lunes, 17 de septiembre de 2007

¿Qué coño es el Death Metal?

Todo seguidor del mundo del metal se ha hecho alguna vez esta pregunta. Al menos todo seguidor que escuche metal con más carga adrenalítica que la de unos Helloween, por ejemplo. Y es que entre el maremagnum de sonidos es fácil perderse. Más si cabe cuando se describen por ahí grupos (no sin falta de razón) como misceláneas de distintos sub-géneros. Las etiquetas marcan referencias y todos tenemos referentes; otra cosa es que no sepamos definir muy bien en qué consisten estos.

En el caso del Death Metal, una primera aproximación podría inducir a definirlo como una amalgama de baterías arrolladoras, guitarras a todo trapo en afinaciones graves y distorsionadas a más no poder y voces guturales. Bien, pero eso sería quedarse en lo superficial. Amon Amarth y Morbid Angel encajan con esa descripción y, sin embargo, no son el mismo tipo de death metal. Por lo que para conocer que sea el death metal hay que conocer todos los vericuetos estilísticos que este estilo ofrece. Al menos en una primera aproximación.


Buscando por la red algo completamente distinto a lo que ofrece esta entrada me he topado con una página que analiza pormenorizadamente el tema que nos ocupa. Nunca me había encontrado con algo similar, y aquí os dejo el enlace a dicho sitio.

Realmente se trata de la descripción más completa que he visto nunca sobre el tema. El análisis se divide por un lado en la evolución histórica del género y, por otro, en las distintas sub-categorías que el término encierra. Análisis histórico y estilístico es lo que vais a encontrar en esa página / artículo. Útil para quien quiera adentrarse en el mundillo y una guía cómoda de consulta para el ya avezado.

Pero bueno, basta ya de comer pollas. Os advierto que es bastante largo de leer, por lo que no es aconsejable leerlo de una sola tacada (lo digo por experiencia). Además el color del fondo de la página no ayuda (ehhh, sí...) y el tamaño de la letra tampoco.

Aún con todo, hablamos de una proto-biblia del death metal. Sólo por ello merece echarle una ojeada. Y si directamente pasáis de hacerlo, pues vale. Pero os advierto que hay un capítulo dedicado a ese sub-estilo tan maléfico como es el death metal cristiano. ¡Por Zeus, yo no me lo perdería!

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