Todos tenemos un némesis en nuestras vidas. Alguien que te recuerda que tu miserable existencia aún tiene sentido. Que el patetismo cósmico tiene una razón de ser. Que el odio no es sólo otra estúpida palabra que tiene otro significado leída al revés. Lo cual sólo constata tres cosas: Que efectivamente tu existencia es miserable para hacerla girar alrededor de otra persona, que existe un absurdo en tu sistema conceptual debido a la confusión entre estética y ontología y que te aburres mucho. Si no no estarías perdiendo el tiempo aquí. Lo malgastarías en otra parte.
El némesis de Rob Paravonian es Johann Pachelbel y su canon. O más bien su canon sólamente. No lo sé. Con el mío tengo suficiente.
Hace 35 años, dos pensadores maduros de la escena contemporánea discutían la realidad de entonces, no muy distinta de la actual. Eran el lingüista norteamericano Noam Chomsky y el filósofo francés Michel Foucault. Ambos protagonizaron uno de los debates de mayor repercusión en las últimas décadas que aún es hoy desmenuzado hasta en su estructura sintáctica por académicos y activistas. Fue en Holanda, el 8 de octubre de 1971, organizado por la cadena de televisión holandesa NOS y moderado por el filósofo Fons Elders.
Hubo disensos, fricciones pero también acuerdos. La primera cuestión que rondaba la mesa era si la naturaleza humana era innata o producto de factores externos. Chomsky sostenía que "este conocimiento instintivo, que permite obtener un conocimiento complejo e intrincado a partir de información muy fragmentaria, es un constituyente fundamental de la naturaleza humana". En cambio, el autor de Vigilar y castigar argumentó: "No fue mediante el estudio de la naturaleza humana que los lingüistas descubrieron las leyes de la mutación consonántica, ni Freud los principios de interpretación de los sueños, ni los antropólogos culturales la estructura de los mitos. Creo que en la historia del conocimiento el concepto de naturaleza humana cumplió el rol de un indicador epistemológico para designar ciertos discursos vinculados o contrapuestos a la teología, la biología o la historia."
El debate se reprodujo y aún hoy retumba y "molesta". El filósofo italiano Paolo Virno dictó una conferencia en Buenos Aires sobre este tema y escribió al respecto en su libro Cuando el verbo se hace carne. Concluye que ninguno acierta con el punto que la situación requiere: "Chomsky es un naturalista que no comprende la historia de la política; mientras que Foucault comprende la historia de la política pero no tiene ninguna relación con los aspectos de nuestra especie que son invariantes."
La otra parte de la conferencia se refiere al enfrentamiento entre justicia y poder. Allí Foucault planteó su desconfianza respecto de la democracia vigente: "Me parece evidente que estamos viviendo bajo un régimen de dictaduras de clase, de un poder de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales; y a ese nivel, hablar de democracia carece de sentido por completo." Ante una pregunta del público en relación a la descentralización del poder, Chomsky dijo: "No cabe duda de que un sistema de poder descentralizado y de asociación libre enfrentará el problema de la desigualdad. (...) Creo que se puede confiar más en la posibilidad de progreso sobre la base de esos instintos humanos que sobre la base de las instituciones de un poder centralizado, que casi de manera inevitable actuará en beneficio de sus grupos más poderosos."
Aquí un extracto del debate, en el que Chomsky define qué entiende por anarco-sindicalismo, y Foucault pasa a hablar de las relaciones de poder que configuran distintas instituciones, que en principio, deberían ser ajenas a él.
Úrsula Martínez es una artista británica que mezcla la magia con el streaptease. Sus performances consisten en hacer desaparecer ante nuestros ojos un pañuelo rojo, que luego reaparece en alguna de sus prendas de ropa. Esa es la parte del show en la que la magia toma protagonismo, y que en sí, no tiene nada de original o difícil. La parte correspondiente al streaptease consiste en que una vez mostrado dónde se encuentra el pañuelito, se quita la prenda en cuestión. Hasta que se queda desnuda. Y el truco no termina en ese hecho. Ahí reside la originalidad.
Todos hemos jugado alguna vez de niños, y de no tan niños, al juego de las adivinanzas. Sí, ese pasatiempo que lo jugabas con tu hermano o hermana, con tus primos y, en general, con todos aquellos familiares lejanos con los que no sabías que hacer en todas esas reuniones que no sabías quién las organizaba y en las que, sólo Dios sabe por qué, no recibías regalos. También con esos amigos a los que no les gustaba el fútbol o darse de ostias por jugar al fútbol. Ese juego que ha provocado miles de muertes en carretera por imprudentes despistes al volante, propiciados por la debilidad mental de aquellos que se veían vencidos ante la incapacidad de detectar las contradicciones manifiestas en las contestaciones de esos perversos vástagos que sólo ansiaban sacar de sus casillas a su padre o a su madre. (Dicho sea de paso, el veo veo tampoco ha ayudado en forma alguna a hacer que los buenos propósitos de la DGT se cumplan.) Vamos, el pasatiempo por antonomasia.
Navegando por internet he encontrado una página que, al contrario que los padres de muchos huérfanos, te adivina lo que piensas. No es que sea un prodigio en inteligencia artificial, pero cuando te adivina que piensas en un hipopótamo al cabo de 20 pasos, acojonar, acojona un poco.
Los buenos discos de música se recuerdan por el contenido de sus pistas y, un buen disco de música, no puede ser tal si no cumple esa condición. Hay veces que los buenos discos de música son complementados con buenos Art Works, y los resultados siempre son buenos discos de música. En realidad, a un buen disco de música no hace falta añadirle nada para que sea lo que es, pues la buena música habla por sí misma. Así que en cierto modo, de lo que habla esta entrada es sobre buenos discos de música, pero sólo circunstancialmente. Esencialmente, de buenas carátulas de discos. Nada más ni nada menos.
En colaboración con Gabico (ese genio malévolo que ha diseñado, rediseñado y finalmente perpetrado el logo de mi blog), de Reflexiones Oscuras y con el que comparto Después de la Butaca, hemos tenido la idea de que pongamos, cada uno en su blog, las respectivas 10 portadas preferidas de cada cuál.
Sí. Por fin ha llegado. Es el partido de fútbol definitivo. Todo se decide en él. Si el mundo no se acaba tras la consecución de los noventa minutos, es que habrá ganado la filosofía correcta. Eso o que todo da igual. Y todo eso lo deciden los filósofos alemanes o los filósofos griegos, gracias a Dios. O a los Monty Python. Es lo mismo.