gjertsen, tipo que sin lugar a dudas se merece una entrada exclusiva en este blog por su incansable dedicación al mágico mundo de lo absurdo. Sirva esta entrada de presentación a su imaginario.

domingo, 11 de noviembre de 2007

De mayor quiero ser rey

Sí, lo acabo de descubrir: se vive bastante bien siendo rey. Haces lo que quieres, dices lo que te da la gana y, sea para bien o para mal, siempre acabas saliendo reforzado de los entuertos en los que te metes.

Véase: En una recepción internacional das la bienvenida a tus invitados cordialmente pero con un rictus a la vez de seriedad en tu expresión. El rey mantiene la compostura en una recepción de altura, será la interpretación periodística y no, por ejemplo, el rey se mantiene seco y distante en la recepción. O bien: Estás en la presentación al mundo de tu nieta recién nacida (exacto, como si de tu nuevo barco se tratara) y gastas unas bromas a tus amiguetes de la prensa. El titular será: El rey y su sentido del humor crean furor entre la concurrencia. Y no: El rey huele a vino.

Por eso mola ser rey, porque nunca eres juzgado. (Y que cojones, porque no te tienes que preocupar de llegar a final de mes, aunque esto para lo que quiero decir es secundario.) Supongo que si al rey nunca se le juzga, en parte es porque él nunca efectúa esa operación. Básicamente tu deber como monarca parece que es vivir la vida y estar ahí donde se requiera tu presencia. Sin ningún fin u objetivo ulterior, simplemente estar.

Por eso sorprende que en ocasiones el rey de un puñetazo en la mesa y se haga escuchar. Sí, son momentos puntuales muy esporádicos, dispersos en la maraña de obligaciones y compromisos en los que el rey se ve inmerso, pero existen. Vaya que sí existen.

La noche del viernes al sábado (aquí sábado ya), en la cumbre iberoamericana celebrada en Chile, fue uno de esos escasos momentos en los que a Juancar le tocó currar. La situación era la siguiente: Hugo Chávez había hecho unos comentarios despectivos sobre Aznar. El típico discurso panfletario que tan bien domina el presidente venezolano, para que me entendáis. Entonces Zapatero le hizo una réplica, pero mientras esto sucedía, Chávez seguía a su bola. Es entonces cuando entró en escena el rey de todos los españoles. Entre miradas y gestos inquisitivos intentó amilanar al presidente venezolano. Y bueno, el resto podéis verlo a continuación en el siguiente vídeo.



Que grande Juancar. Nunca la expresión "el rey del pueblo" tuvo tanto sentido. Véase: en todo sus sentidos.

sábado, 10 de noviembre de 2007

La Dream Machine

Bryon Gynsin (1916-1986) fue un escritor, músico y pintor nacido en Londres. Es conocido por el redescubrimiento de la técnica artística del Cut-up o de recortes. Básicamente consiste en coger una obra de arte acabada, ya sea musical, literaria o gráfica, con una cierta estructura, y desordenarla para crear en base a sus elementos algo completamente diferente e innovador.

Esta técnica fue inventada por el artista dadaísta Tristan Tzara. Con ella, el artista francés pretendía romper la linealidad de la escritura común. Es célebre el suceso acontecido en una reunión de los surrealistas durante los años 20, en la cual, Tzara sacó palabras de un sombrero de modo aleatorio que dio como resultado un poema bastante innovador. Sin embargo, los surrealistas no se lo tomaron muy bien y tras la demostración se armó una trifulca tras la cual André Breton acabaría expulsando del movimiento a Tzara.

Si bien esta técnica no fue ampliamente aceptada, o dicho de otro modo, no tuvo un eco o una repercusión en el momento de su difusión, hoy en día encontramos innumerables ejemplos de su aplicación en distintas esferas artísticas. David Bowie ha creado muchas de las letras de sus canciones mediante esta técnica, al igual que Kurt Cobain con su música. Tom Yorke también la empleó durante la creación de Kid A de Radiohead y muchos Djs basan sus bases de vinilos en la composición mediante esta técnica.

Volviendo a Gynsin, descubrió esta técnica en un viaje a Marruecos, y la compartió años más tarde con Burroughs, durante su estancia en el Hotel Beat, sede de la incipiente, por aquel entonces, Generación Beat. En aquellos años Gynsin estimularía a Burroughs para la creación con sus ideas de novelas como Naked Lunch.

Ya en solitario, Gynsin siguió experimentando con todo este asunto del Cut-Up. Ideó los poemas permutados, que consisten en la repetición de una misma frase alterando en cada repetición el orden de las palabras. (Dicho sea de paso: cuando era pequeño solía jugar a eso, aunque reconozco que no me daba para construir un poema). Esta idea le hizo colaborar con el matemático Ian Sommerville. Muchas de aquellas permutaciones fueron creadas mediante secuencias al azar reproducidas por un programa de computación escrito por Sommerville. Un ejemplo de ello es el Poema de la pistola.

También fruto de esta colaboración es la "cosa" con motivo de la cual titulo esta entrada: la Dream Machine. Este invento fue creado con motivo de la lectura de ambos personajes del libro El Cerebro Viviente de William Grey Walter. Consiste, en su forma original, en un cilindro con aberturas a los lados. El cilindro es colocado en una plataforma giratoria que gira a 78 revoluciones por minuto o 45 revoluciones por minuto. Una bombilla es colocada en el interior del cilindro y la velocidad del dispositivo giratorio hace que la luz salga a través de las aberturas en una frecuencia constante entre 8 y 13 pulsos por segundo. Este rango de frecuencias corresponden con las ondas alfa, que son oscilaciones electromagnéticas que normalmente están presentes en el cerebro humano cuando se haya en estado de relajación. Lo que se consigue con ello es que mediante la visión estroboscópica del artefacto, se puede llegar a sufrir alucinaciones, visiones de formas simbólicas, etc. Vamos, que lo que consigues es un estado de sugestión similar al que alcanzarías si te estuvieras drogando.

Acabo de encontrar un vídeo en Youtube que reproduce los efectos de la Dream Machine. Las instrucciones de uso más importantes son:

- "Ver" el vídeo con los ojos cerrados.
- Apagar la luz del habitáculo en el que te encuentres. La única luz debe proceder del vídeo.
- No se recomienda la visión a gente que pueda padecer de ataques epilépticos.

(Las instrucciones completas las tienes clicando aquí.)

Y el vídeo es el siguiente. ¿Te atreves?



La Apuesta de Pascal

Blaise Pascal (1623-1662) fue un influyente pensador del siglo XVII. En matemática destacó por sus estudios acerca de la teoría de la probabilidad. En física contribuyó con aportaciones relacionadas con la dinámica de los fluidos y los conceptos de presión y vacío. En el campo de la filosofía se destacó por la defensa de un racionalismo laxo, abierto a las emociones y las pasiones. Suya es la célebre cita: El corazón posee razones que la razón no entiende. Su principal obra fue Pensamientos (publicada postmortem), en la cuál se introduce el ingenioso argumento que hoy conocemos como la Apuesta de Pascal. En él se nos pretende hacer ver que creer en Dios es más conveniente que no hacerlo.

Pascal siempre sostuvo que la finitud del entendimiento humano nunca podría dar cuenta de la infinitud de Dios. Si Dios es infinita inteligencia y las bestias son pura irracionalidad, el ser humano sería una mezcla de ambas sustancias: razón y pasión. La cuestión es que si nuestra inteligencia es finita, pues se ve coaccionada por nuestros impulsos de tipo fisiológico, sensitivo y desiderativo, jamás podrá dar cuenta de una sustancia infinita; y más aún, nunca será capaz de dar cuenta de la suprema inteligencia, de la entidad trascendente.

Que no sepamos ni podamos saber a ciencia cierta (véase racionalmente) si Dios existe o no, en principio, no debería ser un impedimento para llevar una vida buena. La cuestión para Pascal, en tanto que individuo concreto, no revestía gran importancia. Siempre creyó en la revelación de las sagradas escrituras y, más aún, después de que en 1954 sobreviviera milagrosamente a un accidente en el que estuvo a punto de morir ahogado, éste aspecto de su persona se acentuó de tal forma que se dedicó desde entonces al estudio exclusivo de la filosofía y la teología. Sin embargo, este problema epistemológico sí que preocupaba a Pascal en tanto que filósofo, si se quiere, moral. El asunto podría explicarse en los siguientes términos:

No cabe duda de que la moral cristiana es la mejor desde el punto de vista ético. Ahora bien, ¿cómo convencer a la gente para que lleven una vida de acuerdo a los principios morales del cristianismo, si no sabemos si Dios existe o no? La moral cristiana implica la imposibilidad de llevar una moral disoluta que aproveche todos los placeres del mundo real. Ahora bien, el escéptico podría decir que si finalmente Dios no existe, cuando muera no recibiré la reprobación de un juez supremo. ¿De qué me serviría actuar como si existiera si realmente no lo hace? Sería tirar mi vida a la basura. Y a fin de cuentas no sé si Dios existe o no. No tengo elementos de juicio para decantarme por una vida "buena" para estar al abrigo de un castigo divino tras mi muerte. ¿Por qué entonces debo actuar así?

Como se ve, para Pascal la partida se desarrolla en el terreno de juego de la moral o lo ético. Se trata de convencer al escéptico de que no lleve una vida inmoral (respecto al cristianismo). Para ello, desarrolla su célebre apuesta.

Pascal ve claramente que lo que hay es un espacio lógico de cuatro posibilidades, que surgen de la combinación del siguiente par de posibles ocurrencias: Que Dios exista o no y que se crea en Dios o no (es decir, que se lleve una vida buena o no). Así tenemos:

Posibilidad 1: Que Dios exista y yo crea en él.
Posibilidad 2: Que Dios exista y yo no crea en él.
Posibilidad 3: Que Dios no exista y yo crea en él.
Posibilidad 4: Que Dios no exista y yo no crea en él.

En la primera posibilidad ganaré el cielo, y con ello, una vida infinita de placer, que será infinitamente mejor que la vida llevada en la Tierra. En la segunda posibilidad iré al infierno, y con ello una vida que será infinitamente peor que la placentera llevada en la Tierra. En la tercera posibilidad habré desaprovechado esta vida finita, pero sin recompensa o reprobación infinita después. En la cuarta posibilidad, habré aprovechado una vida finita pero sin compensación ni reprobación infinita ulterior.

Para Pascal las cosas estaban claras: Creyendo en Dios se tiene la posibilidad de ganar una vida infinita de placer o de perder una vida finita de placer. No creyendo en Dios se tiene la posibilidad de ganar una vida finita de placer o de ganar una vida infinita de displacer. El coeficiente es claramente mejor para el creyente.

Wittgenstein dice en su Tractatus: La inmortalidad temporal del alma humana, es decir, su eterna supervivencia incluso después de la muerte, no sólo no esta garantizada en modo alguno, sino que, sobre todo, esta suposición no sirve en modo alguno para lo que siempre se ha pretendido alcanzar con ella. Pues, ¿se resuelve algún enigma porque yo viva eternamente? ¿No es quizás esa vida tan enigmática como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo.

Si lo que dice Wittgenstein es verdad, que realmente es bastante plausible, la apuesta de Pascal pierde todo su sentido. Ir al cielo o al infierno y vivir vidas infinitas en ellos no nos dice nada acerca de cómo serán esas vidas.

Pobre Pascal, él no se merece esta crítica. Démosle el beneficio de la duda. Supongamos que sus suposiciones son ciertas. Aún así, no creo que a Dios le hiciera mucha gracia que creyéramos en él por razones pragmáticas.

Pobre Pascal. Qué será de él.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Varg Vikernes

El black metal no es sólo un estilo de música, es algo más. Bastante más. Tanto es así, que de hecho podría decirse del black metal que su faceta estrictamente musical es la menos importante de sus cualidades. El black metal es una corriente de pensamiento anticristiana, satánica y esencialmente pagana. Es una actitud ante la existencia. Es una forma simbólica de vida. Para hablar de black metal es ineludible referirse a Varg Vikernes. Esta entrada trata de eso.

Este personajillo nació en Bergen, Noruega, el 11 de febrero de 1973. Realmente se llamaba Khristian Vikernes, pero cambió su nombre de pila por el de Varg, que significa lobo en noruego. Durante 1988 y 1989 funda una banda en solitario llamada Kalashnikov, en honor a uno de sus rifles de asalto preferidos, el AK-47. En 1989 deja Kalashnikov y entra a formar parte de la banda Old Funeral. Estos son sus primeros pasos en la música. Sin embargo, no duraría demasiado en ese grupo.

En 1991 retomaría su proyecto en solitario, y le cambiaría el nombre a Burzum. Esta palabra esta tomada de la lengua negra de la Tierra Media, y significa Oscuridad. Vikernes era un fanático de Tolkien. Según su perspectiva, la idea subyacente a Burzum era que El mundo necesita oscuridad, porque el exceso de luz no nos ilumina ni nos abriga sino que nos ciega y nos abraza.

Con una idea tan peregrina del mundo no es de extrañar que Vikernes hiciera más tarde lo que hizo. Pero ya habrá tiempo de contar eso. Ahora estamos con Burzum.

En Burzum consiguió labrarse popularidad dentro del underground blackmetalero, convirtiéndose en uno de los mayores exponentes del género. En 1991 ya tendría grabados casi todos los discos que se irían publicando años más tarde. Vikernes tocaba todos los instrumentos. Sus composiciones eran Black metal simple y directo con una voz desgarradora y todo envuelto en una corteza sónica más bien pobre que diáfana. Pero compuso más de tres discos en apenas un año.

El black metal es un género que nace de las primeras obras de Venom, Hellhammer, Celtic Frost o Bathory a principios de los ochenta, pero que adquiere todo su significado del eco y la repercusión que se le dio durante finales de los 80 y principios de los 90 en Noruega. Vikernes y su proyecto Burzum son puntos clave en este entramado ideológico-musical. Pero si tenemos que hablar de la pieza angular de éste fenómeno, es insoslayable referirse a Euronymus.

Euronymus había formado parte de la banda Mayhem, pioneros del Black metal en Noruega. Este tipo, de singular carácter misantrópico, tenía como una de sus aficiones mezclar productos químicos en su sótano. Era algo así como una especie de alquimista satánico. Una vez, mezclando productos químicos, la mezcla se hizo tan inestable que prendió su mano como si de un títere se tratara. Hellhammer recuerda: Incluso bajo el agua seguía ardiendo.

En el plano ya más musical, Euronymus regentaba una tienda de música y una discográfica independiente, llamada Deathlike Silence Productions. Desde ella se lanzó al mundo las principales obras de black metal noruego de aquella época: discos de Enslaved, Abruptum, Mayhem o mismamente Burzum fueron publicados por medio de ella. Gracias a esto conoció Vikernes a Euronymus. Por aquella época (1991-1992) eran buenos amigos.

El fenómeno ligado al black metal en Noruega, conocido como Inner Circle, tiene en Vikernes y en Euronymus a sus dos principales valedores. Inner Circle era una especie de secta cuya principal motivación era erradicar el Cristianismo de Noruega y, a la vez, regresar a las costumbres que el pueblo noruego tenía antes de la llegada del Cristianismo. Es decir, era un movimiento esencialmente anticristiano (a veces satánico) y pagano.

No hay que olvidar que el Cristianismo llegó a Noruega en el siglo XVI y XVII, por medio del protestantismo. En aquella época se les daba dos opciones a la gente en los medios rurales: abrazar el cristianismo o abrazar la muerte. El cristianismo nunca llegó a ser un credo asumido por la mayor parte de las poblaciones de medios rurales en Noruega. Aún así, se asumió como la religión oficial. No era cuestión de fe; más bien de pragmatismo.

Puede entenderse Inner Circle como una reacción a destiempo ante esta situación. Entre los objetivos programáticos fundamentales de Inner Circle estaría la labor de reestablecer una especie de armonía perdida con la llegada del Cristianismo a Noruega. Otro de sus objetivos, paralelamente ligado al anterior, sería el de hacer justicia. Estos dos objetivos se materializarían en la práctica en la quema de numerosas iglesias. Vikerness, que participó en varios de estos actos, usaría la estampa de una iglesia que quemó como portada del Aske de Burzum. También se asociarían varios asesinatos a tareas relacionadas con Inner Circle. Esta secta empezó a ser investigada por la policía.

Corría el año 1993 y Vikernes seguía manteniendo buenas relaciones con Euronymus. Pero la egolatría de éste sumado a los delirios de aquel propiciaron que la relación se deteriorara. (En este aspecto, Bathory ha añadido algunos detalles interesantes para entender la historia y las motivaciones de Varg para hacer lo que hizo: la creencia de éste de que Euronymus era gay y que sus malévolas palabras sólo eran una fachada que ocultaba nada; la creencia en el odinismo de Vikerness era esencialmente incompatible con la actitud malévola, pero dudosamente fundamentada, de Euronymus) El 10 de agosto de 1993 Vikernes acudió a casa de Euronymus. Llevaba un machete. Apuñaló 23 veces a Euronymus causándole la muerte*.

Rápidamente se abrió una investigación que dictaminó que Vikernes había sido el autor material del asesinato a la luz de la gran cantidad de huellas dactilares esparcidas en el lugar de los hechos. Vikernes, durante el juicio, aludió que lo hizo en defensa propia, que Euronymus era quien realmente quería matarle. En cualquier caso, fue encontrado culpable y condenado a 21 años de prisión, la pena más alta de la historia judicial noruega. Este es el vídeo de la sentencia.



Durante su estancia en la cárcel, Vikernes fue desarollando un racismo cada vez creciente, centrando todo su odio en el Cristianismo y en el Judaismo, hecho que ha supuesto un viraje hacia tendencias neonazis. Ahora Varg se hace llamar Varg Quisling Vakernes, en honor a un oficial de las SS en Noruega. Su salida de la cárcel estaba programada en 2006 o 2007. Sin embargo, un intento de fuga fallido más digno de los hermanos Marx o los Monty Python que de una película de suspense, propició que su condena se alargara unos meses



Su salida de prisión se cree que se producirá en abril de 2008. Vikernes ha manifestado que cuando esto se produzca continuará su labor con Burzum, en una línea cercana a sus primeras obras, alejado de los senderos ambientales que abrazó en sus últimas creaciones. (Aunque Bathory añade: en alguna otra ocasión Vikerness ha manifestado que no desea volver a practicar el estilo por la razón de que considera el bajo y la guitarra instrumentos de negros.)

Aunque también ha manifestado en alguna ocasión su hastío en relación a todo lo que le rodea, a todo lo que de mediático tiene su figura. Ha asegurado en alguna ocasión, presumiblemente bajo un estado depresivo, que cuando salga de la cárcel se refugiará en algún lugar aislado, sin ningún tipo de contacto con el mundo esterior. Y que una vez allí, no volverá a componer más material.

Por ello, en realidad lo que suceda cuando Varg salga de prisión es, actualmente, un absoluto misterio.

Esta es la historia de Varg Vikernes. Esta es la historia de un tipo muy especial.

PS: Debido a los comentarios de Francisco en lo referente a la correción de alguna que otra parte, ahora esta entrada es un poco más completa.

*PPS: copio y pego nueva información aportada por Bathory. "...en una entrevista dijo (Vikerness) que no tenía pensado matarlo si no que simplemente lo queria mandar a la mierda. Pero cuando llegó lo encontró drogado y débil, y euronymous y él empezaron a discutir el uno contra el otro. Euronymous se puso histérico y, al verse acorralado, subió a la habitacion de arriba y busco el fusil con el que se suicidó DEAD. Pero el arma no tenia municion. Despues intentó huir hacia la cocina a buscar un cuchillo, pero estaba tan histérico que empezó a golpear las paredes de sus vecinos. Es ahí cuando Varg saca una navaja corta y lo asesina de un solo golpe en la cabeza." Tened en cuenta que esto se dijo en una entrevista, a toro pasado y tiempo después de la condena. Que la versión sea cierta o no es algo que no podemos saber. Pero como dato resulta interesante por ser la versión (o una de ellas) de Varg Vikerness acerca de lo sucedido. También resulta interesante porque nos pinta al Vikerness asesino de otro modo: con menos premeditación y alevosía, aunque quizá con la misma impulsividad. Esto juzgarlo vosotros.