martes, 4 de marzo de 2008

Los Renglones Torcidos de Dios

Hacía tiempo que no leía una novela tan bien hecha. Será que últimamente no leía novelas o será que es muy buena, no lo sé. El caso es que ésta me ha enganchado.

Escrita por Torcuato Luca de Tena, Los Renglones Torcidos de Dios narra la historia de cómo una mujer, Alice Gould, es internada en un psiquiátrico. Ella está convencida de que es una investigadora privada cuyo cliente le ha encomendado que husmee en un sanatorio mental la identidad del sospechoso de un asesinato. Para ello Alice finge un trastorno paranoico, pretexto por el cual se sirve para entrar en la institución. Pero aparentemente la realidad es otra: su psiquiatra particular le ha diagnosticado un trastorno paranoico-delirante (creer ser investigadora privada) con el agravante de intento de asesinato a su marido. Y digo aparentemente porque la señora Gould, una vez en la institución, pondrá en jaque a toda la unidad psiquiátrica del lugar, hasta tal punto de no saber a ciencia cierta si efectivamente tiene un problema mental o es la versión de la paciente la que es verdadera.

Bajo esta premisa argumental Luca de Tena construye una genial novela de misterio. Suspense, intriga, desarrollo imbricado y un final inesperado son algunos de los ingredientes que este libro encierra, pero no lo únicos. Por ello, ésta no es una novela de género al uso.

Para empezar, el personaje de Alice Gould. La protagonista del libro, con el trancurso de los capítulos, se revela como una suerte de puzzle poliédrico. ¿Está realmente chiflada Alice o no? ¿Quién es realmente la señora Gould? La respuesta, un enigma. Inteligente y con una fría lógica que todo lo examina, también es sensible a las emociones de los demás. Sarcástica y cínica en algunas de sus manifestaciones, Alice es capaz de sentir compasión por sus semejantes y de respetar los valores morales, como la justicia, no como una suerte de convención erigida por medio de la costumbre y el tabú social, sino por una cuestión de tendencia y talante natural hacia ello. Dialéctica, carismática y persuasiva, Gould hace gala de una elocuencia en sus conversaciones con los doctores nada habitual entre las paredes de un psiquiátrico. Con todo, su retrato psicológico está incompleto, pues la pregunta fundamental sigue ahí: ¿Está loca Alice Gould?

Por supuesto los doctores y doctoras poseen un interés intrínseco. A la diversidad de personalidades hay que añadirle la diversidad de especializaciones y de escuelas. Y es que esto último resulta bastante interesante a la hora de analizar de qué madre viene cada psiquiatra. Los hay que tiran hacia el psicoanálisis, los que tienden más hacia el biologicismo y los que se decantan por la sociología aplicada. A su vez los hay expertos en diagnosticar, así como otros lo son en terapias y tratamientos o en pronosticar la evolución del paciente. Todo esto le conforma al lector una perspectiva no muy halagüeña pero sí realista de la especialidad. Y es que si la psicología es una ciencia inexacta, la psiquiatría es una técnica, en consecuencia, también inexacta.

Toda la acción se recrea en el hospital psiquiátrico de Nuestra Señora de la Fuentecilla, enmarcado en una antigua cartuja del siglo XIV en algún lugar de Castilla. Es un lugar amplio, con distintos pabellones y amplios lugares al aire libre. En ese sentido, corresponde más con la escuela sociológica, que pretende hacer de estas instituciones lugares para el rehabilitamiento social de los enfermos, más que cárceles o lugares donde mantener aislados a los locos.

Pero si de algo puede presumir Los Renglones Torcidos de Dios es del retrato que se hace en él de los pacientes. Esas "faltas de caligrafía del creador" son, de largo, lo más interesante del libro más allá de su trama. Los hay de todas las clases: esquizofrénicos, maniacos, mutistas, fóbicos, etc. En ese sentido, el libro es un pequeño manual de divulgación sobre las principales patologías mentales y sus etiologías. Aunque más allá de ese plano, es un excelente retrato existencial de las formas de vida que en un manicomio se puede llegar a encontrar. Con ello, Los Renglones Torcidos de Dios puede hablarnos más de lo que pensamos sobre nosotros mismos, individuos "libres" en la sociedad. Y es que la delgada línea que separa la cordura de la locura se asemeja a un coto delimitado en el pico de una montaña, donde los locos caen de arriba.

Los Renglones Torcidos de Dios nos narra una genial historia de suspense alrededor de un personaje carismático, Alice gould, pero también nos describe de un modo excelente la forma de vida en un psiquiátrico de todas las personas que en él puede haber. Y en ello reside la grandeza de este libro: en la fusión de misterio y divulgación, de lógica y enfermedad mental, de entretenimiento y vida.

Como curiosidad, me gustaría decir que el autor de la novela, Torcuato Luca de Tena, durante la preparación del libro, visitó numerosos hospitales psiquiátricos e, incluso, llegó a ingresar voluntariamente en uno con el objetivo de conocer mejor a los inquilinos que el lugar albergaba.

El libro viene con un interesante prólogo de Juan Antonio Vallejo-Nágera, psiquiatra, pintor y escritor. En él nos narra algunas de las bondades del libro, así como de su trato personal con el autor y de cómo se escandalizó al conocer la decisión de éste de ingresar en una institución de salud mental (pues Juan Antonio decía que quería hacerlo con todas las consecuencias. Véase: tomar medicación).

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