sábado, 23 de febrero de 2008

Guía Práctica para no perderse en la maraña electoral

Comienza la campaña electoral, al menos sobre el papel. Entramos en una fase de la vida política en la que la etología de nuestros presuntos representantes se asemeja demasiado a la de cualquier bicho digno de ser documentado en National Geographic (Punset, acabo de darte una idea). Es época de mensajes descolocantes, impulsivos, holísticos, redundantes y permeables. De retórica y elocuencia vacía. De photoshop y Windows Movie Maker. De imagen y sonido. De forma y no de contenido. De propaganda en una palabra.

Y si de propaganda trata la cosa, olvídense de Platón, Aristóteles, Maquiavelo (tampoco mucho), Locke o Rawls. No les van a servir de nada. Si la cosa trata de propaganda, amigos, remóntense al viejo Goebbels. Recordemos los principios a los que debe aspirar una propaganda si pretende ser eficaz:

1. Principio de la simplificación y del enemigo único. Adoptar una sola idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único individuo.

2. Principio del método de contagio.
Reunir diversos enemigos en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3. Principio de la Transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque.

4. Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota en amenaza grave.

5. Principio de la Vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al individuo menos inteligente a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad de olvidar.

6. Principio de Orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".

7. Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de Verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9. Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11. Principio de Unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente que piensa "como todo el mundo", crea una falsa impresión de unanimidad.

Ahora apliquen estos principios a los discursos u oratorias de nuestros políticos. Les servirá para distinguir los argumentos de la retórica que los acompaña; el trigo de la paja. Pero también les servirá para darse cuenta de que la cosecha no es buena, de que quizá la política por estas latitudes no es fértil. Saquen sus propias conclusiones, en definitiva.

2 comentarios:

Julián dijo...

Uno de los eslóganes del PSOE es ''Motivos para creer''. Me parece una mierda, creo que el jefe de propaganda del Soe de ha lucido... también hay otros similares con el verbo ''creer'' ¿qué opinas? Según esos principios o sin más, ¿peco de ingenuidad o ignorancia? ¿Te parecen también basura? ...

Ignatius Reilly dijo...

No, estoy de acuerdo contigo. El del PP es "las ideas claras". ¿Pero qué ideas? ¿Qué motivos? Todos los esloganes , por ser tales, son vacíos. Lo mejor es ir al programa electoral de cada grupo político y contrastar esas ideas o esos motivos. No obstante, hay algo bueno en esta campaña: los cara a cara. La retórica y la elocuencia van a estar presentes, y casi todos los principios enumerados también. Pero al menos cabe presuponerles a nuestros representantes algún tipo de argumento más allá del ataque directo, la tergiversación o la demagogia. Puede ser una buena idea. Con todo, lo mejor de esta campaña es, y seguramente será, el debate que mantuvieron Solbes y Pizarro. Lo peor: que ya ha sido. Lo absolutamente peor: que ha sido antes, hablando con propiedad, de la campaña electoral. Con todo, comienza el circo.