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viernes, 14 de septiembre de 2007

Nuevos vientos en el PNV. Vieja excusa para la crispación

Hace dos días del anuncio de Josu Jon Imaz de dejar la presidencia del PNV y el terremoto político no ha hecho sino comenzar. El, desde 2003, elejido presidente del PNV, ha venido representando el ala más moderada y afín a la mentalidad urbana del partido. Sólo han pasado cuatro años de la disputa por el cargo con Joseba Egibar, y algunos ya pretenden entender este gesto como la radicalización de las posturas soberanistas en los nacionalistas vascos.

Se dice, se comenta, que su sucesor será Iñigo Urkullu, el hasta ahora responsable de la organización del PNV en Bizkaia, y se dice y se comenta que este señor se mueve en unas coordenadas ideológicas muy similares a las de Imaz. Yo no lo sé, pero bueno, tengo que creérmelo. Lo que me llama la atención no es el hecho de a que sector del partido sea más afín o deje de serlo Urkullu. Lo que me llama poderosamente la atención es que, con motivo de este anuncio, la tormenta política se vuelve a desatar.

Y es que a río revuelto, ganancia de pescadores. Y si no, que se lo digan a Rajoy, que ha aprovechado esta noticia para cargar las tintas contra la política antiterrorista del ejecutivo central, para arremeter contra la posible deslealtad a un supuesto pacto antiterrorista que ellos mismos se encargaron de finiquitar, para embestir contra el presunto ansia soberanista del PNV, para alabar esa anquilosada, y a la vez joven, constitución de mínimos que "todos" firmamos y, en definitiva, para darse un espaldarazo a sí mismo de cara a la incipiente carrera electoral a la que, por cierto, aún le quedan unos meses para despegar oficialmente.

Y es que cualquier cosa parece, y así nos tienen acostumbrados nuestra "élite" política, valer cuando se trata de intentar ganar unos pocos votos. Porque o yo me he vuelto loco o simplemente no veo la relación entre todas las acusaciones vertidas a diestro y siniestro (más a siniestro y siniestramente, que a diestro y diestramente) por el líder de la oposición y los hechos efectivos. Porque no veo relación alguna entre la más que posible sucesión de Imaz por parte de Urkullu y todo lo que Rajoy dice.

Así que "basta ya" de llamar idiotas a la gente, al electorado. "Basta ya" de intentar hacernos creer que los fantasmas en la niebla del líder de la oposición existen realmente. Dejennos de política barriobajera y tomen ejemplo de los políticos y de la política efectuada en otros países. Se lo agradeceremos muy sinceramente.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Apología a un maníaco

Qué grande es el tetris. Sí, me reconozco como un ferviente admirador del jueguito de las piezas. Es la clase de juego en el que el jugar adquiere la categoría de fin en sí mismo. Vamos, como los seres humanos para Kant. ¿No es maravilloso?

Pues no, no lo es en absoluto. Al menos existiendo gente como la del vídeo. Una cosa es que el jugar suponga un objetivo sin ningún fin ulterior, y otra bien diferente es destinar todas tus energías a lograr "hazañas" como la de abajo.

Pero bueno, tiene que haber de todo en este mundo. Si no, ¿que sería de la vida si todos fueramos iguales? ¿Dónde quedaría la bendita diversidad? ¿Quién pondría la salsa picante a la existencia? Hay que reconocer una cosa, porque no nos gustarán, serán repelentes y hasta nos darán asquito, pero coño, la gente que realiza estos videos, lo digo ahora, y sin que sirva de precedente, es necesaria. Aunque ahora mismo no se muy bien para qué...



PD: Acojonante la parte final en modo invisible

martes, 11 de septiembre de 2007

Una teoría sobre el lenguaje

Qué mágico es esto de usar Youtube. Vas buscando vídeos que te puedan interesar, y te encuentras cosas totalmente inesperadas. Es la magia de los buscadores: o casa o no casa con los parámetros de la búsqueda y, a veces, como lo parámetros son muy amplios, pues en el saco entra cualquier cosa. Pero esto no es lo que quiero decir. Lo que quiero decir es que las palabras Cannibal y Corpse son la base de nuestro lenguaje.

Para que se entienda lo que quiero decir, voy a poner un ejemplo. Supongamos que Cannibal Corpse son el ejemplo de dos términos de una amplitud semántica casi sin límites. Son, por decirlo así, palabras comodín en nuestro uso cotidiano del lenguaje. Todo el mundo habla de cannibal y de corpse a menudo y, además, les otorgan significados aleatorios. Palabras como Joder o cojones son meros proyectos de palabras comodín en comparación. Así que me digo, "bueno, prueba a poner cannibal y corpse en el cuadro de diálogo del buscador; tienen que salir resultados sorprendentes e inesperados". Y coño, el primer resultado que me sale es éste, con lo que llego a la conclusión de que mi teoría sobre la amplitud semántica de las palabras cannibal y corpse es verdadera. Que cosas...



Cynic - Focus (1993)



1. Veil Of Maya (5:21)
2. Celestial Voyage (3:37)
3. The Eagle Nature (3:28)
4. Sentiment (4:24)
5. I'm But A Wave To... (5:28)
6. Uroboric Forms (3:30)
7. Textures (4:40)
8. How Could I (5:28)

Suele ser bastante raro la existencia de bandas con un solo album editado. Normalmente la mayoría de grupos no llegan a editar algo con categoría de "disco", y los que lo consiguen generalmente suelen seguir editando nuevas placas. Más raro es, aún, editar un único disco, disolver el grupo poco tiempo después, y hacer una gira de reunificación catorce años más tarde, y que la prensa especializada se haga eco del asunto, de forma que los viejos seguidores se enteren y vayan a los conciertos. Este es el caso de Cynic, una banda con un único disco en su haber, Focus, editado en 1993, y que en la actualidad lo están volviendo a presentar en vivo.

A pesar de que tenían varias demos editadas antes de la publicación de su primer disco, hablar de Cynic es hablar de Focus. En sus apenas 36 minutos de música sentaron las bases para lo que hoy podemos denominar death metal progresivo. Además, la inclusión de elementos orientales, más típicos de la new age que del metal, o digresiones jazzeras en sus composiciones, les dieron ese aura de grupo de culto difícilmente clasificable.

Veil Of Maya es la encargada de abir la placa. Se trata de una canción en la que ya se sientan las bases de lo que es su propuesta musical: guitarras a medio camino entre el death, el thrash y el death melódico, una batería compleja, cargada de vericuetos rítmicos asincopados, un bajo con un poderoso groove, la delicada voz de Paul Masvidal pasada por el vocoder en alternancia con la rasgada voz de Tony Teegarden y unos teclados de clara influencia oriental. Sin duda, es uno de los platos fuertes del disco por sus constantes subidas y bajadas. La letra de la canción hace referencia a una de las creencias del hinduísmo, por la cual la percepción del mundo tal y como lo entendemos está pasada por el filtro del velo de Maya, razón por la cual sólo percibimos las apariencias y no la "verdad" de las cosas tal y como son realmente. Schopenhauer adaptó este pensamiento a su doctrina de la voluntad, siendo en éste caso el velo de Maya la fuente de las apariencias y de la no percepción del mundo nouménico y, en el terreno moral, la fuente del sufrimiento humano. Todo esto lo reflejan Cynic en los versos: In Maya's grip illusion transforms verity, Perceiving thus a delusive world of duality.


La labor instrumental de todos los componentes es altísima durante toda la duración del disco. No en vano Paul Masvidal y Sean Reinert fueron reclutados por el malogrado Chuck Schuldiner para la grabación del cuarto disco de Death, Human. Pero sin duda el sello personal lo pone el vocalista de origen latino con sus entonaciones filtradas por el vocoder, hecho que le otorga un carácter andrógino y etéreo a sus melodías. Qué sería de bandas como Fear Factory si Paul Masvidal no hubiera abierto el camino...

Las siguientes pistas en sonar son Celestial Voyage y The Eagle Nature. La primera de ellas se trata de un medio tiempo con ciertas reminiscencias del death melódico. Realmente destacables son los solos de guitarra que hay tras los interludios orientales. La segunda en sí recuerda más al death de Florida en algunos de sus riffes. Obviamente la comparación resulta arriesgada en la medida en que las partes tranquilas inundan las distintas partes de la canción. No obstante, riffes puramente death los hay en la canción, y la mezcla de ellos con pasajes más cercanos a la espiritualidad oriental hacen de esta pieza un curioso compuesto de sonidos difícilmente reconciliables.

Sentiment es una canción que aúna percusión latina y ritmos africanos. Comienza con un bajo más propio del jazz que del metal, y se desarrolla como una rapsodia de melodías altamente efectivas y resultonas, muestra de un sincretismo cultural típicamente new age. Todo ello aderezado bajo una corteza de metal bastante técnico. A nivel letrístico se trata de una de las composiciones más positivas de todo el album con versos como The sway of greed and delusion, Inspire us to build a new world, siendo una oda a la fuerza cósmica de la existencia. Más allá del plano estrictamente filosófico que pueda sugerir la canción, y con el cual se puede o no estar de acuerdo ( en mi caso no), en mi opinión se trata de una de las mejores piezas en lo musical, si no la mejor, de todo el disco.



Y si no es la mejor, quizás lo sea I'm But A Wave To..., en la que las voces y riffes más tipicamente del death vuelven a reaparecer en lo que acaba por convertirse en una composición en la que la inspiración y la intención de fusionar estilos se dan la mano. El death melódico regresa con Uroboric Forms. La velocidad y la contundencia son la marca registrada de esta pieza, que a ratos puede hacer recordar a unos Morbid Angel cruzados con unos Dark Tranquility. Todo ello con el personal sello que consigue imprimir Cynic en sus composiciones bajo la sombra de los arreglos orientales.

Textures, representa eso, texturas. Pero más allá de esa obviedad, lo que nos presentan Paul Masvidal y sus chicos son una colección de formas y dibujos melódicos bajo las cuales realizan una digresión en base a elementos tomados del jazz, la música dodecafónica, el metal, melodías al más puro stilo Mike Oldfield, etc. Un autentica delicia para los oídos en forma de cocktail instrumental.



El punto final al disco lo coloca How Could I, una composición que es introducida por unos arreglos electrónicos y que se desenvuelve como una incipiente ola que va ganando volumen e intensidad a medida que se desarrolla ante nuestros oídos. Grandísimos solos los que hay insertados en distintas partes del minutaje y una estructura muy elaborada hacen que una vez que el reproductor marca el mensaje de stop, uno quiera volver a reproducir el CD. Todo buen disco tiene que dejar esa sensación.

Resulta un tanto lamentable que una banda de la calidad de Cynic se haya perdido en el barrizal de grupos y formaciones que han poblado el mundo del metal en los últimos quince años. Que esto le suceda a un grupo que se limita a copiar o seguir el estilo en auge en un determinado periodo es previsible y, en muchos casos, gratificante (y no quiero mentar nombres). Sin embargo, la ocurrencia de estos hechos en bandas que sí tienen algo que aportar a la escena, resulta cuanto menos desolador, al menos para el consumidor expectante de propuestas nuevas y originales.

Cynic, con Focus, se colocó a la vanguardia del mundo del metal extremo, y no tan extremo, hace ya catorce años. ¡Hablamos de hace catorce años! En fin... Quizás fueron unos adelantados para su época. Es más, tal vez lo sean también para ésta, pues apostaría una cerveza a que los integristas metaleros (también conocidos como trues) no aceptarían su propuesta.

Que conste que si no le doy el 10 es porque el disco es demasiado corto. Hay gente que dice que las grandes esencias se guardan en frascos pequeños. Bueno, no es mi caso. Podéis llamarme codicioso, pero 36 minutos de Cynic saben a poco; demasiado poco...

Me quedo con: Veil Of Maya, Sentiment, I'm But A Wave To..., Uroboric Forms, Textures
Si te gustan: Opeth, Death, King Crimson, Dark Tranquility, Continuo Renacer, Atheist, Fear Factory

Valoración: 9.8 /10

lunes, 10 de septiembre de 2007

Pásame la Botella

Sí, lo sé, es la segunda efeméride que le dedico a Aznar (Ansar, para los colegas y no tan colegas). Y ya son demasiadas. Pero coño, no podía dejar pasar la oportunidad de rememorar ese hito del plurilingüismo, esa heroicidad del gesto y el acento, ese sentimiento verdaderamente tejano... esa pasión en el mimetismo. Sí, Aznar es un hombre de mundo, un hombre que hace camino al andar, sin origen ni destino, pero especialmente sin destino...



Por un momento pensásteis que me olvidaría de Bush, eh? Ese prestidigitador de la política, esa mente privilegiada para las estrategias bélicas, ese malabarista del Jack Daniels y de la botella... porque o he entendido mal o "es un placer especial que haya traído a Ana con él". Y es que Jorgito debía guardar buenos recuerdos de su primera visita a Europa como presidente... y que mejor manera de devolverle la hospitalidad que demostrarle sus habilidades con la Botella.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Los 10 mandamientos del Chamberlainismo



No diga Dios; Diga Wilt Chamberlain. Y no diga Wilt Chamberlain; Diga Dios. Esto es así porque hablamos de la misma cosa, la misma sustancia. Y esto sólo demuestra un hecho, la falibilidad de la teología cristiana y, por extensión, de todas las religiones (con la excepción de ciertas formas de Budismo). Así es. Porque de otro modo no se entendería que entre la lista de las propiedades de Dios no se encuentre el ser lo suficientemente funky durante 445 veces, haber anotado 100 puntos en un partido de la NBA, tener buena vista para el mundo de los negocios, protagonizar Conan el Destructor o haber estado con cerca de 20.000 mujeres. El chamberlainismo es una realidad; ahora sólo falta acercarla al vulgo. Y para ello, que mejor que 10 sencillas reglas de conducta:

1. Ey, hermano
2. Lleva el pelo a lo afro
3. ¿Qué coño miras?
4. Pasame la pelota
5. Las drogas son malas
6. ¿Dónde está mi mp3?
7. Haz el amor y no la guerra
8. ¡La Puta!
9. No pienses, actúa
10. Tunnnn tu ka ka, tu ka, tunnn tu ka ka, tu ka...

Estos mandamientos pueden resumirse en uno solo: Haz las cosas de un modo sencillo; haz las cosas al modo Wilt Chamberlain.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Tool - Azkena Rock Festival (31-8-2007)



Cuando a falta de dos semanas para que empezara el Azkena Rock Festival me compré la entrada para el primer día y no para el segundo, lo hacía por una sola razón. 35 euros era un precio que estaba dispuesto a pagar por ver a Tool en directo por primera vez. Bueno, hablando en términos precisos, por ver a Tool y a otras bandas. En cualquier caso, cuando tuve la entrada en mi poder, tenía la extraña sensación de que todo lo que hubiese más allá del grupo norteamericano en el Azkena sería un regalo. Porque, como diría el anuncio, ver a uno de tus tres o cuatro grupos preferidos, no tiene precio. Y yo añado: lo que no significa que sea gratis...

Nunca me han entusiasmado los carteles que la promotora del festival (Last Tour Festival) ha ofrecido a lo largo de la existencia de éste, pues o no conocía a los grupos que tocaban o no me gustaban o simplemente las pocas bandas que me atraían no eran suficiente reclamo para que yo hiciese el desembolso necesario para verlas. El caso es que, por unas razones u otras, no había estado aún en el festival de Rock que se celebra en mi ciudad. Y en función de lo visto en esta edición, no me arrepiento. Bien es cierto que la edición de este año, junto con la primera, ha sido de dos días, en contraposición a las más recientes que han contado con tres. No menos cierto es que solo he acudido a una fecha del cartel. Sin embargo, si la posibilidad de que pudiese hacer un cálculo para valorar la calidad del primer día en función de los grupos que no conocía, de los que no me gustaban y de los que sí tuviera sentido extrapolarla al festival entero y a otras ediciones, creo que la conclusión sería que hice bien en no acudir a pasadas entregas. Y es que, dejando a un lado especulaciones, la calidad del primer día no fue la esperada. Y esto significa que la única razón por la que acudí al festival no estuvo a la altura.

De todas formas, y completamente ajeno al desenlace de los acontecimientos, me disponía el viernes a vivir una jornada de buen rock cuyo punto culminante, esperaba, se diera a partir de las 00:15. Al recinto llegué a eso de las seis y media pasadas en compañía de un colega asiduo de este tipo de citas. En vez de entrar, decidimos privar fuera unas litronas.

¿Por qué fuera y no dentro? Sencillo. Dentro no dejaban introducir bebidas (alcohólicas o no) del exterior, y todo lo que fuese ingerido en la superficie del recinto debía ser pagado en los stands de Heineken que había. Para dicho cometido existía una moneda de dudoso valor al cambio internacional, pero de indudable vigencia económica en los territorios de villa Azkena. En ese sentido, los euroazkenas te hacían sentir como un visitante más en un parque de atracciones tipo Disneyland, solo que en vez de Mickies o Minnies lo que aquí había eran tipos con un chaleco naranja en los que intimidatoriamente podía leerse la palabra "Staff". Se trataba de la policía de villa Azkena. Vamos, los tipos malos de la fiesta con los que un vaquero no quisiera tener problemas. Pero ya hablaré de ellos más adelante.

Después de vaciar media botella de un litro de cerveza en apenas quince/veinte minutos, nos reunimos con un grupo de personas que, en conjunto, poca relación tenían en común. Es lo mítico en estos casos: los colegas de tus colegas. Sólo que en este caso esa descripción era valida para la práctica totalidad del grupo que conformábamos, de forma que en algunas personas la relación con otra persona del grupo llegaba a ser cuadriádica. El grupo lo formábamos una dependienta en un sex shop y su amiga, un punkie metalero y su novia, un informático con una camiseta bastante friki de Darth Vader, una punk-rockera habitual de citas festivaleras, un heavy pelirrojo que bien podía pasar por personaje de ficción en series consagradas y ampliamente recordadas como Viky el vikingo o Pumuky, una pedagoga con estudios musicales y guitarrista de Deja-Vu, un limpiador de váteres y un estudiante de filosofía melómano. Vernos juntos beber era como presenciar un cuadro de El Bosco, sólo que mirando una sola parcela, y aplicando mucho zoom.

A eso de las 19:35 empezaron Brant Bjork y su banda para ofrecernos una descarga de aceptable Stoner Rock. Era buen momento para entrar al recinto. De camino me encontré con unos colegas que habían ido a jugar al fútbol a unos campos al lado del recinto, y de paso a escuchar qué se cocía ahí dentro. Es lo bueno de que haya un festival de música en tu ciudad: todo el mundo viene a verte, hasta una de tus bandas preferidas, y todo sin la menor muestra de voluntad. Mientras andábamos hacia la entrada, nos acordamos de un inconveniente: la dichosa legislación de villa Azkena no aceptaba la entrada de forajidos con botellas de alcohol. Había que idear un plan por el cual pudiésemos crear un salvoconducto de entrada para el alcohol al abrigo de cualquier sospecha insidiosa de los Staffman, la policía local. Al final todo fue muy sencillo, al menos sobre el papel.

Nos dividimos en dos grupos. El primero entramos en el recinto y pillamos sitio al lado de la verja. La idea consistía en que el segundo grupo nos tirase por debajo de las vallas la bebida y asunto finiquitado. Pero no contábamos con el tipo del peto naranja. Por un momento me sentí como el boina verde del Commandos, dando órdenes de lanzar la botella o bien de disimular como el más torpe de los mimos. Los que hayáis jugado al mítico juego, recordaréis el gráfico verde que representaba el campo de visión de los nazis. Pues algo parecido sucedió con el Staffman. Miraba a un lado, miraba a otro, se daba un paseillo, hablaba con otro Staffman y volvía al punto de partida. Sólo le faltaba el uniforme y la metralleta. Lo cuál muestra la verosimilitud de la comparación. Ehh... una vez que nuestra aventurilla había concluido y el contenido de nuestros recipientes vidriosos había sido trasvasado a Katxis de plástico, nos dimos cuenta de que a Brant Bjork le quedaban los créditos del teleberri. Bien pensado, fue una buena banda sonora para la anécdota.

Rory Erickson and The Explosives fueron los siguientes en aparecer en escena, pero la verdad es que no les prestamos mucha atención. No sonaban mal, pero se estaba muy bien tirados en la hierba. Las horas pasaban y era el turno de los Diamond Dogs. No los conocía y su rock sesentero (en sentido estricto) no me llamaba mucho la atención en principio. Pero el paso de los minutos, la caida de la noche y un cierto enfriamiento en el clima propiciaron que nuestra atención se centrara en ellos. De modo que nos levantamos y fuimos hacia el escenario a verles. Su rock movidito nos acabó por entrar, pero la sombra incipiente de Tool era demasiado alargada, y unas ciertas ganas de que el expectáculo concluyese se notaban entre la gente, que en su mayoría estábamos deseosas de ver a Tool ya.

A eso de las 00:10 empezaron a montar el escenario para los de Maynard James Keenan. El decorado consistía en un gran cartel que cubría toda la pared frontal con un dibujo con motivos relacionados con la portada del 10000 Days. Parapetando dicho cartel colocaron cuatro pantallas afincadas en el suelo que reproducirían durante la actuación videos relacionados con cada canción. Mientras tanto, los técnicos de sonido de cada instrumento se encargaban de que todo estuviese en su sitio.

Eran las 00:35 y el concierto estaba anunciado para las 00:15. Puede que a Tool les guste sacarse fotografías promocionales como si se trataran de unos snobs ingleses, pero les guste o no, no tienen la puntualidad de los habitantes de las islas.

Set-List:

Jambi
Stinkfist
Schism
Forty Six & 2
Rosetta Stoned
Flood
Lateralus
Vicarious

00:45. Maynard, Danny, Justin y Adam hacían su aparición en el escenario principal ante el clamor del respetable. La hora de la herramienta comenzaba. La encargada de abrir el telón era Jambi, segunda composición de 10000 Days. El público, entregado desde el primer momento, escuchaba las progresiones de la canción mientras Adam a la izquierda, Justin a la derecha, Danny sobre la tarima y Maynard en un segundo plano se apoderaban del escenario con una oscura y misteriosa presencia. Pero entre los "entendidos" saltó la alarma. La voz de Keenan no se oía como se debería oir, es más, no se oía en absoluto. Al menos desde el lugar en el que me encontraba, el resto de instrumentos tapaban el sonido de la voz, y eso, tratándose de Tool, era un pecado mortal. Siempre he pensado que los dos pilares de la música de los americanos se sustentaban en la batería y en la voz, y en ese sentido, quitar una de esas dos piezas al conjunto es dejar el engranaje de la herramienta cojo. El problema no sería grave si se hubise solucionado a tiempo, pero lamentablemente no fue así, y todos los fans que nos reunimos en el festival gazteiztarra tuvimos que padecer la situación durante todo el concierto.

El primer plato fuerte del concierto fue Stinkfist. Los samplers que dan comienzo a la canción hicieron acto de presencia y a continuación los tres instrumentos irrumpieron con la característica cadencia del tema. A Maynard no se le oía, pero en cierto modo era un mal menor, pues la gente cantaba, chapurreaba o simplemente tarareaba la melodía en su lugar. O al menos eso hice yo indistintamente. La tercera en sonar fue Schism, una de las tres mejores composiciones que han parido Tool para mi gusto junto con Eulogy y The Grudge, y la única de las cuales que se dejó oir en el concierto. Escuchar esta canción en disco es una delicia, pero hacerlo ya en directo es llegar a una sensación de sobrecogimiento difícil de explicar. La estructura progresiva de la canción hace que te mantengas en tensión durante toda su duración y, aún a pesar de haberla escuchado mil veces, hace que te mantengas a la expectativa de todos los brakes, cambios de tempo y variaciones en los riffes. En esta canción pudimos escuchar la voz de Maynard gracias a las oscilaciones de volumen de la guitarra de Adam, lo cual demostraba que la presencia que contemplábamos al fondo del escenario moviéndose como un pelele, imitando los movimientos de los muñecos de sus videos, era efectivamente un pelele, el pelele con la jodida voz más maravillosa de toda la escena del rock mundial. Memorable el minuto y medio final in crescendo y el ya mítico "I know the pieces fit" gritado por todos.

El bajo de Justin Chancellor dio comienzo a Forty Six & 2. La quinta canción del Aenima sonó demoledora con una base rítmica perfectamente compenetrada. Adam, que lucía unas curiosas trenzas y que bien podría haber salido al escenario con un traje de tirolesa, estuvo correcto a las seis cuerdas, especialmente en todos los efectos que consigue implantar en la canción gracias a sus pedales. Pero sin duda había que quitarse el sombrero ante Danny Carey. Pocas veces he visto semejante demostración de poder a las baquetas. Y es que el solo que hay hacia la mitad de la canción lo extendió unos cuantos compases hasta llegar al minuto y medio aproximadamente. Ya no solo en este solo, sino en general durante todo el concierto, el baterista de Tool dio muestras constantes de una pegada y precisión en sus golpes verdaderamente excepcional. Probablemente el mejor músico de los que se pudieron ver en toda la primera jornada del festival.

Mientras tanto, Maynard seguía sin dar señales de vida. La verdad es que los técnicos de sonido se lucieron porque en las primeras filas no se oía un pimiento la voz, y eso hizo que el ambiente se calmara con el comienzo de Rosetta Stoned. Entre el hecho de que no es una de sus mejores composiciones y lo excesivo de su duración dejó a más de uno frío. Cosa muy diferente fue la sensación que dejó Flood, con una magistral introducción / improvisación a cargo del bajo de Justin Chancellor, demostrando que el muchacho no es manco para esto de la música. Sin duda fue una de las sorpresas del set-list la inclusión de la canción del Undertow, a ratos etérea y oscura, a ratos con una contundencia demoniaca, en la que la voz de Maynard James Keenan esta vez si se oyó como debiera oirse. Al menos a veces.

Rondando ya la hora de concierto, comenzó Lateralus, la canción homónima de su disco más cerebral y artistícamente más fecundo. Es la de la famosa, por otras circunstancias que no vienen al caso, sucesión de fibonacci, la cual adaptan en el compás de la canción y el propio cantante en el número de sílabas por verso de sus primeras frases: 1-1-3-5-8-5-3-13-8-5-3. Nuevamente aquí debemos quitarnos el sombrero ante Carey, que ejecuta cada uno de sus golpes con una precisión asombrosa. La labor de Adam Jones también es bastante buena, aunque algunos de sus efectos pedaleros no están todo lo bien adaptados al directo de lo que cabría esperar, y la sensación es agridulce. A Maynard se le escucha cuando los instrumentos bajan la intensidad. Cosa que no sucede cuando Justin aporrea su bajo hacia el final del tema, con ese característico groove que consigue imprimir en su sonido.

El punto y final al concierto es firmado con Vicarious. En mi opinión hierran al elegir como pieza última esta canción, pues bajo mi perspectiva considero que su puesta en escena ganaría al comenzar el show, pues es un tema bastante contundente y enrrabietado, perfecto para inaugurar una descarga en vivo con la adrenalina necesaria (aunque en ese sentido Jambi tampoco se queda corta). De todas formas se agradeció su inclusión en el set-list, aunque fuese al final. Y es que su presencia se antojaba imprescindible, con ese interludio polirrítmico hacia la segunda mitad del tema y ese crescendo en la intensidad para concluir en el estribillo desarrollado esta vez como un auténtico azote de contundencia.

Eran casi las dos de la mañana y Tool habían terminado. Se juntaron en medio del escenario, se abrazaron y regalaron púas y baquetas a diestro y siniestro. Apenas poco más de hora de concierto, por lo visto cifra natural en sus presentaciones en vivo, pero que a mi por lo menos me sabió a poco dadas mis expectativas de presenciar hora y media larga, y con ello, saciar mis pretensiones acerca de un hipotético set-list soñado. Y es que canciones que se quedaron en el tintero las hubo, caso de The Grudge, Eulogy, Sober, Part Of Me, Wings For Marie Pt 1 y 2 o Parabola. Pero en ese sentido, no creo que hubiera mucho que rascar. Por dos razones: por un lado los horarios de un festival pueden ser permeables solo hasta un cierto punto y, por otro, la propia idiosincrasia de la banda no hace que ese hecho sea precisamente factible de un modo sencillo.

La cuestión del set-list y la duración, sin embargo, se antoja trivial ante el hecho, bastante más grave, de la más que pobre ecualización de la voz de Maynard James Keenan por parte de la mesa de sonido. Sin duda este factor hizo que la actuación bajara múchisimos enteros. No fue de recibo ciertamente.

Como puntos positivos hay que resaltar la preciosista puesta en escena que no he comentado pero que todo aquel que haya visto los videoclips del grupo puede llegar a imaginarse. Vídeos hipnóticos de muñecos que representan el contenido alegórico de las letras de las canciones. En este punto, me llamo bastante la atención los vídeos de Schism que, siguiendo la línea estilística del videoclip, se alejaba por contra de su contenido para mostrarnos algo así como cadenas humanas con la forma de los eslabones del adn. Bueno, eso o algo así, porque vete tú a saber que demonios...

En el nivel meramente instrumental brillaron a gran altura Jones, Chancellor y Carey, sobresaliendo la base rítmica pero siendo ante todo Danney Carey quien en mayor estado de gracia estuvo. Sin duda, el mejor músico sobre el escenario.

Después del concierto de Tool, no me quedé a ver Heavy Trash, grupo que hacían una mezcla de rock acelerado con rockabilly y gotas de country. La verdad es que no me apetecía escucharlos. Tool me habían decepcionado respecto a mis pretensiones iniciales y, a pesar de que fue un show correcto, tuvo bastantes lagunas que más cabría no olvidar. Quizás el ambiente no fuera el adecuado porque el "estilo" del festival no casaba especialmente con las directrices musicales de la propuesta de los americanos. O quizás esa solo sea una excusa para tapar el hecho innegable de que Tool decepcionaron a muchos, entre los cuales, me encontraba yo.

Puntuación: 5.5 /10