domingo, 27 de abril de 2008

La Ontología del Tractatus: Introducción

El viernes pasado tuve que hacer una exposición en clase acerca de la ontología del Tractatus Logico-Philosophicus. Tras terminarla, pensé que podría ser una buena idea hacer una transcripción de la misma al blog, por si podría ser de alguna utilidad a alguien. Así pues, éste será el primero de una serie de posts que versarán acerca de dicho tema. Las razones de que divida la exposición en varias entradas son principalmente dos.

La primera de ellas obedece a una cuestión de salud mental. Soy el primero al que le parecería sumamente indigesto leerse de una tacada todo lo que enuncié el viernes pasado. Indigesto, tedioso, aburrido, aniquilador, rompehuesos... Y supongo que no seré el único, a juzgar por las caras de algunos de los que me escucharon aquel día (quien dice algunos dice la mayoría). La segunda es de orden, digamos, fáctico. Consiste en que aún no tengo redactado todo lo que dije. Ni más ni menos.

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La finalidad que Wittgenstein pretende llevar a cabo con su Tractatus es esencialmente Kantiana. Si bien no consiste en describir las condiciones de posibilidad del conocimiento, sí comparte con la crítica del de Konigsberg un cierto aura trascendental. Éste viene dado en Wittgenstein por lo que cabe denominar la búsqueda de las condiciones de posibilidad de lo pensable. Esta tarea se realiza a través del medio de expresión del pensamiento, el lenguaje. Como bien expone en su prólogo: "El libro quiere trazar un límite al pensar o, mejor dicho, no al pensar sino a la expresión de los pensamientos; porque, para trazar un límite al pensar, tendríamos que poder pensar ambos lados de ese límite (tendríamos que pensar lo que no puede pensarse.)" Para ello, Wittgenstein postula dos cosas: una ontología y una teoría figurativa del significado. Por medio de ambas desgrana su visión acerca de la naturaleza de la lógica y de los problemas filosóficos.

Mi misión en la siguiente exposición es exponer la ontología del Tractatus. Para ello, es natural pensar que describiendo la parte del libro dedicada a dicha materia el objetivo se verá cumplido. Sin embargo, y como veremos, la tarea no es tan sencilla. Pues, por un lado, su ontología se ve constreñida por las necesidades de su teoría lógica. Esto quiere decir, como veremos, que determinados aspectos de su ontología sólo tienen validez, por decirlo así, de un modo abstracto. Este modo abstracto posibilita el acople entre las distintas partes del sistema. Sin embargo, la inteligibilidad de algunas de esas partes es ciertamente discutible. Por otro lado, está la discutida función que cumple el papel de lo místico en el libro, y que, desde el punto de vista ontológico, no podemos obviar. Así las cosas, tendré que dar un pequeño rodeo.

En esta exposición voy a seguir el siguiente procedimiento. En la primera parte de ésta voy a dedicarme a resumir del modo más sucinto que pueda las distintas partes de las que consta el libro. Vamos, voy a intentar resumir y exponer lo más claramente posible el Tractatus. En este resumen me saltaré algunas de las partes y el orden en la exposición no coincidirá con el del libro. Las razones son principalmente de orden expositivo, de facilitar la comprensión. A continuación, me dedicaré a discutir algunas cuestiones ontológicas y a precisar, bajo mi punto de vista, la ontología contenida en el Tractatus. Finalmente plantearé algunas objeciones que quepa plantear al libro.


6 comentarios:

Julián dijo...

Suena bien. La verdad es que una vez que uno se mete en vereda, y si le ayudan unas sencillas explicaciones, el Tractatus de Wittgenstein es de las obras más interesantes que he encontrado en filosofía. Leeré tu serie de post con gusto.

Ignatius Reilly dijo...

Gracias, se hará lo que se pueda.

Ric del que ha donat i en sa ruïna tan pur dijo...

A veure si ho publiques! Jo no en tinc ni idea però posarem aquesta meva neurona a 100 revolucions per copsar un rastre del que vols mostrar.
Tornaré a obrir el blog d'aquí poc; merci per despertar aquest cervell atrofiat!

Un petó!

Gabico dijo...

Comprendín mellor as túas verbas que ás que teño enriba de esto.

El caso es que aguardo con impaciencia una segunda parte.
¿Qué opinas de escribirla en euskera?
Sin ofender a nadie, son sólo "gracias" del espantoso y agrio humor que me caracteriza.

Ignatius Reilly dijo...

Me alegro de que te interese la serie de posts, pero me alegra más el que vuelvas a retomar tu tarea bloguera.

Un beso y cuidate

Ignatius Reilly dijo...

Bueno señores, en este blog la gente escribe como quiere. El idioma no es un problema si uno no quiere que lo sea. Yo os comprendo a todos pero me da que, si escribo en euskera, la relación no será recíproca. Además, no se me da muy bien, pa qué engañaros.