viernes, 14 de septiembre de 2007

Metallica - St. Anger (2003)



1. Frantic (5:50)
2. St. Anger (7:21)
3. Some Kind Of Monster (8:26)
4. Dirty Window (5:25)
5. Invisible Kid (8:30)
6. My World (5:46)
7. Shoot Me Again (7:10)
8. Sweet Amber (5:27)
9. The Unnamed Feeling (7:09)
10. Purify (5:14)
11. All Within My Hands (8:48)

Corría el año 2003 y Metallica sacaba nuevo album de estudio. Cuatro años después de su interesante S&M. Cinco años más tarde de su disco de versiones. Seis años después de la edición del malogrado Reload. Nada más y nada menos que tras siete años sin pisar el estudio para grabar material propio. Muchos años, mucha espera y mucha mediocridad en estos 75 minutos que dura St. Anger. Pero hagamos un poco de historia.

Tras una década, la de los noventa, en la que lo habían conseguido todo a nivel músical, estilístico y económico, el nuevo siglo no empezó bien para las huestes de James Hetfield. Allá por el año 2000, el egocéntrico Lars Ullrich iniciaba un pleito, acorde a su personalidad endiosada, de proporciones bíblicas contra Napster, la empresa de intercambio de música por Internet. El batería de Metallica acusó a la compañía y a todos sus usuarios de ladrones y estafadores, y amenazó con revisar uno a uno todos los discos duros de los usuarios susceptibles de caer bajo la sospecha de haber usado el programita de marras. Obviamente, tamaña desfachatez no llegó a realizarse jamás, pero aún con todo Metallica ganó el juicio y Napster tuvo que cerrar. Este hecho, junto con las prepotentes e insidiosas declaraciones en prensa de la cabeza pensante del grupo, propició que numerosas voces del mundo de la música criticaran la actitud de la banda. Naturalmente, muchos de los fans y seguidores del grupo les dieron la espalda. Todo esto sucedió en apenas poco más de quince meses, cantidad, ésta, más que suficiente para tirar por la borda gran parte de la reputación labrada durante años de trabajo.

Pero los problemas no acabaron ahí. Jason Newsted dejó o fue echado del grupo pocos meses más tarde. La versión oficial afirmaba que ciertas discrepancias estilísticas con el seno de la banda habían llevado a tomar al bajista la resolución de emprender el camino por otros senderos. Pero hoy sabemos que el bueno de Jason nunca dejó de ser el nuevo chico de la banda (Newkid). Tras la muerte de Cliff Burton, probablemente el alma mater del grupo, se escogió como su sustituto a un fan de toda la vida de los cuatro jinetes (en aquellas, tres). Nunca en sus 16 años de periplo en Metallica Newsted consiguió tener la suficiente autoridad como para hacerse respetar por el resto de componentes. Y esto significaba que cada vez que quería participar en alguna colaboración con otro grupo o quería realizar algún proyecto paralelo, James Hetfield le paraba los pies. A pesar de que éste colaboraba con sus amigos de Corrosion Of Confirmity. A pesar de que todos lo hacían con sus respectivos amigos. Todos menos el Newkid. Y claro, el Newkid dejó de ser tal, y estalló. Decidió dejar Metallica, de la que a pesar de todo diría más tarde que pasó en ella los mejores años de su vida, y decidió emprender una carrera musical, en la cual, la única voz autorizada para tomar las decisiones fuera la suya propia. Los cuatro jinetes volvían a ser tres. La grabación de las partes de bajo de St. Anger fue llevada a cabo por Bob "¿dónde está mi laca?" Rock, que también se encargó, como en pasadas placas, de la producción del redondo. Para la gira de presentación del album, ficharían a Robert Trujillo, quien con ello, vería su vida, en el aspecto económico, resuelta de una vez por todas.

Por si todo esto no fuera poco, los problemas con las drogas y el alcohol hicieron que Hetfield ingresara en una clínica de desintoxicación para curarse de sus adicciones. Cuenta la leyenda que en uno de sus momentos más bajos anímicamente hablando, el rudo vocalista partió para Siberia y se refugió todo un invierno en una cabaña repleta de suministros de Vodka. Más tarde diría que cuando lo primero que haces al levantarte todas las mañanas es tomarte dos vasos de Vodka, llega un momento en el que acabas percatándote de que tienes un problema.

Con todos estos ingredientes se gestó St. Anger y, visto lo visto, bastante hicieron con no perecer o suicidarse en el intento. Porque, independentemente de los factores externos a la creación del album, éste es una soberana bazofia. Claro que hay que entender el contexto en el que se fraguó y valorarlo en esa medida. Pero oiga, también Van Gogh regaló a la humanidad algunas de las obras más maravillosas del arte universal estando en la más absoluta de las pobrezas.

El disco arranca con Frantic, canción que desde el primer momento de la primera escucha, hace que uno clame al cielo y diga: ¡Pero en que cojones está pensando Lars Ullrich! Y es que no hace falta tener un oído muy fino para darse cuenta de que esa batería suena a chatarra. Las guitarras suenan gruesas y sucias, sin muchos ornamentos y la voz de Hetfield menos pulida de lo habitual. Se nota que han querido producir un disco sucio, garagero, en cierta sintonía con algunas grabaciones de la escena stoner. Y también se palpa que éste es un disco lleno de ira, resentimiento y mala leche. La cuestión es que para grabar algo así, no hace falta pasarse más de diez meses en el estudio. De todas formas la canción no está mal, con ese riff monótono pero pegadizo. La letra alude al problema de las adicciones de Hetfield y tiene ciertos versos realmente logrados como "My lifestyle determinates my deathstyle". De lo poco salvable del disco.



St. Anger es la siguiente en sonar. Primer single del disco, no aporta demasiadas novedades a lo ya escuchado en la canción anterior. Velocidad, sonido sucio y cutre y mala leche sazonada con partes dulces y melancólicas por parte de Hetfield. Realmente no es una canción que me diga demasiadas cosas, y la verdad es que me deja bastante frío. Una mezcla de rebeldía adolescente aderezada con ciertas dosis de hardcore no es algo que cabría esperar de unos tíos que superan la cuarentena y que han parido el thrash metal.



Y llegamos a Some Kind Of Monster, sin duda la mejor canción de éste Santa Ira. Con una contundencia que no se oía desde los tiempos del Black Album y un riff monolítico, recuerda nuevamente por estructura, pesadez y groove al stoner más macarra y potente. Hasta la batería parece sonar bien. Ojo, no nos engallemos, sólo lo parece. La canción no es perfecta y adolece de graves errores de composición en los puentes de las distintas partes, hecho que se agrava a medida que discurre la canción, debido a su alto minutaje y a la repetición del esquema de los primeros tres minutos. Pero al César lo que es del César.

Suena pobre decirlo, pero de aquí al final del disco no hay nada que merezca la pena. Y se trata de más de cincuenta minutos de música. Dirty Window parece estar extraída de una de esas sesiones en las que calientas los dedos para tocar la guitarra después de estar muchos meses sin hacerlo. Riff simplón, estructura simplona, canción, que pese a poder entrar bien a la primera, acaba aburriendo al cabo de pocas escuchas. Igual que My World. Invisible Kid es una de esas demostraciones que se deberían poner como ejemplo a la hora de mostrar las consecuencias de no saber terminar una canción a tiempo. Riff roquero que sigue el patrón establecido por la canción anterior y que se repite hasta la saciedad durante los más de ocho minutos que dura el tema. Además Hetfield no está muy fino y no consigue levantar el interés.

Tengo la sensación de que tantos años insistiendo los periodistas a los miembros del grupo una vuelta a la gloriosa etapa del Master, no ha provocado sino una caricatura de la propuesta de los de San Francisco. Porque, sí, en este disco hay canciones largas, como las había en sus primeras placas, pero, vaya, como que la calidad no es precisamente la de aquella etapa, en la que una canción de ocho minutos se desglosaba en numerosas partes que hacían mantenerte expectante a la escucha del siguiente riff o brake rítmico.

Bienvenidos al New Metal. O lo que es lo mismo, la siguiente en sonar es Shoot Me Again. Que si susurritos por aquí, que si fraseos rapeados, que si riffes de dos notas, uno no sabe si está escuchando a Metallica o a cualquier banda de new metal que poblaron la Mtv por aquella época. Sweet Amber es otra composición sin el menor resquicio de carisma; sin el menor ápice de credibilidad. Otra muestra más de una banda jugando a ser agresiva pero quedándose a medio camino. The Unnamed Feeling tiene cosas interesantes, pero no deja de ser un single en potencia para la Mtv. El problema de los singles en potencia es que no se materializan como cabría esperar si la producción no es la adecuada. Y en este caso, la producción es la misma que la del resto del album. New metal de factura grotesca en función de una producción torpe y mal acabada. Y el resultado es el intento de aquello que pudo ser pero no fue.



El cierre al disco lo firman Purify y All Within My Hands, dos canciones en la misma tónica que las anteriores. La primera mostrándonos a una banda desquiciada, pero no en el sentido de resultar atrayente por su excentricidad, sino más bien por lo turbio que resulta la escuha de una canción con un estilo para el que no están lo suficientemente capacitados. La segunda nos recuerda que más vale terminar pronto una canción que tarde y mal. Porque madre mía, casi nueve minutos de caceroladas y guitarras sucias haciendo cosas de principiante no acaban de encajar con mi concepto de pasar un buen rato escuchando buena música.

Estamos ante un disco que nunca debió ser editado. Una creación de la cual sólo pueden estar orgullosos sus padres, y por aquello del orgullo filial. Un aborto cuyo único fruto positivo, cabe esperar, sea el desquite de todos los problemas que la banda sobrellevó durante la época que rodeó a la grabación del album. Un disco que en sí mismo, sólo tiene interés para sus creadores, por aquello de las vicisitudes que implicó su proceso de elaboración. Un album, en definitiva, y si cabe la expresión, que sólo vale la pena como terapia, pero como terapia para el creador. Nunca como producto para ser ofertado al consumidor. Ese fue el mayor error, que a mi modo de ver, entrañó este disco.

Me quedo con: Frantic, Some Kind Of Monster.
Si te gusta: Pues eso, que si te gusta...

Valoración: 2 /10

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